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miércoles, 28 de febrero de 2018

La falsa redención de Barney

Buenas, maestros del frikismo.
En este punto no me voy a molestar excusándome por mi ausencia porque me conocéis y porque probablemente habéis perdido toda fe en mis capacidades de persistencia, ética laboral y constancia. Que hacéis bien, no me malinterpretéis.
Pero bueno, ¡ignoremos todo eso y revivamos otra vez el blog! Esta vez ni siquiera os mentiré y diré que voy a publicar de forma regular porque os respeto a vosotros y a vuestra inteligencia, así que vamos allá.


Cualquiera con quién haya hablado de Cómo Conocí a Vuestra Madre sabe que mi personaje favorito es, y siempre será, Barney Stinson. Es uno de los personajes más icónicos de la televisión y los Dioses saben que alguien capaz de hacer un número musical sobre trajes se merece nuestro respeto. Aún así, soy consciente de que su personaje tiene problemas, problemas graves que no podemos excusas o ignorar porque sea gracioso y encantador. El carisma está muy bien, pero no justifica el machismo.

(Desde luego, pero una cosa no quita la otra, Barney)

Muchos me diréis, Artemisa, el horrible trauma del final te ha marcado de tal forma que eres incapaz de recordar el último capítulo y su momento de redención, lo comprendemos y te apoyamos pero sigue sin verdad. Bueno, plebe, agradezco la preocupación y sí he sido marcada por esa estúpida escena final con la trompa azul como todos vosotros, mas no he olvidado su mal llamada "redención", es solo que no la entiendo como tal. Creo que esa era la intención de los creadores, pero no lo ejecutaron bien y solo lograron agudizar el problema todavía más.
No es mi intención escribir una entrada sobre las razones por las que Barney Stinson es machista, pues considero que no es necesario hacer tal cosas. Se trata de un hombre que ha escrito un libro con formas de engañar y manipular a mujeres para poder acostarse con ellas, que las utiliza y no parece considerarlas personas más allá del servicio que pueden servirle: el sexo. Lo que quiero tratar es de porqué ese cambio en el capítulo final no funciona.

(Barney en uno de sus muchos momentos misóginos)

Una vez se casa con Robin entramos en la parte más polémica de la serie, los flash fowards (el contrapuesto de los flash backs, o sea, saltos hacia el futuro) en los que vemos qué fue de los amigos a los que hemos seguido por nueve temporadas. Vemos que Robin y Barney tienen un matrimonio infeliz y acaban por divorciarse, momento en el que Barney vuelve a Nueva York y a su vida de mujeriego, llegando incluso a proponerse otro de sus retos, como es el acostarse con una chica cada día durante un mes. Ya le hemos visto caer en ese tipo de comportamientos, mas esta vez los amigos han pasado página, son adultos y Barney parece haber quedado atrás. Sus acciones se retratan como una prueba de su inmadurez y tienen un tinte triste, casi esperpéntico. Y entonces una de esas chicas se queda embarazada.
Su reacción es la que esperamos, pánico y rechazo a lo que la paternidad significa, una huida hacia delante de un hombre aterrado que no está listo para que nadie dependa de él. Y entonces conoce a Ellie, su hija, en lo que, a mi parecer, es la escena más hermosa y cargada de sentimiento de toda la serie.

(Si es que es un momento precioso, maldición)

Sí, lo sé, estaréis diciendo, Artemisa, tú ser abyecto que no se aclara, ¿no era que la paternidad de Barney no le redimía y seguía siendo un machista redomado? Pues sí. Entiéndase, estoy hablando del impacto de la escena como un momento bonito por parte de uno de mis personajes favoritos. Está bien escrita, bien interpretada y la ejecución funciona, el problema es que se trata de un momento clave en el desarrollo del personaje que, aunque conmovedor, no funciona. Y no, no se trata solo de mi frustración hacia el cliché de "ahora que tenga una hija soy feminista" y de cómo el equivalente (una mujer diciendo que consideraba a los hombres seres inferiores hasta que tuvo un hijo) nunca sería aceptado, sino de cómo el cambio de actitud solo transforma el sexismo de Barney.
El problema reside en la siguiente escena, esa en la que el grupo está reunido después de que Barney sea padre y parece que ha cambiado, que ha madurado, ha seguido adelante y ya no necesita reafirmar su personalidad mediante el sexo con mujeres anónimas a las que había manipulado. Y entonces entran las dos chicas. Jóvenes, guapas, en plena veintena, vestidas para salir de noche y pidiendo un par de copas en la barra. Barney se precipita hacia allí y sus amigos se miran los unos a los otros con divertida resignación, el mensaje claro: él nunca cambiará, siempre va a ser así. Mas nos sorprenden. Barney les quita las copas y les echa la bronca, mandándolas a las dos a su casa y diciéndoles que llamen a sus padres. Los amigos muestran una expresión de maravillada incredulidad, dicen "¡sí que ha cambiado!" y se congratulan de los avances de su amigo. Sí, gran momento, Barney Stinson ha dejado atrás el machismo y se ha convertido en un hombre que respeta a las mujeres. Albricias.


No hemos asistido a la prueba de que Barney no es machista, solo hemos asistido a la prueba de que su machismo ha evolucionado con la paternidad. Vamos a repasar la escena. Un par de chicas en plena veintena entran en un bar. Son guapas y jóvenes, pero claramente mayores de 21, la edad mínima para beber en USA. Están vestidas para salir de marcha y está claro que quieren pasarlo bien. Y, de la nada, aparece un señor desconocido que les quita las bebidas. Lo primero que esas chicas pensarían sería un "mierda, un loco peligroso" y "por favor que no esté aquí para drogarnos las bebidas y violarnos en el callejón", pero pronto se dan cuenta de que nada más lejos de la realidad. El extraño solo está ahí para mandarlas a casa, intentar que se avergüencen de haber salido a pasarlo bien por la noche y decirles que se vayan a llamar a sus padres, que estarán preocupados. En definitiva, a tratarlas como si fuesen niñas e incapaces de tomar sus propias decisiones. Las chicas se van. Tal vez a otro bar donde no haya desconocidos dándoles órdenes, tal vez a sus propias casas, frustradas y de mal humor. Espero que no avergonzadas. Espero que esas chicas no asuman que están haciendo algo malo, porque no es así. No hay nada de malo con ir a un bar con una amiga.
Pero Barney, que ha dedicado toda su vida adulta a ligar, seducir a mujeres, manipularlas y utilizarlas para lidiar con sus propios problemas, ahora considera que lo hay. Porque no ha dejado de ser machista, sencillamente ha pasado de un machismo que le hacía sentirse con derecho sobre la sexualidad de las mujeres a un machismo paternalista en el que, oye, también se siente con derechos sobre la sexualidad de las mujeres. El único cambio es que ahora quiere protegerla y considera el sexo el gran enemigo.
El sexo no era el enemigo, Barney, ese nunca fue el problema. El problema era la actitud, los engaños, las manipulaciones y tu resistencia a considerar a las mujeres seres humanos. El sexo no.
Solo estamos pasando de considerar a las mujeres putas, meros objetos sexuales, a vírgenes, seres puros e inmaculados que no pueden estar en control de su propia sexualidad.

(Mi reacción ante este tipo de actitudes)

Os recuerdo que Barney les dice que llamen a sus padres, que estarán preocupados, como si mujeres de veintitantos no fuesen capaces por sí mismas y aún perteneciesen bajo la tutela paterna.
Os aseguro que si yo, a una semana de los veintiuno, decido a salir de marcha con una amiga, no me tomaría nada bien que llegase un señor desconocido a echarme la bronca. Ni puta gracia. Es más, dudo que dejase a mi padre echarme la bronca por ello, y es mi padre. No puedo decirlo seguro porque a él nunca se le ha ocurrido intentar que me sintiese avergonzada por quedar con amigas y hacer mi vida. Porque no es algo que se deba hacer hacia mujeres en la veintena.
Esta actitud está muy popularizada, esa concepción dual de la mujer, que puede ser una puta, un ser lujurioso y manipulador, como por ejemplo Eva en el Antiguo Testamento, o una virgen, un ser puro, dulce y maternal, como por ejemplo la Virgen María en el Nuevo Testamento. La mayor parte de los personajes femeninos en la ficción pueden ser encajados en una de estas categorías y ya es hora que se deje atrás esa idea, que se acepte que las mujeres somos personas y, por tanto, complejas. Y, por tanto, capaces de tomar decisiones sobre nuestra propia sexualidad.

(¡Porque es un tema serio y me indigna este doble estándar!)

Ese es mi problema con el personaje de Barney. Empezó como un personaje machista cuyo defecto era reconocido, lo que hacía que pudiese gustarnos a pesar de ese ello puesto que la narración de la serie lo denunciaba, pero acabó como un personaje machista cuya actitud era alabada y aplaudida por la narrativa y el resto de los personajes. Y eso ya no tiene excusa, pues nos muestra que la serie no es consciente de ese momento tóxico y sinceramente preocupante, destruyendo por completo la hermosa escena de Barney con su hija, su gran momento de redención.


Bueno, pues la han cagado porque no se ha redimido en absoluto.

PD: Que conste en acta que yo sigo adorando a Barney como personaje, ese momento no es más que otro flash foward que vamos a ignorar porque es ESTÚPIDO.

martes, 1 de abril de 2014

Cómo conocí a vuestra madre: The End

Hoy es el fin de una era.
Parece mentira que una serie tan exitosa, tan divertida, tan emocionante y que te llega tan hondo, haya llegado a su fin. Pero lo ha hecho, frikis del mundo: Cómo Conocí a Vuestra Madre ha acabado.


Sigo sin asimilar del todo que ya, que no hay más. Que no habrá más frasazas de Barney que trasciendan de la serie, porque todo el mundo sabe quien es Barney aunque no la siga. Que no habrá más paranoias raras de Ted. Que no habrá más felicidad conyugal de Marshall y Lily. Que no habrá más chistes de canadienses sobre Robin.
Sobretodo, queridos, porque ha sido el final más indignante que recuerde. E incluyo el de Los Serrano.



(Obviamente, con SPOILERS)

Antes de que lo digáis: no. Mi decepción no tiene nada que ver con el final de mi OTP. En parte. A ver, sí, me jode lo que no está escrito porque todas mis OTP acaban igual, pero no es sobre eso.
Me indigna mucho lo de Ted y Robin, pero no porque mandasen a la mierda mi shipp.
Veréis, mi maravillosa OTP se fue a la mierda a toda máquina con un matrimonio de tan sólo tres años. Pero a mí no me afectó tanto como podríamos haber esperado por una razón: tenía sentido. Barney y Robin son geniales, pero que estuviesen juntos era muy difícil. Y yo lo sabía. Así que, cuando discutieron en Argentina y se divorciaron, me dolió, pero lo comprendí. Porque, ante todo, Cómo conocí a vuestra madre es una serie sincera. No intenta engañarnos. No trata de decirnos que el grupo seguirá quedando en el MacClarens hasta que tengan que llevarles sus nietos en silla de ruedas. No trata de vendernos que todo sale bien si se trata de amor. No. Son sinceros. Hablan del destino, de como hay alguien especialmente diseñado para nosotros, pero eso no es necesariamente mentira. Son sinceros, repito.
Ja.
Perdón.
Me he equivocado de tiempo verbal.
ERAN.
Porque claro, son sinceros cuando tienen que hacer que Robin y Barney no puedan estar juntos, pero cuando se trata de Robin y Ted... Cuando se trata de Robin y Ted no pueden hacer nada, ¿sabéis? Las hadas de las trompas azules se lo impiden.
Porque divorciar a Robin y a Barney tiene todo el sentido del mundo, pero que Ted y ella acaben juntos es algo innegable. Lo pone en el Código de los Colegas. No te jode.
Y es que, a ver, el resto ha sido genial. Los capítulos finales han sido inmejorables, hasta esas dos últimas escenas donde la han cagado A LO BESTIA.
Algunos se quejarán de que sintetizan demasiado en un capítulo, de que hay demasiadas escenas, pero yo no estoy de acuerdo. Esos flashs del futuro han sido grandísimos.
Marshall y Lily apunto de tener otro hijo, el romanticismo sin mácula de Ted y Tracy -POR FIN SABEMOS SU NOMBRE-, el que Barney no se haya casado ni enamorado de otra persona pero haya tenido una hija en la escena más mona del mundo... Todo ha sido genial. Aunque vemos que, sin duda, Robin no es la misma desde el divorcio. Se pasa la vida viajando, sin pensar en sus amigos y ni siquiera quería presentarse a la boda de Ted. ¿Moraleja?: ahora es idiota. Normal. No tiene novio, no tiene amigos, no tiene NADA. Ha tomado muy malas decisiones, Robin. Ahora está amargada y con perros. Pos' vale. Lo entiendo. Tiene sentido. Ella siempre ha sido la dura y pasota de un grupo lleno de gente achuchable. Que no que me cayese mal, claro, pero mientras que los cuatro eran personas a la que abrazar, Robin iba más por su cuenta. Si uno se iba, sería ella.
¿Y cómo acaba?
Que la madre está muerta.
ASÍ ARDAN EN EL INFIERNO. ¿PERO ESTO QUÉ ES?


No, es que nos hemos pasado NUEVE temporadas esperando para conocer a la madre. ¿Y qué pasa? Que la adoramos porque es genial. ¿Y qué hacen con eso? Matarla. Pero a ver, ¿son idiotas? Tracy era genial, era el puñetero destino de Ted, como no se cansan en repetirnos con todo tipo de símbolos y coincidencias y demás. Pero claro, la matamos para que él y Robin estén juntos.
¿Pues sabéis qué? Que me niego a reconocer ese final. Me niego.
Ahora, Cómo conocí a vuestra madre ya no serán las bromas de Barney, el romanticismo de Ted, la monez suprema de Marshall y Lily y lo guay que es Robin. No. Ahora será ese bodrio de final. Me jode. Mucho. Una serie tan grande y que me gustaba tanto convertida en eso. No. No me jode. Me duele. Porque duele, coño. Duele.
Para que este final tuviese sentido le sobran mínimo cinco temporadas. Ahora no. Ahora ya es tarde. Hemos visto a Ted crecer, cambiar, evolucionar, nueve temporadas preparándose para conocer a la mujer de su vida. El Ted de la primera temporada ya no está. No tiene sentido que siga con Robin. Vimos como soltaba esa relación antes de la boda de Robin y Barney. ¿Por qué intentan arruinarlo ahora? Y que coño, que Robin y Ted nunca han pegado ni con cola. ¡Ni con cola, os digo!
La serie se les ha salido de madre -nunca mejor dicho- y no han sabido cambiar el final. Un fallo GARRAFAL.
Pero da igual.
Ignoremos esa escena final.
Pensemos en que Barney consiguió un mes perfecto antes de tener a Ellie. Pensemos en lo romántica y hermosa que fue esa escena. Mejor que The Robin. Mejor que nada. El verdadero Barney con su hija, pequeña y delicada, entre las manos. Eso sí que ha sido un broche final para la serie y no lo que nos han vendido. Pensemos en Lily y Marshall y Marvin y Daisy y el bebé sin nombre. Pensemos en la sonrisa de Tracy. Pensemos en la pequeña Penny tan friki de la arquitectura como su padre. Pensemos en Barney cambiado, con su hija entre los brazos y tan guapo que duele.


Eso es lo que nos queda de Cómo conocí a vuestra madre. Y la echaremos de menos.


jueves, 13 de marzo de 2014

Exámenes y Alanis: Capítulo 3

Sé que tocaba una nueva ración de Alanis ayer. Lo sé. No me he olvidado. No lo he dejado a la mitad. Más o menos. En parte. Estoy algo atascada y no tengo mucho tiempo. Pero el archivo sigue abierto en la barra de herramientas. Por si os consuela. Y eso.
El problema es muy sencillo: época de exámenes. Horrible. Verdaderamente horrible. Así que aprovecho para quejarme. Un poco. O mucho. Soy muy Drama Queen. Podéis saltároslo con toda confianza.

Hoy hemos tenido dos exámenes: CMC e Historia. El de CMC no ha sido mucho problema porque hasta el profe admitió que no había que estudiar - por cierto, retiro todo lo malo que dije en día sobre esa clase, que es inútil, pero el profe es MUY majo y a mí me cae muy bien -, el de historia SÍ que es un gran problema.
Me gusta la historia. Quiero estudiar historia. Adoro la historia y tengo capacidad para ella. Pero ahora bien, me gusta aprenderla. No estudiarla. Estudiar APESTA. Eran sólo cuarenta y cinco páginas - me llegan a decir el año pasado que diría eso... - pero el primer tema era muy denso. Mucho, mucho. Horrible todo. El comunismo. No me gusta el comunismo.



Es muy complicado, pasa todo muy rápido y nadie me cae bien. Es decir, ¡yo adoro a muchos personajes históricos! En mi opinión, Maquiavelo y Bismarck deberían estar dirigiendo el mundo, porque son inteligentes y eso no se ve mucho. Pero, ¿en el comunismo? Nasti de plasti. Bueno miento. Trotski sí me cae bien. Porque leí Rebelión en la Granja para Lengua el año pasado y lo disfrute mucho y yo iba de Snowball. Perdió. ::pega una patada a la mesa:: ¿¡Alguien quiere explicarme por qué todos los personajes que me gustan pierden!? Porfa. Da igual. En todo caso, Trotski apenas aparece y cómo los comunistas están cambiándolo todo mil veces en vez de meterse en un sistema liberal dominados por la burguesía, como hicieron los demás, yo las he pasado bastante putas.



Porque claro, vosotros ya sabéis que soy tonta, ¿no? Sí, lo sabéis. Soy tonta. Pero de manual. Es decir, mi tontería da algo de miedo y todo. "Si es que eres tonta, nena" que me diría Maribel si fuese mi madre. Que menos mal que no lo es, porque no le cae bien Martín -aunque a mi madre no le cae bien Rita de Velvet y sí le cae bien Alberto, no sé lo que es peor -. En todo caso, yo soy de estudiar el día antes. Siempre. Y lo he hecho. Tampoco tenía más opciones, porque ayer tuve examen de inglés. Me perdí Los misterios de Laura y todo por estudiar. Bueno, da igual, que podría habérmelas apañado. Pero me puse a las siete. A LAS SIETE.



Muy mal yo. Y paré a las ocho y veinte. Para hacer las cosas nocturnas en plan ducha y cena. Me puse a las once. Y diez. A ver, maestros del frikismo y otros aprendices, permitirme un consejo: si hay una historia que te gusta mucho, mucho, mucho, no te pongas a leerla en época de exámenes. NO. ¡Maldito y carismático Lord Oscuro! En todo caso, tuve que hincar los codos. Hasta las dos de la mañana. La última hora no sirvió de mucho porque me dormía. He debido desarrollar tolerancia al café. Lo que me indigna, porque he tomado CUATRO vasos en mi vida. No tazas, vasos. Vasitos pequeños. Bueno, ni siquiera, porque sólo me he acabado uno. Fue el Lunes, para estudiar Filosofía. En todo caso, creo que, en cuanto le echas azúcar, pierde efecto. Sí, me lo bebía sin azúcar. Se me ocurrió la típica pregunta de "¿Cuántos terrones quieres?" volviendo a mi habitación con él. Después de que mi padre me confirmase que sí, hija, al café se le echa azúcar, con cara muy rara, se lo eché. Dos cucharadas porque DETESTO el café. Estaba dulzón. No me gusta...
En todo caso, gracias al panteón griego - del que tengo examen mañana, por cierto, bueno, no del panteón pero sí del idioma - en TIC seguimos con las exposiciones y pude estudiar tranquilamente porque no había trabajo que hacer. Ole yo. Me ha salvado la vida. Gracias desde aquí a mi profe de TIC, muy maja también. En todo caso, el examen me ha salido bastante bien y creo que aprobaré. Porque era fácil - gracias, dificultades de mis compañeros con la asignatura que bajan la dificultad de los exámenes y consiguen que no acabe con un cate bien bonito y bien rojo por no mover un dedo hasta el último momento, sin coñas ni pretender insultar ni nada - y porque creo que me resultaría imposible suspender historia. Pero no me arriesgaré. Por si acaso.

Vale, ahora que ya me he sacado todo eso de dentro, a lo que vamos. Advierto que habrá mayúsculas. Y que aunque la diosa Magik ya me ha dicho en mi última entrada que no se pone coma antes de las "y", las tiene. Pero es que TODO el discurso de Álvaro estaba construido entorno a esa estructura, así que, digamos que es una excepción. Sólo una. Lo prometo ::carita sonriente y adorable a la que nadie se puede negar::. Dedicado a Atenea, a ver si me echa un cable con griego mañana.





3.          De Madame de Pompadour, César Borgia y Hugh Grant.


Álvaro echaba chispas. ¡No podía creerse que Felipe tuviese tanta cara!
Vale que quizás había sido él el que se le había lanzado encima, pero estaba borracho. Era Felipe el que debía actuar con cordura, separarse, y ponerle a dormirla, ¡no derretirse como una vela en una fragua!
Quizá era un poco halagador que no pudiese resistírsele cuando le provocaba, pero él tenía orgullo, dignidad, y se le caía la cara de vergüenza.
Llevaba horas pensando en cómo decírselo a Mateo.
“-Eh, Mateo, amigo mío, ¿recuerdas a Dylan? Recuerdas a Dylan, me comentaste que reventaba, es verdad. Salí de marcha con él anoche y volví como una cuba y Felipe me estaba esperando y nos hemos acostado.”
“-Mateo, volvía a casa borracho y Felipe se ha aprovechado de mí.”
“-Amigo mío, creo, y digo creo, que me he acostado con Felipe esta noche.”
“-Llámame Madame de Pompadour, porque me he tirado a un rey.
-¿Qué?
-Estaba borracho y él me esperaba dentro de casa, ¡no me juzgues!”
Mejor la última no, podría interpretarse como don Juan Carlos.
Se estremeció.
Una pena, el chiste de Madame de Pompadour retrasaría lo inevitable.
Gruñó. La resaca estaba reventándole el cerebro por dentro.
Sonó el teléfono.
-¿Dígame?
-¡Te has tirado a Felipe!
Álvaro parpadeó.
-… ¿Quién es?
-¡No cuela, Álvaro! ¡Tienes identificador de llamadas!
-¿Se puede saber como te has enterado?
-Parece ser que Felipe se lo ha chillado a Kenneth delante de todo el Bécquer, y Tania, como es natural, me ha llamado.
-Pero creen que somos hermanos – tartamudeó en shock.
-… Lo sé.
Álvaro sintió que se le caía el teléfono.
Se sentó en el sillón, sus rodillas se habían convertido espontáneamente en pudín y su cerebro estaba fuera de cobertura.
-Le mataré – susurró –. Esta vez le mato seguro.
-¿Me permites un consejo?
-Sí.
-Yo me quedaría con Kenneth.
-¡No jodas! ¡Ahora también lo sé yo, macho!
-Yo lo sabía de antes.
-… ¿Qué?
-Es decir, es un chico muy majo, y lo de Felipe lleva tanto tiempo puteándote que ya está podrido.
-¡A buenas horas! ¿Por qué no me dijiste eso cuando te pregunte?
-Tenías que tomar tu propia decisión. Pero ahora que veo que eliges a Felipe, y lo que ha hecho él con eso…
-No he elegido a Felipe. ¿Quién ha dicho que yo haya elegido a Felipe?
-Álvaro, te has acostado con él.
-Primero: eso no tiene nada que ver. Segundo: estaba como una cuba. Tercero: le he echado a gritos de mi casa esta mañana, así que no hay forma humana de que lo haya interpretado como una elección.
-¿Qué hacías bebiendo con Felipe?
-¡Yo nada! Salí de marcha con Dylan y al volver me estaba esperando para hablar o algo así.
-Te dije que Dylan traería problemas.
-¿Crees que es el momento?
-Sí. ¿¡Y cuándo pensabas contármelo!?
-Estaba pensando en cómo decírtelo – se defendió.
-¿Cómo ibas a hacerlo?
-Con referencias a Madame de Pompadour.
-¿Eh?
-Me he tirado a un rey.
-… Madura.
Álvaro suspiró, colgando el teléfono que ya comunicaba.
Cogió aire un par de veces, y se fue a buscar su revólver.


No es que hubiese querido airearlo así como así.
Su plan era guardárselo, llamar después a Álvaro, razonar con él, y que éste cediese.
Era un gran plan.
Pero Murray se había mostrado superior, sin dignarse si quiera a mirarle, mientras charlaba con Valeria.
Con Valeria.
Y ella, había hecho un sibilino chiste acerca de… Oh, bueno, había insinuado cierto asunto relacionado con él y la necesidad de pastillitas azules.
El cabrón se había reído.
Y Valeria lo había hecho en voz alta.
Muy alta.
Los alumnos le miraban.
-Álvaro no parecía pensar lo mismo anoche.
Kenneth se quedó blanco. Valeria roja.
-¿¡Tu hermano!?
-… ¿Eh?
Llevaba todo el día encerrado en su despacho, tratando de asumir que la gente le consideraba César Borgia.
No le estaba yendo muy bien.
Si Álvaro se enteraba…
-¡TE MATARÉ!
Se había enterado.
Mierda.
-PIENSO MATARTE. PIENSO USAR TODAS LAS TORTURAS QUE SÉ USAR, Y DESPUÉS DESPEDAZARÉ TU CADÁVER Y LO ENTERRARÉ BAJO UNA ACADEMIA DE PAYASOS.
Felipe, aparte de miedo, vergüenza y ganas de suicidarse, sintió indignación. Meterse con su miedo a los payasos no era nada justo.
-Álvaro, todo esto tiene una explicación.
-¿¡TÚ SABES COMO ME HAN MIRADO TODOS!?
-Lo siento, en serio.
-¡VALE QUE ME PAREZCA A NIKOLAJ COSTER-WALDAU, PERO NO SOY JAIME LANNISTER!
-Lo sé.
-PERO ELLOS NO LO SABEN. ELLOS CREEN QUE SOMOS HERMANOS Y CREEN QUE NOS ACOSTAMOS ANOCHE.
-Bueno, nos acostamos anoche.
-¡ESTABA COMO UNA CUBA! CÓMO. UNA. CUBA. ¡Y NI SIQUIERA FUE SEXO DE VERDAD!
-Bueno, ¡no es cómo si tú estuvieses para algo más!
-… ¿¡Y TIENES LA CARA DE DECIRLO!? ¿TÚ? ¡NO ESTABA PARA NADA MÁS, PORQUE TAMPOCO ESTABA PARA LO OTRO! ¡TE APROVECHASTE!
-¡TÚ TE ME LANZASTE ENCIMA!
-¡TÚ TE COLASTE EN MI CASA EN MEDIO DE LA NOCHE!
-¡LLEGUÉ A LAS DIEZ Y MEDIA, PERO TÚ YA NO ESTABAS!
-¡PUES HABERTE IDO!
-¿¡PARA QUÉ TÚ SIGUIESES JUGANDO CON DYLAN!?
-… ¿En serio? ¿Me vas a venir con celos? ¿TÚ? ¿¡TÚ VAS A TENER EL MORRO DE VENIRME CON CELOS A MÍ!?
-¡Yo era un crío!
Álvaro respiraba de forma irregular. Y, o se alegraba de verle – cosa que, en esos momentos, dudaba bastante – o llevaba un revólver.
-No voy a perdonarte esto nunca.
-Álvaro…
-Voy a llevarme el caldero – le espetó –, y no voy a volver a pisar este internado en lo que me queda de vida.
-¡Ni de broma! No sabemos de quién es, Álvaro, no puedes llevártelo.
-Oh, desde luego que puedo. Si resulta que, como castigo por todas mis malas acciones, es tuyo, ya organizaremos todo para no tener que vernos jamás. Jamás.
-Álvaro, podemos hablarlo…
-No. No podemos. Te odio. Mucho. La has cagado de forma… – suspiró – Indescriptible.
-Si me escuchas…
-No te iba a elegir a ti.
Felipe quedó congelado.
-¿Qué?
-No. Te. Iba. A elegir. A ti.
-Pero, lo nuestro…
-Lo nuestro está podrido.
-¡No es cierto! ¿No recuerdas todo lo que pasamos?
-Felipe – comenzó abriendo el pasadizo –, yo era un crío.
El pasadizo se cerró. Felipe quedó mirando hacia la nada. Derruido.
Hasta que vio la lucecita de megafonía encendida.
-¡ROSA! – aulló, dispuesto a asesinar, o como mínimo despedir, a su secretaria.
Todo el Bécquer estalló en risitas y murmullos divertidos.


-Mi tío la ha cagado.
-De forma indescriptible.
Deker ignoró las miradas que le reprendían.
Era demasiado culebrón, y los culebrones le encantaban. Te reías más que con la comedia.
-¿Qué crees que pasará si el niño es suyo? – preguntó Jero.
-No lo sé, pero no será bonito.
-Bueno, al juzgado no puede llevarle, eso está claro.
-¿Por qué no iba a poder?
Todos miraron a Tania con incredulidad.
-¿Por qué mandarían hacer una prueba de paternidad y se vería que ambos son sus padres?
-Bueno, siempre se podrían cambiar las pruebas de paternidad.
-No, uno tendría que quedarse fuera y el juicio no tendría razón de ser.
-De todas formas, yo sigo diciendo que es de Murray.
-Que no fuese a elegir a mi tío no quiere decir que el caldero también se decantase por él.
-A lo mejor el Objeto sabía a cuál quería más o algo por el estilo – propuso Jero.
Quedaron en silencio, considerando esa opción.
-Es posible – admitió Ariadne –, pero no seguro.
-Vamos, Rapunzel, admite que el niño es suyo y ya, son sólo veinticinco euros.
-Y el que tú me restriegues que tenías razón hasta el día de su muerte.
-También.
-No es sólo por eso – admitió –. Estaría bien tener un primo. Y mi tío está muy solo, en cuanto yo me independice sólo le quedará Gerardo.
-Vale, eso es muy triste.
Ariadne le dio un codazo sin hacerle mucho caso.
-¿Cómo vais a explicar lo de que Álvaro no es tu tío?
-Ni idea, Jero. A saber lo que se les ocurre. Aunque es mejor así.
-¿A qué te refieres?
-Era desagradable que todos pensasen que mi padre y mi tío estaban liados – se estremeció –. Automáticamente pienso en los reales y siento ganas de arrancarme los ojos.
-¿No debería ser el cerebro?
-Es una expresión.
Hubo unos instantes de silencio.
-¿Sabéis que El Viejales participa en la porra?
Todos le miraron con la boca abierta.

Deker estaba caminando por los pasillos sin hacer ruido. Era de noche. Estaba oscuro. Él tenía frío y estaba cansado.
¿Que qué hacía entonces fuera de la cama?
Pues que, al parecer, se movía mucho al dormir y la cama era para una sola persona.
Él se había quejado, le había recordado que Rapunzel era la de los cabellos largos como un día sin pan y no la del guisante bajo los colchones, pero fue inútil.
Eran las tres de la mañana.
Él debería estar durmiendo. Es más, era obligatorio que estuviese durmiendo. Si Ariadne no fuese tan picajosa lo estaría haciendo, pero claro, la princesa era un princesa por un motivo. ¡Él no le había dicho nada de que le patease de madrugada! Patear era peor que moverse.
Se prometió firmemente que la próxima vez, mandaba a Jero a dormir al pasillo y quedaban en su cuarto. Luego la echaría de forma cruel.
Se sentía utilizado sexualmente…
-Sterling.
Una. Noche. De mierda.
Se giró hacia El Viejales.
-¿Qué quieres?
-¿Qué haces fuera de la cama? – Deker abrió la boca para responder, pero él negó con la cabeza – Déjalo, me lo imagino. He oído acerca de una porra…
-¿De quién?
-Tengo mis contactos.
-… Jero.
-Le oí hablarlo con la señorita Esparza, sí.
-Mierda.
-Quiero participar.
-¿Eh?
-¿Cuánto habéis apostado?
-Lo máximo he sido yo con treinta.
-Apúntame cincuenta por Felipe.
-¿Y cómo sé que no hace trampa?
-¿Trampa?
-A lo mejor sabe algo de ese objeto que nosotros no sabemos.
-No lo hago.
-¿Y por qué apuesta?
Él miró a los lados.
-Porque Álvaro y Felipe llevan en un sí-pero-no-pero-quizá-pero-no-sé-de-qué-me-hablas desde que eran adolescentes. No se va a ir todo al traste por Murray.
-Eso lo veremos en nueve meses.
Se dieron la mano y cada uno siguió su camino.
-Sterling.
Deker se giró.
-Está de más decir que conoce el uso del profiláctico – dijo con cara de padre sobre-protector.
Deker Sterling volvió a girar muy despacio, y continuó con su camino hacia la habitación sin darle una respuesta.
Una mierda de noche.


Kenneth sintió como su corazón se desgarraba al enterarse.
Le habría gustado enterarse de otra manera. Que Álvaro hablase con él en vez de mandarle a Felipe para que le dijese, de esa forma tan dolorosa, que había tomado una decisión. Pero no siempre se tenía lo que quería, y Kenneth lo aceptaba.
No sintió sorpresa al enterarse de su decisión. Dolor, tristeza, decepción… Sí, por supuesto que sintió todo eso, pero no sorpresa.
Siempre supo que no tenía posibilidades. Siempre.
No podía tener esperanzas cuando veía a Felipe y a Álvaro juntos.
Hubiese pasado lo que hubiese pasado entre ellos, ambos conectaban a un nivel que él nunca podría alcanzar. Se entendían, se comprendían, podían saber lo que pensaba el otro, tenían bromas privadas… A efectos prácticos, llevaban saliendo desde siempre.
Él sólo había sido una piedra en el camino. Un obstáculo pequeño e insignificante.
Lo entendía, y lo aceptaba.
Y por eso estaba allí.
No le gustaban mucho los autobuses, pero hacía demasiado que no conducía. Y de todas formas, en España lo hacían por la derecha. Raro. Madrid estaba demasiado lejos para arriesgarse. Lo había mirado por Internet y salía un vuelo hacia Londres a las ocho de la tarde.
Era hora de volver a casa.
No oyó la discusión por megafonía por unos míseros quince minutos.
Y no supo que Álvaro fue el que encontró su nota, y que corrió hacia su coche para impedirle irse.
Al menos, no cuando estaba sucediendo.


Se sentía como si estuviese en una comedia romántica.
Y no era para menos.
Estaba corriendo por un aeropuerto para evitar que el hombre al que amaba se fuese del país, dejándolo solo y con un niño. Si es que le faltaba ser Hugh Grant…
Le había costado entrar en la zona de embarque, pero finalmente se había comprado un billete, porque no le daba tiempo a dejar inconscientes a todos los guardias.
Y le vio. Soltó un suspiro de alivio mientras se acercaba.
-¿Álvaro?
Parecía estar alucinando.
-¿Cómo se te ocurre irte así? – le espetó – He tenido que venir a buscarte corriendo. A un aeropuerto. Es tan cliché que da hasta risa.
-No creí que hubiese nada más que decir.
-Lo había.
-Álvaro, en serio, da igual – puso una mano en su brazo –. Vuelve con Felipe, yo estoy bien.
-No quiero volver con Felipe. Todo esto ha sido un gran error. Nunca he vuelto con Felipe. Bueno, nunca estuve con él en primer lugar, pero tú me entiendes.
-Pero, él dijo…
-Omitió pequeños pero imprescindibles detalles. Que yo estaba borracho como una cuba, que estaba en mi piso cuando volvía de marcha, que le eché a gritos de mi casa la mañana siguiente… Esas cosas.
-Pero estuviste con él.
-Borracho – repitió –. Y ni siquiera fue sexo de verdad.
-¿Eh?
-Ya sabes, fue solo… Es decir, no hubo…
-… ¿Penetración?
-Dios, que mal suena eso. Pero sí, no hubo… Eso. No fue de verdad.
-Para mí cuenta igual.
-Para mí no. Y estaba borracho – hizo hincapié en eso.
-Por ese tipo de cosas yo soy abstemio – mencionó.
-Ya, es una opción que debería considerar.
-Lo siento, Álvaro, pero eso no cambia nada.
-¿Perdón?
-No quiero quedarme aquí, esperando a que te decidas por uno o por otro. Adiós.
Ambos quedaron en silencio.
-¿No te vas?
-Tengo que esperar a que salga mi vuelo, el que se va eres tú.
-No, hasta que no te des cuenta de lo que te he venido a decir.
-¿A qué te refieres?
-¡Qué te he elegido a ti, pedazo de pánfilo!
-Déjalo, Álvaro. Solamente… Déjalo.
-¿No lo entiendes? Te quiero – afirmó –. Te quiero a ti. Me gusta que te subas las gafas con la yema del dedo índice, y que lleves raya al lado como si fueses un colegial, y que te guste el batido de fresa, y que seas incapaz de usar el español coloquial y que siempre parezca que estás recitando a Shakespeare, y me gusta que te pongas como un tomate, y que recitases, solo moviendo los labios, los diálogos de Don Juan Tenorio entre bambalinas, y que siempre parecieses irritado con mi mera presencia, y que cuando te ofendas pongas la voz aguda, y que sueltes discursitos que yo pueda desbaratar con un comentario gracioso, Dios, no sabes lo que me gusta la cara que pones cuando lo hago, y que sepas sacar carácter cuando haga falta, y que mientas bien, porque quién iba a decirnos que mentías bien, pero lo haces, y que me eches la bronca cuando hago algo que no te gusta mirándome mal para hacerme sentir culpable, y que sea fácil hablar contigo, y meterme contigo, y estar contigo en general. Porque te aseguro que hay poca gente con la que me sienta realmente cómodo, y con la que pueda reírme sin tener que preocuparme por nada más, y tú eres una de esas personas. Y cómo que la otra persona es heterosexual y aunque no lo fuese a Tania le daría un ataque si nos viese juntos y yo lo considero un hermano, pero ese no es el asunto. El asunto es que yo soy gilipollas por no haberme dado cuenta y que si tengo que arrodillarme lo haré. Porque te he venido a buscar a un puto aeropuerto, Kenneth, y sólo falta que uno sea Hugh Grant y el otro Sandra Bullock. Y yo odio los aeropuertos y los evito como la peste y estoy aquí, como un gilipollas, abriéndote mi corazón delante de toda esa gente que parece no tener otra cosa que hacer que mirar esto porque su vida es muy triste. Por cierto, el del móvil ya puede borrar el puto vídeo si no quiere que le de una paliza. Y que quiero que, bueno, lo que tú sabes, sea tuyo. Y no quiero volver a ver a Felipe, porque, ¿todo lo que pudiese sentir? Está muerto, Kenneth. No sé cómo no me he dado cuenta antes, pero es así. Y en serio, si no me dices algo ahora mismo me moriré porque he tenido bastante vergüenza para toda mi vida con lo que me ha pasado hoy. Y la secretaria de Felipe es una zorra que nos ha puesto en megafonía mientras le echaba la bronca, así que puedes ir a preguntarle a cualquier alumno y él te contará que le he mandado al cuerno.
-¿Qué esperas que te responda a eso? – preguntó con la voz tomada.
-No lo sé. La comedia romántica no es muy mi estilo. Me vale con que me digas que no te vas a ir a hacer puñetas a la pérfida Albión y a dejarme con un palmo de narices.
-Lo siento, pero voy a hacerlo.
Los pasajeros comenzaron a cuchichear, Álvaro habría llorado de frustración y se habría dado de cabezazos contra una pared.
-¿Qué?
-Necesito pensar.
-¿En qué?
-En todo esto. Y está habiendo problemas en casa después de que cancelase el compromiso, es mejor que vuelva.
-Pero… ¿Y los quince días de antelación con los que tienes que avisar? ¿Y yo? ¿Y el niño?
-O niña.
-Eso ahora como que no es especialmente importante.
-Vendré en nueve meses para escuchar el veredicto – resolvió –. Si lo es… Ya veremos.
-¿Y si no?
-Y si no, ¿qué?
-Me da igual de quién sea, Kenneth.
-Lo siento, es lo mejor.
-¿Para quién?
-Para todos.
-No estoy de acuerdo.
-Alguna discusión tenía que ganar yo, Álvaro.
-Tampoco estoy de acuerdo, yo nunca pierdo.
-Siempre hay una primera vez.
-No puedes dejarme así – le aseguró.
Kenneth suspiró, dedicándole una tibia sonrisa.
-Llámame de vez en cuando, ¿vale? No me voy para siempre.
Cogió la maleta y se dirigió a la puerta de embarque, que llevaba unos minutos abierta, aunque nadie hubiese entrado.
-Surrealista… – susurró.
Los murmullos se extendieron. Álvaro, despertando, arrancó el móvil que lo había grabado todo de la mano de su dueño y lo lanzó contra una pared.
-¡Mi móvil!
-Vaya, a ti tampoco te funciona el modo avión, ¿eh? Vaya mierda de Transformers venden hoy en día.

Y con esa afirmación, Álvaro Torres salió con la cabeza bien alta, deseando llegar a su casa para poder meterla en el horno.


Ale, y ahí está mi incursión, medio parodia medio alabanza, a las típicas comedias románticas. Un comentario si quieres que Álvaro Torres se te declare en un aeropuerto.

PD: Cada vez que Hook llama a Emma "love" yo disfruto como una enana. Disfruto mucho, en consecuencia. Lo suyo es amor.
PD2: Neal me cae mal. Definitvamente. Sólo le interesa que su padre esté vivo para volver con Emma y Henry, que no es malo, pero Rumple en sí le importa una mierda aunque él se sacrificase por ellos y eso es MAL.
PD3: Aunque me había comido el spoiler de que Martín trataba de descubrir a un topo lo he pasado fatal viendo como le pintan de malo. Porque le adoro. El David ese no me gusta y en el próximo capítulo Laura y Martín van a fingir estar casados y es una de tantas señales de su amor.
PD4: Lily y Marshall y Daisy son amor. Robin y su madre también.
PD5: Son las únicas series que he visto en toda la semana y SUFRO ::llora mucho::.

sábado, 18 de enero de 2014

Mis sufrimientos de shipper

¡Hola, maestros del frikismo! ¿Cómo estáis hoy? ¿Bien? Genial.
Veréis, sé que he estado muy pesada con Supernatural - comprensible porque esa serie es la leche entera y con ColaCao - pero hoy no vengo a hablar de eso.
No. En serio, no quiero hablar de Supernatural. He decidido que me lo tomaré con algo más de calma después de haber estado apunto de tener un ataque cardíaco en una librería porque las luces comenzaron a parpadear. Casi dejo caer el libro y salgo de allí corriendo y llorando. ¡No me miréis así! ¿Sabéis como acaba la gente que ve parpadear las luces?: muerta. MUERTA. De forma increíblemeeeeeeeente dolorosa. Y no, gracias. Si hay un ataque fantasma, yo quiero ver a los Winchester. La primera en morir es la pringada a la que se mira con superioridad. ¡Y no!

En todo caso, hoy vengo a hablar de mis shipps. Y con eso, no me refiero a intentar vendéroslos o algo así. No. Sino a hablar de ellos. De deciros cuales son para que vosotros os deis cuenta de que vuestra vida podría ser peor. Podría ser la mía. Y, por tanto, podríais tener todos los traumas shippeadores que tengo yo. Que son MUCHOS. Es decir, actualmente sólo tengo UN shipp que vaya bien. UNO. Sólo tengo esperanzas por CUATRO. CUATRO. ¿Sabéis la cantidad de series que veo? ¿LO SABÉIS? Pues eso, sólo cuatro. Y hablo de ESPERANZAS. Que no es seguro.

(Esta lista no tiene orden de preferencia, los pongo según se me van ocurriendo.)


1. Hernán y Lucrecia:


Mi primer shipp. Águila Roja fue la primera serie que frikeé como Dios manda, y siempre le tendré un especial cariño por ello. Aunque dé vergüenza ajena. Que la da. Y ya no os hablo de los personajes, porque es que hay a varios a los que yo quemaba vivos. Así, sin narcóticos ni nada. Sufriendo.
Mi shipp es el de mis personajes predilectos - aparte de Satur, obviamente -: Hernán y Lucrecia. Y diréis: ¿De qué te quejas? ¿Ellos no tienen unas escenazas de caerte de la cama/del sofá y llorar y gritar cuál fangirl? Sí. Las tienen. Pero, ¿sabéis eso de una de cal y otra de arena? Bueno, pues nosotros disfrutamos de chutes en vena de cal, sí, pero después de ahogarnos en la arena.
En la primera temporada shippeas feliz y confiada. Porque, claro, temes que mueran por ser los malos y que Lucrecia se vaya con Gonzalo - lo segundo menos -, pero son taaaaaaaan monos, y taaaaaaan románticos. Todo es bonito y feliz y mágico y los duendecillos de los fans cantan y bailan. Y luego descubrimos que Lucrecia se tira al rey.


¡Pero calma! Le regaló las esmeraldas del collar que le regaló el Tontolbigote a Hernán. Y es Aw... porque ellos son Amor.
En el capítulo siguiente, intenta tirarse a Juan para que se tire a Margarita para que ella pueda quedarse con Gonzalo.


Y la temporada remata con Hernán enterándose de todo, torturándola, y después comportándose con un perfecto hijo de puta. Vamos, que acabas así:


En las siguientes temporadas, veremos a Lucrecia tirándose a otros, a Hernán casándose, CASÁNDOSE, con su hermana pequeña perdida y asquerosa y maldita e Irene muérete antes de que te pille hazme caso que luego sufres mucho. Y ya no es ¡Bien, combate dialéctico! ¡Mola! es más ¿¡PERO CÓMO PUEDES DECIRLE ESO!? ¿¡NO VES QUE SUFRE!? ¡¡¡NO VES QUE SUFRIMOS TODOS, IMBÉCIL!!! ¿Veis lo que sufro? Es mucho. MUCHO. Y ya no digamos la cuarta temporada. No hablemos de ella, porque, aunque en algunos capítulos estabas así...


... en otros, los más, estabas tal que así:


¿Qué cómo acabó la cosa? Aun no se sabe, pero vamos, que la marquesa se pasó toda la temporada fuera, cosa de por sí mala, para dar a luz a su hijo con el Tontolbigote, alias Felipe IV, alias padre de Hernán, alias yayo de Nuño, su primer hijo. ¡Qué bonito todo! ¡Cuánta felicidad! ¡Qué bien le va a mis shipps siempre!

2. Sirius y Remus:


Era obvio que no iba a caer esa breva. Vamos, la obviedad. ¿Pero había que ser tan mala gente Rowling? ¿EN SERIO?
Es decir, metió a Sirius doce años en Azkaban por un crimen que no había cometido dejando a Remus solo. Sale. Se encuentran. Se quieren. Matan a Sirius. Sufrimos TODOS. Lían a Remus con Tonks. Les matan. Dejan a un niño solo en el mundo y con el nombre de "Teddy". ¡Para que luego digan que lo del Titanic es triste!

3. Sherlock e Irene Atler:


Lo sé, lo sé. Escojo una pareja canon y principal, y es la más negada del fandom. Yo soy así. Me debí de caer de la cuna cuando era pequeñita. O algo.
Irene sólo ha aparecido en un capítulo, pero yo he caído irrevocablemente a sus pies. Es guapa, increíblemente sexy, inteligente, manipuladora, ególatra, ligeramente malvada, interesada, y, debajo de todo eso, pone como contraseña de lo que salvaguarda su vida el nombre del chico que le gusta. ¿Cómo no iba a caer a sus pies? La quiero.
Y claro, han pasado cinco capítulos desde que ella me ganó, pero yo sigo mirando a la pantalla, esperando fervientemente verla aparecer para coquetear con Sherlock. El último capítulo de la tercera temporada, me lo pasé parándolo para llorar o para dar botes, alternativamente. Porque Sherlock estaba con una chica. Solté un largo discurso sobre mi mala suerte con los shipps y acabé dando golpes a mi cama con el cojín, mientras gritaba acerca de que quería un shipp donde no... Oh, bueno, que acabase bien. Pero, y esto es lo bueno, ¡era una farsa! ::baila::


Y en el capítulo anterior, en plena resolución de un caso, una conclusión le llevó a Irene. ¿Creéis que se conformó con el flashback? No. No lo hizo. Ella se le acercó desnuda y le rozó el labio. ¿Qué? ¿Que le dijo que no era el momento de malas maneras? ¡Pues anda! ¡Cómo si con Jon fuese un osito amoroso! ¡Era importante! ¡NO CUENTA!
Lo suyo es amor, y ella volverá. Serán felices. ¡HE SEGUIDO MUY POCAS PAREJAS CANON Y ESTA LO ES Y CREO QUE ME MEREZCO UN POCO DE FELICIDAD FANGIRLÍSTICA, MUCHAS GRACIAS!

4. House y Cuddy:


Sí, yo era de las pocas que no le ponían haciendo el trenecito con Wilson.
Me gustaba esa tensión sexual entre los dos. Me gustaba que House hablase de su culo con todo el morro del mundo. Me gustaba que bautizase a sus pechos. Me gustaba que Cuddy no se lo pusiese fácil. Me gustaba, en resumen, la pareja. Y seguí el canon. Y no acabaron juntos. Y yo dejé la serie.
¿Qué? Sabía - porque yo me meto spoilers en vena asiduamente - lo que iba a pasar. Sabía que mi shipp acababa mal. Y además, que coño, ¡eran aburridos! No supieron llevar la trama. NO SUPIERON. Y como House ya casi no hacía chistes malvados y se dedicaba a ser una versión descafeinada, pues pasé de ver la temporada y media que quedaba. Pasé.
Los guionistas de esa serie supieron hacer una de las mejores relaciones con tensión sexual y morro a espuertas que se han filmado. Y la pareja más decepcionante e inocua que recuerde. Porque Jules y Shawn no tienen buena pinta y por ende no decepcionan. Y eso.
Una pena...

5. Scarlett O'Hara y el capitán Rhett Butler:


Mi OTP de entre mis OTP. Vi la película, principalmente, porque decían que en el último episodio de la quinta temporada de Águila Roja, el final de Lucrecia sería muy parecido al de dicha película.
Me la puse una tarde. Como es larga que no veas, la acabé poco antes de cenar. Decidí que era mi película favorita y que Scarlett volvió a reconquistar a Rhett aunque no se viese en pantalla.
Scarlett es una chica guapa, manipuladora, egoísta y alejada de las convenciones sociales. Ya, concuerda con mi prototipo de heroína, ¿a que sí? Rhett es un pícaro vividor, divertido, inteligente, y con pocas fidelidades salvo él mismo. Y se aman. ¡Pero Scarlett es tonta!
Sí, es tonta. ¿Por qué se casa con otros dos hombres antes que con él? SÍ. ¿Por qué no se da cuenta de lo maravilloso que es verdaderamente Rhett hasta que ya es tarde? SÍ. ¿Por qué cree que ama realmente al insulso pavioso soso y aburrido de Ashley? SOBRETODO.
Vamos, tengo yo a ese maromo detrás y le ato a la pata de mi cama para que no se escape. ¿Y elige al pavioso? ¿En serio?


Pa'rrancarse los pelos a mechones. ¡A mechones, os digo! De todas formas, da igual, porque se mudaron y son felices y se quieren y tienen muchos niños y todo es maravilloso. ¡Se sabe!

6. Barney y Robin:


La única que va bien. Única. Esta pareja es el único shipp que ha dado frutos. Lo cuál, es triste, también. Y sí, la foto está elegida a posta. Porque se casan. Y no son los primeros en hacer planes pero sí serán los primeros en cumplirlos. Exceptuando a Scarlett y Rhett, que no cuentan. Y su matrimonio no acabará así. Porque Robin es estéril. Y no podrán tener una hija para que muera en un accidente de hípica. Así que comerán perdices. FIN.

7. Brian Kinney y Justin Taylor:


Una pareja también canon. Me gustaba. Mucho. Y en ella estaba Brian Kinney que hace que los ovarios de cualquier mujer exploten. Los trocitos se te clavan en la carne de dentro pero te da igual porque con esa mirada sólo puedes llorar de frustración y restregarte contra algo.
En todo caso, yo estaba feliz. Todo iba bien y era bonito. Y, bueno, el final no fue el que quería. Justin se fue a Nueva York a dedicarse al arte y Brian se quedó sólo y sin nada mientras el resto había avanzado. Fue triste, y dolió, aunque fuese inevitable. Otra pareja que no acaba como yo quiero. Que sorpresa...

8. Bella y Rumple:


Vale, empezó como un secuestro y Rumple es realmente cruel con ella en algunos puntos, pero el que no cante Eso es amor, es que no tiene alma, ni buen gusto. En el fondo Rumple es una buena persona, se ve en los pequeños detalles. Detalles, que Bella ve con facilidad, porque es de esas personas que siempre se fijan en detalles pequeños, como que las gaviotas se posan momentáneamente en un mástil invisible. Y además, es guapísima, inteligente, dulce, y le gusta leer. Si es que les quiero un taco, leñe.
No tengo ni idea de como va a acabar esto. Y como no la tengo, no hay muchas esperanzas. Me quedé en la parte en la que Bella pierde la memoria, y tardaré en continuar. No estoy preparada para ver a Rumple sufrir como va a sufrir entre Neal y Bella y Cora y todo lo que se le viene encima que es MUCHO. Aunque espero que les vaya bien... Son tan monos...


9. Shawn Spencer y Carlton Lassiter:


Hay más posibilidades de que se me caiga el techo encima. Lo sé. Pero Lassie hacía patinaje artístico de pequeño, quería un pony, tirotea las figuritas de porcelana que pensaba regalarle a su mujer, y hace referencias a Greasse. Y ya no hablemos de Shawn, porque Shawn es superior a mis fuerzas y me hace sentir blanda e inestable y no debería sentir estás cosas cuando hay un gif de Rapunzel de niña mirándome porque me siento MUY incómoda. Además, ya hablé de Shawn y compañía.
En todo caso, aun sin esperanzas, yo voy a ver lo que me de la gana. Porque, ¿Juliet? No vale ni lo que se gasten en maquillaje. ¡Atad en corto a Roday, leche! Que sea novio de la actriz no quiere decir que sus personajes tengan química, porque NO la tienen.

10. Laura y Martín:


No, tranquilidad, no me refiero a los de Águila Roja. Aunque ya lo sabéis por la foto.
Pues bien, Los misterios de Laura es la mejor serie nacional hoy por hoy. Águila Roja es la primigenia, sí, pero flipan tanto, y ponen tramas tan absurdas, que no llega a Los misterios de Laura.
En principio es la típica serie de detectives, pero no. Ya desde la primera escena, dejan claro que ellos van a tirar por un tipo de detective completamente nuevo: la ama de casa. Tú, en ese momento crees que Laura está ya en el meollo del asunto, que la serie empieza desde la investigación de un asesinato, y... No. El fiambre era un embutido que había comprado y que no le habían dado en la charcutería.
Laura es maravillosa y genial. Un personaje humano, con defectos y virtudes, con el que es fácil empatizar y que cae de cine. Y sus gemelos son muy monos también.
Hay una especie de triángulo amoroso entre ella, su ex-marido y jefe Jacobo, y su compañero Martín. Yo voy de ese último.
Jacobo está bien, pero no lo bastante y le puso los cuernos. Y se arrastra mucho.
Martín es un chico despierto, impulsivo, vital, guapísimo, mujeriego, divertido, al que los gemelos adoran... ¡Martín es alucinante! Sólo le falta llevar una chaqueta de cuero y estar al otro lado de la placa para ser justo mi estilo de chico, pero igualmente lo es. Además, está muy pillado por Laura. Muy mucho.


Me gustan esos dos juntos, y tengo sinceras y cristalinas y puras esperanzas de que acaben emparejados. A ver si hay suerte, leñe.


Y estos han sido diez de mis shipps. Hay algunos peores. De los que me avergüenzo hasta yo. Y hay algunos que no puedo contar, porque serían spoilers de House of Hades y no todos se meten spoilers tan ricamente como yo. Que no es malo, ojo. Significa que sois listos. También hay shipps mejores, y otras cosas que podía mencionar, pero cómo que diez es un número redondico él, y queda mejor.

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