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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Liebster Award

Hola, maestros del frikismo.
Sí, sé que publiqué anteayer. No, no corráis gritando que se ha abierto un sello del infierno. No, ¡que no lo hagas! ¡Tú, la rubia, te estoy viendo! ¡Deja ese pack de provisiones para el Apocalipsis zombi en su sitio!
A veces sois de un dramático...
El caso es que, en mi última entrada, he recibido un comentario de Mery RodVar que, además de compartir conmigo su opinión acerca de Las nieblas de Avalón, maravillosa dónde las haya, me comunicaba que me había nominado a los Liebster Award. ¿Que qué son los Liebster Award? No tenía ni la menor idea.
Después de consultar la página me he enterado de que es un concurso para popularizar los blogs pequeños, aquellos que no tiene mucho público. En concreto, de aquellos que tienen menos de doscientos seguidores.
Y, cómo me parece una gran iniciativa y me gustan los cuestionarios, aquí estoy, respondiendo.


Reglas:
Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
Avisarles de que han sido nominados.
Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.

1. Libros que te gustaría ver en pantalla.

Bueno, estoy deseando ver la adaptación de El marciano a la gran pantalla, pero imagino que se refiere a libros que todavía no tienen una adaptación, así que, ahí voy. Me gustaría muchísimo una adaptación cinematográfica de El imperio final. Mucho. En serio. Es más, mi escaso cociente intelectual no comprende porque no la hay.
También firmaría para una adaptación de Fever, de Karen Marie Morgan, junto con las novelas anteriores de highlanders buenorros. Oye, a lo mejor, tras el tirón que ha tenido Outlander, me hacen caso y todo. Aunque las dos primeras novelas se las pueden saltar porque tampoco son nada del otro mundo.
Sí, sé que esperábais esto porque os doy MUCHO la tabarra con Cuatro Damas pero, por todos los dioses, quiero una maldita serie sobre Cuatro Damas. Es decir, plebe, creo que nos merecemos ver a Deker Sterling. Y a Álvaro Torres. Y, ¿os imagináis los escenones de acción que tendría? Guau. Soy fan de la imagen mental.
¿Otra que molaría? Las novelas de Camilla Läckberg, cuya profundidad psicológica es impresionante y cuyos casos son sorprendentes y profundos.
¡Ah! Y una adaptación cinematográfica de Buenos presagios. Quiero ver a Crowley aterrorizando a sus plantas y a Azirafel teniendo pluma y siendo británico.

2.¿Cambiarías algo de tus libros favoritos?

Lo dudo. Si son mis libros favoritos es porque me gustan tal y como son y... ¡NO ESPERA! Scarlett y Rhett acabando juntos en Lo que el viento se llevó. Vale. Aparte de esa no, no lo creo. Quizá cuando mi shipp no se cumple (lo cuál es típico...), pero por lo general mis libros favoritos están ahí porque lo hace. Seguramente mataría a los personajes que me cayesen mal, pero eso es todo.

3. ¿Cuál es el género que más lees?

Fantasía. Hay veces que me olvido de que hay géneros literarios que existen sin fantasía. En los últimos tiempos me estoy acercando a la ciencia-ficción y nunca he tenido problemas con el género histórico, policíaco o romántico, pero la fantasía es mi mundo, mi alma mater. Ya sea para leer o para escribir, todas las historias ganan con un poco de magia.

4. Series favoritas.

Pff... Muchas. Demasiadas para contarlas. Supongo que Torchwood, Veronica Mars, Community, Jane the Virgin, Doctor WhoLos misterios de Laura, Lost Girl y El Ministerio del Tiempo. Además de Aquí no hay quién viva, claro. Aquí no hay quién viva fue mi primera serie adulta.

5. Películas favoritas (como se nota que he rellenado).

Lo que el viento se llevó. Es una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la historia. También me gusta Piratas del Caribe, Indiana Jones, las de súper héroes, las del Zorro... Vamos, todo lo que tenga aventura y humor me gusta mucho. Por no hablar de las películas Disney porque, y escuchadme bien, Disney MOLA.

6. Libro (películas o serie) que primero amabas y después has acabado odiando.

Me ha pasado un montón de veces, sobre todo en cuanto a series, porque soy una persona extremista. El caso más impactante es Águila Roja. Fue la primera vez que me metí en Internet para saber más. La primera vez que participé en foros. La primera vez que escribí fanfic y la primera vez que edité imágenes. Más arriba dije que Aquí no hay quién viva fue mi primera serie adulta y es verdad, pero Águila Roja es la primera serie sobre la que he frikeado en todos los sentidos de la palabra. Ahora ya no la veo. Demasiadas tramas de relleno. Demasiados desplantes a mis personajes favoritos. Demasiadas apariciones de Margarita, Cipri y Alonso. Demasiadas líneas argumentales absurdas. Sigo viendo algunos vídeos sobre los personajes del palacio, pero ya no sigo la serie activamente. No tomé la decisión. Sólo dejé los dos últimos episodios de una temporada para el verano. Y cuando supe que había vuelto me dio igual. No los había visto, tenía más series que ver. Series que me interesaban, que no me ponían triste o de mal humor. Águila Roja ha degenerado de una forma impresionante y yo la he querido demasiado. No quise quedarme para asistir a su decadencia.
Qué intenso me ha quedado, oye.

7. ¿Alguna vez has leído un libro y pensado "yo podría haberlo escrito mejor"?

Alguna, sí. Ahora mismo no se me ocurre ningún ejemplo, pero sé que sí me ha pasado. Aunque, la verdad, es más común que lloriquee porque me habría gustado escribirlo a mí.

8. ¿Algún libro (pelicula o serie) te ha hecho cambiar tu opinión de algún tema?

Little Brother ha conseguido que le ponga contraseña a mi móvil. Firefly que le diese una oportunidad a la ciencia-ficción (no me he arrepentido). Cuatro Damas ha cambiado mi opinión sobre la mezcla de otros géneros con la fantasía, pues me solía limitar al medievo y allí no hay referencias a series y a libros. Los vengadores ha cambiado mi opinión sobre los súper héroes. Y así sucesivamente. Soy una persona influenciable.

9. ¿Has comprado algún libro simplemente por moda?

No, yo hago lo contrario. Lo de no leer nada que esté de moda. O lo hacía, al menos. Ahora depende de lo que se diga en Internet de él. Pero sí le di una oportunidad a 50 Sombras de Grey, no tanto por moda como porque mi madre quería saber si merecía la pena.

10. Clásico que odias y todo el mundo ama.

Drácula. Sé que seguramente se deba a que lo leí esperando otra cosa. O a que no me puse en la situación victoriana. Me da igual. La forma de narrarlo es innovadora, pero nada más. El vampiro era planísimo y todos los personajes eran BRITÁNICOS. Dios mío. No británicos en plan guay, sino británicos en plan victoriano. Ay. Qué horrible fue. Todos tan correctos, sin alterarse nunca por nada, siendo mega racionales y tranquilos. Un asco. ¿Y Mina? Mina era gilipollas. La parte del "¡Soy impura! ¡Soy impura!" me hizo cerrar el libro porque ya no la soportaba más. Me lo acabé, pero desganada y porque me había comprado una edición especial y no quería perder el dinero.

11. Clichés que menos te gustan y clichés que mas te gustan.

No soporto el cliché de la chica protagonista. La típica chica mona pero que no se cree mona. La chica dulce y amable que no es perfecta, pero la sientes perfecta. De la que todos los chicos se enamoran. Que es buena e inocente y sufre por las circunstancias. Esa chica que todos los personajes te van a poner por las nubes para que el lector tenga claro lo genial que es. Esa chica me da asco. Me gustan los personajes femeninos fuertes e independientes. Badass de manual o femmes fatale. La chica mona te la puedes ahorrar, gracias.
Tampoco soporto el amor a primera vista porque no me lo creo. Para mí, el amor es algo que necesita tiempo, que surge cuando conoces de veras a la otra persona. El amor a primera vista, a menos que el autor le dé un motivo después (yo que sé, que ya se conocían de otra vida o que estaban destinados por X profecía), no tiene sentido y me irrita. Me siento como si se estuviesen burlando de mí, como si me considerasen estúpida. Las relaciones de "nuestras miradas se encontraron entre toda la gente y quedaron ancladas" me dan grimica.
En la otra cara de la moneda, disfruto mucho del chico malo. El tío con traumas que se sube a la moto, se pone la chupa de cuero y es sarcástico. Es mi tipo de chico. Bueno, no. Mi tipo de chico es el aventurero irreverente con mucho sentido del humor. Pero el chico malo es más sencillo de encontrar.


Estos son los únicos blogs que conozco con menos de doscientos seguidores. Los únicos, lo que demuestra lo mucho que se necesitan este tipo de concursos. Así que vamos a hacer una cosas, ¿vale? Vosotros, maestros del frikismo, vais a rellenar los huecos. No creo que rellenemos los once, pero la normativa dice que pueden ser cinco, así que supongo que no importa mucho.
Y recordad seguir los blogs que leéis de manera habitual, porque eso nos da a los blogguers una alegría inmensa, plebe. Vale, sé que es hipócrita. Sé que a algunos de estos los he comenzado a seguir hoy aunque ya los conociese y leyese. Sh. No me lo recordéis. ¡Yo ya me he enmendado! Os toca a vosotros.
Y las pregunticas:

1. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo reír.
2. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo llorar.
3. Los/las libros/series/películas que más te hayan echo flipar.
4. Los/las libros/series/películas que más te hayan indignado.
5. Una canción que no puedas dejar de escuchar.
6. ¿Por qué tienes un blog?
7. ¿De dónde viene el nombre de tu blog?
8. Si tienes uno, ¿cuál es tu sueño?
9. Tu anécdota más épica.
10. Tu anécdota más hilarante.
11. ¿Hay algo sin lo que no podrías vivir? Aparte del oxígeno, el agua, el Wi-Fi, la comida y demás obviedades.

Nos leemos, maestros del frikismo ;)

jueves, 13 de marzo de 2014

Exámenes y Alanis: Capítulo 3

Sé que tocaba una nueva ración de Alanis ayer. Lo sé. No me he olvidado. No lo he dejado a la mitad. Más o menos. En parte. Estoy algo atascada y no tengo mucho tiempo. Pero el archivo sigue abierto en la barra de herramientas. Por si os consuela. Y eso.
El problema es muy sencillo: época de exámenes. Horrible. Verdaderamente horrible. Así que aprovecho para quejarme. Un poco. O mucho. Soy muy Drama Queen. Podéis saltároslo con toda confianza.

Hoy hemos tenido dos exámenes: CMC e Historia. El de CMC no ha sido mucho problema porque hasta el profe admitió que no había que estudiar - por cierto, retiro todo lo malo que dije en día sobre esa clase, que es inútil, pero el profe es MUY majo y a mí me cae muy bien -, el de historia SÍ que es un gran problema.
Me gusta la historia. Quiero estudiar historia. Adoro la historia y tengo capacidad para ella. Pero ahora bien, me gusta aprenderla. No estudiarla. Estudiar APESTA. Eran sólo cuarenta y cinco páginas - me llegan a decir el año pasado que diría eso... - pero el primer tema era muy denso. Mucho, mucho. Horrible todo. El comunismo. No me gusta el comunismo.



Es muy complicado, pasa todo muy rápido y nadie me cae bien. Es decir, ¡yo adoro a muchos personajes históricos! En mi opinión, Maquiavelo y Bismarck deberían estar dirigiendo el mundo, porque son inteligentes y eso no se ve mucho. Pero, ¿en el comunismo? Nasti de plasti. Bueno miento. Trotski sí me cae bien. Porque leí Rebelión en la Granja para Lengua el año pasado y lo disfrute mucho y yo iba de Snowball. Perdió. ::pega una patada a la mesa:: ¿¡Alguien quiere explicarme por qué todos los personajes que me gustan pierden!? Porfa. Da igual. En todo caso, Trotski apenas aparece y cómo los comunistas están cambiándolo todo mil veces en vez de meterse en un sistema liberal dominados por la burguesía, como hicieron los demás, yo las he pasado bastante putas.



Porque claro, vosotros ya sabéis que soy tonta, ¿no? Sí, lo sabéis. Soy tonta. Pero de manual. Es decir, mi tontería da algo de miedo y todo. "Si es que eres tonta, nena" que me diría Maribel si fuese mi madre. Que menos mal que no lo es, porque no le cae bien Martín -aunque a mi madre no le cae bien Rita de Velvet y sí le cae bien Alberto, no sé lo que es peor -. En todo caso, yo soy de estudiar el día antes. Siempre. Y lo he hecho. Tampoco tenía más opciones, porque ayer tuve examen de inglés. Me perdí Los misterios de Laura y todo por estudiar. Bueno, da igual, que podría habérmelas apañado. Pero me puse a las siete. A LAS SIETE.



Muy mal yo. Y paré a las ocho y veinte. Para hacer las cosas nocturnas en plan ducha y cena. Me puse a las once. Y diez. A ver, maestros del frikismo y otros aprendices, permitirme un consejo: si hay una historia que te gusta mucho, mucho, mucho, no te pongas a leerla en época de exámenes. NO. ¡Maldito y carismático Lord Oscuro! En todo caso, tuve que hincar los codos. Hasta las dos de la mañana. La última hora no sirvió de mucho porque me dormía. He debido desarrollar tolerancia al café. Lo que me indigna, porque he tomado CUATRO vasos en mi vida. No tazas, vasos. Vasitos pequeños. Bueno, ni siquiera, porque sólo me he acabado uno. Fue el Lunes, para estudiar Filosofía. En todo caso, creo que, en cuanto le echas azúcar, pierde efecto. Sí, me lo bebía sin azúcar. Se me ocurrió la típica pregunta de "¿Cuántos terrones quieres?" volviendo a mi habitación con él. Después de que mi padre me confirmase que sí, hija, al café se le echa azúcar, con cara muy rara, se lo eché. Dos cucharadas porque DETESTO el café. Estaba dulzón. No me gusta...
En todo caso, gracias al panteón griego - del que tengo examen mañana, por cierto, bueno, no del panteón pero sí del idioma - en TIC seguimos con las exposiciones y pude estudiar tranquilamente porque no había trabajo que hacer. Ole yo. Me ha salvado la vida. Gracias desde aquí a mi profe de TIC, muy maja también. En todo caso, el examen me ha salido bastante bien y creo que aprobaré. Porque era fácil - gracias, dificultades de mis compañeros con la asignatura que bajan la dificultad de los exámenes y consiguen que no acabe con un cate bien bonito y bien rojo por no mover un dedo hasta el último momento, sin coñas ni pretender insultar ni nada - y porque creo que me resultaría imposible suspender historia. Pero no me arriesgaré. Por si acaso.

Vale, ahora que ya me he sacado todo eso de dentro, a lo que vamos. Advierto que habrá mayúsculas. Y que aunque la diosa Magik ya me ha dicho en mi última entrada que no se pone coma antes de las "y", las tiene. Pero es que TODO el discurso de Álvaro estaba construido entorno a esa estructura, así que, digamos que es una excepción. Sólo una. Lo prometo ::carita sonriente y adorable a la que nadie se puede negar::. Dedicado a Atenea, a ver si me echa un cable con griego mañana.





3.          De Madame de Pompadour, César Borgia y Hugh Grant.


Álvaro echaba chispas. ¡No podía creerse que Felipe tuviese tanta cara!
Vale que quizás había sido él el que se le había lanzado encima, pero estaba borracho. Era Felipe el que debía actuar con cordura, separarse, y ponerle a dormirla, ¡no derretirse como una vela en una fragua!
Quizá era un poco halagador que no pudiese resistírsele cuando le provocaba, pero él tenía orgullo, dignidad, y se le caía la cara de vergüenza.
Llevaba horas pensando en cómo decírselo a Mateo.
“-Eh, Mateo, amigo mío, ¿recuerdas a Dylan? Recuerdas a Dylan, me comentaste que reventaba, es verdad. Salí de marcha con él anoche y volví como una cuba y Felipe me estaba esperando y nos hemos acostado.”
“-Mateo, volvía a casa borracho y Felipe se ha aprovechado de mí.”
“-Amigo mío, creo, y digo creo, que me he acostado con Felipe esta noche.”
“-Llámame Madame de Pompadour, porque me he tirado a un rey.
-¿Qué?
-Estaba borracho y él me esperaba dentro de casa, ¡no me juzgues!”
Mejor la última no, podría interpretarse como don Juan Carlos.
Se estremeció.
Una pena, el chiste de Madame de Pompadour retrasaría lo inevitable.
Gruñó. La resaca estaba reventándole el cerebro por dentro.
Sonó el teléfono.
-¿Dígame?
-¡Te has tirado a Felipe!
Álvaro parpadeó.
-… ¿Quién es?
-¡No cuela, Álvaro! ¡Tienes identificador de llamadas!
-¿Se puede saber como te has enterado?
-Parece ser que Felipe se lo ha chillado a Kenneth delante de todo el Bécquer, y Tania, como es natural, me ha llamado.
-Pero creen que somos hermanos – tartamudeó en shock.
-… Lo sé.
Álvaro sintió que se le caía el teléfono.
Se sentó en el sillón, sus rodillas se habían convertido espontáneamente en pudín y su cerebro estaba fuera de cobertura.
-Le mataré – susurró –. Esta vez le mato seguro.
-¿Me permites un consejo?
-Sí.
-Yo me quedaría con Kenneth.
-¡No jodas! ¡Ahora también lo sé yo, macho!
-Yo lo sabía de antes.
-… ¿Qué?
-Es decir, es un chico muy majo, y lo de Felipe lleva tanto tiempo puteándote que ya está podrido.
-¡A buenas horas! ¿Por qué no me dijiste eso cuando te pregunte?
-Tenías que tomar tu propia decisión. Pero ahora que veo que eliges a Felipe, y lo que ha hecho él con eso…
-No he elegido a Felipe. ¿Quién ha dicho que yo haya elegido a Felipe?
-Álvaro, te has acostado con él.
-Primero: eso no tiene nada que ver. Segundo: estaba como una cuba. Tercero: le he echado a gritos de mi casa esta mañana, así que no hay forma humana de que lo haya interpretado como una elección.
-¿Qué hacías bebiendo con Felipe?
-¡Yo nada! Salí de marcha con Dylan y al volver me estaba esperando para hablar o algo así.
-Te dije que Dylan traería problemas.
-¿Crees que es el momento?
-Sí. ¿¡Y cuándo pensabas contármelo!?
-Estaba pensando en cómo decírtelo – se defendió.
-¿Cómo ibas a hacerlo?
-Con referencias a Madame de Pompadour.
-¿Eh?
-Me he tirado a un rey.
-… Madura.
Álvaro suspiró, colgando el teléfono que ya comunicaba.
Cogió aire un par de veces, y se fue a buscar su revólver.


No es que hubiese querido airearlo así como así.
Su plan era guardárselo, llamar después a Álvaro, razonar con él, y que éste cediese.
Era un gran plan.
Pero Murray se había mostrado superior, sin dignarse si quiera a mirarle, mientras charlaba con Valeria.
Con Valeria.
Y ella, había hecho un sibilino chiste acerca de… Oh, bueno, había insinuado cierto asunto relacionado con él y la necesidad de pastillitas azules.
El cabrón se había reído.
Y Valeria lo había hecho en voz alta.
Muy alta.
Los alumnos le miraban.
-Álvaro no parecía pensar lo mismo anoche.
Kenneth se quedó blanco. Valeria roja.
-¿¡Tu hermano!?
-… ¿Eh?
Llevaba todo el día encerrado en su despacho, tratando de asumir que la gente le consideraba César Borgia.
No le estaba yendo muy bien.
Si Álvaro se enteraba…
-¡TE MATARÉ!
Se había enterado.
Mierda.
-PIENSO MATARTE. PIENSO USAR TODAS LAS TORTURAS QUE SÉ USAR, Y DESPUÉS DESPEDAZARÉ TU CADÁVER Y LO ENTERRARÉ BAJO UNA ACADEMIA DE PAYASOS.
Felipe, aparte de miedo, vergüenza y ganas de suicidarse, sintió indignación. Meterse con su miedo a los payasos no era nada justo.
-Álvaro, todo esto tiene una explicación.
-¿¡TÚ SABES COMO ME HAN MIRADO TODOS!?
-Lo siento, en serio.
-¡VALE QUE ME PAREZCA A NIKOLAJ COSTER-WALDAU, PERO NO SOY JAIME LANNISTER!
-Lo sé.
-PERO ELLOS NO LO SABEN. ELLOS CREEN QUE SOMOS HERMANOS Y CREEN QUE NOS ACOSTAMOS ANOCHE.
-Bueno, nos acostamos anoche.
-¡ESTABA COMO UNA CUBA! CÓMO. UNA. CUBA. ¡Y NI SIQUIERA FUE SEXO DE VERDAD!
-Bueno, ¡no es cómo si tú estuvieses para algo más!
-… ¿¡Y TIENES LA CARA DE DECIRLO!? ¿TÚ? ¡NO ESTABA PARA NADA MÁS, PORQUE TAMPOCO ESTABA PARA LO OTRO! ¡TE APROVECHASTE!
-¡TÚ TE ME LANZASTE ENCIMA!
-¡TÚ TE COLASTE EN MI CASA EN MEDIO DE LA NOCHE!
-¡LLEGUÉ A LAS DIEZ Y MEDIA, PERO TÚ YA NO ESTABAS!
-¡PUES HABERTE IDO!
-¿¡PARA QUÉ TÚ SIGUIESES JUGANDO CON DYLAN!?
-… ¿En serio? ¿Me vas a venir con celos? ¿TÚ? ¿¡TÚ VAS A TENER EL MORRO DE VENIRME CON CELOS A MÍ!?
-¡Yo era un crío!
Álvaro respiraba de forma irregular. Y, o se alegraba de verle – cosa que, en esos momentos, dudaba bastante – o llevaba un revólver.
-No voy a perdonarte esto nunca.
-Álvaro…
-Voy a llevarme el caldero – le espetó –, y no voy a volver a pisar este internado en lo que me queda de vida.
-¡Ni de broma! No sabemos de quién es, Álvaro, no puedes llevártelo.
-Oh, desde luego que puedo. Si resulta que, como castigo por todas mis malas acciones, es tuyo, ya organizaremos todo para no tener que vernos jamás. Jamás.
-Álvaro, podemos hablarlo…
-No. No podemos. Te odio. Mucho. La has cagado de forma… – suspiró – Indescriptible.
-Si me escuchas…
-No te iba a elegir a ti.
Felipe quedó congelado.
-¿Qué?
-No. Te. Iba. A elegir. A ti.
-Pero, lo nuestro…
-Lo nuestro está podrido.
-¡No es cierto! ¿No recuerdas todo lo que pasamos?
-Felipe – comenzó abriendo el pasadizo –, yo era un crío.
El pasadizo se cerró. Felipe quedó mirando hacia la nada. Derruido.
Hasta que vio la lucecita de megafonía encendida.
-¡ROSA! – aulló, dispuesto a asesinar, o como mínimo despedir, a su secretaria.
Todo el Bécquer estalló en risitas y murmullos divertidos.


-Mi tío la ha cagado.
-De forma indescriptible.
Deker ignoró las miradas que le reprendían.
Era demasiado culebrón, y los culebrones le encantaban. Te reías más que con la comedia.
-¿Qué crees que pasará si el niño es suyo? – preguntó Jero.
-No lo sé, pero no será bonito.
-Bueno, al juzgado no puede llevarle, eso está claro.
-¿Por qué no iba a poder?
Todos miraron a Tania con incredulidad.
-¿Por qué mandarían hacer una prueba de paternidad y se vería que ambos son sus padres?
-Bueno, siempre se podrían cambiar las pruebas de paternidad.
-No, uno tendría que quedarse fuera y el juicio no tendría razón de ser.
-De todas formas, yo sigo diciendo que es de Murray.
-Que no fuese a elegir a mi tío no quiere decir que el caldero también se decantase por él.
-A lo mejor el Objeto sabía a cuál quería más o algo por el estilo – propuso Jero.
Quedaron en silencio, considerando esa opción.
-Es posible – admitió Ariadne –, pero no seguro.
-Vamos, Rapunzel, admite que el niño es suyo y ya, son sólo veinticinco euros.
-Y el que tú me restriegues que tenías razón hasta el día de su muerte.
-También.
-No es sólo por eso – admitió –. Estaría bien tener un primo. Y mi tío está muy solo, en cuanto yo me independice sólo le quedará Gerardo.
-Vale, eso es muy triste.
Ariadne le dio un codazo sin hacerle mucho caso.
-¿Cómo vais a explicar lo de que Álvaro no es tu tío?
-Ni idea, Jero. A saber lo que se les ocurre. Aunque es mejor así.
-¿A qué te refieres?
-Era desagradable que todos pensasen que mi padre y mi tío estaban liados – se estremeció –. Automáticamente pienso en los reales y siento ganas de arrancarme los ojos.
-¿No debería ser el cerebro?
-Es una expresión.
Hubo unos instantes de silencio.
-¿Sabéis que El Viejales participa en la porra?
Todos le miraron con la boca abierta.

Deker estaba caminando por los pasillos sin hacer ruido. Era de noche. Estaba oscuro. Él tenía frío y estaba cansado.
¿Que qué hacía entonces fuera de la cama?
Pues que, al parecer, se movía mucho al dormir y la cama era para una sola persona.
Él se había quejado, le había recordado que Rapunzel era la de los cabellos largos como un día sin pan y no la del guisante bajo los colchones, pero fue inútil.
Eran las tres de la mañana.
Él debería estar durmiendo. Es más, era obligatorio que estuviese durmiendo. Si Ariadne no fuese tan picajosa lo estaría haciendo, pero claro, la princesa era un princesa por un motivo. ¡Él no le había dicho nada de que le patease de madrugada! Patear era peor que moverse.
Se prometió firmemente que la próxima vez, mandaba a Jero a dormir al pasillo y quedaban en su cuarto. Luego la echaría de forma cruel.
Se sentía utilizado sexualmente…
-Sterling.
Una. Noche. De mierda.
Se giró hacia El Viejales.
-¿Qué quieres?
-¿Qué haces fuera de la cama? – Deker abrió la boca para responder, pero él negó con la cabeza – Déjalo, me lo imagino. He oído acerca de una porra…
-¿De quién?
-Tengo mis contactos.
-… Jero.
-Le oí hablarlo con la señorita Esparza, sí.
-Mierda.
-Quiero participar.
-¿Eh?
-¿Cuánto habéis apostado?
-Lo máximo he sido yo con treinta.
-Apúntame cincuenta por Felipe.
-¿Y cómo sé que no hace trampa?
-¿Trampa?
-A lo mejor sabe algo de ese objeto que nosotros no sabemos.
-No lo hago.
-¿Y por qué apuesta?
Él miró a los lados.
-Porque Álvaro y Felipe llevan en un sí-pero-no-pero-quizá-pero-no-sé-de-qué-me-hablas desde que eran adolescentes. No se va a ir todo al traste por Murray.
-Eso lo veremos en nueve meses.
Se dieron la mano y cada uno siguió su camino.
-Sterling.
Deker se giró.
-Está de más decir que conoce el uso del profiláctico – dijo con cara de padre sobre-protector.
Deker Sterling volvió a girar muy despacio, y continuó con su camino hacia la habitación sin darle una respuesta.
Una mierda de noche.


Kenneth sintió como su corazón se desgarraba al enterarse.
Le habría gustado enterarse de otra manera. Que Álvaro hablase con él en vez de mandarle a Felipe para que le dijese, de esa forma tan dolorosa, que había tomado una decisión. Pero no siempre se tenía lo que quería, y Kenneth lo aceptaba.
No sintió sorpresa al enterarse de su decisión. Dolor, tristeza, decepción… Sí, por supuesto que sintió todo eso, pero no sorpresa.
Siempre supo que no tenía posibilidades. Siempre.
No podía tener esperanzas cuando veía a Felipe y a Álvaro juntos.
Hubiese pasado lo que hubiese pasado entre ellos, ambos conectaban a un nivel que él nunca podría alcanzar. Se entendían, se comprendían, podían saber lo que pensaba el otro, tenían bromas privadas… A efectos prácticos, llevaban saliendo desde siempre.
Él sólo había sido una piedra en el camino. Un obstáculo pequeño e insignificante.
Lo entendía, y lo aceptaba.
Y por eso estaba allí.
No le gustaban mucho los autobuses, pero hacía demasiado que no conducía. Y de todas formas, en España lo hacían por la derecha. Raro. Madrid estaba demasiado lejos para arriesgarse. Lo había mirado por Internet y salía un vuelo hacia Londres a las ocho de la tarde.
Era hora de volver a casa.
No oyó la discusión por megafonía por unos míseros quince minutos.
Y no supo que Álvaro fue el que encontró su nota, y que corrió hacia su coche para impedirle irse.
Al menos, no cuando estaba sucediendo.


Se sentía como si estuviese en una comedia romántica.
Y no era para menos.
Estaba corriendo por un aeropuerto para evitar que el hombre al que amaba se fuese del país, dejándolo solo y con un niño. Si es que le faltaba ser Hugh Grant…
Le había costado entrar en la zona de embarque, pero finalmente se había comprado un billete, porque no le daba tiempo a dejar inconscientes a todos los guardias.
Y le vio. Soltó un suspiro de alivio mientras se acercaba.
-¿Álvaro?
Parecía estar alucinando.
-¿Cómo se te ocurre irte así? – le espetó – He tenido que venir a buscarte corriendo. A un aeropuerto. Es tan cliché que da hasta risa.
-No creí que hubiese nada más que decir.
-Lo había.
-Álvaro, en serio, da igual – puso una mano en su brazo –. Vuelve con Felipe, yo estoy bien.
-No quiero volver con Felipe. Todo esto ha sido un gran error. Nunca he vuelto con Felipe. Bueno, nunca estuve con él en primer lugar, pero tú me entiendes.
-Pero, él dijo…
-Omitió pequeños pero imprescindibles detalles. Que yo estaba borracho como una cuba, que estaba en mi piso cuando volvía de marcha, que le eché a gritos de mi casa la mañana siguiente… Esas cosas.
-Pero estuviste con él.
-Borracho – repitió –. Y ni siquiera fue sexo de verdad.
-¿Eh?
-Ya sabes, fue solo… Es decir, no hubo…
-… ¿Penetración?
-Dios, que mal suena eso. Pero sí, no hubo… Eso. No fue de verdad.
-Para mí cuenta igual.
-Para mí no. Y estaba borracho – hizo hincapié en eso.
-Por ese tipo de cosas yo soy abstemio – mencionó.
-Ya, es una opción que debería considerar.
-Lo siento, Álvaro, pero eso no cambia nada.
-¿Perdón?
-No quiero quedarme aquí, esperando a que te decidas por uno o por otro. Adiós.
Ambos quedaron en silencio.
-¿No te vas?
-Tengo que esperar a que salga mi vuelo, el que se va eres tú.
-No, hasta que no te des cuenta de lo que te he venido a decir.
-¿A qué te refieres?
-¡Qué te he elegido a ti, pedazo de pánfilo!
-Déjalo, Álvaro. Solamente… Déjalo.
-¿No lo entiendes? Te quiero – afirmó –. Te quiero a ti. Me gusta que te subas las gafas con la yema del dedo índice, y que lleves raya al lado como si fueses un colegial, y que te guste el batido de fresa, y que seas incapaz de usar el español coloquial y que siempre parezca que estás recitando a Shakespeare, y me gusta que te pongas como un tomate, y que recitases, solo moviendo los labios, los diálogos de Don Juan Tenorio entre bambalinas, y que siempre parecieses irritado con mi mera presencia, y que cuando te ofendas pongas la voz aguda, y que sueltes discursitos que yo pueda desbaratar con un comentario gracioso, Dios, no sabes lo que me gusta la cara que pones cuando lo hago, y que sepas sacar carácter cuando haga falta, y que mientas bien, porque quién iba a decirnos que mentías bien, pero lo haces, y que me eches la bronca cuando hago algo que no te gusta mirándome mal para hacerme sentir culpable, y que sea fácil hablar contigo, y meterme contigo, y estar contigo en general. Porque te aseguro que hay poca gente con la que me sienta realmente cómodo, y con la que pueda reírme sin tener que preocuparme por nada más, y tú eres una de esas personas. Y cómo que la otra persona es heterosexual y aunque no lo fuese a Tania le daría un ataque si nos viese juntos y yo lo considero un hermano, pero ese no es el asunto. El asunto es que yo soy gilipollas por no haberme dado cuenta y que si tengo que arrodillarme lo haré. Porque te he venido a buscar a un puto aeropuerto, Kenneth, y sólo falta que uno sea Hugh Grant y el otro Sandra Bullock. Y yo odio los aeropuertos y los evito como la peste y estoy aquí, como un gilipollas, abriéndote mi corazón delante de toda esa gente que parece no tener otra cosa que hacer que mirar esto porque su vida es muy triste. Por cierto, el del móvil ya puede borrar el puto vídeo si no quiere que le de una paliza. Y que quiero que, bueno, lo que tú sabes, sea tuyo. Y no quiero volver a ver a Felipe, porque, ¿todo lo que pudiese sentir? Está muerto, Kenneth. No sé cómo no me he dado cuenta antes, pero es así. Y en serio, si no me dices algo ahora mismo me moriré porque he tenido bastante vergüenza para toda mi vida con lo que me ha pasado hoy. Y la secretaria de Felipe es una zorra que nos ha puesto en megafonía mientras le echaba la bronca, así que puedes ir a preguntarle a cualquier alumno y él te contará que le he mandado al cuerno.
-¿Qué esperas que te responda a eso? – preguntó con la voz tomada.
-No lo sé. La comedia romántica no es muy mi estilo. Me vale con que me digas que no te vas a ir a hacer puñetas a la pérfida Albión y a dejarme con un palmo de narices.
-Lo siento, pero voy a hacerlo.
Los pasajeros comenzaron a cuchichear, Álvaro habría llorado de frustración y se habría dado de cabezazos contra una pared.
-¿Qué?
-Necesito pensar.
-¿En qué?
-En todo esto. Y está habiendo problemas en casa después de que cancelase el compromiso, es mejor que vuelva.
-Pero… ¿Y los quince días de antelación con los que tienes que avisar? ¿Y yo? ¿Y el niño?
-O niña.
-Eso ahora como que no es especialmente importante.
-Vendré en nueve meses para escuchar el veredicto – resolvió –. Si lo es… Ya veremos.
-¿Y si no?
-Y si no, ¿qué?
-Me da igual de quién sea, Kenneth.
-Lo siento, es lo mejor.
-¿Para quién?
-Para todos.
-No estoy de acuerdo.
-Alguna discusión tenía que ganar yo, Álvaro.
-Tampoco estoy de acuerdo, yo nunca pierdo.
-Siempre hay una primera vez.
-No puedes dejarme así – le aseguró.
Kenneth suspiró, dedicándole una tibia sonrisa.
-Llámame de vez en cuando, ¿vale? No me voy para siempre.
Cogió la maleta y se dirigió a la puerta de embarque, que llevaba unos minutos abierta, aunque nadie hubiese entrado.
-Surrealista… – susurró.
Los murmullos se extendieron. Álvaro, despertando, arrancó el móvil que lo había grabado todo de la mano de su dueño y lo lanzó contra una pared.
-¡Mi móvil!
-Vaya, a ti tampoco te funciona el modo avión, ¿eh? Vaya mierda de Transformers venden hoy en día.

Y con esa afirmación, Álvaro Torres salió con la cabeza bien alta, deseando llegar a su casa para poder meterla en el horno.


Ale, y ahí está mi incursión, medio parodia medio alabanza, a las típicas comedias románticas. Un comentario si quieres que Álvaro Torres se te declare en un aeropuerto.

PD: Cada vez que Hook llama a Emma "love" yo disfruto como una enana. Disfruto mucho, en consecuencia. Lo suyo es amor.
PD2: Neal me cae mal. Definitvamente. Sólo le interesa que su padre esté vivo para volver con Emma y Henry, que no es malo, pero Rumple en sí le importa una mierda aunque él se sacrificase por ellos y eso es MAL.
PD3: Aunque me había comido el spoiler de que Martín trataba de descubrir a un topo lo he pasado fatal viendo como le pintan de malo. Porque le adoro. El David ese no me gusta y en el próximo capítulo Laura y Martín van a fingir estar casados y es una de tantas señales de su amor.
PD4: Lily y Marshall y Daisy son amor. Robin y su madre también.
PD5: Son las únicas series que he visto en toda la semana y SUFRO ::llora mucho::.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Alanis: Capítulo 2

Bueno, pues aquí estoy de nuevo.
En primer lugar quiero decir que Laura y Martín son OTP y que ambos se fueron juntos después de que ella viese a Jacobo rehacer su vida. Es un símbolo de su amor puro y verdadero.
En segundo lugar quiero que veáis la serie.
En tercer lugar quiero que veáis también Velvet.
En cuarto lugar quiero que veíais B&B porque me he visto del tirón los dos capítulos que llevan y son geniales y me encantan mucho.
En quinto lugar quiero que alguno rechace a un par de horas de sus días y me las ceda, porque no me llegan las horas, y eso está feo.
En sexto lugar voy a colgar el segundo capítulo de mi fic Alanis.
Sé que algunos os negaréis a leerlo porque flipé mucho con lo del caldero. No os guardaré rencor. Pero os perderéis el siguiente capítulo en el que Álvaro abre su corazón en un aeropuerto. Y el que avisa no es traidor.
Dedicado a la suma sacerdotisa, que es un faro iluminado en la senda del kenal. Y hay que hacer piña:





2          De porras, cereales insípidos y resacas.


Ariadne abrió tanto la boca que podían contársele los empastes. La cantidad era inesperada para los que no sabían su adicción al dulce.
Tania inclinó ligeramente la cabeza, sin saber si había entendido bien el mensaje o era una jerga de ladrones.
Jero tenía el rostro desencajado, y parecía sinceramente incrédulo.
Deker Sterling se sorprendió, soltó una corta risotada, y tendió la mano abierta a su amigo.
-Me debes veinte euros.
Álvaro arqueó una ceja.
-¿Tú sabías algo de esto?
-Sabía que la guerra que se traían Edwar y Jacob era por ti, Bella, lo del bebé ha sido una inesperada sorpresa.
Hizo una mueca ante las referencias a Crepúsculo.
-Más bien es un culebrón venezolano. Y una broma. ¿Verdad?
La esperanza brillaba en el rostro de Ariadne, esperando la confirmación de que todo había sido una broma absurda.
-Lo siento, pero no. Tendrás un primo – confirmó Felipe.
-No sabes si es tuyo.
-Dudo sinceramente que tú cuentes como hombre.
-Dudo sinceramente de que alguno de los dos sobreviva los nueve meses necesarios para descubrirlo a menos que os calléis.
Ambos obedecieron ante el tono de Álvaro, frío, cortante, ligeramente arrastrado, y lleno de ansias asesinas.
-Y… ¿Habéis elegido nombres?
-¿Crees que provocar a un asesino furioso es una buena idea?
-Buena no, pero, ¿divertida? Divertida es un rato.
Felipe tosió para llamar la atención.
-Os contamos esto porque confiamos en vosotros…
-Y os ibais enterar de todas formas – añadió Kenneth.
-… pero debe quedar en el más absoluto secreto.
-Bueno, no es cómo si alguien fuese a creérselo – mencionó Jero.
-¿Eso es bueno o malo?
-No lo tengo muy claro, estoy en shock.
-Esa no es excusa. Apoquina.
Jero refunfuñó mientras sacaba la cartera.
-Quién podría haberlo imaginado…
-Yo pude.
-Tú no cuentas.
-¿Sabéis que es lo peor? – añadió Tania; todos le miraron – Que lo del bebé inesperado y secreto sí que es parte de la trama de Crepúsculo.
-Tania, ¿por qué eres tan cruel conmigo? – se lamentó Álvaro.
-Sólo prométeme que si es una niña no la llamaréis Renesmee.
-¿Ese nombre existe?
-No, fue una amalgama entre los nombres de las abuelas. Fue un detalle bonito, pero el nombre no es que quedase muy bien, a decir verdad.
-Carpetera – tosió Deker.
-¡Dejad de decir eso, jolín!
-Cada vez que dices “jolín” muere un hada.
-¿Eh?
-Referencias a Peter Pan aparte, creo que la conversación a terminado – sentenció Álvaro levantándose para salir.
Kenneth y Felipe se apresuraron a seguirle, seguramente para tratar de convencerle de que se quedase, llorarle, o suplicarle.
-Esto es… Raro.
-Rarísimo.
-Quiero decir – continuó Ariadne –, ¿alguno ha entendido con cual de los dos está?
Hubo unos segundos de silencio.
-Yo creo que ni siquiera ellos lo saben – resolvió Jero.
-Mi tío parecía querer desmembrarles a los dos.
-Yo creo que esta situación exige una porra.
-¿Una porra?
Deker se levantó para coger una libreta al azar y un bolígrafo.
-¿De quién decís que es?
-¿Te parece apropiado hacer esto? – le preguntó Tania cruzándose de brazos con actitud reprobatoria.
-No – reconoció haciendo la tabla –. Yo voto porque es de Murray.
-¿No le odiabas? – le recordó Jero.
-Es un compromiso; él es inglés.
-Mi tío es medio inglés – mencionó Ariadne.
-… Ya me he puesto en la tabla.
-Yo voto por el profe, con lo de la máquina de escribir se portó.
-Eso no tiene nada que ver – bufó Ariadne.
-¿Y entonces, Rapunzel?
-Está claro que es de mi tío. Apúntame cinco euros.
-¿Cinco? ¿Qué clase de sobrina eres?
-Yo no voy a poner más de diez, ya me he arruinado con nuestra última apuesta – declaró Jero.
-Yo pongo quince por Felipe.
Todos miraron a Tania, que se sonrojó.
-El profesor Murray no parece tener genes dominantes, ¿vale?
-¿Te parece apropiado? – preguntó Deker sarcástico.
-¿Tienes miedo a perder o qué? Apúntame de una vez.
-Yo subo a veinticinco – añadió Ariadne.
Deker lo apuntó, riendo entre dientes de una forma que habría hecho estremecerse a todas las madres del mundo.


-Habla más despacio – pidió Mateo frotándose el puente de la nariz –. ¿Qué le ha pasado a un caldero?
-Voy a ser padre, Mateo. ¡Yo! ¡Si ni siquiera supe ser hijo, ¿cómo voy a ser padre?!
Mateo suspiró, sin haber pillado la referencia a Física y Química y sin saber como reaccionar a las noticias de su amigo.
-¿Estás seguro de eso?
-En ese caldero hay algo. Y está creciendo – su mano tembló descontrolada cuando se la pasó por el pelo.
-Bueno, a ver, sé que es impactante, pero no tiene porque ser necesariamente malo.
Al ver su mirada, decidió callarse.
-Es algo malo. Es algo horrible, Mateo. Voy a tener un hijo. ¡Yo! ¡Y ni siquiera sé con quién!
-¿Y quién quieres que sea?
-¿Eh?
-¿Quién quieres que sea el padre?
-Yo… ¿Cómo esperas que lo sepa?
Mateo le fulminó con la mirada.
-Pues eso es lo primero que tienes que saber. ¡Aclárate! Si lo hubieses sabido desde un principio nada de esto habría pasado.
-¡Es que no lo sé! Es decir, cada uno es… Y yo… Y ellos… ¡No lo sé! ¡No lo tengo nada claro! ¡Ambos son idiotas!
-Sí, ¿pero cuál es tu idiota?
Su amigo le miró sin poner ninguna expresión.
-¿Me estás vacilando?
-Cuando te aclares, podrás actuar en consecuencia. Hasta entonces, métete en tu casa y no respondas al teléfono.
No es que hubiese mucho más que hacer, después de todo.

-Felipe.
Mateo siguió hundiendo sus cereales con la cuchara sin variar la expresión.
-Felipe, ¿qué?
-Quiero que el padre sea Felipe.
Mateo cambió de oído el auricular para echarse azúcar.
-¿Y por qué?
-Estoy siendo objetivo – explicó; Mateo podía ver el aspaviento sin esforzarse –. Felipe es rey, y Kenneth miope.
-Así que le has descartado por ser miope.
-No me molesta que sea miope – replicó; Mateo oyó un murmullo acerca de gafas eróticas, pero decidió ignorarlo –, pero si mi hijo lo evita, mejor.
-¿Ese ha sido tu criterio? – preguntó con un suspiro – Estás eligiendo un novio, no un semental.
-No ha sido sólo ese – se defendió –, también he investigado para saber si hay casos de calvicie en sus familias.
-Es una broma – masculló pescando los cereales con la cuchara –, ¿y si no hubiese gafas ni calvicie?
-… Las hay.
Mateo suspiró, probándolos. Sabían a cartón.
-Déjate de gafas, calvicies, y tendencias a las enfermedades coronarias. El niño está encargado. Búscate novio.
-Tú me preguntaste quien quería que fuese el padre – le recordó.
-De forma sentimental, no genética.
-Llevo buscándolo de forma sentimental meses, y no me he aclarado.
-Pues date prisa, el niño no va a esperar a que te decidas.
-¿Quieres meterme presión por alguna razón en particular?
-A ver, Álvaro, eres consciente de que no tenemos quince años, ¿verdad? – preguntó mientras leía la parte de atrás de los cereales.
-¿A qué te refieres?
-Esto podría ser un tema al que dar vueltas si fuésemos adolescentes. Y tuviésemos pechos. Decídete por uno y punto.
-No es tan fácil.
-Ni tan difícil.
-He pensado en tirar una moneda al aire.
-Si haces eso tendré que pegarte – le advirtió –. Se serio, Álvaro, es importante.
-¡Es que me gustan los dos!
-Pues dudo que quieran montarse un trío, así que tendrás que hacer algo.
-¿El qué?
-No lo sé, prueba a buscarlo en Google – ironizó.
Hubo unos instantes de silencio.
-De perdidos al río.
Mateo suspiró ante los pitidos del teléfono y lo dejó en su sitio.
Miró la caja de cereales integrales y volvió a suspirar. Adiós a su iniciativa de dieta sana. Los tiró a la basura y sacó los churros congelados del congelador. Encendió la freidora mientras tatareaba Yellow Submarine, de los Beatles.


La búsqueda en Google no había dado resultados. Se lo esperaba, pero Álvaro volvía a estar sin ideas.
Empezaba a considerar subirse a la mesa y cantar una canción sobre sus sentimientos, esperando que la tostadora cobrase vida y le diese una solución como si estuviesen en una película de Disney.
-Si estuviese aquí la señora Potts…
Cuando tu última esperanza es una tetera de dibujos animados, sabes que has llegado a un punto muerto.
En ese momento, Álvaro tomó una decisión. No fue una decisión que cambiase su vida. No todo apareció claro en su mente. No hubo ningún cambio significativo, más que el cómo sus hombros se destensaron, y la resignación inundó sus rasgos.
No era capaz de elegir.
Seguir esforzándose y dándole vueltas a las cosas carecía de todo sentido.
Que fuese el caldero el que eligiese.
Al relajarse, su cuerpo se hundió más en el sofá, pero Álvaro no se movió un ápice. Continuó mirando al techo, con la mente en blanco.
Y sonó el teléfono.
-¿Sí?
-Álvaro, soy Dylan.
Recordaba a Dylan, o Jesús, como decía su DNI. Rubio, ojos marrón chocolate, buena musculatura, sonrisa bonita y un culo de infarto. Lo había conocido unos años atrás, y ambos habían congeniado rápido. Era un buen compañero para ir de fiesta.
-Hola, Dylan, ¿cómo estás?
-Me he enterado de que has vuelto a Madrid, ¿cuándo ibas a llamarme?
-He estado ocupado – se excusó.
-Tienes que venir de fiesta esta noche, han abierto un club genial, te va a encantar.
La definición de un club genial que tenía Dylan, era aquel en el que había camareros guapos.
-No sé… Tengo mucho trabajo – mintió.
-Siempre tienes mucho trabajo. ¡Somos jóvenes! No te matará una buena juerga.
Álvaro suspiró. No tenía cuerpo para fiestas, pero las paredes de su piso se hacían más pequeñas por minuto, y empezaba a ahogarse ahí dentro. Además, en nueve meses no iba a poder salir por la noche…
-¿Voy a recogerte? – accedió.
-No hace falta, paso yo a por ti.

Como habíamos mencionado, Álvaro era una sartén de teflón para la fealdad, simplemente le resbalaba sin afectarle lo más mínimo. Y, además, era bastante coqueto. Por lo cual, siempre estaba guapo y perfectamente arreglado.
Esa noche batió su propio record.
Brillaba con luz propia, resaltando entre la gente.
Bebió hasta marearse, bailó durante horas, y consiguió veintiún números de teléfono.
La resaca al día siguiente fue brutal.
Sacó lentamente la colcha de encima de su cabeza, e hizo una mueca al sentir la luz natural en la cara. ¿Quién había abierto las cortinas? Se giró, apretando sus maltratados ojos contra la almohada para evitar esos rayos malignos venidos del mismo averno.
Sintió el hombro de alguien en su mejilla.
Se tensó automáticamente.
Él nunca llevaba extraños a su casa.
Giró lentamente la cabeza, para ver el rostro dormido de Felipe Navarro a su lado.
Le gustaría decir que no soltó un grito y se cayó de la cama.
Pero no siempre tenemos lo que queremos.
También le gustaría decir que no fue un grito extremadamente femenino y agudo.
Pero Álvaro, ante todo, es un hombre sincero.


Felipe era una persona capaz de pensar en un millón de cosas a la vez. Siempre lo había sido. Pensaba en mil cosas y conseguía prestarle una atención adecuada a cada una de ellas. Orden en su desorden mental. Él era así, un desorden largo y extenso, dentro del cual había un orden propio. Intrínseco.
Por eso, le resultaba incómodo y exasperante tener un pensamiento monopolizando su cuidado orden mental.
Ese pensamiento era Álvaro.
Y es que era ilógico. Era absurdo. Era un sinsentido.
Porque le conocía desde hacía años, y esos sentimientos siempre habían sido suaves, tranquilos, mansos. Siempre habían estado en un segundo plano.
Ahora monopolizaban su mente.
Álvaro, Álvaro, Álvaro, Álvaro.
Se preguntó cómo era posible que quedasen en algún momento ocultos por una chica cualquiera. Ni siquiera cuando estaba obsesionado con ellas causaban los estragos que causaba el recuerdo de Álvaro.
Constantemente.
Se preparaba unas tostadas y recordaba su sonrisa. Intentaba concentrarse en las cuentas del internado y pensaba que, coño, él había tocado esas hojas, las había organizado, las había redactado, seguramente con una mueca de aburrimiento. Se servía una copa para tratar de relajarse, y recordaba que él lo había hecho ese fatídico día, veía como si estuviese allí el movimiento de sus hombros mientras servía, y el efecto de la luz en su cabello rubio. Pero lo peor era cuando llegaba de improviso, cuando veía ese recuerdo enterrado por los años sin ninguna relevancia pero le ponía la carne de gallina. Un mechón de cabello sobre la frente. Dedos largos y suaves retirándolo, ocultando menos de un segundo sus ojos azules. Los dedos, hábiles, colocándolo tras su oreja, acariciando en un roce la carne suave y flexible antes de caer como si nada. Ese pequeño tirabuzón que formaba el mechón rebelde, doblado contra el lóbulo, atrayendo la luz. Sentía ganas de llorar de frustración cuando recordaba ese mechón y ese roce. Ni siquiera estaba seguro de si ese recuerdo era real.
A veces, bajaba a la cámara de los Objetos y miraba el caldero, brillando con esa luz rosada. Sentía, entonces, una presión el pecho tan fuerte que podría vomitar sus pulmones y su corazón. Porque estaba aterrado. Porque no quería ser padre. Porque quería que fuese suyo. Porque necesitaba a Álvaro en esos momentos y no lo tenía.
Nunca lo tocaba.
Nunca.
No se atrevía a alargar la mano hasta él y tocarlo.
Seguía pensando que no podía ser real, que todo era un extraño sueño.
Pero no lo era.
No lo era.
-Mucho has tardado – suspiró Gerardo, poniendo los ojos en blanco mientras él se abrochaba el abrigo.
-Encárgate de todo.
-Volved rápido – le ordenó.
-¿Plural?
-Oh, vamos, he visto esto desde el principio. Puede que Álvaro haya cogido cariño a Murray, pero lo vuestro viene de atrás.
Felipe le dedicó una sonrisa tan amplia que podría haber iluminado media España en Navidades. Y sin que las bombillas de los adornos fuesen de bajo consumo.

Todas sus fantasías de comedia romántica se desmoronaron al ver que no estaba en casa.
Suspiró con pesadez, y se sentó en el sofá a esperar. No pensaba irse sin hablar con él. No iba a levantarse de ese sofá hasta que volviese.
Incumplió eso último un par de minutos después para quitarse el abrigo. Y diez minutos después de eso se sirvió un vaso de agua. Y veinte minutos después de lo último tuvo que ir al baño. Pero aparte de eso, no se movió. Porque el mando de la televisión le quedaba cerca y no tuvo que levantarse.
Tres horas después de su llegada, Álvaro apareció por la puerta.
No le veía tan borracho desde el Incidente Edimburgo.
-¿Dónde has estado?
-De fiesta – su voz sonaba espesa e insegura –. ¿Y tú que haces aquí?
-Quería hablar contigo.
-Hablar, ¿así lo llaman ahora? – rió – Todo el mundo ha querido hablar conmigo esta noche, estoy servido.
-Lo que estás es borracho.
-Puede – admitió encogiéndose de hombros –, pero también servido. Los cuartos oscuros son el mejor invento desde el vodka.
-Te llevaré a la cama – suspiró.
Álvaro se apartó de él, tambaleándose violentamente.
-Tarde. Muy tarde. Tuviste años para llevarme a la cama. Ahora no quiero.
-Necesitas dormir – le explicó cogiéndole con delicadeza y llevándole a su cuarto.
-Siempre había otras – sollozó apoyando la cabeza en su hombro –. Siempre. Lo hacías siempre. Una, y otra, y otra.
-Lo sé – susurró algo inseguro –. Lo siento.
-Y eran más feas que yo.
-Todo el mundo es más feo que tú – rió.
-Y malignas.
-Ahí tienes razón.
-Y estúpidas.
-Ahí ya no.
-Y ni siquiera te atreviste a besarme. Nunca. En todos esos años – le reprochó mientras él le apoyaba en la cama.
-Era un crío verdaderamente estúpido – se disculpó.
-Hazlo ahora.
-¿Qué?
Antes de que pudiese reaccionar, Álvaro le estaba besando con ansias. Felipe no pudo contener un gemido, pero le separó.
-Estás borracho.
-Mucho – admitió riendo, con expresión traviesa.
-Necesitas descansar.
-Aburrido.
-Duerme – le ordenó con dulzura, retirando ese mechón rebelde de cabello rubio que a veces, sólo a veces, le caía sobre la frente.
-Felipe.
-¿Sí?
-Te he mentido.
-Te perdono.
-No estoy servido.
-¿Eh?
Felipe se reprendió a sí mismo, parecía que el borracho era él por no enterarse de nada. Trató de separarse de Álvaro, otra vez, pero no es que estuviese en su mejor forma física, y su viejo amigo era más fuerte de lo que parecía.
Además, su cuerpo había estallado en abierta rebelión contra sus órdenes mentales. Su cerebro gritaba “no”, pero el resto era “sí”. Lo gritaba, lo chillaba, lo gemía. Sintió un ramalazo de celos al preguntarse donde había aprendido a besar así. Celos que no tenía derecho a tener. Era un puto pecado. No, Álvaro, era el pecado hecho carne. Pensar en pecado y en carne no ayudó, precisamente. Su último pensamiento coherente fue “mierda”, al oírle gemir contra su boca.
Uno era humano, después de todo.

-¿Qué ha pasado aquí?
Álvaro, despeinado, sonrojado, y algo horrorizado, le miraba desde el suelo de la habitación. Habría sido divertido de no ser por la parte del horror.
-¿No te acuerdas? – bostezó.
-Me acuerdo de que salí de marcha, y que Dylan me trajo a casa, y… – cerró los ojos con fuerza, apretándose la sien – Oh, Dios.
-Te acuerdas.
-¡Oh, Dios!
-¿Estás bien?
-¿¡Cómo voy a estar bien!? ¡Estaba como una cuba, Felipe! ¿Cómo has…?
-¿Yo? Fuiste tú el que casi me viola, te lo recuerdo.
-¡Estaba borracho!
-Bueno, eso es exclusivamente culpa tuya.
Estaba ligeramente irritado por un despertar tan alejado de lo que esperaba. Y por ese tal Dylan.
-¿Se puede saber que hacías en mi casa?
-Quería hablar contigo.
-¿De qué?
-De nosotros.
Álvaro le miró con incredulidad, sin hacer todavía movimiento alguno para levantarse del suelo.
-Fuera.
-Álvaro…
-Fuera antes de que te mate.
-Pero yo…
-¡Fuera!





Bueno, pues ya veis lo que ha pasado. La cosa no acabará así. Se va a liar. Si Álvaro no da la impresión de estar borracho lo siento mucho. Soy una niña buena y puritana que nunca ha tomado más que un sorbito de vino ni ha visto a nadie borracho fuera de la tele. Lo sé. No lo digáis. Es triste.
¿Y vosotros que opináis? ¿Felipe se aprovechó? ¿Álvaro está exagerando? ¿Debería haber escrito lo que pasó esa noche? Obviad la última pregunta. O no. Mientras comentéis... ;P