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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Liebster Award

Hola, maestros del frikismo.
Sí, sé que publiqué anteayer. No, no corráis gritando que se ha abierto un sello del infierno. No, ¡que no lo hagas! ¡Tú, la rubia, te estoy viendo! ¡Deja ese pack de provisiones para el Apocalipsis zombi en su sitio!
A veces sois de un dramático...
El caso es que, en mi última entrada, he recibido un comentario de Mery RodVar que, además de compartir conmigo su opinión acerca de Las nieblas de Avalón, maravillosa dónde las haya, me comunicaba que me había nominado a los Liebster Award. ¿Que qué son los Liebster Award? No tenía ni la menor idea.
Después de consultar la página me he enterado de que es un concurso para popularizar los blogs pequeños, aquellos que no tiene mucho público. En concreto, de aquellos que tienen menos de doscientos seguidores.
Y, cómo me parece una gran iniciativa y me gustan los cuestionarios, aquí estoy, respondiendo.


Reglas:
Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
Avisarles de que han sido nominados.
Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.

1. Libros que te gustaría ver en pantalla.

Bueno, estoy deseando ver la adaptación de El marciano a la gran pantalla, pero imagino que se refiere a libros que todavía no tienen una adaptación, así que, ahí voy. Me gustaría muchísimo una adaptación cinematográfica de El imperio final. Mucho. En serio. Es más, mi escaso cociente intelectual no comprende porque no la hay.
También firmaría para una adaptación de Fever, de Karen Marie Morgan, junto con las novelas anteriores de highlanders buenorros. Oye, a lo mejor, tras el tirón que ha tenido Outlander, me hacen caso y todo. Aunque las dos primeras novelas se las pueden saltar porque tampoco son nada del otro mundo.
Sí, sé que esperábais esto porque os doy MUCHO la tabarra con Cuatro Damas pero, por todos los dioses, quiero una maldita serie sobre Cuatro Damas. Es decir, plebe, creo que nos merecemos ver a Deker Sterling. Y a Álvaro Torres. Y, ¿os imagináis los escenones de acción que tendría? Guau. Soy fan de la imagen mental.
¿Otra que molaría? Las novelas de Camilla Läckberg, cuya profundidad psicológica es impresionante y cuyos casos son sorprendentes y profundos.
¡Ah! Y una adaptación cinematográfica de Buenos presagios. Quiero ver a Crowley aterrorizando a sus plantas y a Azirafel teniendo pluma y siendo británico.

2.¿Cambiarías algo de tus libros favoritos?

Lo dudo. Si son mis libros favoritos es porque me gustan tal y como son y... ¡NO ESPERA! Scarlett y Rhett acabando juntos en Lo que el viento se llevó. Vale. Aparte de esa no, no lo creo. Quizá cuando mi shipp no se cumple (lo cuál es típico...), pero por lo general mis libros favoritos están ahí porque lo hace. Seguramente mataría a los personajes que me cayesen mal, pero eso es todo.

3. ¿Cuál es el género que más lees?

Fantasía. Hay veces que me olvido de que hay géneros literarios que existen sin fantasía. En los últimos tiempos me estoy acercando a la ciencia-ficción y nunca he tenido problemas con el género histórico, policíaco o romántico, pero la fantasía es mi mundo, mi alma mater. Ya sea para leer o para escribir, todas las historias ganan con un poco de magia.

4. Series favoritas.

Pff... Muchas. Demasiadas para contarlas. Supongo que Torchwood, Veronica Mars, Community, Jane the Virgin, Doctor WhoLos misterios de Laura, Lost Girl y El Ministerio del Tiempo. Además de Aquí no hay quién viva, claro. Aquí no hay quién viva fue mi primera serie adulta.

5. Películas favoritas (como se nota que he rellenado).

Lo que el viento se llevó. Es una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la historia. También me gusta Piratas del Caribe, Indiana Jones, las de súper héroes, las del Zorro... Vamos, todo lo que tenga aventura y humor me gusta mucho. Por no hablar de las películas Disney porque, y escuchadme bien, Disney MOLA.

6. Libro (películas o serie) que primero amabas y después has acabado odiando.

Me ha pasado un montón de veces, sobre todo en cuanto a series, porque soy una persona extremista. El caso más impactante es Águila Roja. Fue la primera vez que me metí en Internet para saber más. La primera vez que participé en foros. La primera vez que escribí fanfic y la primera vez que edité imágenes. Más arriba dije que Aquí no hay quién viva fue mi primera serie adulta y es verdad, pero Águila Roja es la primera serie sobre la que he frikeado en todos los sentidos de la palabra. Ahora ya no la veo. Demasiadas tramas de relleno. Demasiados desplantes a mis personajes favoritos. Demasiadas apariciones de Margarita, Cipri y Alonso. Demasiadas líneas argumentales absurdas. Sigo viendo algunos vídeos sobre los personajes del palacio, pero ya no sigo la serie activamente. No tomé la decisión. Sólo dejé los dos últimos episodios de una temporada para el verano. Y cuando supe que había vuelto me dio igual. No los había visto, tenía más series que ver. Series que me interesaban, que no me ponían triste o de mal humor. Águila Roja ha degenerado de una forma impresionante y yo la he querido demasiado. No quise quedarme para asistir a su decadencia.
Qué intenso me ha quedado, oye.

7. ¿Alguna vez has leído un libro y pensado "yo podría haberlo escrito mejor"?

Alguna, sí. Ahora mismo no se me ocurre ningún ejemplo, pero sé que sí me ha pasado. Aunque, la verdad, es más común que lloriquee porque me habría gustado escribirlo a mí.

8. ¿Algún libro (pelicula o serie) te ha hecho cambiar tu opinión de algún tema?

Little Brother ha conseguido que le ponga contraseña a mi móvil. Firefly que le diese una oportunidad a la ciencia-ficción (no me he arrepentido). Cuatro Damas ha cambiado mi opinión sobre la mezcla de otros géneros con la fantasía, pues me solía limitar al medievo y allí no hay referencias a series y a libros. Los vengadores ha cambiado mi opinión sobre los súper héroes. Y así sucesivamente. Soy una persona influenciable.

9. ¿Has comprado algún libro simplemente por moda?

No, yo hago lo contrario. Lo de no leer nada que esté de moda. O lo hacía, al menos. Ahora depende de lo que se diga en Internet de él. Pero sí le di una oportunidad a 50 Sombras de Grey, no tanto por moda como porque mi madre quería saber si merecía la pena.

10. Clásico que odias y todo el mundo ama.

Drácula. Sé que seguramente se deba a que lo leí esperando otra cosa. O a que no me puse en la situación victoriana. Me da igual. La forma de narrarlo es innovadora, pero nada más. El vampiro era planísimo y todos los personajes eran BRITÁNICOS. Dios mío. No británicos en plan guay, sino británicos en plan victoriano. Ay. Qué horrible fue. Todos tan correctos, sin alterarse nunca por nada, siendo mega racionales y tranquilos. Un asco. ¿Y Mina? Mina era gilipollas. La parte del "¡Soy impura! ¡Soy impura!" me hizo cerrar el libro porque ya no la soportaba más. Me lo acabé, pero desganada y porque me había comprado una edición especial y no quería perder el dinero.

11. Clichés que menos te gustan y clichés que mas te gustan.

No soporto el cliché de la chica protagonista. La típica chica mona pero que no se cree mona. La chica dulce y amable que no es perfecta, pero la sientes perfecta. De la que todos los chicos se enamoran. Que es buena e inocente y sufre por las circunstancias. Esa chica que todos los personajes te van a poner por las nubes para que el lector tenga claro lo genial que es. Esa chica me da asco. Me gustan los personajes femeninos fuertes e independientes. Badass de manual o femmes fatale. La chica mona te la puedes ahorrar, gracias.
Tampoco soporto el amor a primera vista porque no me lo creo. Para mí, el amor es algo que necesita tiempo, que surge cuando conoces de veras a la otra persona. El amor a primera vista, a menos que el autor le dé un motivo después (yo que sé, que ya se conocían de otra vida o que estaban destinados por X profecía), no tiene sentido y me irrita. Me siento como si se estuviesen burlando de mí, como si me considerasen estúpida. Las relaciones de "nuestras miradas se encontraron entre toda la gente y quedaron ancladas" me dan grimica.
En la otra cara de la moneda, disfruto mucho del chico malo. El tío con traumas que se sube a la moto, se pone la chupa de cuero y es sarcástico. Es mi tipo de chico. Bueno, no. Mi tipo de chico es el aventurero irreverente con mucho sentido del humor. Pero el chico malo es más sencillo de encontrar.


Estos son los únicos blogs que conozco con menos de doscientos seguidores. Los únicos, lo que demuestra lo mucho que se necesitan este tipo de concursos. Así que vamos a hacer una cosas, ¿vale? Vosotros, maestros del frikismo, vais a rellenar los huecos. No creo que rellenemos los once, pero la normativa dice que pueden ser cinco, así que supongo que no importa mucho.
Y recordad seguir los blogs que leéis de manera habitual, porque eso nos da a los blogguers una alegría inmensa, plebe. Vale, sé que es hipócrita. Sé que a algunos de estos los he comenzado a seguir hoy aunque ya los conociese y leyese. Sh. No me lo recordéis. ¡Yo ya me he enmendado! Os toca a vosotros.
Y las pregunticas:

1. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo reír.
2. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo llorar.
3. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo flipar.
4. Los/las libros/series/películas que más te hayan indignado.
5. Una canción que no puedas dejar de escuchar.
6. ¿Por qué tienes un blog?
7. ¿De dónde viene el nombre de tu blog?
8. Si tienes uno, ¿cuál es tu sueño?
9. Tu anécdota más épica.
10. Tu anécdota más hilarante.
11. ¿Hay algo sin lo que no podrías vivir? Aparte del oxígeno, el agua, el Wi-Fi, la comida y demás obviedades.

Nos leemos, maestros del frikismo ;)

lunes, 31 de agosto de 2015

La muerte no puede detener al blog. Sólo retrasarlo.

Estoy viva.
¡Sorpresa!
A ver. Sé que sólo llevo una entrada este año. Y que mañana empieza Septiembre. Pero comprended que he tenido un año complicado, con segundo de bachillerato y la selectividad.  Planeaba compensaros este verano y llenaros de entradas, pero... Pero no. ¡Es que había muchas series que ver! ¡Y libros que leer! ¡He encontrado, por fin, Dresden Files, que es lo más guay de la fantasía urbana!
Lo siento. De veras. No os prometo que vaya a publicar más porque os respeto demasiado y... Bueno. Es que en siete días empiezo la universidad. Primer año de Historia. Estoy muy, muy nerviosa, la verdad, pero ya os contaré sobre eso. Seguro que alguna anécdota cae, porque yo siempre consigo hacer el ridículo de formas originales y me gusta anunciarlo a los cuatro vientos. Vosotros ya sabéis que soy tonta y tal.
Lo que sí os prometo, lo que os juro por el mapa del merodeador, es que esta semana voy a venir con mi reseña de La sangre del Olimpo, que salió justo con la selectividad y se me atragantó todo, pero sé que la esperáis. O, al menos, mi entrada sobre Nico es la más exitosa de todas. Y es obvio que voy a hablar de Nico. Puede que mencione a otros pero... NICO.
Bueno, eso y fic kennal. ¿Qué? ¿Qué si he vuelto a abrir el blog sólo para publicar fic kennal? ::ríe nerviosa; se rasca el cuello; disimula:: Puede. ¡Pero es que han empezado a publicar la tercera parte de Cuatro Damas, Corrientes del tiempo, y mola demasiado! Y rezuma kennal. Y una es fangirl.
La frase de la semana es, precisamente, del capítulo cuatro. Quería poner otra, pero habría sido spoiler. Y no quiero meteros spoiler, plebe, sólo quiero que leáis la novela para poder comentar con otras personas lo guay y genial que es. Que mola poder hacerlo con la autora, oye, ¡pero no se puede teorizar porque es spoiler!
Así que venga, a leedlo y a darme la razón respecto al ariker y al kennal.

PD: ¿Veis? Ahí estoy yo, gritando que os leáis Cuatro Damas. ¿No os alivia ver que no he cambiado nada? ;)

miércoles, 20 de agosto de 2014

Números de la suerte, celebraciones y adelantos

Como la semana pasada no publiqué entrada, vamos a hacer algo especial. Bueno, eso y que ¡esta será mi entrada número 44! ::sopla por un matasuegras:: Mi número de la suerte es el cuatro, ¿vale? Me hace ilusión porque son dos cuatros y dos es la mitad de cuatro y tal. Y eso.



Últimamente estoy ocupadísima porque, como ya os he comentado, el ordenador se me fastidió y perdí muchos de mis archivos. Así que, ahí estoy. Volviendo a rellenar las fichas de los personajes y, lo peor, a CORREGIR. Porque mis adoradísimas betas son geniales y me han indicado un montón de cosas que corregir, por lo que yo quiero comerlas a besos, y apliqué sus consejos de mil amores. Claro que, cuando tienes que corregir doscientas páginas del tirón, pues no mola tanto. Oh, seamos sinceros. NO MOLA NADA. Y eso me recuerda que tengo que contestarle el mail a Magik, pero aún no puedo porque no he corregido los últimos capítulos que beteó. Un desastre todo.
Que vale, que podía ser peor. MUCHO peor. Pero esas cosas te tocan un poco la moral, ¿vale? Estoy sensible y es como si las ganas de escribir se me hubiesen ido por el caño.
Un. rollo. Haced copias de seguridad, mis niños. Creedme, lo necesitáis.
Resumiendo. Que como ha pasado todo eso y yo no era físicamente capaz de obligarme a continuar escribiendo la novela, pues intenté escribir historietas. Un principio de novela que no estaba mal pero tampoco bien. Una historia alterna dentro del universo de mi novela que, finalmente, demostró mi incapacidad para escribir robos decentes. El principio de una historia en plan "infancia de tal personaje". No acabé ninguna. Finalmente, arracándome el pelo de la cabeza de forma violenta y chillando cual banshee, acabé diciendo: A tomar por saco. Y escribí fanfic. Sí, escribí fanfic sobre mi propia novela. ¿No soy patética? Soy patética.

Sí, mi fanfic es parte de la parte especial. Pero la otra parte especial es que os voy a contar como surgió mi novela --que finalmente he bautizado como Crónicas la Caída I: Secretos de Sangre, porque soy rimbombante y dramática que no veas--. ¿Creíais que soy rara? Pues ya os he reventado parte de la historia.

A ver, ya he contado esto, pero es importante para la historia saber que yo, cuando me aburro, juego con personajes. Crossovers rarunos, situaciones flipadísimas... Crack puro, vamos. Estoy corriendo o aburriéndome y mi mente simplemente se va a jugar con ellos. Y así surgió.
Uno de mis personajes predilectos. que narró uno de mis fics kennal, tiene una hija. Scarlett, que así la llamé después de ver Lo que el viento se llevó, es una niña monísima y una adolescente inusualmente elegante y una adulta famosa por su trabajo como actriz. Sí, voy alternando los tiempos según tenga el día. En todo caso, el mejor amigo de Scarlett, y sobrino de mi obsesión principal, se llama Alex y es muy friki y quiere ser escritor. O lo es.  Depende de la línea temporal.
En todo caso, necesitaba por motivos de la trama que Scarlett fuese actriz en una serie y que su personaje fuese parecido a Lucrecia de Santillana. Así que Alex se transformó en guionista y creó esa serie. Era una mierda de serie, pero oye, era como Ultra-Héroe de Sinchan, ¿vale? Parte del trasfondo. En todo caso, la idea acabó gustándome y decidí que Alex se la quedase.
Así que, durante un par de meses, Alex y Scarlett volvían a ser adolescentes y él estaba muy concentrado en escribir su historia --con cortas interrupciones para defender que Misha Collins estaba más bueno que Jensen Ackles frente a una Scarlett que disentía--.
Así que, mientras trabajaba en el esqueleto básico de la novela y de los personajes --que acabaron por no tener nada que ver con la idea original--, lo hacía a través de Alex.
Él --que sabía pintar-- dibujaba los mapas. Él caracterizaba a los personajes. Él discutía con Scarlett sobre como llevar la trama. Él lo hacía absolutamente todo hasta que yo, el 24 de Diciembre, puse las primeras palabras sobre el papel. Oh, bueno, había escrito alguna descripción de la bruja antes, pero a mano. No es nada serio hasta que lo paso a ordenador. Cabe decir que fue el prólogo más patatero, absurdo y cargante de la historia de los malos prólogos. Pero ya había empezado.
Poco después pasé de escribir la primera novela, la resumí en el primer capítulo --lo cual fue una de las decisiones más inteligentes que he tomado en mi vida-- y pedí y recé por betas --que son a las betas lo que Bilbo a la monez, así os lo digo--.


Y hasta aquí. Dicho así no suena tan raro, pero en serio. La trama no es mía, la he robado vilmente. Vale, se la he robado vilmente a un personaje que es mío, pero si muero durante la noche es que Alex ha tomado el control de mi mente y se ha vengado.  Lo veo poco probable porque le he puesto una historia nueva y un novio fantástico, pero nunca se sabe.

Y sí, ahora el fic sobre mi pareja protagonista que, a mi entender, se entiende aunque no sepáis mucho de que va y que no mete spoilers. O al menos yo no los he visto, aunque soy despistada y tal.

Escena 1

A Galímedes le gusta su risa. Tiene varios tipos de risas, pero esa es definitivamente su favorita. No es irónica, no es sarcástica, no es burlona, no es coqueta. Es una risa pura y vibrante, que dice <<me ha hecho gracia>> y nada más.
Le gusta, pero le encoge el corazón. Y sólo acompaña su carcajada de forma corta, tratando de centrarse en otro asunto. Porque la Bruja del Oeste le impresionó cuando se conocieron y, ahora, no puede más que quedarse boquiabierto ante ella. Tiene quince años y sin embargo es la mujer más increíble que ha conocido. Y, sorprendentemente, no es un insulto a otras mujeres. Pobrecillas, ellas no tenían ninguna oportunidad: estaban condenadas a la derrota desde el principio.
Y no es por la magia, o, al menos, no del todo. Tiene que ver con la magia, pero no es por ella en sí. No es sólo una bruja, es mucho más que eso. Hay mucho más allá de sus vestidos juveniles, su aire de superioridad y su franqueza.
También es sorprendente que sea franca. La joven es franca pero no porque no mienta o le oculte cosas, sino porque es clara. No se anda con rodeos y va al grano. Directa y contundente como un puñetazo a la mandíbula. Rotunda e incontestable como palabra divina.
Y hermosa.
Apenas acaba de convertirse en una adulta y ya es más madura que cualquier mujer que haya conocido. Inteligente, aguda y decidida. Quizá caprichosa y voluble --como negarlo, a esas alturas--, mas todo eso empalidece y se difumina, languidece y se esfuma, al verla discutir sobre cualquier asunto con esa seguridad en sí misma y en sus argumentos. A Galímedes le gustaría poder ser así, pero duda que cualquier otro parezca más que un estúpido arrogante. Incluso ella parece arrogante, que no estúpida.
Y, repite, hermosa.
A veces, Galímedes se pregunta si no debería sentirse culpable. Es joven, descarnadamente joven. Apenas ha entrado en la edad adulta mientras que él ya tiene diecisiete años. Son sólo dos años de diferencia, pero parece un mundo. A veces ella le mira con sus enormes ojos abiertos, tratando de disimular su curiosidad o confusión cuando él le cuanta alguna de sus aventuras --que, admite, no son especialmente remarcables--, y se plantea si alguna vez habrá salido al mundo exterior, lejos de la Cueva, si es algo más que una niña. Después ella le dedica un comentario hiriente, irónico y con la dosis justa de amargura y él recuerda. La Bruja del Oeste es muchas cosas, pero definitivamente no es una niña.
Por Vilida*, no sabe cómo pero siente que tiene más experiencia que él.
Siente que, a pesar de su reclusión, ha vivido más cosas de las que él llegará a vivir. Que comprende más, que sabe más sobre la vida que él.
Y sí, también tiene más experiencia en ese aspecto. Lo cual sí que resulta molesto e inquietante se mire por donde se mire.
Y lo disfruta, ¡vaya si lo disfruta! Le encanta poner esa cara de falsa sorpresa cuando ve que él desconoce algo y preguntar <<¿Esto no os lo enseñan en la Universidad?>>. Es odiosa la mayor parte del tiempo. Porque Galímedes no es precisamente un niño virginal. Ha estado con mujeres que conocía en la taberna donde se hospedaba, con la misma tabernera --cuyo marido, por suerte, no se había llegado a enterar nunca-- y con esa jálica* que les había dado clase de anatomía. Una profesora de anatomía. En teoría debería saber mucho más que la joven. Le fastidiaba que no fuese así.
Si fuese cualquier otra habría afirmado sin dudarlo que era conocimiento teórico, aprendido en su extensa biblioteca --en la que sí había libros de esa temática--, pero la bruja era más dada a la práctica que a la teoría en todos los aspectos. Y, cuando le había preguntado acerca de esos tomos, ella sólo se había encogido de hombros antes de admitir que había ojeado uno cuando tenía once años.
Frustrante.
Pero podría con todo eso sin mayor problema de no ser por un factor a tener en cuenta: había sentimientos. Si fuese sólo admiración y deseo hacia al joven, todo resultaría ridículamente fácil. Lamentablemente, no era así. La Bruja se había colado por las pocas y camufladas grietas de su coraza sin siquiera saberlo, había atravesado todas las capas protectoras, todos los engaños, todas las protecciones. Se le había metido debajo de la piel.
Ese era el problema. Esa era la razón por la cual evitaba mirarla cuando reía. Porque era obvio. Porque estaba escrito en sus ojos.
Porque a ninguno le hacía gracia verle invadido por una emoción tan fútil y molesta como el amor.
Ambos preferían ignorarlo, fingir no darse cuenta.
En algunos momentos, creía ver una chispa, un rastro casi desvanecido de luz en sus ojos cambiantes, que parecía indicar sentimiento. Que podría señalar que era correspondido.
Él lo ignoraba. Podría ser una ilusión, podría no ser cierto. Y ella no estaba en absoluto preparada para sentir amor --dioses, que palabra más absurda-- por alguien que no fuese ella misma. Y él no estaba preparado para ser correspondido.
Quizá algún día. O no.
Porque después de su risa, todo volvía a su cauce.
Como si nada hubiese pasado.
Porque, realmente, era así y todo seguía estático. Tal y como ambos lo habían dejado.

*Diosa de la vida, por la cual los que carecen de magia suelen jurar.
*Sacerdotisa de Jaliryo, dios del comercio, que se caracterizan por estar muy instruidas.




Lo sé, lo sé. Hasta el título --si podemos llamarle así-- es poco original.
...
¡FELIZ ENTRADA NÚMERO 44 SABÉIS QUE OS QUIERO BESOS!

martes, 22 de julio de 2014

Bajo la misma estrella

He acabado Bajo la misma estrella hace unos minutos.
Lo he intercalado en la lectura de Ciudad de las Almas Perdidas, para después intercalar en su propia lectura varios tomos de Las crónicas de Bane --que debéis leer obligatoriamente--, pero lo he acabado.


Bajo la misma estrella no ha sido mi libro favorito y no lo será nunca. No porque el libro sea malo, no porque desmerezca la fama que tiene. Es un libro magnífico, casi poético y francamente admirable. No, la razón de que no esté entre mis tomos favoritos no es problema del libro, sino mío. Egoístamente, trato de evitar las tragedias. Me gusta que, a pesar de no tenerlas todas conmigo respecto a la idea de un final feliz, los personajes a los que aprecio y quiero acaben bien y sean felices. ¿Para qué está sino la ficción? Aunque no aplique las mismas reglas para leer que para escribir, siendo esto hipócrita por mi parte, quiero un mundo mejor sobre el que leer.
No hablo de mundos edulcorados y llenos de unicornio, por supuesto, pero sí hablo de un alivio final. De que, por mucho que pase, ese personaje al que aprecias desde lo más profundo de tu corazón, ese ser que ni siquiera existe en el mundo real, alcance un buen final, acorde con lo que merece. Quiero mundos ensombrecidos y realistas, llenos de maldad, en los que al final tengas un pequeño alivio, algo que te descargue la tensión y la culpa.
¿No es absurdo?

Bajo la misma estrella es un libro triste y realista, no es otra historia de lucha contra el cáncer. No lo es. Podría enumerar un millón de diferencias, si bien la principal razón para mis palabras es la resignación. Hazel Grace sabe que va a morir, sabe que le duele y no va a mantener una sonrisa hasta el final de sus días, lo sabe y lo asume. Lucha para respirar, pero no lucha para cambiar el verdadero meollo del asunto: se muere. Asume la muerte, la ve injusta y dolorosa y sufre por ello, pero se resigna. Porque no resignarse, después de todo, da el mismo resultado: morirse.
Y no es una tragedia, exactamente. No es un libro que sólo busca hablar de muerte o de tristeza o de cáncer. Es una historia de vida, de amor y de muerte. Los tres componentes conviven apaciblemente, sin grandes luchas, sin convulsionar el ritmo de la novela. Tres etapas de la existencia que, tanto en el libro como en la realidad, se superponen unas sobre otras.
Hazel y Augustus son personajes reales e irreales al mismo tiempo. Son reales porque transmiten esa sensación de realidad, de "esto puede pasarte a ti". Jon Green es realista y no les engrandece inútilmente, no les convierte en héroes de la lucha, sino que desmiente esa idea y deja sólo lo que hay: dos seres humanos con la certeza de la muerte sobre sus hombros. Ambos van avanzando por un mundo seco y semi-desértico donde no hay nada, porque la vida, como dicen, es un valle de lágrimas y las lágrimas no son sino agua salada; la sal esteriliza, la sal convierte un lugar hermoso en un desierto por el que andar es difícil. Y a la vez, el desierto es uno de esos paisajes impresionantes y hermosos. Supongo que es una buena metáfora. O eso, o estoy quedando fatal. Me arriesgaré. Y a la vez, Hazel y Augustus son irreales. Porque hay un punto de irrealidad en que dos personas tan excepcionales no sólo hayan existido, sino que además se encuentren entre todos los imbéciles que habitamos este mundo. O quizá es que, a mis diecisiete años, ya soy una cínica egocéntrica y no puedo ver que hay personas tan maravillosas en el mundo porque no soy una de ellas.


Esa es otra. Gus muere con mi misma edad. Es jodidamente extraño e injusto que él muriese mientras que yo esté viva. O al menos, es así como se siente. Absurdo, dado que Augustus nunca existió ni existirá, no digo que no. Pero supongo que esas cosas te afectan, te hacen algo. Es como si, de pronto, fueses más consciente de tu humanidad y tu mortalidad, como si la amenaza del cáncer o de la muerte en sí se hiciese más palpable. Eso también es absurdo. Tendrían las mismas posibilidades de encontrarme un cáncer si no hubiese leído el libro. Aunque ellos mismos lo advierten: en la inconsciencia está la felicidad.

Seguramente esté quedando como una completa gilipollas. Soy consciente de ello. En plan: "Oh, quieres vendernos reflexiones profundas sobre la vida sólo porque te has leído un libro triste, que, encima, está de moda." No. En absoluto. Simplemente tenía esto dentro, en la cabeza, dando vueltas y enloqueciéndome. Y necesitaba sacarlo de mi sistema. Esto no es una reseña, es una nota rápida para que mi habitual inconstancia y mi locura inconsciente y feliz puedan seguir su costumbre, haciéndome olvidar los efectos que esta lectura ha tenido sobre mí. Así que, ahora, es problema vuestro.

Seguramente mañana recuerde el libro como muy triste y bonito, pero todos estos sentimientos extraños que estoy experimentando ya no estén. Me alegro por mí, dado que sentirse consciente de la vida y la mortalidad es una mierda.

Os recomiendo mucho el libro. De vez en cuando, a todos nos viene bien una lectura más profunda de lo habitual y con frases grandiosas e incluso algo frikis. Aunque yo sigo proclamando mi amor incondicional a la lectura con significado ocasional, aventura habitual y amor manteniendo la historia interesante. Una, que es muy básica.

sábado, 28 de junio de 2014

Ser diferente mola

¡Hola, maestros del frikismo!
Hoy, es un día especial.
Es el día del Orgullo LGTB y, como slasher desatada que soy, pues he pensado en hacer algo al respecto. Ya sabéis, por lo de la tolerancia y los derechos humanos y la igualdad y esa clase de cosas. Seguro que ya os sabéis el discurso. Es un discurso bastante popular.
Me he planteado durante un rato que podía hacer, dado que explicaros lo guays que son mis parejas slash me parecía un poco... Bueno, que no era original.

Veréis, algo que aprendes cuando te vas haciendo mayor es que este mundo no está lleno de arcoiris, unicornios y cosas rosas. Es un mundo duro y complicado lleno de aristas que se clavan, de maldad y de miedo. Y sí, estoy quedando como la típica que da el discursito, ya lo sé. Pero es la verdad. En el mundo hay lo que yo llamo "mala gente". O "estúpidos". O "gilipollas". O "ojalá y te partan todos los dientes". Y demás.
Porque esas personas tienen miedo. Tienen miedo de aquello que es diferente. Y no me refiero sólo a la comunidad LGTB, sino a todos. Lo que es diferente asusta y se rechaza. Lo que no encaja en un canon es desechado porque a la larga trae problemas. Lo que realmente quieren es que todos seamos iguales, pero no como deberíamos serlo. Quieren que pensemos igual. Que vistamos igual. Que reaccionemos igual. Es algo de este mundo que me enferma especialmente, la verdad.
Es decir, yo nunca he sido del todo normal. A los seis años ya creían que era rara y ya no encajaba del todo en el mundo. Y, realmente, da igual lo protegido que sea el entorno o la buena gente que te rodeé, porque hasta la mejor persona puede hacer daño a aquello que teme. Nunca tuve ningún problema serio por ser diferente. Oh, bueno, sí. Una matona. Es una historia no divertida que incluye encerramientos en armarios e intentos de tirarme por una ventana. Sí, soy muy Kurt.


Tampoco es que me ponga a llorar al recordarlo ni nada. Es sólo mi incapacidad de callarme y dejar de dar detalles. Disculpadla y tal.
En todo caso, sí, hubo un matón, y sí, después hubo más problemas, pero, dentro de lo que cabe, no fueron especialmente preocupantes.
Y, a pesar de que fueron incidentes cortos y algunas veces hasta absurdos, durante ese momento tú los ves como el fin del mundo. Porque el rechazo duele. Duele más de lo que debería doler para que fuese justo. Pero claro, el mundo no es justo.
Así que sí, el rechazo es doloroso. Aunque hay que reconocer que curte, que impermeabiliza. Cuando algún imbécil hace un comentario, yo soy capaz de responder. A veces, incluso me lo paso bien, llega a ser como un juego. También es que yo soy de las que se ríen del chiste sobre ella misma, si es bueno. Si es malo no. Si es malo me cabrea porque es malo o porque el idiota no va a entender la réplica.
En cualquier caso, al menos en mi experiencia, aprendes a defenderte y a ignorar cualquier clase de comentario de ese tipo. Pero se tarda.
Por lo que, claro, cuando te enteras de que tu caso no fue exagerado y de que hay gente pasándolo peor, la reacción natural es incredulidad. No porque considerase lo mío como lo peor del mundo mundial, sino porque me costaba creer que hubiese gente tan cabrona por el mundo sin que nadie le pegase con un garrote en la cabeza o algo. Oh, está bien, a riesgo de quedar como una niña inocente me sigue sorprendiendo. La parte del garrote, digo.
¿Que qué tiene esto que ver con el día del Orgullo? Pues que, al menos para mí, la situación no es tan distinta. Se trata de lo mismo, de miedo a lo diferente, de tratar meternos a todos en la casilla que dicen que nos corresponde. De ponernos una etiqueta para que los que nos salimos parezcamos más material defectuoso que otra cosa.


Y sé que no es todo el mundo, por favor. No es todo el mundo. Pero sí que hay más gente de la que se podría pensar en un principio. Eso es lo que deberíamos cambiar urgentemente de este antro. En realidad, creo que vamos por buen camino, que estamos enseñando a las futuras generaciones que ser diferente no es malo. La imagen anterior es de un capítulo de Los padrinos mágicos en el que nos enseñan lo HORRIBLE que sería el mundo con todos siendo iguales. Y que aquellos que discriminan, discriminan por ser imbéciles, no porque esté mal ser diferente. Fue un gran capítulo.

Pero volvamos al tema.
Realmente, mi primer contacto con la homofobia fue: "¿Pero eso sigue existiendo?". En esa época creí que era como el racismo o como el franquismo en Cuéntame: algo desfasado. Obviamente, no lo es --y el racismo tampoco--, pero fue una gran sorpresa.
La primera vez que fui consciente de que había chicos que se besaban con otros chicos (o chicas que se besaban con otras chicas, pero eso lo descubría más tarde, cuando llegó Bea en la segunda temporada) fue en Aquí no hay quién viva. Y, dado que mis personajes favoritos de ese entonces y todavía hoy son Emilio, Mauri y Marisa, entiendo que no me debió resultar demasiado traumático.
Consideré que los que salían en la serie tratando mal a Fernando y a Mauri --¡a Mauri, por los dioses antiguos y nuevos!-- eran idiotas y, sí, mala gente. Pero nunca pensé que, realmente, había gente siendo así por el mundo real, fuera de la televisión.
... Sí, era una niña muy inocente. Casaba a los colores. Si la moñez me viene de serie...
Pero como os decía, la realidad es bastante distinta. Hay gente a la que la idea de dos hombres juntos le pone los pelos de punta. Y, lo más sorprendente, gente joven. Es decir, no son cuatro paletos de pueblo desdentados haciendo chistes sobre mariquitas, sino que hay personas en los institutos que opinan igual. Eso sí que fue un shock. ¡Pero si en la tele decían que estaba bien! pensaba yo ¿Es que no ven Aquí no hay quién viva? Y parece ser que no la veían. Anda que hay gente con mal gusto...
Aun así, es obvio que las cosas están cambiando para mejor. No en todas partes. No al mismo tiempo. Pero, bueno, ahora hay muchísimas parejas homosexuales en la cultura pop, que es lo que llega más a las nuevas generaciones. Es decir, todo el que vea Glee no va a hacer una mueca ante una persona homosexual porque es IMPOSIBLE no amar a Kurt y a Blaine. En Cazadores de Sombras están Magnus y Alec. Hubo CINCO temporadas de Queer as Folk, que es una serie bastante fuerte y explícita, aunque sin ser tampoco vulgar o vacía. Lamentablemente sólo hubo una de The New Normal, que ejemplifica bastante bien lo que quiero decir, pero que le vamos a hacer, es preciosa en toda su extensión y yo prefiero tomármela como una película larga y ya. No sé si, realmente, podemos considerar el yaoi como algo positivo, dado que normalmente perpetua mucho el típico rol de el chico-chico y el chico-chica, pero está ahí y hace dinero, lo que significará algo. ¿Y cuanto fic y fanart slash hay por ahí de The Avengers, House, Supernatural, Sherlock y Harry Potter suelto?

No sé si es adecuado decir que el miedo a lo diferente desaparecerá, pero los tiempos están cambiando. Y si se atreven a juzgarnos porque nos gusten los chicos o las chicas, porque tengamos otra raza u otra religión, porque no nos comportemos de forma aceptable para la sociedad o porque rompamos los canones, siempre podemos pegarles un puñetazo en la nariz.



PD: ¿Debería haber ido a lo fácil y haber comentado lo guays que son Kurt y Blaine? ... En realidad, ya hice una entrada al respecto, así que...

viernes, 13 de junio de 2014

Regalo de Cumpleaños: Nubes y Flores Silvestres

¡Hola, maestros del frikismo!
Sé que llevo mucho sin publicar. En parte por los exámenes. En parte por vagueza. En parte porque no hay mucho que contar. Podría reseñar alguna de las novelas que me he leído esta semana, ya que yo soy muy lista y en época de exámenes leo en vez de estudiar, pero me he decantado por otra cosa.
Como me ha dado mi racha de novela romántica, tenía una historia corta en la cabeza. Así que me decidí a escribir un poco de ella para que dejase de dar botes por ahí. Sí, para perder el interés en una historia la escribo. Soy tan inconstante que da miedito y todo. Pero una amiga mía cumple años este Lunes. Y otro en Julio. Y otra cumplió hace poco. Y es que, leñe, este año tengo más amigos de lo normal y no voy a acordarme de todos los cumpleaños, ya no digamos regalarles algo. Por lo que me decidí a acabar la historia en plan drabbles --osease, conjunto de escenas-- y regalárselo por su cumpleaños. ¿A quién? A mi colectivo de amigos de la vida real. Y ale.
¿Qué? ¿Qué debería estar con mi novela o escribiendo Alanis? Estoy atascada con ese último e intento alejarme de la novela en época de exámenes para que mi mente no se me vaya continuamente.

Bueno, pues aquí lo dejo. Una tontería, pero bueno.

Nubes y Flores Silvestres.

Miguel era un chico solitario y excéntrico, que se sentaba en la última fila y tendía a ignorar a los profesores, aunque seguía sacando notas razonablemente altas. Una media de ocho coma dos. Más o menos.
Lo único que desmentía totalmente su imagen, era su propio nombre. Los malditos del registro no había dejado a su madre llamarle Michael. Su madre, enardecida en la devoción a su ídolo y sin la presencia de su padre para detenerla, le había registrado como Miguel Jasón. Y no había acabado. Su nombre era Miguel Jasón Pérez-Fernández del Prado.
No le ayudaba mucho a imponer respeto.
Reflexionaba acerca de ello y de mil cosas más, mirando por la ventana. Desde su mesa se veía un pedazo de cielo por el que las nubes se extendían y retraían con lentitud.
La perorata acerca del comunismo se vio interrumpida. Miguel alzó perezosamente la vista. Les estaban informando de que una alumna nueva iba a unirse a la clase.
Baja, delgada, colores pastel, ojos grandes y coleta descuidada.
Aburrido.
Volvió su atención a las nubes.
--Bien, Silvia. Puedes sentarte junto a Miguel al final de la clase.
Éste masculló un taco entre dientes, molesto por la impensable violación de su territorio. ¿Cómo se atrevían?
La chica se sentó y sacó sus cosas.
Mochila rosa. Estuche con flores y sin marcas de uso o tinta. Archivador de Kukuxumusu. Una decena de bolígrafos pilot de varios colores. Agenda decorada con pegatinas.
Estaba convencido de que era perjudicial para su salud estar cerca de algo tan aburrido. Aunque podría ser peor. Podría ser un archivador de One Direction. O de Justin Bieber. O de My Little Pony. En realidad, no le extrañaría que sí fuese de My Little Pony. O de Barbie.
--¿Podrías compartir el libro, por favor?
Su voz era suave, educada. Se preguntó si había algo original o con carácter en esa chica. Deslizó el libro sobre la mesa sin prestarle atención, indolente, para que ella pudiese seguir la clase.
Volvió a torcer el rostro hacia la ventana. Las nubes seguían danzando a través del cristal.

En los cambios de clase, la gente se alborotaba. Mucho. Esperaba que la chica nueva se uniese a las otras chicas de clase y se alejase de su territorio, pero no lo hizo. No pudo evitar sorprenderse cuando le vio sacar un libro.
Hizo una mueca al ver que se había equivocado. No era un libro. Era Crepúsculo. Aun peor que no leer.
Tocaba Ciencias para el Mundo Contemporáneo. Su profesora de CMC era una mezcla de Luna Lovegood y la profesora Trelawny. Largo cabello rubio platino, ropa estrafalaria, ojos enormes por el aumento de las gafas y mente permanentemente en las nubes. Nunca se enteraba de que alguien no le estaba atendiendo.
Se colocó los cascos de su Ipod y subió el volumen al máximo.
Su tocayo cantaba que se estaba portando mal, lanzando piedras y escondiendo la mano y que eso a él no le valía, mientras las nubes seguían girando en su indescifrable danza.

--Poneos por parejas.
Decidido, Miguel odiaba a su profesor de Filosofía.
Ese hombre estaba obsesionado con ponerles en parejas o grupos para que debatiesen sobre todo lo que daban.
Y esa vez no podría unirse a una pareja cualquiera y dibujar en los márgenes de su libreta, porque ahora eran un número par.
Maldita novata.
Ella también se veía incómoda, insegura.
--Y… ¿Qué opinas de la democracia?
Miguel la miró sin expresión unos segundos antes de responder.
--Me importan un pimiento.
Ella parpadeó, sorprendida.
--Pero es lo que nos garantiza unos derechos fundamentales.
--Te confundes. Lo único que nos asegura a todos unos derechos fundamentales se llama utopía.
--No estoy de acuerdo.
--Supongo que esa es la semilla del debate.
Ella frunció el ceño.
--Eso es muy cínico.
--No, eso ha sido borde. Lo anterior fue cínico.
--El cinismo no es la solución.
--Ser idealista tampoco, aunque a lo mejor consigues descuentos en la tienda de Barbie.
--Te crees muy guay y muy chulo por ir de moderno desesperanzado, pero no lo eres. Sólo resulta patético.
--No, me creo muy guay y muy chulo porque no leo Crepúsculo.
Ella se sonrojó. Al menos se sentía avergonzada.
--Lo que leo es cosa mía --le espetó--. Y si quiero alternar Crepúsculo y El Conde de Montecristo no es asunto tuyo.
--Debe serlo, dado que has intentado quedar mejor mencionando a Alejandro Dumas padre --esbozó una sonrisa sardónica.
--Tú has sido el que ha mencionado al autor con su nombre completo.
--Eso es sólo un producto de mi basta cultura, no tengo porque impresionar a la Barbie Novata.
--Cállate.
-Hecho. Pero que conste que esto va contra el espíritu del debate y contra mi libertad de expresión. Es antidemocrático.
Ella apretó los labios, enfadada.
Miguel volvió a los márgenes de su libreta.

--Oh, por los dioses antiguos y nuevos…
También odiaba a su profesora de E.F.
--A mí tampoco me hace ninguna gracia --le aseguró la chica pasándole una raqueta.
--¿No es bastante castigo jugar al bádminton? ¿Hay que jugar con un compañero?
--¿Y cómo íbamos a jugar si no?
--Contra la pared.
--Eso no tiene gracia.
--El bádminton tampoco la tiene.
--¿Eres tan desagradable siempre o sólo cuando hablas conmigo?
--Que egocéntrica. Soy borde con todo el mundo.
--Lo que eres es idiota.
--Soy un borde excéntrico y desagradable, no un idiota.
--Son sinónimos.
--Mentira.
--Verdad.
--¿Por qué no te vas a buscar a Edward Cullen y me dejas en paz?
--Vaya, te sabes el nombre, ¿has leído los libros?
--Me leí el artículo de la Wikipedia para poder criticarlo con propiedad.
--Para criticarlo con propiedad tendrías que leer el libro.
--Aprecio demasiado a mis neuronas.
--Imbécil.
--Carpetera.
--¡Retira eso!
--¡Silvia! --la profesora y el resto de la clase la miraban-- ¿El primer día de clase y ya dando problemas? --la reprendió.
Ella se sonrojó al oír las risitas.
Miguel adoraba ganar.

--¿Edgar Allan Poe?
Miguel alzó la vista de El corazón delator, irritado.
--Sí.
--No creí que fuese de tu estilo.
--Ya ves.
--Me imaginé que serías más… Gótico.
--Esto es novela gótica.
--Me has entendido.
--No soy gótico.
--Bueno, siempre vas de negro.
--Soy un mortífago --ironizó.
Ella frunció el ceño.
--¿Referencias a Harry Potter?
--Soy fan de Harry Potter.
--¿Fan de leer los libros o potterhead?
Él arqueó las cejas.
--Potterhead. De Ravenclaw.
--Igual que yo.
--¿Pero potterhead en serio o potterhead en plan “adoro el dramione/dranny/harmione”?
--Soy del drarry --le corrigió indignada.
Él parpadeó, sorprendido.
--¿Y cómo es que lees Crepúsculo?
--¿Tú no tienes placeres culpables?
Miguel recordó las novelas de Sarah Mclean que guardaba bajo la cama junto con su DVD de Amor y otras drogas.
--No.

--Por favor, no me hagas esto --suplicó.
Silvia sonrió, llena de maldad.
--Hicimos una apuesta --colocó el primer tomo en su mesa, ignorando su gesto de horror.
--¡No es mi culpa! ¿Quién podría imaginarse que Robin y Tedd iban a acabar juntos?
--Yo lo hice.
--Tú no cuentas.
Ella rió, divertida.
--Tendrás que leértelo. Agradece mi bondad al no hacerte leer también el libro de Bree Tanner.
--Por favor --suplicó --. No me hagas leer Crepúsculo. No podré mirar a mi padre a los ojos si me haces leer Crepúsculo.
--No será para tanto.
Su padre le había leído El Hobbit de niño. Su padre le había regalado Harry Potter y La piedra filosofal. Su padre le había dado su edición coleccionista de El señor de los anillos cuando cumplió diez años. Su padre le había hecho ir disfrazado a la librería cuando salió Harry Potter y Las Reliquias de la muerte. Su padre le había dado Canción del Hielo y el Fuego a los catorce años. Su padre le había puesto en el buen camino literario desde siempre, ¿y pretendía hacerle creer que no le daría un infarto si le veía leyendo Crepúsculo?
--¿No eres un hombre de palabra, MJ? --el apodo por el que le llamaban los de clase le hizo enfadar aun más.
--Lo leeré --le aseguró--. Y te llamaré continuamente para decirte lo malo que es todo. Porque los malditos vampiros no brillan.
--Ni beben sangre. Porque los vampiros no existen.
--¡No hay ninguna ventaja en que los vampiros brillen! ¿Meyer no oyó hablar nunca de la selección natural?
--Léetelo.
--Creí que ahora éramos amigos.
--Lo somos. Los amigos se torturan unos a otros.

Las uñas de Silvia destacaban sobre la espuma roja del bate. Eran de un tono claro de verde con pequeños topos rosas.
Miguel no debería fijarse en eso.
Lanzó la bola. Silvia casi le arranca la cabeza a la profesora. Strike uno. Volvió a lanzar. Ni se ha acercado. Strike dos. Un último intento. Se le escurre el bate. Miguel se da una palmada en la frente. Strike tres y uno de los mayores ridículos que alguien podría imaginar. Fin del juego. Fin de la clase. Última de la tarde. Mejor.
Después de cambiarse en los vestuarios se reunieron en la entrada.
--¿Tomamos un helado?
--Hecho.
Estaban apunto de acabar el curso. Ya habían hecho los exámenes y sólo querían descansar. Normalmente iban a tomar un café y a charlar, pero según Silvia hacía un día demasiado bonito para meterse en una cafetería. Era de esas personas a las que el calor y el sol le ponían de buen humor. Era casi peor que su vena carpetera.
Se sentaron en un banco que parecía diseñado para ellos. Debajo de un árbol. Sombra para Miguel y luz solar para Silvia.
--Se te va a derretir el helado.
--El helado se derrite, es ley de vida.
--Oigo el lamento de tus futuros dedos pegajosos.
--Mis dedos aguantarán.
--Sádica.
Ella se echó a reír. Él esbozó una sonrisa torcida.
--¿Qué crees que pasará pasado mañana?
--¿Respecto a qué?
--Respecto a nosotros. Nos darán las notas.
--Nos irá bien. Yo soy un genio y tú una empollona.
--Sabes lo que quiero decir.
Él se encogió de hombros.
--Seguiremos quedando y hablando. Y respecto a lo otro…
--Continúa.
--Me gustas. Y obviamente yo te gusto. Pero somos amigos. No quiero perder a una amiga.
--No vas a perderme --le aseguró.
Miguel se dedicó a su helado en silencio, antes de responder.
--Somos adolescentes. Estas cosas nunca duran.
--Durará. Somos nosotros. Es como si nos saltásemos cada regla de los adolescentes estándar.
--Nos esforzamos en ello.
--Encarecidamente.
--No estoy seguro.
--¿Esto tiene algo que ver con Raquel?
--Raquel sale con Tony.
--Pero le gustas tú.
--Pero ella a mí no me gusta.
--Eso espero.
Él suspiró.
--Si quieres que salgamos, saldremos.
--Suenas como si te estuviese obligando. No quiero obligarte.
--Y yo no quiero decepcionarte. Porque no voy a regalarte flores ni bombones, ni a dar conmovedores discursos. Y mi piel no brilla con la luz solar.
--No espero que seas Edward Cullen. Que diablos, no espero que cambies ni un ápice. Me gustas tú. Un bastardo cínico y borde increíblemente friki y con un nombre ridículo.
--Deja a mi nombre en paz --gruñó.
--Me gusta tu nombre.
--Me cuesta creerlo.
--Es original.
--Déjalo, por favor. No cuela.
--Tenía que intentarlo.
Él suspiró.
--Está bien. Saldremos. Pero con una condición. No pienso acompañarte a ver la película de 50 Sombras de Grey.
Silvia se sonrojó.
--Placer culpable.
--No pude mirarte a la cara en una semana. Me sigue costando hacerlo.
--Idiota.
Él le sonrió, agarrando su mano.
Por suerte, la que estaba pegajosa era la otra.

El primer beso fue después.
Bastante después.
A principios de Agosto.
--¡Eres un idiota!
--¡Y tú una cría!
--¡Te detesto!
--¡Yo mucho más!
--¡No sé por qué salgo contigo!
--¡Pues ya somos dos los que no lo sabemos!
Llevaban quince minutos discutiendo.
--¡Tengo derecho a escuchar la música que me gusta!
--¡En tu casa! No pienso dejar que mancilles mi habitación.
--¿Mancillarla?
--¡Quieres escuchar a Britney Spears!
--¡Lo dices como si fuese Justin Bieber!
--¡No pronuncies ese nombre ante mi póster de AC/DC firmado!
--¡Eres insufrible!
--¡Tú también!
--¡Estoy harta del rock!
--¡Blasfemia!
--¡Vas a conseguir que odie a los Rolling Stones!
--¡Sacrílega!
Ella bufó, frustrada.
--¡Eres el chico más exasperante que he conocido!
--¡Y tú irritante!
--¡Desesperante!
--¡Frustrante!
--¡Insoportable!
--¡Inaguantable!
--¡Eres la persona más…!
Miguel la besó antes de pudiese acabar.
--¿Qué…?
--No lo sé --bufó, revolviéndose el cabello--. Sólo quería que te callases.
--Oh.
--Ya.
--Que primer beso más romántico --ironizó.
--Podría haber sido peor.
--¿Cómo?
--Podría haber estado sonando Hot as Ice en vez de Angie. Angie es una buena canción, bonita y romántica pero con personalidad.
Ella sonrió.
--¿Cómo yo?
--Yo pensaba más bien en Audrey Hepburn…
Se echó a reír.
--Eres idiota.
--No estoy de acuerdo.
--Pero eres mi idiota.
--Por Led Zeppelin, Silvia, tienes que dejar la novela romántica.
Volvieron a besarse.
Los labios de Silvia sabían a flores silvestres.




Pues nada, espero que os haya gustado. Ya os dije que no era nada del otro Jueves, pero ¡feliz cumpleaños!