Mostrando entradas con la etiqueta Cuatro Damas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuatro Damas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Liebster Award

Hola, maestros del frikismo.
Sí, sé que publiqué anteayer. No, no corráis gritando que se ha abierto un sello del infierno. No, ¡que no lo hagas! ¡Tú, la rubia, te estoy viendo! ¡Deja ese pack de provisiones para el Apocalipsis zombi en su sitio!
A veces sois de un dramático...
El caso es que, en mi última entrada, he recibido un comentario de Mery RodVar que, además de compartir conmigo su opinión acerca de Las nieblas de Avalón, maravillosa dónde las haya, me comunicaba que me había nominado a los Liebster Award. ¿Que qué son los Liebster Award? No tenía ni la menor idea.
Después de consultar la página me he enterado de que es un concurso para popularizar los blogs pequeños, aquellos que no tiene mucho público. En concreto, de aquellos que tienen menos de doscientos seguidores.
Y, cómo me parece una gran iniciativa y me gustan los cuestionarios, aquí estoy, respondiendo.


Reglas:
Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
Avisarles de que han sido nominados.
Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.

1. Libros que te gustaría ver en pantalla.

Bueno, estoy deseando ver la adaptación de El marciano a la gran pantalla, pero imagino que se refiere a libros que todavía no tienen una adaptación, así que, ahí voy. Me gustaría muchísimo una adaptación cinematográfica de El imperio final. Mucho. En serio. Es más, mi escaso cociente intelectual no comprende porque no la hay.
También firmaría para una adaptación de Fever, de Karen Marie Morgan, junto con las novelas anteriores de highlanders buenorros. Oye, a lo mejor, tras el tirón que ha tenido Outlander, me hacen caso y todo. Aunque las dos primeras novelas se las pueden saltar porque tampoco son nada del otro mundo.
Sí, sé que esperábais esto porque os doy MUCHO la tabarra con Cuatro Damas pero, por todos los dioses, quiero una maldita serie sobre Cuatro Damas. Es decir, plebe, creo que nos merecemos ver a Deker Sterling. Y a Álvaro Torres. Y, ¿os imagináis los escenones de acción que tendría? Guau. Soy fan de la imagen mental.
¿Otra que molaría? Las novelas de Camilla Läckberg, cuya profundidad psicológica es impresionante y cuyos casos son sorprendentes y profundos.
¡Ah! Y una adaptación cinematográfica de Buenos presagios. Quiero ver a Crowley aterrorizando a sus plantas y a Azirafel teniendo pluma y siendo británico.

2.¿Cambiarías algo de tus libros favoritos?

Lo dudo. Si son mis libros favoritos es porque me gustan tal y como son y... ¡NO ESPERA! Scarlett y Rhett acabando juntos en Lo que el viento se llevó. Vale. Aparte de esa no, no lo creo. Quizá cuando mi shipp no se cumple (lo cuál es típico...), pero por lo general mis libros favoritos están ahí porque lo hace. Seguramente mataría a los personajes que me cayesen mal, pero eso es todo.

3. ¿Cuál es el género que más lees?

Fantasía. Hay veces que me olvido de que hay géneros literarios que existen sin fantasía. En los últimos tiempos me estoy acercando a la ciencia-ficción y nunca he tenido problemas con el género histórico, policíaco o romántico, pero la fantasía es mi mundo, mi alma mater. Ya sea para leer o para escribir, todas las historias ganan con un poco de magia.

4. Series favoritas.

Pff... Muchas. Demasiadas para contarlas. Supongo que Torchwood, Veronica Mars, Community, Jane the Virgin, Doctor WhoLos misterios de Laura, Lost Girl y El Ministerio del Tiempo. Además de Aquí no hay quién viva, claro. Aquí no hay quién viva fue mi primera serie adulta.

5. Películas favoritas (como se nota que he rellenado).

Lo que el viento se llevó. Es una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la historia. También me gusta Piratas del Caribe, Indiana Jones, las de súper héroes, las del Zorro... Vamos, todo lo que tenga aventura y humor me gusta mucho. Por no hablar de las películas Disney porque, y escuchadme bien, Disney MOLA.

6. Libro (películas o serie) que primero amabas y después has acabado odiando.

Me ha pasado un montón de veces, sobre todo en cuanto a series, porque soy una persona extremista. El caso más impactante es Águila Roja. Fue la primera vez que me metí en Internet para saber más. La primera vez que participé en foros. La primera vez que escribí fanfic y la primera vez que edité imágenes. Más arriba dije que Aquí no hay quién viva fue mi primera serie adulta y es verdad, pero Águila Roja es la primera serie sobre la que he frikeado en todos los sentidos de la palabra. Ahora ya no la veo. Demasiadas tramas de relleno. Demasiados desplantes a mis personajes favoritos. Demasiadas apariciones de Margarita, Cipri y Alonso. Demasiadas líneas argumentales absurdas. Sigo viendo algunos vídeos sobre los personajes del palacio, pero ya no sigo la serie activamente. No tomé la decisión. Sólo dejé los dos últimos episodios de una temporada para el verano. Y cuando supe que había vuelto me dio igual. No los había visto, tenía más series que ver. Series que me interesaban, que no me ponían triste o de mal humor. Águila Roja ha degenerado de una forma impresionante y yo la he querido demasiado. No quise quedarme para asistir a su decadencia.
Qué intenso me ha quedado, oye.

7. ¿Alguna vez has leído un libro y pensado "yo podría haberlo escrito mejor"?

Alguna, sí. Ahora mismo no se me ocurre ningún ejemplo, pero sé que sí me ha pasado. Aunque, la verdad, es más común que lloriquee porque me habría gustado escribirlo a mí.

8. ¿Algún libro (pelicula o serie) te ha hecho cambiar tu opinión de algún tema?

Little Brother ha conseguido que le ponga contraseña a mi móvil. Firefly que le diese una oportunidad a la ciencia-ficción (no me he arrepentido). Cuatro Damas ha cambiado mi opinión sobre la mezcla de otros géneros con la fantasía, pues me solía limitar al medievo y allí no hay referencias a series y a libros. Los vengadores ha cambiado mi opinión sobre los súper héroes. Y así sucesivamente. Soy una persona influenciable.

9. ¿Has comprado algún libro simplemente por moda?

No, yo hago lo contrario. Lo de no leer nada que esté de moda. O lo hacía, al menos. Ahora depende de lo que se diga en Internet de él. Pero sí le di una oportunidad a 50 Sombras de Grey, no tanto por moda como porque mi madre quería saber si merecía la pena.

10. Clásico que odias y todo el mundo ama.

Drácula. Sé que seguramente se deba a que lo leí esperando otra cosa. O a que no me puse en la situación victoriana. Me da igual. La forma de narrarlo es innovadora, pero nada más. El vampiro era planísimo y todos los personajes eran BRITÁNICOS. Dios mío. No británicos en plan guay, sino británicos en plan victoriano. Ay. Qué horrible fue. Todos tan correctos, sin alterarse nunca por nada, siendo mega racionales y tranquilos. Un asco. ¿Y Mina? Mina era gilipollas. La parte del "¡Soy impura! ¡Soy impura!" me hizo cerrar el libro porque ya no la soportaba más. Me lo acabé, pero desganada y porque me había comprado una edición especial y no quería perder el dinero.

11. Clichés que menos te gustan y clichés que mas te gustan.

No soporto el cliché de la chica protagonista. La típica chica mona pero que no se cree mona. La chica dulce y amable que no es perfecta, pero la sientes perfecta. De la que todos los chicos se enamoran. Que es buena e inocente y sufre por las circunstancias. Esa chica que todos los personajes te van a poner por las nubes para que el lector tenga claro lo genial que es. Esa chica me da asco. Me gustan los personajes femeninos fuertes e independientes. Badass de manual o femmes fatale. La chica mona te la puedes ahorrar, gracias.
Tampoco soporto el amor a primera vista porque no me lo creo. Para mí, el amor es algo que necesita tiempo, que surge cuando conoces de veras a la otra persona. El amor a primera vista, a menos que el autor le dé un motivo después (yo que sé, que ya se conocían de otra vida o que estaban destinados por X profecía), no tiene sentido y me irrita. Me siento como si se estuviesen burlando de mí, como si me considerasen estúpida. Las relaciones de "nuestras miradas se encontraron entre toda la gente y quedaron ancladas" me dan grimica.
En la otra cara de la moneda, disfruto mucho del chico malo. El tío con traumas que se sube a la moto, se pone la chupa de cuero y es sarcástico. Es mi tipo de chico. Bueno, no. Mi tipo de chico es el aventurero irreverente con mucho sentido del humor. Pero el chico malo es más sencillo de encontrar.


Estos son los únicos blogs que conozco con menos de doscientos seguidores. Los únicos, lo que demuestra lo mucho que se necesitan este tipo de concursos. Así que vamos a hacer una cosas, ¿vale? Vosotros, maestros del frikismo, vais a rellenar los huecos. No creo que rellenemos los once, pero la normativa dice que pueden ser cinco, así que supongo que no importa mucho.
Y recordad seguir los blogs que leéis de manera habitual, porque eso nos da a los blogguers una alegría inmensa, plebe. Vale, sé que es hipócrita. Sé que a algunos de estos los he comenzado a seguir hoy aunque ya los conociese y leyese. Sh. No me lo recordéis. ¡Yo ya me he enmendado! Os toca a vosotros.
Y las pregunticas:

1. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo reír.
2. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo llorar.
3. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo flipar.
4. Los/las libros/series/películas que más te hayan indignado.
5. Una canción que no puedas dejar de escuchar.
6. ¿Por qué tienes un blog?
7. ¿De dónde viene el nombre de tu blog?
8. Si tienes uno, ¿cuál es tu sueño?
9. Tu anécdota más épica.
10. Tu anécdota más hilarante.
11. ¿Hay algo sin lo que no podrías vivir? Aparte del oxígeno, el agua, el Wi-Fi, la comida y demás obviedades.

Nos leemos, maestros del frikismo ;)

lunes, 7 de septiembre de 2015

Idealismo

Sé que prometí --que juré por el mapa del Merodeador-- que la semana pasada publicaría una reseña de La sangre del Olimpo. Y ese era el plan. Lo prometo. Pero la entrada ha acabado creciendo más de lo que esperaba y ya no es una reseña, no, es un resumen de toda la trama de Nico con un montón de comentarios míos sobre cosas e imágenes monas de Nico --o, al menos, planeo que haya muchas imágenes monas de Nico--.
El caso es que no sé cuándo la acabaré y, bueno, quiero publicar el kennal antes de que se publique el quinto capítulo de Corrientes de tiempo y quede desfasado. Porque después seguro que algo ha desbaratado todo lo que yo he escrito. Si tengo suerte será una escena de Álvaro y Kenneth confesando sus sentimientos a la luz de la luna. Pero seguramente tenga algo que ver con lo que le ha pasado a Tim o qué sé yo. Es lo que suele pasarme. En plan, podría haber pasado lo que he escrito, peeeeeeeeero no pasa una noche hasta que van a no sé dónde. Sí, es frustrante. Por si acaso, yo he evitado toda referencia temporal. Y no he mencionado a Tim. Lo siento, Tim, conste que me caes bien y tal, pero te interponías en el camino del fanfic.
Obviamente, dado que hasta lo comienzo con un fragmento, es necesario haber leído el capítulo cuatro de Corrientes de tiempo. Y, además, no os vendría mal leer los comentarios que intercambiamos Magik y yo al respecto, dado que deja de fingir que Álvaro es heterosexual --como si nos lo hubiésemos creído en algún momento...-- y nos da datos sobre su vida sentimental.
Sí. Lo sé. Ahora ya no sólo tenemos el kennal y felal, también tenemos el mateal. Podría ser el alteo, pero entonces rompería la concordancia y quedaría mal. Shippeamos algo llamado felal en vez de alvipe para mantener esa concordancia. Kennal suena demasiado bien como para no ajustarnos a su forma. Y de todos modos, es la única relación con futuro y fragmentos monos, así que no perdemos nada.
He intentado apegarme lo más posible al canon y mantener todos los personajes en IC, pero no sé si lo he conseguido, sobre todo al final. Es que he tenido que añadir y cambiar un montón de cosas con la nueva información y me he liado mucho. Y ya no sé cómo piensa Álvaro porque creía que sí, pero no, y eso confunde. Magik, si están OoC, no pienses algo en plan "Esa petarda obsesiva ya está destrozando mis personajes..." --que sería lo que pensase yo en tu lugar, lo admito-- piensa, en su lugar, que tus personajes son tan únicos y geniales que resulta imposible imitarlos, ;)
Y ahora, el fic. Advierto que son once páginas de Office.





Idealismo.


"–Hay algunas personas que son especiales, ¿sabes? Que poseen un tipo de inocencia que ni siquiera ellos mismos ven, pero sí los demás. Y en este mundo podrido y horrible en el que vivimos, esa inocencia brilla más que nada, aunque también es muy difícil de encontrar. Por eso, considero que esas personas deben ser protegidas, preservadas como si fueran criaturas en peligro de extinción.
Kenneth tragó saliva.
¿Te refieres a Tania?
También.
–¿También? Ah, hablabas de Ariadne entonces.
Bueno... Aún queda algo de inocencia en ella, pese a todo, pero... Kenneth, yo..."

Ese momento llevaba repitiéndose en bucle durante horas, ocupando todos sus pensamientos. El problema era que, solo en su habitación y con 50 Sombras de Grey como único entretenimiento, su mente no dejaba de volver, una y otra vez, a esa escena.
Soy un maldito estúpido.
Si bien era cierto que había estado discutiendo con Kenneth durante demasiado tiempo, con el consiguiente desgaste de sus maltratados nervios, no dejaba de haber cometido un error terrible.
No estaba seguro de cuándo databan esos sentimientos que albergaba por el joven, pero, desde que era consciente de ellos, los había enterrado todo lo hondo que la continua convivencia le permitía. Al contrario de lo que pensaba la mayoría de la gente, envidiosa, sin duda, de su extrema belleza, no era idiota. Cuando recordaba al joven ladrón que había partido en busca de las Cuatro Damas con su mejor amigo y había vuelto con las manos manchadas de sangre, le costaba mucho relacionarse con él. Había pasado demasiado tiempo, demasiadas cosas. Un largo y tortuoso camino le separaba de El Ángel, su nombre en clave como ladrón, y muchas veces, recordando lo acontecido, se veía a sí mismo como un extraño. Nunca se había considerado una persona inocente, pero los años le habían probado que así había sido durante su juventud, inocente, idealista, sin tener ni idea de cuanto podía perder, con toda la vida por delante y un destino claro como el cristal. Todo eso se había perdido en el puente de Sant' Angelo. Álvaro Torres ya no era un niño y quedaban pocos rastros de inocencia o idealismo en él. Por ello, sabía que sus sentimientos debían quedar en absoluto secreto. Que todo lo que pudiese sentir por Kenneth Murray estaba destinado, sin discusión, al fracaso. A un doloroso fracaso, que él se veía incapaz de enfrentar por el momento.
No se trataba de no ser correspondido, aunque tenía prácticamente la certeza en ese aspecto, sino del compromiso que ataba a Kenneth y a Ariadne. Cuando la princesa fuese mayor de edad, tendrían que casarse, lo quisiese ella así o no. Sabía que la joven estaba enamorada de Deker Sterling, debido, principalmente, a que tenía ojos en la cara y, como hemos mencionado, no era estúpido, mas eso tampoco tenía importancia en el gran esquema de los hechos. Por ejemplo:
Hecho número uno. Gerardo había hecho un trato con los Murray a cambio de esos dos votos.
Hecho número dos. Ariadne siempre había sido consciente de sus obligaciones como princesa y, aunque le desagradasen, nunca había titubeado respecto a actuar acorde a su rango. Estuviese o no de acuerdo.
Hecho número tres. Los Murray habían cumplido.
Hecho número cuatro. Ariadne cumpliría su palabra aunque eso la destrozase.
Hecho número cinco. Deker era un Benavente, así que entre esos dos nunca podría haber nada formal, debido a las putas reglas de los ladrones.
Hecho número seis. Eso también se aplicaba a él, dado que era un asesino, incluso si olvidasen el compromiso y se asumiese que Kenneth era, como mínimo, bisexual, además de que sintiese algo por él. Lo cuál era improbable.
Hecho número siete. La boda era la única conclusión lógica.
Y ni siquiera él, que siempre había sido un magnífico actor, podía mentir al respecto. Iba a haber boda, lo quisiese él o no. Lo quisiese Ariadne o no. Lo quisiese Kenneth o no. Lo quisiese Felipe o no. Lo quisiese… Hizo una pausa en sus reflexiones, preguntándose quién, entonces, estaba a favor de ese enlace. La única respuesta que le vino a la mente era María Luisa de Murray, o cómo se hiciese llamar.
Esa zorra.
La furia contra esa estúpida mujer siempre le hacía sentirse mejor, debido a que era un blanco perfecto para ser culpado por sus problemas. Además, era una pésima persona y no tenía muchas dudas sobre cómo debió ser la infancia de Kenneth bajo su cuidado. La extrema inseguridad y la incapacidad de tomar decisiones por sí mismo que, al principio, había demostrado, eran muy reveladoras.
En definitiva, Álvaro había aceptado que, fuesen esos sentimientos profundos o no, cosa en la que evitaba pensar, estaban abocados a un final agrio y espinoso que él no necesitaba. Estar rodeado de jóvenes idealistas en ese internado le había hecho darse cuenta de lo amargado que llegaba a estar en según qué cosas y estaba haciendo un consciente esfuerzo por evitar caer en ello, el cual se vería truncado ante el aplastante y, de seguro, horrorizado rechazo que recibiría si, en un ataque de locura espontáneo, confesase sus sentimientos. La imagen podría haber sido incluso divertida, de no haber estado dirigida a él la negativa. Su única opción, por ende, era dejarlo pasar. Seguir adelante, callado y sonriente, y acabar superándolo y saliendo del brete en el que, de nuevo, su sentimental interior le había metido. Cuando recordaba las palabras de su rey, que tenían cierto regusto a profecía, algo en él se estremecía, consciente de lo acertadas que habían estado. Sí, de seguro el ser un sentimental acabaría costándole su vida, acabaría por ser su ruina.
El compromiso, de nuevo, era el obstáculo más visible, mas no por ello el más insalvable, pues había tantas cosas que se interponían en el camino de una hipotética relación que resultaba imposible considerarlas todas.
Por una parte, él lo consideraba sólo un amigo. Por otra, seguía sin tener una mínima pista de si le gustaban, aunque fuese un poquito, los hombres. Álvaro había hecho cambiar a más de uno de opinión pero, con sinceridad, eso nunca tenía efectos duraderos y traía más problemas de los que solucionaba. Además, estaba el que era un asesino, por los que Kenneth sentía un odio visceral. Cierto que parecía haber perdido toda animadversión hacia él y que, en la lucha contra los Benavente, ni siquiera había parpadeado al verlo matar a su atacante, mas eso significaba poco. Él era lo que era. Nadie podía hacer nada al respecto. Bastante había sido lograr su aprecio sincero y, conseguir que correspondiese sus sentimientos, se presentaba como un imposible.
¿Era de cobardes callarse y fingir que nada sucedía? Esa era una pregunta para la que no tenía respuesta, como tampoco la había tenido cuando se enamoró de Felipe o de Mateo, pero, de nuevo, prefería ser uno antes que poner en peligro la amistad que habían entablado, dejarse en evidencia a sí mismo y colocar al pobre chaval en la posición de rechazarlo, con todo lo que eso conllevaría. Incluso si, por un casual, debido a un Objeto descontrolado o a una conspiración de sus hadas madrinas, se viese correspondido, pondría a Kenneth en una situación en extremo complicada, debido, de nuevo, al maldito compromiso.
La gran pregunta, que dejaba sus reflexiones en un absurdo y conseguía que perdiesen todo su sentido, era la siguiente: ¿qué había interpretado Kenneth de sus palabras?
Primero las había atribuido a Tania, luego a Ariadne y, si sus mejillas sonrojadas eran un indicio, había acabado por caer en que estaba hablando de él. Ahora, cabía la pequeña, ínfima y microscópica posibilidad de que no hubiese hilado. Cualquier otro lo habría hecho, pero era posible, incluso plausible, que Kenneth no. No era que el joven ladrón no fuese inteligente o algo así, dado que había demostrado en infinidad de ocasiones que no carecía de recursos o capacidad, pero no dejaba de ser Kenneth. Kenneth, que no podía ser más inocentón porque no entrenaba, que se sonrojaba ante la mínima insinuación y que, de seguro, nunca se plantearía que él estaba… Bueno, que él tenía sentimientos de carácter romántico. Hacia él. O hacia nadie.
Hizo una mueca al recordar las duras palabras que le había dirigido, rezumando sarcasmo, ante el comentario de Tania sobre él siendo un conquistador. Y, aún así, los agonizantes rastros de su idealismo se atrevían a susurrar en su oído que a lo mejor eran celos. Los rastros de su idealismo eran estúpidos y no quería escucharlos, porque luego sería mucho más doloroso, pero la mera posibilidad le hacía sonreír como a un tonto.
Cuando la puerta se abrió de improviso, no pudo evitar el alzar la mirada, sintiendo una extraña emoción ante la visita. Emoción que se drenó en un par de segundos, cuando comprobó que era Felipe el que había ido a visitarle. Dedicó una sonrisa a su amigo, dejando el libro en la mesilla.
¿Problemas en el paraíso? ¿Por qué no estás con Valeria? No me digas que habéis discutido –se preocupó.
No, Valeria y yo estamos bien.
Me alegro, porque no tengo otra habitación a la que ir. Y tú no querrías dejar sin cama a un pobre tullido, ¿verdad?
¿Estás seguro de eso?
Tus palabras me hieren, que lo sepas. ¿De verdad estarías dispuesto a echarme? –preguntó, llevándose una mano al pecho con teatralidad.
No me refiero a eso –replicó Felipe con paciencia, dirigiéndole una mirada astuta–. Me refería a si de veras no tienes otra habitación a la que ir.
Bueno, estamos en un castillo, haber hay habitaciones, pero el traslado sería un engorro…
Álvaro, sabes lo que quiero decir.
No –admitió, algo perdido–. La verdad es que no lo sé, prueba a ser menos críptico.
¿Sabes de qué me he dado cuenta en estos días que llevo despierto del coma?
De muchas cosas, supongo. Con todo lo que está pasando.
Sí, pero la que me más me ha llamado la atención es una concreta –dijo con suavidad, alzando la mirada para que sus ojos se encontrasen–. ¿Qué tipo de relación te une a Kenneth Murray?
Mierda.
No se había esperado esa pregunta. ¡Ni siquiera tenía sentido que se la hiciera! Después de todo, nunca le había confesado a su mejor amigo que le gustaban los hombres. Siempre había sido un secreto que sólo él, además, obviamente, de sus amantes, había conocido. Álvaro nunca había sido de los que daban explicaciones y, después de todo, sus gustos eran sólo asunto suyo. El que, de algún modo, se las hubiese arreglado para enamorarse de sus dos mejores amigos en su momento, había sido determinante en su decisión de ocultárselo.
Presionó un poco los labios, inclinando la cabeza y pensando muy bien en su próximas palabras.
Bueno, en un principio nos llevamos fatal. A él no le gustaba que yo fuese un asesino, a mí no me gustaba que Ariadne tuviese que casarse con él… Pero supongo que, al final, conseguimos llegar a un punto intermedio. Nos hicimos amigos –concluyó, encogiéndose de hombros–. Es cierto que nos hemos pasado la mayor parte del tiempo discutiendo desde que despertaste, pero no es nuestra tónica habitual. Al menos, no últimamente –añadió.
Felipe lo examinó con el rostro impasible.
Bonito discurso. Ahora la verdad.
Es la verdad.
Álvaro, en serio. Si no eres sincero conmigo voy a sentirme ofendido, sobre todo teniendo en cuenta que no os habéis esforzado mucho en ocultarla.
Estoy siendo sincero –insistió–. Somos amigos.
Ah, ¿eso es todo lo que sois?
Sí –asintió con decisión.
Por mucho que me duela.
Está bien –decidió–. Te creo.
Gracias.
Pero, ¿qué te gustaría que fueseis?
Álvaro bufó, pasándose los dedos por el cabello dorado, que estaba incluso más despeinado que antes de la reunión.
¿A qué viene esa pregunta?
¿Tú a que crees que viene?
No lo sé.
Vamos a ver. Me despierto del coma y, unos minutos después, casi te desmayas porque él se está yendo a Londres.
Eso fue por el vínculo –se defendió.
¿Quieres entrar en por qué le cediste uno de tus ojos? –preguntó Felipe, alzando una ceja.
Porque no quería que Ariadne tuviese que hacerlo.
Ya, seguro. El caso es que después te pasaste media hora quejándote, muy preocupado, porque estaba siendo un inconsciente al ir allí sin ti y porque era prácticamente un chiquillo, por el que no podías dejar de preocuparte.
También dije que me preocupaba por Ariadne y por Jero… –negó con la cabeza, recordando la escena en el avión– ¿También estoy enamorado de ellos?
Espero que no, porque eso sería pederastia y es ilegal.
En realidad, la edad de consentimiento en España es precisamente a los dieciséis.
Felipe alzó una mano para interrumpirle.
Mira, podría entrar en que, mientras subíamos al piso de Tim en Londres la primera vez, estabas más nervioso de lo que he visto desde tu expulsión del clan. Podría mencionar el terremoto en el rascacielos de los Benavente, en el que sólo estuviste pendiente de él y, cuando cayó sobre ti, en vez de echarlo o hacer un chiste, le colocases las gafas con la sonrisilla. También podría hacer referencia al que recibieses una puñalada por protegerle y que, después, cuando estabas moribundo, le soltases un “No te preocupes, Ken, no pienso abandonarte tan pronto” –continuó, alzando de nuevo la mano para que no le interrumpiese, indignado por la pésima imitación, que le hacía parecer una quinceañera hormonada–. Podría seguir hablando, podría recordarte cómo os mirabais el uno al otro cuando estabas herido o cómo os habéis dedicado durante días a tiraros de las coletas y a discutir como niños. Por no mencionar el célebre “Me alegro de que, aunque te enfades conmigo, sigues considerándome guapo” –lo imitó de nuevo, incluso con menos acierto que la vez anterior, puesto que en esa ocasión le habrían tomado por Zaza de La jaula de las locas– y la consiguiente reacción de irse dando un portazo, dejándonos a todos anonadados. Podría incluso anunciar que no soy estúpido y, al entrar esta tarde al despacho, él estaba rojo como un tomate y evitaba tu mirada, mientras que tú, por mucho que disimulases y bromeases, parecías querer gritar de frustración. Podría hablar de todas esas cosas –concluyó–, pero no lo voy a hacer.
¿Ah, no?
No –repitió su viejo amigo, antes de clavar los ojos, que parecían astutos y afilados, en los suyos–. No será necesario, porque yo no dije que estuvieses enamorado de Kenneth, pero tú si has hecho referencia al amor en el comentario sobre Ariadne y Jero.
Hubo una pausa, unos momentos de silencio, antes de que Álvaro se desinflase sobre los almohadones. Parecía mentira. Se sentía como si lo fuese. Años de ocultarse, de hablar sobre “sus citas” en género neutro y de actuar como un conquistador despreocupado y cínico respecto al amor. Años que ahora parecían no tener sentido, como si se hubiesen desdibujado. Era extraño y, sobre todo, incómodo. Como si el que hubiesen descubierto su secreto le hubiese dejado, de alguna forma, más vulnerable.
Felicidades. Años de abogacía y nadie me había pillado nunca en un renuncio. Menos en uno tan obvio –se quejó, echándose el dorado cabello hacia atrás con una mueca.
Me lo has puesto fácil –reconoció con docilidad–, pero yo tampoco te lo puse más difícil cuando te hablé de Valeria.
Bueno, es que tú no lo ocultaste. Fue algo como: “Álvaro, he encontrado trabajo como profesor en un internado y, cuando fui a hablar con el director, ¡conocí a la mujer de mi vida! Es tan guapa y tan rubia y tan guapa…” Incluso cuando te pregunté si era más guapa que yo, ¡tú insististe en que lo era! –le recordó con una sonrisa petulante– Y esa ceguera sólo puede ser fruto del amor, amigo mío.
Felipe lo miró mal, aunque llevaba haciendo caras desde que comenzó con la imitación, que lo había dejado como un absoluto panoli. Álvaro lo había hecho a propósito. Como venganza.
Puedes burlarte de mí todo lo que quieras, Álvaro, pero eso no cambia el que te haya pillado.
Supongo que no –suspiró.
Bueno, no he podido evitar darme cuenta de que te gustan los hombres, así que me preguntaba cuándo pensabas contármelo. Suponiendo –añadió después de unos segundos de silencio– que pensases hacerlo.
¿Importa?
Pues no sé –ironizó–. Pero comprende que me ofenda un poco saber que mi mejor amigo, al que conozco de toda la vida, me ha estado mintiendo durante años.
No te he mentido.
Pero me has ocultado cosas, que es lo mismo.
¿Acaso cambia algo? ¿Es esto de verdad necesario?
No, por supuesto que no cambia nada –admitió, con una mirada fulminante–. Y, precisamente, el que te atrevieses a dudar de ello, es lo que más me ofende de todo.
No dudaba de ello.
Entonces, ¿por qué ocultarlo?
No era asunto tuyo –repitió, cruzándose de brazos–. No era asunto de nadie.
Después de unos minutos de silencio, la expresión de Felipe se suavizó un poco.
¿Mateo?
Álvaro se limitó a asentir, pues no tenía ningún deseo de añadir que también había estado enamorado de él, antes de que se distanciasen tras su exilio.
¿Desde cuándo?
Al ver que se encogía de hombros, su amigo continuó mirándolo con fijeza, dándole a entender que no lo dejaría hasta que le diese una respuesta.
Desde el primer día.
Comprendo –suspiró–. Y… ¿Sigues sintiendo algo por él?
Supongo que no.
Supones.
Álvaro volvió a encogerse de hombros y apretó los labios, dejando claro que, en esa ocasión, no iba a hablar más del tema.
Imagino que es una buena noticia, ¿no? Que lo hayas superado y ahora te guste Kenneth.
Sí –constató con amargura–. Es genial.
Tú no pareces muy feliz.
¿Por qué iba a estarlo? –se quejó– Oh, sí, he superado a Mateo y me gusta otra persona. Es genial. Porque no es heterosexual, ni un ladrón que odia a los asesinos ni está prometido. Qué suerte tengo.
Vale, no puedo negar que esté prometido y tampoco estoy muy seguro de su actitud hacia los asesinos en general –reconoció, mirándolo con seriedad–, pero sobre la parte de heterosexual, tengo mis dudas.
Ya.
Álvaro –suspiró, mirándole con algo que no supo identificar por completo, pero parecía una mezcla de pena y ternura–, tú no has visto cómo te mira ese chico.
Mal.
Bueno, ahora sí porque le has ofendido, pero yo estuve en Londres, ¿recuerdas? No te miraba precisamente mal.
Sí, ya.
En serio –insistió–. ¿Quieres saber cómo te miraba?
No, no quiero.
Te miraba –continuó, ignorándolo– de la misma forma en la que yo miro a Valeria. Como si no hubiese en el mundo nada más importante o digno de atención.
Si hubiera sido cualquier otra persona, Álvaro habría sacado fuerzas de la flaqueza y le habría echado de su habitación a patadas, herido o no. Pero era Felipe y le miraba con la cara ilusa y monilla, así que sólo suspiró. De alguna forma, le debía tener esa conversación.
Eres un cursi.
Lo digo en serio –insistió.
Déjalo ya, Felipe –pidió, con un tono que dejaba clara la advertencia.
Pero, ¿por qué? No es como si me lo estuviera inventando para animarte, es cierto. Tú no lo viste mientras te curaba la herida, pero temblaba como una hoja, cada vez que te miraba a la cara parecía al borde de la ruptura, ¡es por eso por lo que se enfadó!
¡Ya está bien! –zanjó– Mira, sé que quieres ayudar, pero no puedes hacer nada por mí en esta ocasión, excepto dejarlo estar, ¿vale?
¿Dejarlo estar? ¿Crees que eso va a ayudar a alguien? –preguntó, enfadándose un poco.
Lo hará más fácil para todos –aseguró, ignorando el bufido incrédulo de su amigo–. Da igual lo que yo sienta, ¿no lo entiendes? No cambia nada. Prefiero ignorarlo y actuar como si todo estuviese bien.
¡Pero nada está bien!
¡Se va a casar! Incluso si tuvieses razón, incluso si él correspondiese mis sentimientos, entonces… –casi se atragantó con su propia voz, como si su garganta luchase para no emitir esas palabras, sabiendo que serían demasiado dolorosas–. Entonces todo sería aún peor, porque no cambiaría nada. Él se casaría con Ariadne, se convertiría en el rey de los ladrones.
No tiene porqué ser así.
Pero lo será. Y no sería justo. No sería justo para mí y tampoco sería justo para él. No quiero ponerle en esa situación, Felipe. O me rechaza porque no siente nada por mí y, conociéndolo, se sentirá culpable por romperme el corazón y eso se cargará nuestra amistad, o me rechaza por sus obligaciones y tiene cargo de conciencia por el resto de su vida. No quiero que ninguno se atormente con el “¿y si…?”. ¿Por qué no entiendes eso?
Porque quizá no te rechace –exclamó–. Quizá él está teniendo las mismas dudas que tú ahora mismo y teme que tú no le correspondas. Quizá está dispuesto a romper el compromiso, con el que no se le ve muy emocionado, por ti.
Ya –ironizó–. Y después huiremos a Narnia en unicornio, ¿no?
¿Por qué te cuesta tanto creerlo?
Porque las cosas no funcionan así –clamó, levantándose de la cama y acercándose a la ventana de la habitación, en la que se apoyó, cruzándose de brazos–. Las cosas nunca funcionan así.
¿Y por qué no? A veces las cosas salen bien, Álvaro. A veces uno consigue ser feliz.
No a mí –zanjó–. ¿Cuándo he tenido yo suerte? ¿Cuándo me han salido a mí las cosas bien? –negó con la cabeza, antes de volver a mirarle– Conmigo no funciona así. Cuando lo que quiero es algo verdaderamente importante, todo se estropea.
Eso no es cierto.
Esa es la pura verdad. Dime una, solo una vez, en la que tuviese suerte. En la que, con todo en mi contra, consiguiese lo que quería de verdad.
Bueno, quizá estás, precisamente, ante esa única y maravillosa situación en la que las cosas te salen bien a ti. En la que consigues al chico.
Álvaro bufó de nuevo, revolviendo de nuevo su melena dorada mientras miraba hacia el jardín. Desde su habitación no se veía el lugar donde habían enterrado al asesino brasileño, pero él sabía que no estaba muy lejos. Aún recordaba esa noche, en la que Kenneth se había sincerado con él y le había contado la verdad sobre su padre. En la que su relación había dejado de ser un tira y afloja continuo, para convertirse en una amistad. En la que la animadversión había pasado a convertirse en confianza.
Cuando lo pensaba desde la perspectiva de Felipe, los jirones de su idealismo aullaban y se retorcían, diciéndole que apostase. Que dejase de ocultarse y de mentir a todos a su alrededor. Que pusiese el corazón sobre el tapete y jugase hasta el final.
Pero entonces se acordaba de Kenneth junto a su abuela, de cómo quedaba callado y resignado, completamente a su merced. De cómo, después de que le hubiese dado uno de sus ojos, él se había quedado con María Luisa una noche y al día siguiente había vuelto avergonzado y culpable, esperando una ejecución verbal, casi de forma mansa, como si no hubiese otra opción después de cometer un error. Como si la consecuencia de ser sincero con él sobre lo que pensaba y sentía, de abrirse, fuera que utilizasen sus confesiones como armas arrojadizas.
Antes de la reunión Kenneth había mostrado seguridad, decisión e incluso dureza. Pero había sido con él. Con él, que llevaba meses tratándolo, dejando claro que respetaba su opinión, que le interesaba, que podía ser sincero.
Le gustaría pensar que podía enfrentarse con la misma fuerza a su abuela, pero los jirones de su idealismo y su inocencia no eran lo bastante poderosos como para cambiar el tinte cínico que su vida estaba adquiriendo bajo la luz de la luna creciente.
Sabía que todavía no sería capaz de enfrentarla. Y hasta que no fuese capaz, si es que lo era algún día, no se rompería el compromiso. Incluso cabía la posibilidad de que ganase ese valor demasiado tarde, cuando la boda ya fuese un hecho.
Álvaro no podía enfrentarse a esas duras posibilidades y mantener la esperanza. No después de tantos años de querer a Felipe en silencio, sin atreverse a ser sincero con la persona que mejor lo conocía en el mundo. No después de tantos años viendo a Mateo llorar por Elena. No cuando llevaba tantos años asumiendo que el amor no era para él. La esperanza era un arma de doble filo y lo más probable era que acabase hiriéndose a sí mismo. Como siempre.
No digas tonterías, Felipe –pidió, apoyando la cabeza contra el cristal y sintiendo el sordo tirón de la herida en su costado, en cuyas puntadas, de técnica perfecta, seguía percibiéndose el temblor de las manos que las habían llevado a cabo–. Yo nunca consigo al chico.

lunes, 31 de agosto de 2015

La muerte no puede detener al blog. Sólo retrasarlo.

Estoy viva.
¡Sorpresa!
A ver. Sé que sólo llevo una entrada este año. Y que mañana empieza Septiembre. Pero comprended que he tenido un año complicado, con segundo de bachillerato y la selectividad.  Planeaba compensaros este verano y llenaros de entradas, pero... Pero no. ¡Es que había muchas series que ver! ¡Y libros que leer! ¡He encontrado, por fin, Dresden Files, que es lo más guay de la fantasía urbana!
Lo siento. De veras. No os prometo que vaya a publicar más porque os respeto demasiado y... Bueno. Es que en siete días empiezo la universidad. Primer año de Historia. Estoy muy, muy nerviosa, la verdad, pero ya os contaré sobre eso. Seguro que alguna anécdota cae, porque yo siempre consigo hacer el ridículo de formas originales y me gusta anunciarlo a los cuatro vientos. Vosotros ya sabéis que soy tonta y tal.
Lo que sí os prometo, lo que os juro por el mapa del merodeador, es que esta semana voy a venir con mi reseña de La sangre del Olimpo, que salió justo con la selectividad y se me atragantó todo, pero sé que la esperáis. O, al menos, mi entrada sobre Nico es la más exitosa de todas. Y es obvio que voy a hablar de Nico. Puede que mencione a otros pero... NICO.
Bueno, eso y fic kennal. ¿Qué? ¿Qué si he vuelto a abrir el blog sólo para publicar fic kennal? ::ríe nerviosa; se rasca el cuello; disimula:: Puede. ¡Pero es que han empezado a publicar la tercera parte de Cuatro Damas, Corrientes del tiempo, y mola demasiado! Y rezuma kennal. Y una es fangirl.
La frase de la semana es, precisamente, del capítulo cuatro. Quería poner otra, pero habría sido spoiler. Y no quiero meteros spoiler, plebe, sólo quiero que leáis la novela para poder comentar con otras personas lo guay y genial que es. Que mola poder hacerlo con la autora, oye, ¡pero no se puede teorizar porque es spoiler!
Así que venga, a leedlo y a darme la razón respecto al ariker y al kennal.

PD: ¿Veis? Ahí estoy yo, gritando que os leáis Cuatro Damas. ¿No os alivia ver que no he cambiado nada? ;)

jueves, 31 de julio de 2014

Sequía, crisis nerviosas y síndromes de abstinencia

Los dioses salven a Community y a Abed, porque son lo único que me queda.
Después de que, la semana pasada, mi ordenador se rompiese definitivamente, las cosas no han estado bien.



En primer lugar por el hecho en sí mismo. No pude recuperar ninguno de mis archivos, lo que me afectó tanto que ni siquiera hice una sola vez el chiste de "estaba a punto de jubilarse" que, por otra parte, era cierto. Es decir, tenía como mínimo diez años. Lo echo de menos...
Por suerte me decidí a tener betas para mi proyecto de novela, porque sino habría perdido más de doscientas páginas. Ahora sólo he perdido unas treinta. Pero sigue siendo mal.
El word nuevo es distinto al mío. ¡Odio los cambios! --si tenéis un buen programa de escritura agradecería que me pasaseis el nombre-- Y encima tengo que volver a corregirlo todo. Es agotador.



También pasa que, poco después, acabé La princesa mecánica --grandioso-- y los últimos relatos de The Bane Chronicles --épicos--. Como aún no han traducido Ciudad de Fuego Celestial y no encuentro una puñetera traducción ni a tiros, estoy pasando por un síndrome de abstinencia bastante serio. ¿Qué? ¡La saga engancha! (SPOILERS CIUDAD DE LAS ALMAS PERDIDAS ON) ¡Alec y Magnus lo han dejado! ¡Maureen es una loca psicópata que se ha cargado a Camille vestida con una camiseta sobre unicornios! ¡Jace se ha convertido en Edward Cullen y ahora no puede tener relaciones con Clary porque podría matarla de un polvo! ¡Simon e Izzy por fin empiezan a avanzar! (SPOILERS CIUDAD DE LAS ALMAS PERDIDAS OFF)



Los adelantos son crueles y sólo traen más ansia.

Sí, ahora es cuando deliro un poco acerca del tema. Dejadme cancha, lo estoy pasando muy mal.
¡SEIS PERSONAJES PRINCIPALES! ¡SEIS! Y, ¿quienes? Porque ahora me pregunto quién prefiero que muera y es peor. Porque NO pueden matar a Jace, que es un Herondale y es Jace. Y Clary, que es súper y se la quiere un taco. Simon, tan mono y tan friki y seguramente tan muerto cuando acabe la novela. Isabelle, que me cae bien y no quiero que muera pero, claro, entre lo malo... Alec, que se lo merecería un poco después de dejarse engañar por Camille --según una escena eliminada, es que hasta la alimentó, el gilipollas--, pero que me sigue cayendo bien y NO QUIERO QUE ME JODAN EL SHIPP. Y Magnus, que es mi personaje favorito desde siempre y que, si matan, me romperán en trocitos muy pequeños y me llevará el viento. Así que, yo pongo mis fichas sobre Luke o Jocilyn --seguramente sólo uno de los dos muera--, sobre Robert Lightwood --que me cae fatal, por lo que DESEO que muera--, sobre Sebastian --que oye, es principal--, sobre Simon --que no me hace gracia y duele pero es genial y a esos suelen matarlos--, sobre Maia o Jordan --y si no muere ninguno, apuesto a que cortan o algo-- y... Y no sé más. No se me ocurre ninguna otra muerte que no me desgarre el corazón. ¿Por qué no me estoy metiendo spoilers? ¿Por qué soy gilipollas y no resuelvo esta tensión? ¡NO LO SÉ! ::se encoge en una esquina y solloza mucho::



Sufro mucho.

Y, necesitada de algo que me distrajese de mi dolor, me metí de lleno en Panem. Sí, la trilogía de Los Juegos del Hambre me calmó ligeramente, pero como me la acabé en dos días --de forma literal-- no tuvo resultados a la larga. Además, tenía cinco personajes favoritos, de los que murieron tres. (SPOILERS SINSAJO ON) ¡FINNICK! ¡PRIM! ¡CINNA! Es que sólo se salvaron Haymitch y Peeta, lo que es mal. (SPOILERS SINSAJO OFF) Lo extraño es que, en vez de las pesadillas que esperaba, me provocó un sueño ñoño en plan novelilla romántica. Mi subconsciente tiene ese tipo de detalles, a pesar de su firme oposición a darme sueños con maromazos.

Como ninguno de los libros que quiero leer está en Internet, lo único que me mantiene en pie es Community. Porque tendría que comprarme La profecía, secuela de Kate y sus hermanas, mas, después del ordenador nuevo, estoy muy arruinada y tengo que guardarlo todo para Septiembre y Ciudad de Fuego Celestial.
Y es que, encima, la abstinencia de Cazadores de Sombras ha despertado nuevas abstinencias que tenía controladas. ¿¡QUÉ COÑO PASARÁ CON DEMONIO!DEAN!? ¿¡Y CON ROBIN HOOD Y REGINA Y HOOK Y EMMA Y EL RUMBELLE!? ¿¡QUÉ PASARÁ CON ARIADNE, DEKER Y JERO PERDIDOS EN EL TIEMPO!¿ ¿¡Y CON EL KENNAL!? ¿¡CUÁNDO COÑO EMPIEZA CORRIENTES DE TIEMPO!? ¿¡EL HIJO DE DIANA Y MATHEW NACERÁ BIEN O ELLA TENDRÁ OTRO ABORTO!? ¿¡FINN Y KATE ACABARÁN JUNTOS!? ¿¡KURT Y BLAINE SE CASARÁN EN LA PRÓXIMA TEMPORADA!? ¿¡CÓMO LLEVARÁN LO DE LUCRECIA Y HERNÁN!? ¿¡NOS LIBRAREMOS DE LA TRAMA ABSURDA DE NUÑO E IRENE!? ¿¡DÓNDE HA QUEDADO MI PROPÓSITO DE NO ABUSAR DE LAS MAYÚSCULAS!? ¡¡¡SON DEMASIADAS PREGUNTAS!!!




En resumen, que si tenéis la traducción de CHF la exijo. Completamente en serio. Y, por lo que más queráis, ¡qué alguien me recomiende una saga juvenil de literatura fantástica antes de que tenga un verdadero ataque de pánico y acabe hospitalizada!




PD: También está True Blood, pero es semanal y eso no me sirve de mucho.
PD2: Puede que esto haya sido ligeramente exagerado pero, en todo caso, lo estoy pasando muy mal y os fastidiáis.
PD3: Cassandra Clare es malvada.
PD4: Sobre Cazadores de sombras...




domingo, 18 de mayo de 2014

Artemisa en la cena familiar

¡Hola, maestros del frikismo!
Sí, hoy sí hay exclamaciones. Estoy mejor. Gracias por preguntar.
Os traigo mi aventura de ayer, que demuestra que estoy como una cabra y que me obsesiona demasiado Cuatro Damas. Nada que vosotros no supieseis, mis niños. Como la última, la he nombrado en honor de Teo, que es muy grande.
Bien, pues veréis. Ayer mi familia y yo, por razones que no vienen a cuento, salimos de cena familiar. Íbamos Mi Señor Padre, Mi Señora Madre, El Niño (mi hermano), Mi Señora Madrina, Mi Señor Tío y mis primas Gremlin1 y Gremlin2.
¿No es increíble mi talento para los apodos? Lo sé, me abrumo a mí misma.
En todo caso nos fuimos a cenar y, como éramos ocho, no había una mesa lo bastante grande. Dado que en el restaurante las mesas estaban ancladas al suelo tuvimos que sentarnos por separado. Mis primas, mi hermano y yo, a la mesa de los niños.
En principio nos lo pasamos bastante bien. Gremlin1, la mayor, nos enseñó una aplicación de móvil en la que metías un nombre y empezaba a soltar insultos hacia él. Algunos eran obvios, pero otros resultaron muy originales. Obviamente, solté un discurso acerca de como eso degeneraba de forma indignante el arte del insulto. Algo así:
El insulto es un arte, no algo que se pueda poner en una aplicación. Es una muestra y exhibición de ingenio que consiste en utilizar las debilidades y complejos más íntimos del otro para hacerle sentir mal consigo mismo. Un móvil no puede hacer eso. Sería sólo un complemento para una de las más grandes tradiciones españolas, por muy gracioso que sea lo de "Eres tan feo que tu madre, para no verte, te daba el biberón por el culo".
Bueno, vale, no fue exactamente así porque no tengo memoria eidética como Sheldon Cooper, pero el mensaje, el tono y el espíritu eran exactos.
No tardó en cansarnos, de todos modos. Bueno, y que amenazaron con quitarnos el móvil. Lo último también tuvo que ver. Por lo que, mientras esperábamos nuestras hamburguesas --ellos-- o ración de patatas --la que escribe--, Gremlin1 propuso jugar a lo que la gente aburrida y con un punto malvado a jugado desde los siglos de los siglos: "prueba o verdad". Lo sé, lo sé.


¿Jugar a "prueba o verdad" con dos primas malvadas y cotillas? ¿En qué estaba pensando? Pues, sinceramente, en el aburrimiento. El aburrimiento es veneno, ¿vale? Veneeeeeeeeno. Y yo, por fuerza, tenía que ser más malvada, perversa y aguda que mis primas pequeñas. Después de todo, el test de Once Upon a Time me dio a Regina y el de Supernatural a Zacharias. No estoy de acuerdo con el resultado de esos test, dado que obviamente soy Belle o en todo caso Rumple en Once Upon a Time y Crowley en Supernatural, pero esos resultados estaba contaminados, después de todo, por mi intrínseca maldad. Consideré que estaba capacitada para aplastarlas, aunque sin hacerlas llorar porque después me las cargaba yo.
Gremlin2, la más mala de todos en sus once años de edad, decidió que fuésemos de mayor a menor. Claro, como es la pequeña...
La primera pregunta, para la que escribe, fue darme una lista de nombres entre los que tenía que elegir para enrollarme. Uno era un idiota de los que daba grima, otro uno que estaba indecentemente bueno pero que era idiota y creo que algo gay, otro mi mejor amigo de la infancia y otro mi mejor amigo actual. No os diré cual elegí, por si acaso.
En todo caso, Gremlin1 eligió prueba. Yo le trolleé vilmente porque es una opción estúpida y le hice comerse una rodaja de naranja y dejarse el borde en los dientes, que debía enseñar a la camarera. Lo hizo. El Niño se puso a cuatro patas y ladró. Los adultos ni se enteraron porque estaban muy ocupados, sólo Mi Señora Madrina nos hacía algo de caso para abrirnos los sobrecillos de ketchup. En serio, en ese restaurante los compran defectuosos aposta o algo. Cuando iba a decir la prueba de Gremlin2, Gremlin1 se me adelantó y le mandó mancharse la nariz con el ketchup. Sí, Gremlin1 es mala, pero no muy creativa. ¿Veis lo que hacen esas aplicaciones?
Después de otra ronda de la que ya no me acuerdo, llegamos al meollo del asunto: mi tercera "verdad".
Ellos ya estaban algo cabreados por que no eligiese prueba, ya que les dificultaba vengarse de mí, y llegó un punto en el que me cabreó. Así que me salté el juramento de decir la verdad, puesto que ellos se habían saltado el de obedecer a las pruebas que se les mandasen y ninguno se metió el cubito de hielo por la camiseta.


Qué fácil es ver los toros desde la barrera... ¬¬

Me preguntaron si me había morreado alguna vez. Ahí comenzó el show.

Yo Misma: No, por supuesto que no.
El Niño: ::tonito de idiota:: ¿Ni con Nombre Aleatorio?
Yo Misma: No, nunca. Es decir ::titubea::, eso no fue un morreo.
Gremlin1: Mientes ::gesto aburrido::.
Yo Misma: ¿De qué hablas? No fue un morreo. Sólo... Un beso.
Gremnlin1: ¿Ah, sí? ¿Con quién?

Yo quería elegir a Deker, pero era inglés y no colaría. Y a Álvaro, pero es que ya conozco a uno y no quería que tenga lugar a confusión. Así que me lancé a la piscina:

Yo Misma: Felipe.
Gremlin1: ¡Ja! ¿Cómo el príncipe?
Yo Misma: ::reflexionando:: Yo lo habría asociado más bien a los reyes del Siglo de Oro o al  príncipe de La Bella Durmiente.
Gremlin2: No había ningún Felipe en tu clase.
Yo Misma: Porque no iba a mi clase.
Gremlin1: Tú nunca sales, así que no puedes haberle conocido en otro sitio.
Yo Misma: ::reflexionando:: Cierto. ::en voz alta; improvisando:: Era un amigo de Amiga Random, ¿vale? Habíamos quedado para ir al cine y le invitó sin avisarme. Sólo nos dimos un beso, no he vuelto a saber de él.
Gremlin1: ¿Cómo era?
Yo Misma: ::falsamente azorada:: Muy guapo. Tenía un hoyuelo en la mejilla cuando sonreía ::larga explicación a tres bandas de lo que era un hoyuelo, dado que mi hermano no tiene mucho vocabulario::, unos ojos castaños muy bonitos y el pelo algo largo ::suspira::.
Gremlin2: ¿Te besó él?
Gremlin1: ¿Cómo fue?
El Niño: ¡Tienes novio!
Yo Misma: ::ignorando a El Niño:: No, le besé yo a él.
Gremlins: ¿¡En seriooooo!?
Yo Misma: ::agradeciendo el fanfic y las novelas románticas:: Es decir, yo me acerqué a él primero, él se acercó más a mí y... Bueno, nos besamos.
Gremlins: ::en plan Summer Nights:: ¡Cuenta más!



Yo Misma: ::fingiendo estar molesta:: ¿Qué queréis, que os lo cuente como si fuese una novela romántica? Yo me acerqué a él sintiéndome inquieta por su cercanía, él comprendió lo que quería y respondió del mismo modo. Nos besamos sintiendo una corriente recorriéndonos. Él palpó mi labio con la lengua y yo respondí a su muda invitación abriendo los labios, uniéndonos en nuestras bocas embebidos por la pasión.
Todos: ::se despiporran::

Cuando revelé la verdad ninguna de mis primas se sorprendió porque no se lo habían creído. Aunque a Gremlin1 la tuve por un momento. Mi hermano sí se mostró sorprendido porque es más inocentón y no nace.
Declaro desde ya, que no pienso pagar derechos de autor. Lo siento, Magik, considéralo un pago por esos cupcakes y pasteles que exhibes y yo no he probado. =P

Bueno, espero que os hayáis reído un poco, aunque sé que la entrada es corta. ¿Que queréis? Cuando nos fuimos a tomar un café yo me cogí una revista y les ignoré vilmente.
Un placer relataros mi vida, maestros del frikismo ;)