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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Liebster Award

Hola, maestros del frikismo.
Sí, sé que publiqué anteayer. No, no corráis gritando que se ha abierto un sello del infierno. No, ¡que no lo hagas! ¡Tú, la rubia, te estoy viendo! ¡Deja ese pack de provisiones para el Apocalipsis zombi en su sitio!
A veces sois de un dramático...
El caso es que, en mi última entrada, he recibido un comentario de Mery RodVar que, además de compartir conmigo su opinión acerca de Las nieblas de Avalón, maravillosa dónde las haya, me comunicaba que me había nominado a los Liebster Award. ¿Que qué son los Liebster Award? No tenía ni la menor idea.
Después de consultar la página me he enterado de que es un concurso para popularizar los blogs pequeños, aquellos que no tiene mucho público. En concreto, de aquellos que tienen menos de doscientos seguidores.
Y, cómo me parece una gran iniciativa y me gustan los cuestionarios, aquí estoy, respondiendo.


Reglas:
Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
Avisarles de que han sido nominados.
Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.

1. Libros que te gustaría ver en pantalla.

Bueno, estoy deseando ver la adaptación de El marciano a la gran pantalla, pero imagino que se refiere a libros que todavía no tienen una adaptación, así que, ahí voy. Me gustaría muchísimo una adaptación cinematográfica de El imperio final. Mucho. En serio. Es más, mi escaso cociente intelectual no comprende porque no la hay.
También firmaría para una adaptación de Fever, de Karen Marie Morgan, junto con las novelas anteriores de highlanders buenorros. Oye, a lo mejor, tras el tirón que ha tenido Outlander, me hacen caso y todo. Aunque las dos primeras novelas se las pueden saltar porque tampoco son nada del otro mundo.
Sí, sé que esperábais esto porque os doy MUCHO la tabarra con Cuatro Damas pero, por todos los dioses, quiero una maldita serie sobre Cuatro Damas. Es decir, plebe, creo que nos merecemos ver a Deker Sterling. Y a Álvaro Torres. Y, ¿os imagináis los escenones de acción que tendría? Guau. Soy fan de la imagen mental.
¿Otra que molaría? Las novelas de Camilla Läckberg, cuya profundidad psicológica es impresionante y cuyos casos son sorprendentes y profundos.
¡Ah! Y una adaptación cinematográfica de Buenos presagios. Quiero ver a Crowley aterrorizando a sus plantas y a Azirafel teniendo pluma y siendo británico.

2.¿Cambiarías algo de tus libros favoritos?

Lo dudo. Si son mis libros favoritos es porque me gustan tal y como son y... ¡NO ESPERA! Scarlett y Rhett acabando juntos en Lo que el viento se llevó. Vale. Aparte de esa no, no lo creo. Quizá cuando mi shipp no se cumple (lo cuál es típico...), pero por lo general mis libros favoritos están ahí porque lo hace. Seguramente mataría a los personajes que me cayesen mal, pero eso es todo.

3. ¿Cuál es el género que más lees?

Fantasía. Hay veces que me olvido de que hay géneros literarios que existen sin fantasía. En los últimos tiempos me estoy acercando a la ciencia-ficción y nunca he tenido problemas con el género histórico, policíaco o romántico, pero la fantasía es mi mundo, mi alma mater. Ya sea para leer o para escribir, todas las historias ganan con un poco de magia.

4. Series favoritas.

Pff... Muchas. Demasiadas para contarlas. Supongo que Torchwood, Veronica Mars, Community, Jane the Virgin, Doctor WhoLos misterios de Laura, Lost Girl y El Ministerio del Tiempo. Además de Aquí no hay quién viva, claro. Aquí no hay quién viva fue mi primera serie adulta.

5. Películas favoritas (como se nota que he rellenado).

Lo que el viento se llevó. Es una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la historia. También me gusta Piratas del Caribe, Indiana Jones, las de súper héroes, las del Zorro... Vamos, todo lo que tenga aventura y humor me gusta mucho. Por no hablar de las películas Disney porque, y escuchadme bien, Disney MOLA.

6. Libro (películas o serie) que primero amabas y después has acabado odiando.

Me ha pasado un montón de veces, sobre todo en cuanto a series, porque soy una persona extremista. El caso más impactante es Águila Roja. Fue la primera vez que me metí en Internet para saber más. La primera vez que participé en foros. La primera vez que escribí fanfic y la primera vez que edité imágenes. Más arriba dije que Aquí no hay quién viva fue mi primera serie adulta y es verdad, pero Águila Roja es la primera serie sobre la que he frikeado en todos los sentidos de la palabra. Ahora ya no la veo. Demasiadas tramas de relleno. Demasiados desplantes a mis personajes favoritos. Demasiadas apariciones de Margarita, Cipri y Alonso. Demasiadas líneas argumentales absurdas. Sigo viendo algunos vídeos sobre los personajes del palacio, pero ya no sigo la serie activamente. No tomé la decisión. Sólo dejé los dos últimos episodios de una temporada para el verano. Y cuando supe que había vuelto me dio igual. No los había visto, tenía más series que ver. Series que me interesaban, que no me ponían triste o de mal humor. Águila Roja ha degenerado de una forma impresionante y yo la he querido demasiado. No quise quedarme para asistir a su decadencia.
Qué intenso me ha quedado, oye.

7. ¿Alguna vez has leído un libro y pensado "yo podría haberlo escrito mejor"?

Alguna, sí. Ahora mismo no se me ocurre ningún ejemplo, pero sé que sí me ha pasado. Aunque, la verdad, es más común que lloriquee porque me habría gustado escribirlo a mí.

8. ¿Algún libro (pelicula o serie) te ha hecho cambiar tu opinión de algún tema?

Little Brother ha conseguido que le ponga contraseña a mi móvil. Firefly que le diese una oportunidad a la ciencia-ficción (no me he arrepentido). Cuatro Damas ha cambiado mi opinión sobre la mezcla de otros géneros con la fantasía, pues me solía limitar al medievo y allí no hay referencias a series y a libros. Los vengadores ha cambiado mi opinión sobre los súper héroes. Y así sucesivamente. Soy una persona influenciable.

9. ¿Has comprado algún libro simplemente por moda?

No, yo hago lo contrario. Lo de no leer nada que esté de moda. O lo hacía, al menos. Ahora depende de lo que se diga en Internet de él. Pero sí le di una oportunidad a 50 Sombras de Grey, no tanto por moda como porque mi madre quería saber si merecía la pena.

10. Clásico que odias y todo el mundo ama.

Drácula. Sé que seguramente se deba a que lo leí esperando otra cosa. O a que no me puse en la situación victoriana. Me da igual. La forma de narrarlo es innovadora, pero nada más. El vampiro era planísimo y todos los personajes eran BRITÁNICOS. Dios mío. No británicos en plan guay, sino británicos en plan victoriano. Ay. Qué horrible fue. Todos tan correctos, sin alterarse nunca por nada, siendo mega racionales y tranquilos. Un asco. ¿Y Mina? Mina era gilipollas. La parte del "¡Soy impura! ¡Soy impura!" me hizo cerrar el libro porque ya no la soportaba más. Me lo acabé, pero desganada y porque me había comprado una edición especial y no quería perder el dinero.

11. Clichés que menos te gustan y clichés que mas te gustan.

No soporto el cliché de la chica protagonista. La típica chica mona pero que no se cree mona. La chica dulce y amable que no es perfecta, pero la sientes perfecta. De la que todos los chicos se enamoran. Que es buena e inocente y sufre por las circunstancias. Esa chica que todos los personajes te van a poner por las nubes para que el lector tenga claro lo genial que es. Esa chica me da asco. Me gustan los personajes femeninos fuertes e independientes. Badass de manual o femmes fatale. La chica mona te la puedes ahorrar, gracias.
Tampoco soporto el amor a primera vista porque no me lo creo. Para mí, el amor es algo que necesita tiempo, que surge cuando conoces de veras a la otra persona. El amor a primera vista, a menos que el autor le dé un motivo después (yo que sé, que ya se conocían de otra vida o que estaban destinados por X profecía), no tiene sentido y me irrita. Me siento como si se estuviesen burlando de mí, como si me considerasen estúpida. Las relaciones de "nuestras miradas se encontraron entre toda la gente y quedaron ancladas" me dan grimica.
En la otra cara de la moneda, disfruto mucho del chico malo. El tío con traumas que se sube a la moto, se pone la chupa de cuero y es sarcástico. Es mi tipo de chico. Bueno, no. Mi tipo de chico es el aventurero irreverente con mucho sentido del humor. Pero el chico malo es más sencillo de encontrar.


Estos son los únicos blogs que conozco con menos de doscientos seguidores. Los únicos, lo que demuestra lo mucho que se necesitan este tipo de concursos. Así que vamos a hacer una cosas, ¿vale? Vosotros, maestros del frikismo, vais a rellenar los huecos. No creo que rellenemos los once, pero la normativa dice que pueden ser cinco, así que supongo que no importa mucho.
Y recordad seguir los blogs que leéis de manera habitual, porque eso nos da a los blogguers una alegría inmensa, plebe. Vale, sé que es hipócrita. Sé que a algunos de estos los he comenzado a seguir hoy aunque ya los conociese y leyese. Sh. No me lo recordéis. ¡Yo ya me he enmendado! Os toca a vosotros.
Y las pregunticas:

1. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo reír.
2. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo llorar.
3. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo flipar.
4. Los/las libros/series/películas que más te hayan indignado.
5. Una canción que no puedas dejar de escuchar.
6. ¿Por qué tienes un blog?
7. ¿De dónde viene el nombre de tu blog?
8. Si tienes uno, ¿cuál es tu sueño?
9. Tu anécdota más épica.
10. Tu anécdota más hilarante.
11. ¿Hay algo sin lo que no podrías vivir? Aparte del oxígeno, el agua, el Wi-Fi, la comida y demás obviedades.

Nos leemos, maestros del frikismo ;)

viernes, 17 de octubre de 2014

"Abuelito, dime tú."

Sé que no ha habido balance. Puedo excusarme --y lo hago-- en que he estado enferma y que no he visto el de ayer, pero no es la única razón. La serie me hace reír por no llorar y no tengo mucho que decir cuando acaba el capítulo. Para eso, lo hago por twitter. Me frustra un poco porque era la oportunidad de tener una sección estable en el blog, pero bueno.
Hoy os quiero hablar de un tipo de personaje. Estaréis pensando que voy a seguir la misma línea que en mi última entrada y que os explicaré como se desarrolla y las utilidades que le puedes dar. Pues no. Esta entrada está escrita por una fangirl muy friki y con tendencias a Drama Queen. Me queréis igual. Supongo. Espero. ... Cómo sea.

Veréis, me di cuenta de ello mientras visionaba --por fin-- Star Wars. Llevo dos películas. Voy a mi propio ritmo.
En fin, que todo el mundo parece adorar a Obi-Wan Kenobi. Es como: "Oh, Obi-Wan, tu dominio de la fuerza es impresionante", "Oh, Obi-Wan, tu sable láser es taaaaan brillante", "Oh, Obi-Wan, sin ti Luke seguiría siendo un granjero paleto en un planeta polvoriento".
A mí me inquieta mazo Obi-Wan.
Y de eso vengo a hablar, de esos ancianos que siempre saben más que tú.


1. Dumbledore de Harry Potter:


Dumbledore era de mis personajes favoritos cuando leí la novela, pero tenía doce años así que no cuenta. Ahora me cae mal. Bastante mal. Y no sólo porque sea el indirecto responsable de la muerte de Sirius y porque fuese nazi, sino también por lo de sacrificar a Harry.
Es por un bien mayor. Lo sé. Lo entiendo. Me inquieta.
¿Hay en este mundo un ser más manipulador a excepción, tal vez, de Rumpelstiltskin, Meñique y los Corleone? NO.
Durante todo el cuarto año Sirius se las arregló perfectamente solito gracias a su transformación de animago, incluso aunque Colagusano ya les hubiese traicionado en la primera guerra, los mortífagos ya supiesen que era un perro negro gigante y todavía hubiese dementores en su busca. Pero en el quinto era obligatorio meterlo en Grimmauld Place. Por supuesto. ¿Y cuál es el motivo? Alejarlo de Harry. ¿Por qué? Porque Sirius es un mago competente. ¿Y en qué afecta eso a Dumbledore? En que va a anteponer a Harry al bien común y va a impedir que le manipule. Su resolución fue meterle en Grimmauld Place pues, conocedor como es de la psique humana, sabe que eso va a deprimir a Sirius. ¿Y qué pasó? Que funcionó. ¿Y qué hicieron los demás? Considerar que Sirius estaba intentado vivir a través de ellos y que el pobre diablo estaba perdiendo la cabeza, así que era mejor protegerle de sí mismo. Pero sin sacarle de Grimmauld Place ni echar al elfo, ¿eh?
Yo habría matado al elfo directamente.
En lo del nazismo no voy a entrar, pero, ¿los Dursley? Oh, ahí sí que me meto.
Dumbledore les entregó a Harry no sólo para protegerle, sino para que le hiciesen daño. Llevando una infancia de mierda, llena de traumas y desprecio y desdén y sin ningún tipo de amor, sería imposible que no hiciese cualquier cosa para salvar su primer hogar: el mundo mágico. Así que dejó que fuesen ellos mismos durante once años y que tuviesen al niño viviendo bajo una escalera.
Soy la primera que entiende el objetivo, oye, pero era un niño.
Por Merlín.

2. Agustín de Águila Roja:


Tenía catorce, así que en principio tampoco me dijo nada.
Pero es un ejemplo morrocotudo de lo que quiero explicar. Gonzalo le quiere y le aprecia. Agustín enseña a Gonzalo. Relación maestro-alumno súper chuli. Pero Agustín ocultaba cosas.
Ocultaba que Hernán era hermano de Gonzalo. Uy.
Ocultaba que Gonzalo era hijo del rey. Uy.
Ocultaba que Gonzalo tenía una hermano (aunque luego no lo tuvo y era hermana). Uy.
Ocultaba quién era la madre de Gonzalo. Uy.
Ocultaba que dicha madre estaba encerrada en las antiguas mazmorras de Torquemada. Uy.
Ocultaba que él era su carcelero. Uy.
Moraleja = El fraile mentía más que hablaba. No era de fiar.

3. Obi-Wan Kenobi de Star Wars:


Al principio estaba en ese planeta perdido de la mano de Dios y polvoriento en el que, curiosamente, también vivía Luke. ¿Coincidencia? No lo creo. Y luego se pone ahí, a enseñarle a Luke a usar la fuerza, que le responde de inmediato. ¿Coincidencia? Sabemos que no porque es el hijo de Anakin. Y él también lo sabe.
Que sí, que parece poco, pero, ¿recordáis su muerte?
"Si me matas, me volveré más poderoso de lo que te es posible imaginar."
Y sonríe cuando Luke le llama, dejando que Vader le traspase con la espada láser mágica. ¡Y desaparece! What the fuck!?
Vamos, que se dejó matar para que Luke odiase a Vader. Pero luego nos dicen que el odio es malo para un jedi. Pero luego nos cuentan que Vader es el padre de Luke. Así que el odio que le tiene por matar a Obi-wan se interpone entre ellos y nunca podrían colaborar. Osea, que estaba planeado. OSEA, que se dejó matar. ERGO Obi-Wan da muy mal rollo.
No me convenceréis de lo contrario.


Y es que podrían ser viejos que saben mucho y son maniupaldores sin intentar tomarnos el pelo, ¿vale? Cuando no intentan vendernos que son los maestros chupi guays tiendo a adorarles.

4. Rumpelstiltskin de Once Upon a Time:


Mirad a Rumpelstiltskin. Él sí que mola. Y dudo que exista en esta tierra un ser más manipulador que él. Fue capaz de predecir las acciones de todo el mundo durante siglos y manipularlas de modo que se acoplasen a sus planes. Manipulador tela. Mentiroso casi patológico. Malo despiadado. Personaje jodidamente brillante.
Él no inquieta, plebe, él mola.

5. Don Vito Corleone de El padrino:


Leí el libro este fin de semana y lo adoré. En serio. ¿Quién podría no hacerlo?
Cordial y familiar, pero no dado a las palabras de más. Racional y calmado, pero carente de escrúpulos. Poderoso y temido, pero tierno. Lo más importante es la familia, y es por ella por lo que se hacen las ofertas que uno no puede rechazar.
Es brillante, es manipulador --recordemos el grandioso momento en el que Johnny se da cuenta de que lo ha concertado todo para conseguir algo a cambio de lo que ha hecho por él, o ese en el que su plan y el de Mike sale a la luz-- y no es inquietante en absoluto. Porque pocos pueden molar más que Don Corleone: El padrino.


En resumen, hay que ser claros. Si es un personaje manipulador, véndenoslo, aunque sea al final, como un personaje manipulador. No le pongas medallitas de cartulina y hagas que los protas le llamen abuelito, leñe, que parecen tontos.

viernes, 7 de marzo de 2014

Estrenos, celebraciones y sorpresas.

Hoy es un día especial. Estrenan la secuela de 300, peliculón si dejamos aparte lo de cenar en el "infierno" - en el Hades, catetos, en el Hades -, que a mí me gusta mucho.
Hay griegos, batallas, pectorales de maromos guapos y calzoncillos de cuero. Ya seas cinéfilo, te gusten los chicos, o simplemente respires, tienes que verla. En serio. TIENES QUE.
Os dejo el trailer:


Tiene buena pinta, ¿eh? Espero que no la fastidien.

Aparte de eso, también es mi cumpleaños.


Diecisiete ya, como pasa el tiempo...
Espero pacientemente a que las fuerzas del orden entren rompiendo nuestras ventanas para romperme el DNI y darme uno del 98. Vamos, dudo que me dejen tener diecisiete. A mí. Sería muy irresponsable por su parte. Elevaría una queja.
Me gustaría contaros alguna aventura que os haga emocionaros, que os haga levantaros del asiento y aplaudir, o caeros de la silla y revolcaros por el suelo de risa, pero no ha pasado nada especial.
...
Ya, en España no se hacen fiestas sorpresas ni nada chulo.
Pena.
Pero, como ahora soy una adulta de pleno derecho en el mundo mágico - maldita lechuza que perdió mi carta de Hogwarts... -, he decidido que tengo que hacer algo especial.
Y como tampoco le he dado mucho al coco, pues os dejo el prólogo de algo que estoy escribiendo. Y así me fuerzo a mí misma a centrarme en ello, y no ponerme con cualquier otro proyecto. Lo hago mucho. Mucho mushísimo. Y cuando no, fanfic. Y cuando no, series. Y cuando no, libros. Y cuando no, exámenes. Muy inconstante soy, lo sé.
Pues eso, que os lo dejo aquí, y os pido humildemente que lo leáis, saquéis un bolígrafo que no sea rojo - ODIO los bolígrafos rojos - y corrijáis, critiquéis y saquéis cada pequeño, mínimo y liliputiense defecto que pueda tener. Sin miramientos. Sin educación. Quiero maldad. Bueno no, pero objetividad, sí. Miradlo como un regalo de cumpleaños. No os pido a Gary Oldman, después de todo. Ni a Benedict Cumberbatch. Ni a David Tennant. Ni a Eoin Macken. Ni a Jensen Ackles. Ni a Patrick Criado. Ni a Johnny Deep. Ni Nikolaj Coster-Waldau. Ni a Colin O'Donoghue. Ni a Gale Harold. Ni a Martin Freeman. Ni a Hugh Grant. Podría pediros muuuuuuuuuuuuuuuucho más. Me estoy pensando seriamente hacerlo. Pero bueno, con esto me vale.
Gracias por adelantado, queridos maestros del frikismo. Recordad que es mi cumple. Y si comentáis o seguís el blog o cualquier cosa, pues mejor. Porque, inmerecido o no, merito mío o no, es mi cumple. Y mi unicornio os mirará mal si no lo hacéis. Y todo el mundo sabe que si un unicornio te mira mal es que eres un ser deleznable que no se merece vivir. Así que, ya sabéis. No seáis Voldemort, ¡los unicornios molan!




0         Prólogo.


La Bruja del Oeste volvió entrada la noche. Tendió su capa gris ceniza al temeroso aprendiz, y sin mediar una palabra, entró en sus aposentos.
Llevaba un grueso libro, cuya cubierta se estaría deshaciendo en sus manos de no haberla estado manteniendo con magia.
Lo posó con verdadera delicadeza sobre el brillante escritorio, y se sentó ante él. Murmuró un par de palabras, que con el adecuado movimiento de sus dedos, restauró el libro. No mucho, pero lo suficiente. Tampoco era su intención devolverle el aroma de la tinta fresca o algo por el estilo. El libro era y debía seguir siendo antiguo. Simplemente quería evitar que se deshiciese entre sus manos.
Se quitó los guantes de cuero que la habían protegido del frío, y abrió el libro.
La cubierta crujió de forma amenazadora y el fino pergamino que la unía a las hojas se tensó. Posó el cuero endurecido sobre la mesa con todo cuidado y observó fijamente las palabras que la tinta negra dibujaba en la primera hoja. Se le escapó una sonrisa al reconocer el papel de vitela, pero se le borró al recordar las condiciones en las que es pequeña y poco accesible joya había sido almacenada durante siglos. Daba igual su calidad, las huellas del tiempo habían sido rotundas y crueles.
Trazó con una delicadeza y un cuidado extrañamente ajeno a ella el ornamentado dibujo que reposaba bajo el título. Trazó el círculo un par de veces con el dedo corazón, dejando que el olor a pergamino antiguo, la expectación y la euforia que precedía a la lectura, la inundasen.
Pasó la página, y la portada dio paso a las columnas de retorcida letra negra. Tres, para ser exactos. Tres columnas en la primera página. La segunda y la tercera estaban cortadas por el retrato de un hombre maduro. Sus rasgos eran duros y aristocráticos, no especialmente bellos, pero rezumaban dignidad y poder. Esas dos virtudes eran mejores que la belleza.
En una lengua antigua, las palabras, tanto tiempo olvidadas, comenzaban a desgranarse:

“Mi nombre es Másedes, que significa hijo de la tierra. Escribo estas palabras, tantos años después de las acciones por las que seré recordado por la eternidad y las generaciones venideras, bajo un complejo hechizo que alejará a los que carezcan de magia y a los enemigos de mi familia, para que solo mis descendientes puedan acceder a ellas.
Yo soy un brujo, aunque me revelase contra mi pueblo.
Yo soy Másedes I, fundador de Thélarien, rey de las Tierras Arrebatadas, u Orí, como comienzan a ser llamadas por los que en verdad se creen con derecho sobre ellas. Estúpidos. Yo soy aquel que alzó la Gran Cordillera y dividió en dos al mundo. Yo soy leyenda. Yo soy aquel cuyo poder no conoce límites. Yo soy tu ancestro y tu maestro. Y tú, que eres de mi sangre, aprenderás, y obedecerás.”

La Bruja sonrió, divertida. Debería haber puesto un hechizo mucho más global. Las familias de brujos que estaban en las Tierras Arrebatadas, eran como mucho cuatro. Eso quería decir que sólo cuatro familias de brujos, ya extintas, y aquellos que carecían de magia, tenían vetado el acceso al libro.
Siguió leyendo, devorando las palabras de Másedes con expectación y verdadera hambre.
El sonido de las hojas le acompañó toda la noche.
Era un libro grueso, complejo, lleno de cosas que comprobar y asimilar.
Tardó cinco días enteros en leerlo todo. No le dedicó ni un segundo a dormir, y sólo comió aquello que pudo invocar desde sus cocinas sin dejar de leer. ¿Quién necesitaba dormir? Ella no, desde luego. Irse a descansar cuando tenía ese libro entre sus manos, tanto tiempo después, sería tan ridículo e inconcebible que no sabría como reaccionar si la idea apareciese por su mente. Seguramente de forma agresiva.
Sonrió al acabar la lectura, y planes comenzaron a dibujarse en su mente, salpicados de hechizos, sobornos, chantajes y planos de pasadizos secretos que acababa de descubrir.
Pero eso sería después. Una vez agotada la adrenalina y la euforia, el cansancio le sacudía con fuerza.
Sentía sus ojos cerrarse de puro agotamiento, cercados por enormes ojeras. Le dolía el cuello una barbaridad, y toda su espalda estaba en tensión. Bostezó largamente, mientras maldecía a la migraña que se había instalado en su cabeza y sintiéndose algo mareada.
Se levantó de la silla con pesadez y se estiró un poco, acercándose a la cama.
Fue entonces cuando oyó unos fuertes golpes en la puerta.
La Bruja del Oeste esbozó una mueca irritada, ¿cómo se atrevía su aprendiz a interrumpirla en esos momentos? Le había dado órdenes estrictas de no hacerlo.
Con un gesto de la muñeca, todo rastro de cansancio desapareció y ella quedó perfectamente arreglada. Bostezó de nuevo, exhausta, pero no iba a permitir que la viesen débil.
Abrió, entonces, la gruesa puerta de caoba.
Un hombre, a decir verdad bastante atractivo, la atacó con una daga.
No necesitó ni siquiera un movimiento de los dedos para mandarla volando hasta clavarla en el otro extremo del pasillo.
No estaba ayudando a disminuir su irritación.
--Diría --comenzó arrastrando las palabras -- que ha sido un buen intento, pero ni siquiera alguien tan estúpido como debes serlo tú podría creérselo.
Él echó a correr. La Bruja consideró matarlo desde allí e irse a la cama, pero desistió con un suspiro de frustración. Nunca estaba de más saber quién quería matarla.
El joven se había metido en su armería, y ella sintió como la ira comenzaba a bullir en el interior de sus venas. ¿Esa cucaracha se estaba atreviendo a buscar hierro brándico en su propia casa?
--Prepárate para la muerte, bruja -- le espetó, sujetando de la cintura a su esposa.
--Laretián, querida --ironizó --. Veo que has conseguido rescatar a tu maridito.
--No gracias a ti --sus ojos azules ardían devorados por el odio.
--Al contrario, querida, yo te vendí el amuleto que te lo trajo de vuelta.
--Y no se te ocurrió mencionar que el que lo usase moriría, ¿verdad? --preguntó Úfeel con actitud amenazante.
--Se me ocurrió --sonrió con arrogancia --, pero ella no se molestó en preguntar.
--Eres…
--Todo lo que se te ocurra llamarme --le interrumpió sin perder la afilada sonrisa -- me lo ha llamado antes gente más importante, y con más motivo.
--Eres un presagio de dolor y muerte --afirmó Laretián --. Todo lo que se acerca a ti acaba dañado.
--En mi defensa, todo lo que acude a mí suele estar dañado de antes.
--Y por ello --continuó como si no la hubiese escuchado --, tenemos que detenerte.
--El miedo me devora --dijo con sorna; podría haberse reído, pero no estaba de buen humor.
--Debería --Úfeel tiró de una cadena, y la trampa cayó sobre ella.
Lo que una semana antes había sido una lámpara circular, con aros donde enganchar las velas por fuera, cayó ciñendo sus caderas. Sólo habían quitado las velas.
--Es hierro normal --rió divertida. Y furiosa.
--Pero esto no.
Lo primero que pensó al sentir una fina cadena de hierro brándico en el cuello fue que había sido una distracción para que Laretián aprovechase y pudiese atacarla por la espalda. Lo segundo fue que el dolor era tan fuerte como siempre lo era: insoportable. Lo tercero fueron formas de torturar hasta la muerte a los dos.
Se revolvió, furiosa, tratando de arrancarse esa maldita cadena, que comenzaba a hundirse en su carne, quemando como si estuviese al rojo vivo. Laretián no era precisamente débil, pero ella lo era menos.
Sintió un fuerte golpe en el estómago, y se dobló sin poder evitarlo, con lágrimas de dolor y frustración ardiendo en sus ojos.
--Ni se te ocurra, bruja.
Úfeel sustituyó a su mujer, aumentando la presión hasta cortarle la respiración. La Bruja trató de arrancarse la cadena, arañándose el cuello con las uñas, desesperada por un poco de aire.
-Úfeel, ¡rápido!
Se vio arrojada a su propia jaula de hierro brándico. Al dejar de sentir la presión, se arrancó la cadena, que estaba empezando a verse cubierta por una desagradable costra al cerrarse la herida, hundiéndose más en su carne, y la azotó contra los barrotes. Se escurrió entre ellos, produciendo el sonido grave, como campanadas profundas y pesadas, que emitía el hierro brándico.
--Hijos de puta… --temblaba violentamente por la ira.
--Puede que no se os pueda matar, pero tú no vas a salir de ahí.
La bruja rió, estallando en llamas verdes que bailaron ante la sorpresa del matrimonio.
--Vuestro plan tiene un pequeño fallo.
--Puedes hacer magia ahí dentro, pero ni tú ni tus hechizos podéis atravesar esto --dio un par de palmaditas a los barrotes con aire satisfecho.
La Bruja se abalanzó sobre los barrotes, aferrándolos fuertemente con las manos, ignorando el humo que surgía ante el contacto y el dolor agónico que recorría sus brazos hasta electrificar sus clavículas, con el rostro desencajado en una aterradora mueca y sus ojos reducidos a dos esferas negras, con finísimos arcos del un color miel cambiante cercándolas.
--Saldré de aquí --les espetó --. Y os arrepentiréis de este día.
--Vamonos, Laretián --le indicó, volviendo a rodear su cintura con el brazo derecho, pero sin apartar la mirada, fingidamente impertérrita, del rostro de la bruja.
--¡Os maldigo! ¿Me estáis oyendo? ¡Os maldigo! Saldré de aquí y os arrancaré a vuestra hija de los brazos. ¡Lloraréis lágrimas de sangre cuando acabe con vosotros! Pagaréis este momento hasta el mismo instante de vuestra muerte, ¡lo juro por mi nombre y por mi sangre!
--¿Hija?
--No le escuches, Laretián, sólo quiere hacernos daño.
--Sí, no me escuches, Laretián. Podría contarte la verdad sobre las ereidas.
--¿Qué verdad? ¿De qué estás hablando?
--Laretián, no la…
--¡No les encierran, Laretián! --rió -- Mientras tú te desesperabas buscándole, él estaba disfrutando con seres del agua, preñándolas de pequeños bastardos. ¡No duran dos meses, Laretián! ¡Las que mataron a la pobre enamorada eran sus hijas! ¡Él yació con sus propias hijas! Y lo disfrutó, querida, siempre se disfruta con una ereida.
--¡Mientes!
La mujer rió, soltando los barrotes con un gesto de desdén. Enormes marcas de piel quemada y sangrante decoraban ahora las palmas, y de ellas surgía un olor ácido y podrido que resultaba asfixiante.
--Sería tan sencillo entonces, ¿verdad? La malvada bruja está mintiendo, todo lo que nos dice es falso, sólo son mentiras para hacernos daño. Pena que me confundas con las hadas, las brujas no mentimos. Manipulamos, omitimos información, jugamos con las mentes, hipnotizamos… Pero no mentimos. No nos hace falta hacerlo.
--¡No es cierto!
--Oh, te encantaría eso, ¿verdad? Te encantaría saber que no sembró los estanques de agua dulce con sus pequeñas bastardas, que no yació con ellas, y que nunca volverá a disfrutar en tu lecho después de una experiencia como esa. Te encantaría. Pero sabes que tengo razón.
--¡No la escuches, Laretián! ¡Sólo trata de dañarte!
--Por supuesto --admitió con superioridad --, pero eso no quiere decir que no sea cierto.
Ella miró de uno a otro alternativamente, antes de sepultar el rostro en el pecho de su marido.
--Vamonos, Úfeel.
--¡Os arrepentiréis de este día! ¡Os arrepentiréis! ¡Tú sabes la verdad, Laretián! ¡Sabes que tengo razón! --les gritó mientras salían del lugar.
Fue entonces cuando reparó en el cadáver de su aprendiz, oculto detrás de la mesa de las espadas. Nadie acudiría.
Soltó un largo aullido, lleno de frustración y desesperación. Incluso los barrotes de hierro brándico se doblaron momentáneamente, impactados de lleno por el alcance de su ira.




Bueno, es un mero prologo del que no se puede sacar mucho, ni para lo bueno, ni para lo malo, pero seguro que algo podréis decirme. ES MI CUMPLE. Sé que abuso de ello, pero es solo una vez al año. Y no celebro los no-cumpleaños, así que tengo más derecho.

Un abrazo muy fuerte a todos vosotros. Mucho love.


PD: Mi madre me ha hecho una tarta y Sofía me ha mandado una canción de feliz cumpleaños por twitter. Si vosotros no hacéis nada, vais a quedar fatal...

domingo, 2 de marzo de 2014

El desfile de modelos de StoryBrooke

He acabado Once Upon a Time. Y, joder, que de cosas han pasado.
Supongo que esperaréis mis lágrimas, mis quejas, y mis amenazas, por eso de que mi personaje favorito y el mejor de la serie y la persona más inteligente y maquiavélica y fantástica de cualquier mundo haya muerto. Las tengo. Muchas. Porque vamos, hay que ser cabrones.


Acabé tal que así:


No es justo PARA NADA. Pero no vengo a hablar de ello. Venga, Rumple está vivo. Él y Bella volverán a estar juntos y le darán a Baelfire un hermanito. Lo tengo clarísimo, vamos.


En todo caso, dejando a un lado el rumbelle, la maravillosidad de Henry, el que hayan jodido mi infancia volviendo a mi amado Peter Pan el malo y al tristísimo final que no era nada feliz por mucho que diga Blancanieves, hoy vengo a hablar de otra cosa.
Esa cosa, tiene que ver con Emma, porque, hoy, toca un repaso a la vida sentimental de la susodicha.

Si bien Emma ha sufrido un taco durante toda su vida y no ha tenido muchas relaciones, debemos reconocer que no es por falta de oportunidades, ya que StoryBrooke, más que el tablero de juego de una maldición, y sobretodo de Rumple, parece un desfile de modelos:

1. Neal/Baelfire:


Si bien de niño/adolescente era mucho más mono, como hombre adulto tampoco tiene desperdicio alguno. Sí, definitivamente adoras a Baelfire desde que le ves por primera vez, y es imposible no tener aprecio a alguien con tanto encanto como Neal.
Su relación fue muy bonita y muy romántica, con el escarabajo amarillo - y también explica porque Emma no cambiaba el coche con todos los arañazos que acabó teniendo y con lo feísimo que era -, Tallahassee y la postal para poder volver.
Por otra parte, si yo estuviese enamorada de mi novia y me apareciese un motero a alejarme de ella, le daría un puñetazo en la nariz y no saldría huyendo al oír mi propio nombre. Vale, puede que no esté siendo objetiva porque mi shipp es otro, ¡pero es que es cierto!
En todo caso, Neal es genial, un buen padre para Henry, y yo les shippee hasta la aparición de Hook, así que...

2. Graham/Huntsman:


Puede que durase poco, pero no me neguéis que eran monos. Y que el cazador está empotrable que no veas. Vamos, si hasta el subconsciente de Regina ideó parte de la maldición para poder trajinárselo. A mí me caía muy bien y me parece totalmente injusto que lo matasen. Eso estuvo feo, que Graham molaba mucho.
Sé que no tuvo mucha repercusión, pero le guardo cariño al pobre, y me pareció que su historia fue demasiado cruel. Y que Regina era muy patética si necesitaba arrancarle el corazón a un hombre para llevarlo a la cama. Pero eso ya es otro tema.
En todo caso, esto nos da un mensaje muy claro: Emma no quiso a Neal siempre.
Le quiso en su día, y a lo mejor ahora le vuelve a querer - NO -, pero él recuperó su memoria con un beso de amor verdadero, no de seudo-amor-verdadero-corrompido-por-el-recuerdo-de-otro. No. AMOR VERDADERO. Lo que significa que Emma solo está confundida y ha superado a Neal. Lo significa.

3. Jefferson/El sombrero loco:


Sé que no estaban liados, pero durante un tiempo había esa posibilidad. Y el sombrerero está... Como está el sombrerero, por amor de Chuck. Y esos pañuelos en el cuello, vale, eran para tapar las marcas, pero le quedaban... Como le quedaban, al cabrón.
Y, por favor, ¿nos os caíais muertas de amor cuando estaba con Grace? Grace era taaaaaaaan mona, y él era tan guay y la quería tanto y sufría de una manera...
No sé, yo le habría dado una oportunidad.

4. August/Pinocho:


Yo creí que, realmente, esos dos se iban a liar. Vamos, lo tenía clarísimo. Por supuesto, no contaba con que August fuese Pinocho, y menos con que se convirtiese en madera, y menos con que después volviese a convertirse en un pipiolo pelirrojo. Me cabreó eso. Que sí, que lo necesitaban para que no contase lo de Tamara. Que sí, que Gepeto se merecía ese tiempo con su hijo. Si yo lo sé. Pero tienes a un motero buenorro y escritor, y no es lo mismo tener luego a un niño vestido de pardillo. Duele.
En todo caso, hacían una pareja bastante mona.
Y él era excesivamente ::el unicornio turquesa aparece con un cartel de CENSURA y no se oye:: sobre esa moto, no me lo neguéis.

5. Killian Jones/Captain Hook:



Es un pirata, y ya sabéis que la de un pirata es la vida mejor. Y es un pirata que le echa morro. Y es un pirata romántico. Y en realidad es un hombre de honor. Vamos, es una pizca de Jack Sparrow, una taza de pirata Roberts, unas cucharaditas de heroísmo y un cuerpazo de ::vuelve a salir el unicornio con el cartelito de CENSURA, y se pone a bailar claqué con las patas traseras para entreteneros porque va para largo; pasan cinco minutos hasta que se va::. Uff, si es que le cogía por banda y...
Bueno, pues eso.
Y además, es monísimo y es imposible que te caiga mal. En serio. Vamos, casi mata a Rumple y pegó un tiro a Bella que fue causante indirecto de que se convirtiese en Lacey ::se estremece con cara de asco::. Son mis dos personajes favoritos y shipp predilecto. Y le amo. Es imposible que te caiga mal.
Ya no digamos esas frases que tiene, porque son para morirse.




Vale, sé que el último no es la escena en sí, pero es genial y maravilloso, me reí mucho, y no quería buscar otro.
En todo caso, Emma, que es un poco lela, no se le lanza encima para hacerle a Henry un hermanito. Lo sé, lo sé: inteligible. Cuando éste se le acerca a decirle que sigue amándola, y que aunque ella no pueda recordarles la recordará cada día, sólo consigue un "Good". ¡Ni siquiera un abrazo como le da a Neal! Me indigno.
Y están Emma y Henry desayunando, tranquilos y desmemoriados, cuando llaman a la puerta. Esto fue lo que pasó en mi cuarto:



Artemisa: Que sea Hook, que sea Hook, que sea Hook, que sea Hook...

::Emma se acerca a la puerta ::
A: No va a ser Hook, seguro que es Neal.
::Emma abre la puerta::
::le da a pausa::
A: ¡¡¡ES HOOOOOOOOOOOOOOOOOOK!!!
H: Emma... ::sonrisa matadora; intenta entrar::
E: ¿Quién eres tú? ::desconfiada, parándole y en inglés::
H: Necesitamos tu ayuda. Algo ha pasado. Algo terrible. Tu familia está en problemas (aprox.) ::mirada matadora porque no tiene otra::
E: Mi familia está dentro. ¿Quién eres? ::comenzando a cabrearse::
H: Sé que no me recuerdas, (frase en inglés que no acabo de pillar en el vídeo) ::la besa::.
A: KIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIISSSSSSSSSS!!!!! ::convulsiona::
E: ::patada en la entrepierna y le separa estrellándolo contra la pared::
H&A: Auch! ::gesto de dolor::
H&E: (conversación alterada)
E: ::cierra la puerta en sus narices a mitad de su frase::
Henry: ¿Quién era?
E: Ni idea, alguien ha debido dejarse la puerta de abajo abierta.
A: ¡YO LA DEJO ABIERTA Y NO ME VIENEN PIRATAS BUENORROS A COMERME LA BOCA, GUAPA! ::llora; da saltos; convulsiona; grita "Hoooooooooooook...!"::


Ver series conmigo es toda una aventura, como habéis visto.
En todo caso, espero que mi shipp funcione. Porque vamos, es Once Upon a Time, en estas series los shipps sieeeeeeeeempre se hacen realidad. Espero.

PD: No sé porque, pero me muero por saber como lían a Regina con Robin Hood.
PD2: Que Mulan estuviese colada por Aurora y no por Felipe es muuuuuy fuerte.
PD3: La próxima temporada empieza coordinada con mi época de exámenes, ¡me cago en todo!

miércoles, 12 de febrero de 2014

Alanis: Capítulo 1

Hay veces en las que las frikis nos planteamos un imposible. Un imposible que no pasará en la serie/libro/película ni de coña, pero que es divertido imaginarse. De ahí salen muchos fics. A veces, si ese imposible se cumpliese, tú elevarías una queja porque es una gilipollez de imposible que apesta a fic tanto que tira pa'tras.
Y a veces, sólo a veces, escribes también un fic para reírte un rato o pasar el tiempo.
Esa es la historia de mi nuevo fic "Alanis", que ni yo sé cuanto va a durar. Es una gilipollez. Las amalgamas de los nombres llevan a pensamientos pecaminosos que hacen a Sor Quisquilla persignarse. Pero os presento, mi nuevo fic Kennal/Felal, o de como Álvaro está más perdido que un pulpo en un garaje.
¡Fic, te elijo a ti!




1. De despertares, guerras y whisky escocés.

Y con una atragantada bocanada de aire, Felipe Navarro despertó del coma.


Después de eso, su habitación se llenó de gente. Gente que le abrazaba, que se alegraba de su despertar, que palmeaba sus brazos con los ojos brillantes.
Los ojos de Ariadne brillaban como no recordaba haberlos visto brillar nunca. Las lágrimas contenidas y la euforia les daba una luminiscencia indescriptible, que le hacía sentir vivo. A ella, le dio el abrazo más largo y más fuerte, y lloraron en el hombro del otro, necesitados de contacto.
Su sobrina estaba sentada al lado de su cama, sujetándole la mano con fuerza, incrédula de que estuviese de vuelta.
Valeria también había acudido, y se arrojó a sus brazos, llorando de emoción. A decir verdad, esperaba más de ese abrazo que había esperado tanto tiempo. Esperaba que el mundo desapareciese, que sólo existiesen ellos dos. Pero los ruidos del hospital ni siquiera bajaron de volumen, y a parte de la calidez de ese cuerpo suave y hermoso, no sintió nada.
Se separaron, y ella parecía apunto de decir algo, pero hubo unos golpecitos en el marco de la puerta.
Álvaro Torres le miraba, con los ojos brillantes, como todos los que había visto desde su despertar, y una pose segura y algo burlona que no conseguía enmascarar su emoción.
-¿No podías al menos despertar cuando estuviese en el país?
-¡Álvaro!
Él se acercó sonriente a la cama, aunque su avance fue detenido por un fuerte abrazo de Ariadne, que él correspondió con una sonrisa aun más grande.
-Esta chica vale su peso en oro, Felipe, tienes suerte – bromeó guiñándole un ojo.
-Lo sé, tengo mucha suerte.
Álvaro le miró con aire crítico, tan falso que tuvo ganas de reír, después hizo un extraño aspaviento arqueando las cejas.
-Ese peinado es la cosa más horrible que he visto desde tu intento de maqueta a los trece años.
Felipe rió divertido.
-No estaba tan mal.
-Si eso era un castillo, yo soy Elvis disfrazado.
-Eso explicaría que contonees las caderas como si fueses una femme fatale.
-Me alegro de que estés de vuelta, hermano.
Felipe necesitó un segundo para darse cuenta de que estaba Valeria, y que, claramente, debía pensar que eran familia.
-Me alegra también.
Álvaro se acercó y le dio un abrazo. Como siempre que se abrazaban, sintió que había algo en ellos que encajaba, simplemente, como su fuesen dos piezas de un rompecabezas. Pero había algo raro. Álvaro se sentía incómodo. Normal, estaba su sobrina delante, y su relación no era la mejor en los momentos antes de que cayese en coma. Como siempre que esos sentimientos indeterminados salían a la luz, Felipe aumentó la intensidad del abrazo.
Normalmente, el mundo a su alrededor habría desaparecido y sólo habrían quedado ellos, pero, aunque todo se paró y fue maravilloso durante unos segundos, sintió que Álvaro se tensaba. Se tensaba.
Se separaron, y él le sonrió, pero no era su habitual sonrisa. Su sonrisa se siempre era radiante, cegadora, le hacía sentir mariposas en el estómago y el mundo era un lugar mejor para vivir.
¿En qué pensaba?
Oyeron otros golpecitos en la puerta, bastante más educados que los burlones que había hecho Álvaro.
Había un joven inseguro y aparentemente avergonzado, sin saber muy bien como actuar.
-Pasa, Kenneth. Todavía no conoces a tu jefe.
Y le sonrió.
Le sonrió. Con la sonrisa. Una sonrisa que Álvaro sólo había esbozado por y para él. Su puta sonrisa.
-Soy Kenneth Murray – se presentó inseguro.
-Sé quién eres – respondió cortante, usando su tono más autoritario –. Y sé lo que nos costó tu voto.
-Felipe – trató de interrumpir Álvaro, pero él no le escucho.
-¿A qué has venido?
Kenneth Murray, envalentonándose un poco ante su tono, dejó las inseguridades a un lado.
-Precisamente, venía a hablar con Ariadne de eso. Lo he discutido con mi abuela, y lo-que-ya-sabéis está cancelado – explicó mirando de reojo a Valeria.
-¿De qué habláis? – preguntó ésta, confusa.
Ariadne, ignorándola, se le lanzó al cuello a Murray, dándole las gracias, emocionada. Él le palmeó la espalda, sin saber muy bien que hacer al respecto.
A Felipe no le pasó desapercibida la sonrisa de Álvaro. El odio contra Kenneth Murray aumentó exponencialmente.
-Yo… Debería irme… – comenzó a balbucear, de forma completamente patética, si querían la opinión de Felipe.
-No Kenneth, me gustaría… Me gustaría hablar contigo. ¿Vamos a la cafetería?
-Por supuesto – asintió.
-Yo, en cambio, sí debería irme.
Estuvo a punto de caerse de la cama ante esa afirmación por parte de Álvaro.
-¿Ya te vas?
-Sí, en realidad, tengo que organizar algunas cosas en el internado, tendré que dejarlo todo listo para cuando vuelva tu padre.
Se preguntó como era posible que fuese él el único en olvidarse de la presencia de Valeria una y otra vez.
Valeria y él quedaron solos en la habitación del hospital.
-Felipe, yo… Te he echado muchísimo de menos.
Valeria volvió a abrazarle, y él lo tuvo claro. Era el momento de aceptar de una vez por todas, sus sentimientos por Álvaro.
-Valeria, con todo lo que ha pasado, creo que tenemos que hablar.

Felipe siempre había sido perfectamente consciente de sus sentimientos por Álvaro.
Álvaro había sido una constante en su vida, con la que siempre había podido contar, y entre ellos, había algo más.
El problema, era que cada vez que empezaban a avanzar, que lo que había entre ellos entraba en ebullición y que parecía que el explotar en una declaración era cuestión de tiempo, él lo fastidiaba todo.
Había una chica.
O veinte.
No llevaba la cuenta de todas las que había habido, pero eran bastantes.
Chicas guapas, de rasgos redondeados y sonrisas dulces. Con piernas más largas que la enciclopedia Larousse y escotes con piel de terciopelo.
Sí, siempre las había.
Y ellas, siempre le rechazaban.
Entraba, entonces, en una espiral de obsesión/persecución/locura, que Álvaro observaba desde la barrera. Nunca intervenía. Nunca parecía perder a esperanza.
Las chicas, en realidad, no habían sido el problema, sino un mero obstáculo que sortear, un retraso en el camino para formalizar su relación.
El verdadero problema, entonces, era Kenneth Murray. Murray.
Con esas gafas, ese aire de empollón, esa aura de pardillo, esa forma de hablar como si en vez de decir idioteces sin interés estuviese recitando a Shakespeare, esa inseguridad, esa torpeza, esa completa y definitiva mediocridad… ¿Cómo podía ser, realmente, un problema?
No lo sabía, pero lo era.
Lo sentía en los huesos.
Y en las miradas que el imbécil le dedicaba cuando el rubio estaba distraído.
Y en las que él le devolvía poco después.
Lo notaba. Lo sabía. Entre Kenneth y Álvaro había surgido algo. Y ese algo no podía seguir surgiendo.
No estaban juntos de manera oficial, así que no debía ser muy difícil.

Poco después, la misma noche en la que acababa de volver al internado, mientras comentaba un par de anécdotas del pasado en las que Álvaro y él eran los protagonistas, captó la mirada de ese imbécil.
El mensaje era muy claro, después de todo, se había pasado la noche acaparándole.
“Esto es la guerra.”
Y vaya, que si lo era…
Nadie tenía del todo claro por qué, pero la cena se convirtió en una guerra de anécdotas graciosas, y de ver quien era mejor que el otro.
Oh, bueno, sí que había gente que se lo imaginaba, pero el desconcierto fue bastante general.
Felipe se fue a la cama pensando que lo tenía ganado.

Desgraciadamente, al día siguiente, Álvaro, mirándoles a ambos con frialdad, afirmó que volvía a Madrid.
-Después de todo, tú ya estás despierto y puedes encargarte del Bécquer y de Ariadne por ti mismo – afirmó –. Y yo tengo que volver a mi piso y a mi bufete. Me espera un duro trabajo para poder volver a mi posición en la abogacía – suspiró.
-¿Estás seguro? Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras.
-Completamente, muchas gracias – no dijo nada más, y cogió la maleta para irse.

En otras ocasiones, seguramente eso habría sido el final. Se dedicaría a llamarle a menudo, mandarle algún mensaje, y pasarse por Madrid de vez en cuando. Pero había un competidor más en el juego. Y, sin que nadie excepto cuatro personas supiese el por qué, dio comienzo una guerra abierta entre Felipe Navarro y Kenneth Murray.


Álvaro Torres nunca había tenido una baja autoestima. Era genial, y lo sabía.
Era guapísimo – y no lo decía él, ni su madre, lo decían los suspiros femeninos y masculinos que provocaba con un movimiento de cabeza que hiciese moverse su pelo –, inteligente – no le daban el título en derecho magna cum laude a cualquiera, después de todo –, un magnífico ladrón – el tiempo que duró –, un todavía mejor asesino, un abogado implacable y una persona que rezumaba encanto. No, Álvaro Torres no necesitaba una abuela.
Pero había una espinita clavada en su orgullo. La espinita, que se llamaba Felipe, se parecía a David Tennant y siempre llevaba el pelo más largo de lo que a su hermano le hubiese gustado. La espinita había crecido con él desde su adolescencia, y sostenía una complicada danza en la que dejaba de doler o era un puto infierno según le diese.
La espinita le gustaba de verdad. Incluso podía hablar de amor. No en voz alta, pero mentalmente podía.
El problema es que la espinita siempre quería lo que no podía tener. Era una constante en ella. Y como la espinita no era tonta, como que se daba cuenta de que sí podía tenerle.
Entonces aparecían chicas guapas y completamente imbéciles, y la espinita perdía el Norte. Y se clavaba.
Porque él sabia que esas mujeres, por llamarlas de alguna forma, no le llegaban a la suela del zapato. No lo hacían. ¿Por qué, entonces, la espinita las iba persiguiendo, dejándole a él con un palmo de narices?
No era por su personalidad, obviamente, él tenía encanto, y la espinita y él se entendían a la perfección.
Y menos el aspecto físico. Excepto por un ligero episodio de acné a los trece años, él siempre había parecido una escultura de Miguel Ángel. La gente, incluso la que no se sentía atraída por él, lo reconocía. Habían intentado enrolarle en una agencia de modelos, por amor de Dios.
En todo caso, ese no era el problema. La espinita y él siempre habían tenido una relación complicada.
El problema era otro, y no era una espinita.
Era Kenneth Murray, y ese pobre chaval no podría herir su orgullo ni aunque lo intentase con todas sus fuerzas.
No entendía muy bien que le pasaba con él. No era para nada su tipo, pero tenía algo.
Era tan débil, tan necesitado de protección, y a la vez tan inteligente y fuerte en el momento necesario. Se sonrojaba con facilidad, hablaba como si estuviese recitando una obra especialmente complicada, se subía las gafas con el dedo índice cuando estaba nervioso, no veía la televisión, y ni siquiera cuando no había otra anestesia y tenían que darle puntos bebía alcohol. Era un idiota. Y él sentía ganas de revolverle el pelo y de abrazarle cada vez que lo era.
¿Que quién le gustaba entonces? No lo sabía ni él.
Por un lado, Felipe había sido su primer amor, el chico que le había gustado toda la vida, con el que se entendía y tenía mil cosas en común. Por otro, Kenneth le hacía sentirse feliz y le costaba contener los “Aw…” cada vez que abría la boca. Se sentía dividido.
Y después, Felipe despertó del coma. Dudas, y dudas, y dudas.
Hasta esa cena, claro.
Felipe estaba territorial. Acaparaba de forma más que obvia su atención. No paraba de contar anécdotas de su juventud, en las que él, que para algo había estado presente, sabía que había más imaginación que en los siete libros de Harry Potter juntos.
Y no dejaba decir una mísera palabra a Kenneth. Que casi ni habría la boca en una situación normal pero que lo intentaba frecuentemente en esa cena.
Llegados a un punto, él le fulminó con la mirada.
Desgraciadamente, Felipe lo vio.
La incómoda cena se convirtió en una especie de batalla sobre quién era mejor, en la que sólo les faltó subirse a la mesa y ver quien estaba mejor dotado.
Álvaro decidió que estaba dudando entre dos idiotas, y se fue a Madrid en lo que se aclaraba para no tener que verles.
Mateo sabía de sus sentimientos por Felipe. Años de amistad y noches de beber hasta casi perder el sentido hacían imposible que no lo supiese. Que Álvaro borracho hablase por los codos fue determinante.
Aun así, no le sirvió de mucho, porque después de escucharle pacientemente, le indicó que era mejor que acudiese a Tania, porque él no había leído Crepúsculo. Sólo años de amistad impidieron que el eminente periodista acabase con la nariz rota.
Y así, entre dudas y películas con triángulos amorosos para ilustrarse, pasó el tiempo.

(Advertencia: Aquí Artemisa perdió el norte y escribió una enorme flipada.)

Álvaro, que tenía la mañana libre gracias a un aplazamiento imprevisto, estaba siguiendo los consejos de Alicia, la de Aquí no hay quien viva, y había decidido hacer una tabla de pros y contras para cada pretendiente.
-Felipe. Pro = fue mi primer amor; contra = pasamos años sin hablarnos hasta que matriculé a Tania en el Bécquer. Kenneth. Pro = es una monada; contra = no tiene carácter. Felipe. Pro = admitámoslo, está ya no como un tren, está como el hijo bastardo del Expreso de Hogwarts y el Orient Express; contra = Valeria, Alexis, Maryam… Kenneth. Pro = es fácil hablar con él y me siento bien cuando lo hago; contra = sería familia de María Luisa.
Paró unos segundos, considerando cual de los dos últimos contras era peor.
El teléfono rompió el que se adivinaba un largo y complejo debate.
-¿Sí?
-Ven aquí ahora mismo y páralo.
-Hola, Gerardo – saludó mientras apuntaba en la tabla que tenía intereses comunes con Felipe.
-Ni hola ni – la palabra en alemán le salió con tanto acento que ni siquiera él la entendió-. ¡Ven aquí y detén esto!
-Háblalo con Felipe, los asuntos del internado son su problema.
-¡Me refiero a que le detengas a él! ¡Y a Murray!
-¿Qué les pasa? – preguntó sin preocuparse demasiado, y admitiendo que las gafitas de Kenneth le ponían.
-¡Desde que te has ido están en pie de guerra, y se han pasado de la raya! ¡Detenles ya!
-¿Se puede saber de que hablas?
-¡Están peleando en la cámara de los Objetos! ¡Van a romper algo!
-Pero yo no puedo entrar ahí, ¿recuerdas?
-¡Hablas cómo si el rey no quisiese atarte una cama! ¡Soluciónalo!
Álvaro no supo muy bien cómo reaccionar al oír los pitidos que indicaban que acaban de colgarle.
Bueno, Gerardo tampoco es que sea estúpido. No sé de qué me sorprendo.

La cámara de los Objetos era menos ostentosa de lo que él se imaginaba, pero le gustó.
Le habría gustado más de no tener que ver a Felipe y a Kenneth tirando de un futuro proyectil en medio de ella.
Nada era perfecto.                                                                           
-¿Se puede saber que estáis haciendo?
Al menos ambos quedaron petrificados con esa frase.
-Álvaro… Yo… Nosotros…
-Ahorráoslo. Gerardo me ha llamado para que os eche la bronca, ¿podría alguno indicarme desde cuando soy vuestra madre? Porque no me acuerdo del parto.
-¡Él empezó!
-¿Yo? ¡Pero serás…!
-¡Basta! Da exactamente igual quien empezase, soltad ese Objeto antes de que lo rompáis también.
Ninguno se movió.
-Por el amor de Dios… -masculló poniendo los ojos en blanco y acercándose para quitárselo.
-¡No, Álvaro! ¡No toques el dibujo!
Demasiado tarde.
Una luz blanca les iluminó a los tres, lanzándoles a varios metros de distancia.
El caldero de cerámica, lleno de runas y grabados rituales, flotó unos segundos antes de posarse delicadamente en el suelo e iluminarse con una luz rosada.
-¿Qué se supone que ha sido eso? – preguntó Kenneth frotándose la fuente.
-Creo que me he roto la espalda…
-Os odio a los dos.
-¡Sois imbéciles! – Gerardo estaba echando espuma por la boca.
Aun más de lo normal.
Mala señal.
-Ese caldero…
-Ese Objeto, es El caldero de Hefestión.


Kenneth aceptó una de las tazas de té que les tendía Gerardo de malos modos, expectante por saber a qué se estaban enfrentando.
-El caldero de Hefestión – comenzó Gerardo como si estuviese dando una clase de historia – fue encargado por Alejandro Magno. Necesitaba un heredero para su imperio, pero sólo contaba con Heracles, un hijo ilegítimo al que no quería poner en el trono. Cómo supongo que ya sabéis, Alejandro tenía un amante llamado Hefestión, con el que, dejando de lado algunos amantes y a sus propias esposas, mantuvo una relación desde su infancia hasta el día de su muerte. Pues bien, Alejandro, desesperado al ver que sus mujeres no le daban hijos, acudió a un oráculo que le dijo que el único que podría reinar en su imperio sería un hijo bendecido por Eros.
»Alejandro interpretó que debía ser hijo de él y de Hefestión, puesto que Eros era el patrón de las relaciones entre dos hombres, y encargó a los más poderosos hechiceros la creación de éste Objeto.
»Lamentablemente, Hefestión fue asesinado poco después, en el otoño del 324 a. C., y Alejandro, al recibirlo, destruyó toda la información que indicaba como utilizarlo y lo relegó a un sótano oscuro en uno de sus palacios.
»Moriría poco después, y su único heredero sería un hijo que concibió poco antes. Lo asesinarían y su imperio se derrumbaría bajo su propio peso.
-Cuando dices que Alejandro y Hefestión tendrían un hijo… ¿Qué quieres decir, exactamente?
-Álvaro, vas a ser padre.
Él quedó blanco como la tiza.
-¿Perdón?
-Tocaste el dibujo. ¡Te dije que no lo hicieses! Lo único que no sé es cual de estos dos zoquetes va a acompañarte en la maravillosa aventura de la paternidad.
-¿Y no hay alguna forma de vaciarlo?
-No. Alejandro y Hefestión tenían muchos enemigos, así que el caldero está preparado para rechazar cualquier intención de dañar su interior. Incluso después del nacimiento, la protección se alarga unos seis meses.  Si hay algún proceso para pararlo, lo desconozco. Quizá porque llegó hace un par de semanas y no he podido estudiarlo a fondo, gracias a vuestras estupideces. Ahora es imposible hacerlo.
Álvaro se levantó de la silla, acomodó ligeramente su traje, y se dirigió hacia el mueble bar.
-Felipe, pienso agotarte el whisky, y cómo digas algo te estrellaré una botella en la cabeza – anunció cogiendo una copa –. Sólo quiero anunciaros – continuó sirviéndose –, que os voy a matar a los tres – bebió un sorbo largo –. Soy un asesino, y no me va a dar cargo de conciencia.
-Álvaro… – comenzó Kenneth.
-Tú – le interrumpió, señalando a Gerardo –, me llamaste en un primer lugar porque no podías controlar a dos gilipollas medio chiflados. Y vosotros – pasó a fulminarles con la mirada – sois los dos gilipollas.
-¿Qué vamos a hacer con esto?
Hubo unos minutos de silencio.
-Yo también necesito una copa – murmuró Felipe.
-Todos la necesitamos – añadió Gerardo.
Álvaro sirvió cuatro copas hasta el borde y se las acercó.
-No bebo, gracias – susurró sin levantar la mirada.
Él le miró con seriedad, como si estuviese evaluando su afirmación.
-No sé si quiero besarte, o pegarte un puñetazo. Con sinceridad.
-Estás de coña, ¿verdad? – saltó Felipe – ¡Murray es idiota!
Kenneth Murray se consideraba una persona equilibrada. Siempre había defendido el diálogo antes que la violencia, y solía tratar de ponerse en el lugar del otro. No perdía el control de sí mismo, y trataba de actuar con propiedad y de la mejor manera posible.
Excepto cuando se trataba de Felipe Navarro. No le gustaba pensar en ello como ‘celos’, pero sentía ganas de asesinarle con un abrelatas. Él. Para un ladrón, sentir ansias asesinas era algo extraño y complejo, para Kenneth Murray, era insostenible. Quizá habría sabido controlarlas. De no ser porque se comportaba como si Álvaro fuese suyo. Le cabreaba eso.
-Nadie te ha pedido opinión – estalló – ¿Quién te crees que eres?
-¿Yo? ¡Eres tú el que ha salido de la nada! ¡Yo llegué años antes!
-¡Y mira la ventaja que me llevas!
-¡Ambos sois idiotas! – sentenció Gerardo – ¿Por qué no le pedís que elija a uno y punto?
Casi al mismo tiempo, ambos se giraron hacia Álvaro, que parecía más concentrado en mirar a trasluz el poco whisky que le quedaba en la copa que en la conversación.
-Tú… ¿Lo sabes? – preguntó al fin Kenneth.
-¿Qué si lo sé? – apuró el whisky – ¿Vosotros cómo de imbécil me consideráis, aproximadamente? ¿Podría abrocharme la camisa solo?
-Pero, si lo sabías…
-No quería hacerte daño, estúpido.
Álvaro golpeó la copa vacía contra la mesa con bastante fuerza.
-Felipe, no tienes ni puta idea.
-¿¡Entonces por qué coño no has elegido!?
-¡Por qué tenía dudas, ¿vale?!
-No es por ser desagradable, pero dudas, ¿de qué?
-Lo estás siendo, Gerardo. Y, sólo para que conste, espero que los tres muráis de forma dolorosa en un futuro cercano, por lo que en este momento, creo que antes me liaría con Lord Voldemort que con uno de los dos.




Dura sentencia de Álvaro. Gran momento para acabar el capítulo.
En la intimidad, me pregunto si esto es un fic, la confirmación de que estoy como una cabra, o una prueba sobre cómo sé usar la cursiva.
Pues ya lo habéis visto. Álvaro espera un hijo y no sabe de quién. ¿Qué? Oh, sí, me gustan mucho los culebrones, ¿se me nota?
En mi defensa diré que casi todo lo que digo sobre Alejandro Magno es cierto. Bueno, lo del caldero y el oráculo no, pero sí estaba liado con Hefestión. Se duda sobre si le mataron o enfermó, pero yo tengo muy claro que es la primera opción, se ve con bastante facilidad en la película de Alejandro Magno, que os recomiendo encarecidamente.
¿Que cómo va a acabar esto? Ni idea. ¿Que de quién es el niño/a? No lo sé ni yo. ¿Que si voy a acabar esta historia? Pues quizá, a saber, con lo inconstante que soy...
Para todo lo demás, esperad al próximo capítulo ;)