viernes, 17 de octubre de 2014

"Abuelito, dime tú."

Sé que no ha habido balance. Puedo excusarme --y lo hago-- en que he estado enferma y que no he visto el de ayer, pero no es la única razón. La serie me hace reír por no llorar y no tengo mucho que decir cuando acaba el capítulo. Para eso, lo hago por twitter. Me frustra un poco porque era la oportunidad de tener una sección estable en el blog, pero bueno.
Hoy os quiero hablar de un tipo de personaje. Estaréis pensando que voy a seguir la misma línea que en mi última entrada y que os explicaré como se desarrolla y las utilidades que le puedes dar. Pues no. Esta entrada está escrita por una fangirl muy friki y con tendencias a Drama Queen. Me queréis igual. Supongo. Espero. ... Cómo sea.

Veréis, me di cuenta de ello mientras visionaba --por fin-- Star Wars. Llevo dos películas. Voy a mi propio ritmo.
En fin, que todo el mundo parece adorar a Obi-Wan Kenobi. Es como: "Oh, Obi-Wan, tu dominio de la fuerza es impresionante", "Oh, Obi-Wan, tu sable láser es taaaaan brillante", "Oh, Obi-Wan, sin ti Luke seguiría siendo un granjero paleto en un planeta polvoriento".
A mí me inquieta mazo Obi-Wan.
Y de eso vengo a hablar, de esos ancianos que siempre saben más que tú.


1. Dumbledore de Harry Potter:


Dumbledore era de mis personajes favoritos cuando leí la novela, pero tenía doce años así que no cuenta. Ahora me cae mal. Bastante mal. Y no sólo porque sea el indirecto responsable de la muerte de Sirius y porque fuese nazi, sino también por lo de sacrificar a Harry.
Es por un bien mayor. Lo sé. Lo entiendo. Me inquieta.
¿Hay en este mundo un ser más manipulador a excepción, tal vez, de Rumpelstiltskin, Meñique y los Corleone? NO.
Durante todo el cuarto año Sirius se las arregló perfectamente solito gracias a su transformación de animago, incluso aunque Colagusano ya les hubiese traicionado en la primera guerra, los mortífagos ya supiesen que era un perro negro gigante y todavía hubiese dementores en su busca. Pero en el quinto era obligatorio meterlo en Grimmauld Place. Por supuesto. ¿Y cuál es el motivo? Alejarlo de Harry. ¿Por qué? Porque Sirius es un mago competente. ¿Y en qué afecta eso a Dumbledore? En que va a anteponer a Harry al bien común y va a impedir que le manipule. Su resolución fue meterle en Grimmauld Place pues, conocedor como es de la psique humana, sabe que eso va a deprimir a Sirius. ¿Y qué pasó? Que funcionó. ¿Y qué hicieron los demás? Considerar que Sirius estaba intentado vivir a través de ellos y que el pobre diablo estaba perdiendo la cabeza, así que era mejor protegerle de sí mismo. Pero sin sacarle de Grimmauld Place ni echar al elfo, ¿eh?
Yo habría matado al elfo directamente.
En lo del nazismo no voy a entrar, pero, ¿los Dursley? Oh, ahí sí que me meto.
Dumbledore les entregó a Harry no sólo para protegerle, sino para que le hiciesen daño. Llevando una infancia de mierda, llena de traumas y desprecio y desdén y sin ningún tipo de amor, sería imposible que no hiciese cualquier cosa para salvar su primer hogar: el mundo mágico. Así que dejó que fuesen ellos mismos durante once años y que tuviesen al niño viviendo bajo una escalera.
Soy la primera que entiende el objetivo, oye, pero era un niño.
Por Merlín.

2. Agustín de Águila Roja:


Tenía catorce, así que en principio tampoco me dijo nada.
Pero es un ejemplo morrocotudo de lo que quiero explicar. Gonzalo le quiere y le aprecia. Agustín enseña a Gonzalo. Relación maestro-alumno súper chuli. Pero Agustín ocultaba cosas.
Ocultaba que Hernán era hermano de Gonzalo. Uy.
Ocultaba que Gonzalo era hijo del rey. Uy.
Ocultaba que Gonzalo tenía una hermano (aunque luego no lo tuvo y era hermana). Uy.
Ocultaba quién era la madre de Gonzalo. Uy.
Ocultaba que dicha madre estaba encerrada en las antiguas mazmorras de Torquemada. Uy.
Ocultaba que él era su carcelero. Uy.
Moraleja = El fraile mentía más que hablaba. No era de fiar.

3. Obi-Wan Kenobi de Star Wars:


Al principio estaba en ese planeta perdido de la mano de Dios y polvoriento en el que, curiosamente, también vivía Luke. ¿Coincidencia? No lo creo. Y luego se pone ahí, a enseñarle a Luke a usar la fuerza, que le responde de inmediato. ¿Coincidencia? Sabemos que no porque es el hijo de Anakin. Y él también lo sabe.
Que sí, que parece poco, pero, ¿recordáis su muerte?
"Si me matas, me volveré más poderoso de lo que te es posible imaginar."
Y sonríe cuando Luke le llama, dejando que Vader le traspase con la espada láser mágica. ¡Y desaparece! What the fuck!?
Vamos, que se dejó matar para que Luke odiase a Vader. Pero luego nos dicen que el odio es malo para un jedi. Pero luego nos cuentan que Vader es el padre de Luke. Así que el odio que le tiene por matar a Obi-wan se interpone entre ellos y nunca podrían colaborar. Osea, que estaba planeado. OSEA, que se dejó matar. ERGO Obi-Wan da muy mal rollo.
No me convenceréis de lo contrario.


Y es que podrían ser viejos que saben mucho y son maniupaldores sin intentar tomarnos el pelo, ¿vale? Cuando no intentan vendernos que son los maestros chupi guays tiendo a adorarles.

4. Rumpelstiltskin de Once Upon a Time:


Mirad a Rumpelstiltskin. Él sí que mola. Y dudo que exista en esta tierra un ser más manipulador que él. Fue capaz de predecir las acciones de todo el mundo durante siglos y manipularlas de modo que se acoplasen a sus planes. Manipulador tela. Mentiroso casi patológico. Malo despiadado. Personaje jodidamente brillante.
Él no inquieta, plebe, él mola.

5. Don Vito Corleone de El padrino:


Leí el libro este fin de semana y lo adoré. En serio. ¿Quién podría no hacerlo?
Cordial y familiar, pero no dado a las palabras de más. Racional y calmado, pero carente de escrúpulos. Poderoso y temido, pero tierno. Lo más importante es la familia, y es por ella por lo que se hacen las ofertas que uno no puede rechazar.
Es brillante, es manipulador --recordemos el grandioso momento en el que Johnny se da cuenta de que lo ha concertado todo para conseguir algo a cambio de lo que ha hecho por él, o ese en el que su plan y el de Mike sale a la luz-- y no es inquietante en absoluto. Porque pocos pueden molar más que Don Corleone: El padrino.


En resumen, hay que ser claros. Si es un personaje manipulador, véndenoslo, aunque sea al final, como un personaje manipulador. No le pongas medallitas de cartulina y hagas que los protas le llamen abuelito, leñe, que parecen tontos.

domingo, 5 de octubre de 2014

Escribir NO es fácil

En primer lugar quiero aclarar que sí, escribiré el balance del capítulo de Águila Roja. Mañana. O pasado. Antes del próximo Jueves. O el próximo Jueves en sí.
En segundo lugar, una amiga mía ha escrito un blog y debo comentároslo. Nobleza obliga, ya sabéis. Muy pro-británico todo, pero ese pueblo cuenta con mi aprobación porque sin él no tendríamos Sherlok, Merlin, Doctor Who o a Deker Sterling. Y el mundo sería un lugar aún más triste.

En todo caso, hace unos días leí algo por Internet que me mosqueó. Vosotros sabéis que yo me mosqueo con facilidad, así que no os sorprenderá mucho. El caso es que leí una entrada en la que el típico imbécil de turno afirmaba que, para un escritor vocacional, escribir es fácil y no un trabajo. Eso me cabreó bastante.


Últimamente está popularizado que si te gusta escribir no es difícil hacerlo, lo que es una gilipollez como una casa de grande.
Yo adoro escribir. Escribí mi primer cuento a los seis años y no he parado de hacerlo desde entonces, por mucho que ahora me avergüencen mis primeros intentos en la escritura. Tendré talento o no, pero os aseguro que ME ENCANTA hacerlo. Leer y escribir son cosas sin las que yo no existo como persona. Vivo por y para la ficción: novelas, fanfic, películas, series... ¡No puedo existir sin ella! Y os digo, con toda sinceridad, que es difícil.
Que te guste hacer algo, que te valga la pena invertir tu tiempo, energía y pensamientos en ello, no lo hace más fácil en ningún sentido. Es como si a un hombre le gusta la relojería. Cuando llega a casa después de un duro día de trabajo se pone a crear maravillosos relojes que te dejan sin habla y lo hace con una sonrisa. ¿Acaso diríais "¡Qué fácil es arreglar relojes!"? No, porque la relojería es complicada y que a él se le dé bien, no cambia eso.
En cuanto a escribir, es más o menos lo mismo. O sin el menos. La amiga que os acabo de comentar me dice de vez en cuando --cuando le comento mis andanzas de junta-letras, que ella escucha porque es amor-- que no podría escribir porque no tiene imaginación. Y la imaginación es una herramienta imprescindible para un escritor, oye, pero no es lo único necesario.
Uno se imagina una historia espectacular e impresionante, que se sale de serie y que puede interesar a un montón de gente. Pues eso, es el primer paso: la idea. Lamentablemente, no hay ninguna máquina mágica a la que podamos conectar nuestro cerebro para que drene esa historia y se ponga sobre el papel. O afortunadamente, porque la idea no vale para nada por sí sola. Pongamos un ejemplo, manido y aburrido, pero es el que se me ha ocurrido así a priori:
Una adolescente que vive con su madre se queda huérfana, descubriendo así que su padre sigue vivo y es un multimillonario que estaba casado cuando ella nació. Se va a vivir a su mansión y se enamora del novio de su hermana.
Bien, pues eso, que no llega a sinopsis, es la primera idea. Hasta ahí muy bien. No hay complicación alguna. Los problemas llegan cuando empezamos a poner las cosas sobre el papel.

Sabemos que la adolescente no es de una clase muy elevada y que su madre se muere y después aparece el padre rico. Podríamos considerar que la reacción es obvia, pero nada más lejos de la realidad: ¿Cómo es la chica? ¡No sabremos como reaccionará ni que hará hasta que lo decidamos! Ella, llamémosla Gertrudis, puede ser de formas muy distintas. ¿Es orgullosa? ¿Es dubitativa? ¿Cariñosa? ¿Distante? ¿Divertida? ¿Triste? ¿Extrovertida? ¿Introvertida? ¿Quería mucho a su madre? ¿Cómo era su relación? ¿Cercana? ¿Distante? ¿Cómo le afectaría entonces su muerte? ¿Y el conocer a su padre? ¿Le abrazaría y lloraría sobre su hombro? ¿Le mandaría a la mierda por aparecer tantos años después? ¿Qué haría? ¿Y por qué lo haría? ¿Y cómo afectaría eso a la trama? Y luego está el padre. ¿Es un buenazo o un padre severo? ¿Si es un buenazo dónde coño estaba mientras Gertrudis crecía? ¿Y si es severo y la niña se la trae al pairo porque va a buscarla y no le manda a la mierda? ¿Y la hermana, llamémosla Pancracia? ¿La aceptará o la odiará? ¿Y el novio, llamémosle Camilo? ¿Es un chico bueno y dulce o un cabrón del quince? ¿Si es bueno y dulce como puede jugar con las dos hermanas? ¿Si es un cabrón del quince porque Gertrudis se enamora de él? ¿Eh? ¿EH? 
La cosa ya no es tan sencilla cuando tienes que desarrollar a un personaje. ¡Y no puedes ponerte a escribir y lo que te salga! No. No puedes. Porque, cuando son personajes principales, tienen que adecuarse a la acción. Si Gertrudis se va a pasar la novela como un alma en pena por el amor de Camilo, no puede ser fuerte, inteligente y práctica. No encaja. Si Camilo no va a parar de dudar entre las dos hermanas, no puede ser directo y resolutivo. Si la hermana no se va a pispar de nada, no puede ser inteligente e intuitiva. En esto contrastan los secundarios, puesto que por norma general, sólo deben ser extrovertidos para empezar a relacionarse con la protagonista recién llegada. Luego son todos tuyos. Puedes hacer con ellos lo que quieras. Algunos simplemente pasan y son peleles con nombres a los que los protagonistas lloriquean. Otros los desarrollan, se dejan llevar y se comen la pantalla.

Así deben sentirse un montón de pobres personajes secundarios.

Luego está la acción, porque no puedes hacer que a los personajes les pasen cosas contínuamente, ¿vale? No puedes pasarte la novela con saltos temporales. Camilo no puede decirle a Gertrudis que prefiere a Pancracia y en la próxima escena, una semana después, se vuelven a encontrar y lo resuelven. No, a los personajes les pasan cosas, pero deben lidiar con ellas. ¡No puedes saltar a cuando lo resuelven o lo superan! Sería más práctico, pero el lector sentirá que tu libro es un timo y se ofenderá. Esa parte es complicada, porque tienes que contar y hacer interesante algo que no importa realmente. Si Camilo pasa de Gertrudis, ella se sentirá mal y sufrirá. Tú lo sabes. El lector lo sabe. Y, de todas formas, tienes que contárselo. Tienes que conseguir que el lector se interese y atienda al relato de algo que es obvio, de algo que ya sabe.


Cuando la madre de Gertrudis muere, eso tiene que afectarle de alguna manera y a largo plazo, ¡no puede olvidarse de ella de un día para otro! Pero claro, si se pasa las primeras doscientas páginas llorando en cada escena porque la echa de menos, tus lectores --y seguramente tú mismo-- la odiarán y estarán de ella hasta la coronilla. Tienes que buscar el equilibrio para que las acciones de los personajes tengan sentido.
Y esa es otra.
¿Crees que tienes la trama perfectamente planeada? Pues vuelve a pensar. A medida que escribas, que pienses, que reflexiones, que leas y que conozcas, vas a tener nuevas ideas. Y esas nuevas ideas pueden ser fantásticas, puedes adorarlas, pero van a producir un cambio. Un montón de escenas que tenías planeadas han perdido el sentido y tienes que cambiarlas o, directamente, borrarlas. Y a llenar sus lugares otra vez. Porque tienes que conseguir que las escenas tengan sentido, que el desarrollo, tanto de la acción como de los personajes, sea coherente. Y eso no es nada fácil. ¿Sabéis esos puzles en 3D? Pues es algo parecido. Encajar las escenas es como ensamblar las piezas de un puzle de ocho millones de piezas diminutas. Con la excepción de que las piezas las creas tú. ¿Qué es más sencillo? Eso os creéis vosotros. En cuanto modificas una pieza para que se adecue a la anterior, la que encajaba con esa se ha ido al traste. Y así sucesivamente. Al final acabas sobre tu mesa de trabajo, llorando a moco tendido y con un tubo de superglú en la mano, untando las piezas por todas partes para pegarlas y poder acabar con esa tortura. Las piezas se despegan y caen y dan una impresión terrible y tú planeas tu suicidio.


Y una vez que has acabado. Que has escrito tu novelas, el trabajo no acaba: toca la revisión. No sólo ortográfica y gramatical, también a nivel de trama. Ahí ya estás jodido. Si creías que habías tenido difícil el rompecabezas, ahora descubrirás que hay TODAVÍA más cosas que no encajan. Así que, ahí estás, volviendo a revisar y a revisar, reensamblando todas las piezas para que la novela sea coherente.


Esto a grandes rasgos, ¿eh? Porque puede que sea una novela histórica. O en otra ciudad. O que uno de tus personajes sepa cosas que tú no. Entonces entra en juego la investigación y nuestra amadísima amiga: la Wikipedia. Pero vamos, que es un marrón curioso.
Y, cuando crees que todo está acabado y guardas la novela, te equivocas. Queda la última y grandiosa parte. Esa en la que la dejas olvidada en un rincón durante años hasta que la encuentras, te la lees, y te das cuenta de que es una mierda. De que la trama hace aguas. De que los personajes son planos y aburridos. De que las situaciones no tienen sentido. De que no es una historia original. De que se parece sospechosamente a esa novela que habías leído, o a esa película que habías visto o a esa serie que habías seguido. De que lo has arreglado todo metiendo una Mary Sue de mediadora. De que tiene tantos clichés que parece un badfic. De todas esas pequeñas cosas que te hacen borrar la historia, meter la cabeza bajo la almohada y recordarte que, después de todo, tú siempre has sabido que no conseguirías vivir de la escritura.



Así que el que opine que escribir es muy fácil, está cordialmente invitado a irse a tomar por culo. Le deseo un desgarro anal múltiple =D

PD: Puede que las situaciones estén un poquito exageradas, pero, a grandes rasgos, es todo verdad. Pensadlo antes de decir que escribir no es un trabajo y no merece retribución económica, porque ya veis que no es NADA fácil.
PD2: Ese es el tipo de cosas que te ocurre con una novela normal. Pensad en un formato más complicado, como el de George RR Martin, y entenderéis porque el pobre hombre tarda tanto en escribir.


domingo, 28 de septiembre de 2014

"Hernán. ... La última vez."

Pues, aunque la semana pasada no hice el balance --por vagueza, si yo lo admito--, este capítulo lo exigía. ¿Qué? ¿Que me retraso un huevo? No sé de qué me habláis.


Lo bueno y maravilloso y arco iris y demás:

-Hernán a caballo. Adoro el caballo y amo a Hernán. Además, la fotografía ha sido preciosa y eso siempre es algo reseñable, sobre todo en esta serie, que cada vez que es de noche yo no me entero de lo que pasa en pantalla.
-Las actuaciones de Javier Gutiérrez y David Janer, que han estado gigantes.
-¿Y lo poco que han aparecido Irene, Cipri, Margarita y Alonso? Así da gusto.
-El Dark Side ha estado enorme y ha tenido escenazas. Hernán reprendiendo a Lucrecia pero tratando por todos los medios de ayudarla. La marquesa, digna y altiva como sólo ella puede serlo a pesar del escándalo. Ellos dos juntos, con una química bestial y momentos en los que saltan chispas. GRANDIOSO.
-Catalina con su: "Antes muerta que escondida". ¡Dadle más chistes y menos drama, copón!
-Y Lucrecia con su: "Hernán, querido: ¿por qué no usas cadenas? Puesto a pasar el día como un fantasma detrás de mí al menos que se te oiga llegar." Magnífica.

Lo que es meh':

-Trama de Jesús, su descendencia, el Santo Grial, los Templarios y demás tonterías. ¡Paso! Aburre. ¡Traed otro asesino de niños y dejaos de hacer el cafre con las novelas de Dan Brown!

Lo que es maaaaaaaaaaaal:

-¿Todo el maldito capítulo con los niños muertos de aquí palla' y están tan ricamente? ¿En serio? ::les hace una peineta:: ¡Dejad el drama barato y avanzad en la trama!
-¿Cómo se atreven a herir a Gabi? ¡Es el único niño que nunca ha hecho nada para ganarse mi odio! ::saca la metralleta::
-Irene ha tenido una maldita frase en todo el capítulo y ha conseguido cagarla igual. Eso, tú métete con el orgullo masculino de Nuño. Enga', no te cortes. Si es que no se puede ser más mendruga.
-No puedo creerme lo que están haciendo con Mendoza. Lo están desperdiciando. ¡Qué es Mendoza! Por amor de los dioses, ¡se merece un respeto! ¡Dadle una buena trama!
-La reina da asco y grima y quiero que se mueran ella y su marido el inútil putero.
-¿CÓMO SE ATREVEN A INTERRUMPIRNOS EL REENCUENTRO DEL DARK SIDE ¡¡¡OTRA VEZ!!!? ¿ES QUE NO SABEN LLAMAR A LA PUTA PUERTA? Me cabreo.

Lo que quiero puntualizar:

-Tengo sentimientos encontrados acerca de lo de Nuño. Por una parte, su actitud con Hernán es para darle un sopapo con toda la mano abierta por gallito imbécil. Por otra, su reacción ante la ruina de Lucrecia ha sido impresionante. Aunque no sé si buena. Ha sido maduro, comprensivo y no ha hecho leña del árbol caído, lo que yo agradezco porque mi amor por la marquesa no tiene parangón y tal, pero eso se debe a que se siente impuro y una mala persona. ¿Por qué? Por lo de Irene.  Y es que todo lo que viene de Irene es malo y está podrido, copón. Espero que, ya que nos van a seguir vendiendo su amorío absurdo y asqueroso, lo utilicen para ahondar aún más en el personaje de Nuño y nos den una evolución trabajada y construida. O que mande a Irene a tomar viento fresco. Ambas me valen.

PD: Hoy no comento fotos porque, aunque podría sacar algo, sólo hay de la trama de los niños y les hago boicot. ¡La vida palaciega es la vida mejor, mendas! ::repite la peineta::
PD2: Ved este vídeo. Francis y Myriam son geniales y VA. A HABER. REENCUENTRO.

viernes, 12 de septiembre de 2014

"Tu mayor error fue subestimarme."

A ver, los que hayáis leído mi LJ ya lo sabréis, pero para los que no, debo anunciaros que soy muy fan de Águila Roja.
Es especial para mí porque es la primera serie que seguí en serio, metiéndome en foros y en comunidades al respecto. Aysh, que recuerdos. Que inocencia. Ni siquiera sabía que podías elegir una pareja que no fuese canon. Que mona yo. No sabía dónde me estaba metiendo.
Bien, pues a pesar de lo que flipan, de las incoherencias, de la comercialidad, de las tramas chorras y de demás cosas que me hacen arrancarme los pelos de la cabeza, quiero mucho a la serie.  Que ya no es mi favorita ni de lejos, ojo, pero quedan las brasas.
Y lo que solía hacer en el ya mencionado LJ era un balance acerca del capítulo. Lo bueno, lo regular, lo malo...
Y a eso voy, que una es mujer de costumbres:


Lo bueno:

-Lucrecia, porque es ella. Porque es la marquesa de Santillana. Porque es Lucrecia de Guzmán y, plebe, eso significa algo. Dura e inamovible durante las escenas de tortura, sin dejarse vencer aunque estaba sufriendo lo indecible, podemos ver esa fortaleza que le caracteriza. Porque la reina tiene razón y haría cualquier cosa para proteger a sus hijos. Pero sobre todo, destaco con rotuladores fosforitos, señales de neón y flechas gigantes sus escenas en palacio. Si como madre que conoce a su hijo estuvo enorme, como marquesa me arrodilló ante su grandiosidad. Capítulos y capítulos soportando a los gorrinillos y ella lo soluciona en dos escenas contadas. ¡Ni siquiera le llega a dirigir la palabra a Sagrario hasta que le dice que su error fue subestimarla! Myriam, por supuesto, también es grande y digna de adoración.
-Satur, porque Satur siempre mola y es genial y todas sus frases valen oro.
-Nuño, que vale, la trama se repite un poco --un mucho--, pero sigue estando bien. Cuando se interpone en el camino de la flecha y con ese "padre". Descorazonador. El trabajo de Patrik también fue impresionante.
-Hernán, que no ha estado particularmente sembrado pero su desesperación paterna siempre emociona.
-Pedro, porque sus escenas de acción molan mazo.
-Marta, porque su relato sobre como son las amputaciones fue la leche y ella lo vale.
-Gabi, cuya preocupación por su pie fue genial. Y que quiero mucho a Gabi, copón.
-"En uno de esos libros que leemos la gente culta..."
-Que los gorrinillos se larguen. CHAO.
-Cipri no ha aparecido y eso SIEMPRE me hace feliz.

Lo que está bien pero también mal pero todo lo contrario:

-El cardenal Mendoza ha aparecido muy poco. Su conspiración con la reina fue genial, pero la parte del nuevo inquilino me ha parecido sosa. Ya veremos.
-Justo cuando Jacobo hace algo bueno, le pasan las cosas malas. Es una pena que cuando por fin actúa como un noble de verdad, se quede sin nada. Que no es una queja, ¿eh? Que les quiero lejos. A tomar por saco los gorrinillos.
-Catalina, te quiero mucho y te adoro y demás, pero en serio. EN SERIO. ¡Qué es un secreto, copón! Y va y se lo cuenta a Margarita. enga, por qué no. ¡Qué eres la mano derecha de la marquesa, coñe, un poco de fidelidad!
-Aunque por un lado la rabia de Gonzalo es entendible y mola verle meter la pata, por otro no puedo evitar cabrearme. Y es que me parece una crueldad que el asesino de Laura fuese Hernán. Él nunca lo hubiese hecho de saber que era su madre, y es lo que Gonzalo parece estar olvidando, que su hermano no tiene toda la información.
-¿Cómo es que a Nuño no se le ocurrió utilizar los intentos de suicido de Hernán ante la ceguera para que le escuchase? Es lo primero que yo habría hecho.

Lo que es mal:

-Alonso porque sigue variando entre soportable y ahostiable y en este capítulo le toca lo último. Que yo apoyo cualquier iniciativa para ayudar a Nuño, pero es que el niño es un plasta de cuidado.
-Como ya he dicho, la trama de "Oh, que desgracia voy a quedarme discapacitado el resto de mi vida no quiero vivir así ay que depresión más grande traedme una cápsula de cianuro" está MUY repetida en palacio.
-Seguimos con la trama Dan Brown. Qué bien. A buscar el descendiente de Jesús. Seguro que es Gonzalo y de ahí vienen sus súper poderes.
-Y Satur encuentra justo la lanza con los papeles. Cómo no.
-Irene, no puedes ser más inútil. Lamento informarte de que no quiero que nos enfoque tu entreteto por mucho que adores exhibirlo, quiero que enfoquen tus órganos vitales repartidos por una habitación. Con nada de love, la humanidad.
-Margarita otra vez en problemas absurdos para darle algo de trama. Aburrido. Y, ¿cómo no iban a creer que está loca? Si lo decía ahí toda  tristona y temblorosa. ¡Échale carácter, coñe!

MORALEJA: La marquesa ha vuelto y no va a dejar títere con cabeza. Lo que es bien. A por Irene.


Y ahora, ¡imágenes, venid a mí!


Satur se va a un mercadillo en busca de un traje, ya que su amo se niega a comprarle uno, pero no hay suerte. Con lo feo que es el capuchón... #PlataformaUnTrajeDignoParaSatur


Los gorrinillos, entre tanto, quieren cubrirse de barro como los gorrinos que son. Una, que es adivina y sabe poner apodos.


La pobre Catalina es una profesional, pero la mueca de grima al ver sus cuerpos es inevitable.


"Aysh, cómo echo de menos a la marquesa. Antes tenía que recoger naranjas que rodaban entre las piernas de chicos guapos y, ¡mírame ahora!" piensa la pobre penitente a la que la vida maltrata sin compasión.


Gonzalo y Nuño estaban jugando a Guillermo Tell para crear lazos tío-sobrinales y las cosas se les han ido de las manos. Si es que ir de tío enrollado y guay no te va, Gonzalo.


Y claro, Hernán se china que no veas porque le ha desgraciado al niño. Otra vez. ¡Y a ver ahora que seguro de vida van a contratar, porque no ganan para cubrir tantas visitas del galeno!


La marquesa, mientras tanto, se somete a un tratamiento en plan Capitán América para recuperar las fuerzas tras un duro parto.


Si Hernán le pide ir a por la parejita le cortará en trozitos y los enterrará en el jardín. Decidido.


Mientras Nuño está enfermico, mi pobre príncipe oscuro, Irene aprovecha para tender sus redes malvadas en torno al pobre insensato. Mala pécora...


Pero la marquesa ya ha vuelto y ella por sus hijos MA.TA. Pero en plan doloroso, ¿eh? Con tortura y escupitajos ensangrentados y demás.


Le ata para que no pueda escapar, estando el pobre dominado por el encanto de la Mary Sue.


Lucrecia y Hernán lo discuten, pero no hay más opciones. Si Nuño cae en las redes de Irene se convertirá en un niñato torturado y los nietos les saldrán tontos.


Sagrario trata de impedirlo. Que shippea a Nuño y a Irene, dice. Y no, no sabemos porque está saludando como un nazi. Ella es así.


La marquesa no se lo toma muy bien. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿El wincest? JA. Ni en sueños.


Y es que con la marquesa no se juega, coño, que tiene los ovarios de acero forjado y no le tiembla el pulso.


Y Margarita...


Margarita vuelve a sus orígenes y naturaleza primaria: damisela en apuros.

domingo, 31 de agosto de 2014

"Sólo si es un vals."

El Martes, como ya sabéis, acabé con White Collar, lo que me llevó a preguntar en twitter sobre qué me recomendaban ver.
Puse de opciones Teen Wolf, The Good Wife y Downton Abbey, aunque no esperaba respuesta o interés porque, bueno, la gente tendrá algo más interesante que hacer que hablar conmigo de series. En la RL sí, desde luego, pero mi TL es amor. Sois amor, TL, que lo sepáis.
Mi amiga Lady Minnie, a la que quiero un taco, me había recomendado Teen Wolf. Fue ella la que me recomendó True Blood y... Y no sé si eso es bueno o malo. Como sea.
Magik me recomendó The Good Wife, porque ella es muy fan de la serie. Así que empezamos a argumentar ella por TGW y yo por TW, que tiene slash y tal.
Inesperadamente, dado que no creí que nadie votase por ella, la buena de Olivia, una chica encantadora de twitter, me comunicó con emoción que la vida Downton Abbey es la vida mejor.
Yo, abrumada, no sabía que decidir, por lo que fue esta última la que me dio la solución; ver los pilotos y elegir yo. Sí, es muy lista.
Ganó Downton Abbey, que es, realmente, de lo que os vengo a hablar.

(SPOILERS Downton Abbey; Temporada 3)

En Downton Abbey hay un personaje especial. Un personaje al que, simplemente, estamos obligados a querer. Ese personaje es Lady Violet, que es la mejor. Y no lo digo sólo porque sea interpretada por la gigantesca Maggie Smith, aunque también porque, gente, esa mujer interpretó a McGongall y se merece un respeto.
La condesa viuda es una mujer tradicional pero decidida, que siempre se sale con la suya y acaba demostrando tener razón la mayoría de las veces. Nunca, y digo nunca, se calla lo que piensa y es que sus dialogos son una colección de puntazos impresionantes. Sólo habla por tres razones: 1) Convencer a alguien de lo que ella quiere; 2) Lograr sus planes; 3) Hacer que nos caigamos de la silla con comentarios que rozan la perfección.
Que es muy grande, ¿vale? Pues vale.



Pero claro, Lady Violet, por mucho que sea la mejor, no es mi único personaje favorito.
...
¿Qué? ¿Que quién es? ¿Por qué preguntáis eso?
...
¡Vale!, es... Es Thomas.
Lo sé, lo sé. No digáis nada, por favor.
En la primera temporada yo también me sorprendí al ver que Thomas era mi favorito. Me hizo cuestionarme mi salud mental y todo. Es decir, era sarcástico y conspirador, sí, pero también cruel, egoísta y un petardo de mucho cuidado. Durante la primera temporada parecía el típico malo de dibujos animados, conspirando contra Mr. Bates para no conseguir nada y volver a intentarlo al siguiente capítulo. No me habría sorprendido una escena con Bates atado a un árbol y Anna a las vías del tren, mirando con furia a un Thomas riendo y exclamando "¡Adiós, Mr. Bates!" para luego dar un golpe de capa e irse. Seguramente Miss O'Brien estaría retorciéndose las manos tras él y riendo cual Igor sin chepa y con rulos. Eso resume bastante bien la trama de esos dos en la primera temporada.
Así que me sentía mal, porque Thomas era un cabronazo y, aun así, sus chistes tenían gracia. ¿Sabéis cuando Shae habla en el juicio de Tyrion y todos nos descojonamos pero nos sentimos mal porque Tyrion sufre y no deberíamos reírnos pero es gracioso? Pues igual. Porque una cosa es coquetear con Daisy para fastidiar a William y otra es meterse con la muerte de su madre. Eso está mal.
No sé, supongo que me ganó en el primer capítulo, dejando a un lado que me pareció guapo, porque me dio pena con lo del duque usándolo como juguetito sexual. Eso estuvo feo. Pero claro, no era suficiente.


No hasta la segunda temporada. En la escena del soldado ciego por el gas mostaza, dejé de sentirme culpable y abracé mi amor por Thomas. ¿Sabéis cuando Will confiesa que está maldito y es desagradable con todo el mundo porque los que le quieran morirán? Pues fue más o menos eso para mí. Thomas tiene un miedo profundo, arraigado en la médula de los huesos, a que los demás le hagan daño. Y, claro, ¿quién puede hacerle daño, quién puede ver ese miedo, cuando él se comporta como un bastardo cruel? Exacto. Esa conversación fue la primera señal de que Thomas tenía corazón. Antes, si hubieses abierto su pecho habrías encontrado tres carteles: "Quiero ser ayuda de cámara.", "Soy gay." y "Mi padre era relojero.", porque es lo único que sabíamos de él.
Lamentablemente, no hubo mucho más de eso en lo que quedó de temporada.
Pero en la tercera vemos como se enamora de Jimmy, consiguiendo que la mayoría de sus defensas se derrumben. Porque se enamoró de él como una colegiala, seamos sinceros. Luego hablaré de lo que sufrí con esa trama, porque no fue humano. Vemos un Thomas amable y considerado, vemos un Thomas que sufre como un condenado tras la muerte de Lady Sybill, vemos un Thomas puteado por las dudas respecto a Jimmy. Y, finalmente, vemos a un Thomas hundido y derrotado al que no le queda esperanza.
Al principio, creí que esa trama era una especie de castigo de los guionistas en plan: "Ah, ¿qué a este grupito le gusta Thomas? ¿A pesar de ser un bastardo? ¡Pues pagad, siervos del mal! ::les flagela cruelmente con amor gay no correspondido::". Sinceramente, tuve que parar la escena al menos cinco veces cuando Thomas entra en la habitación de Jimmy. En serio. Es que se veía que iba a salir todo mal y se sufría mucho, ¿vale? Vamos, que estaba MUY enfadada con los guionistas. Pero, reflexionando sobre el tema, me he dado cuenta de que la trama ha beneficiado enormemente al personaje de Thomas. A ver, no a Thomas en sí mismo, a él le ha puteado lo indecible, pero como personaje ha sido una mejora importante. Hemos cruzado la alambrada y hemos contemplado la realidad del personaje, que se ha visto sumamente enriquecido con ella.


Y ahora, mi defensa encarnizada de Thomas porque le quiero mucho. No sé muy bien el motivo pero es así.

Hemos visto que Thomas tiene, como ya he dicho, un miedo profundamente enraizado a que la gente trate de herirlo, combinado con una enorme desconfianza hacia todo el mundo excepto por Miss O'BrianDurante tres temporadas, sólo hemos recibido dos datos acerca de su pasado: que su padre es relojero y que tiene un primo en Bombay. Le dice a Jimmy que él también está solo en el mundo, aunque no llega a especificar si sus padres siguen vivos o no. También sabemos que Thomas adora los relojes, tratándolos con mucho más cariño y cuidado del que utiliza con sus compañeros de servicio. Lo explica con la profesión de su padre, lo que podemos extrapolar y decir que quiere o quería sinceramente a su padre. Entonces, teniendo ese cariño por su padre, ¿no es un poco raro que nunca se haya mencionado nada más allá de su profesión?
Mi teoría es que, al descubrir su sexualidad, quería y confiaba lo suficiente en su padre como para contárselo. Y que no salió bien. Y que de ahí viene la desconfianza y el miedo y los comentarios crueles. Es mi teoría.
A algunos les puede parecer que está exagerando, pero, como ya hemos visto en la serie, los homosexuales eran tratados como una especie de demonios y era ilegal tener relaciones con otro hombre. En las pocas ocasiones en las que Thomas se abre, suele ser para manifestar de alguna forma su soledad por ser diferente y su miedo al rechazo.
Obviamente, eso no le excusa por ser un cabrón del quince, pero lo explica. Y no es el primer personaje cabrón al que adoro, tengo práctica.

Ahora bien, ¿tanto les costaba que Jimmy fuese gay? ¿En serio? ¿Era tanto sacrificio? ¡Yo quería un amor prohibido y shippeable lleno de momentos monos! ¿Es tanto pedir? ¡Pero si es canon que Thomas sea gay! ¡La mitad del trabajo está hecho!
Pero da igual porque, de todos modos, Jimmy me cae mal y creo que Thomas se merece algo mejor. Sí, sé que debo ser la única que lo cree. Me da igual. Se merece amor. Aunque lo haya rodeado de alambre de espino electrificado con minas antipersona y perros asesinos, su corazón es un enorme peluche blandito y peludito que huele a golosina. Y nadie me saca de ahí.

Y, como ya supondréis, al ser mis dos personajes favoritos el verlos bailar juntos en el especial de Navidad fue genial. Mi cumpleaños, mi santo y las Navidades coincidieron en un par de frases. Soy MUY fan.


Que veas Downton Abbey, plebe. Es corta y grandiosa.


PD: Todas las conspiraciones para ser ayuda de cámara me recuerdan a Juego de Tronos, pero una cosa es conspirar por el trono y otra es conspirar por atarle los zapatos a un Lord.

martes, 26 de agosto de 2014

Masones, diamantes y oro galés

En su día os mencioné que era fan acérrima de la serie White Collar, que, dejando a un lado a Matt Bomer, es una serie emocionante, inteligente, divertida y bien planteada. Además de que aprendes mucho sobre arte, falsificaciones, actividades criminales y demás. En serio. Creo que me las apañaría para huir del país con lo que he aprendido. Bueno, no, pero pasaría el examen teórico.

(SPOILERS White Collar; Temporada 5)


En todo caso, por fin he acabado la quinta temporada. La dejé de lado un par de semanas porque, bueno, los primeros capítulos me estaban decepcionando una barbaridad. A priori la decepción parecía imposible. Venga hombre, ¡habían encarcelado a Peter! ¡Contaban con Curtis Hagen, el Holandés, que es interpretado por Mark Sheppard! ¡Mark Sheppard y Matt Bomer ante la cámara! ¡Y James, el padre de Neal, era un criminal que había huido! Pero tras un primer capítulo que servía más de calentamiento que de otra cosa a pesar de la emoción, cayó en picado. ¿Os suena el Crack del 29? Pues fue eso. De un día para otro. Caída mortal. Y resulta extraño, porque Neal estaba siendo chantajeado por Hagen y había más robos de lo normal, cosa que es bien. Pero la mayor debilidad de la serie se puso al descubierto: necesitan a Neal y a Peter. No por separado, sino trabajando juntos. Seigel duró un sólo capítulo en acción y me provocó un bajón considerable que me hizo abandonar la serie. Y me caía bien --bueno, es decir, su fortuna fruto de los botones de ascensor fue la leche--, pero no me llegó.

Adoro a ese hombre. Y a su voz. A ella también.

Que eso me lleva a otro tema, como la trama de Peter esta temporada. Peter no quería irse a Washington, siempre ha dicho que lo que le interesaba era el trabajo de calle, ¿por qué nos venden lo contrario en esta temporada? Es decir, ni siquiera quería el puesto de encargado de White Collar porque la burocracia no era lo suyo, ¿qué ha cambiado? Es contradictorio con el propio Peter, por mucho que nos pongan a su ex novia preguntándole porque no sigue sus aspiraciones a la capital. ¡Por qué no las tiene, zorrón! ¿Qué? Adoro y venero a Elisabeth, ¿vale? Y ella era desagradable. Por suerte para todos, tras la muerte de Seigel, Burke vuelve a ocuparse de los casos con Neal, aunque sin dejar su puesto como encargado de White Collar. Cualquiera vería ahí que lo suyo no es Washington, pero aceptamos el barco.
En parte comprendo mi reacción y mi desencanto, puesto que durante esos capítulos todo parecía más bien artificial y forzado, como si no consiguiesen ensamblar las escenas correctamente. Pero es una pena porque utilizan la muerte de ese agente como un catalizador para volver a ser lo que eran.
A pesar de que Neal está muy presionado con Hagen, además de la sempiterna desconfianza de Peter --que ha subido de nivel y ya no es un tópico de la serie: es un clásico--, consigue compenetrar todas las situaciones igual de bien que siempre. Si bien no se libra del Holandés, sabe manejar las dos situaciones como un malabarista, salvándolas en el último segundo. Con ayuda de Mozzie, claro. Mozzie es la leche, por cierto, es grande y genial. Aunque ya os lo he mencionado.
Los secundarios tan geniales como siempre. El, siendo la mejor esposa de un agente que ha pisado un plató de televisión. Jones, al que por fin han dado protagonismo real y no como pelele con nombre. Diana, que sigue siendo una badass de la leche --tendré pesadillas con lo del tendón roto, lo estoy viendo-- a pesar de tener que amamantar a un bebé cada tres horas. Theo, al que han nombrado así por Mozzie --que se llama Teddy Winters-- y que es un bebé monísimo y que ayudó a su tocayo a descubrir el enigma del Mosconi.
Y es que en esta temporada la búsqueda es tan genial como siempre: antiguos códices de italianos locos multifacéticos, diosas hindúes, vitrales que desvelan secretos, códigos extraños, masones... Y eso por no hablar de la mala de la temporada.
Porque crees que el cabrón es Hagen y... Aciertas. Pero hay un jugador más en este juego. Y esa es Rachel o, como la conocemos al principio, Rebecca. Nos presentan a Rebecca como una pardilla a la que Neal seduce para conseguir algo. Nada fuera de lo normal. Pero después se convierte en su interés romántico. Es impresionante lo que he mejorado en asuntos frikis y en darme cuenta de las cosas antes de que nos las enseñen, plebe. Yo sabía que era una traidora casi desde el principio. Demasiado interesada en el asunto, siempre preguntando, buscando información, esa apariencia de mosquita muerte que se gastaba la menda, el que al enterarse de que Neal la había engañado y era un criminal se le lanzase encima como si tal cosa. Sospechoso. Mozzie la investigó y no encontró nada, pero eso no me hizo cejar en mi teoría. Estoy en racha, porque todas las que formulo aciertan. Rebecca se declaró finalmente como una asesina a sueldo. Y como una psicópata extraña. Como eso también. ¡Envenenó a Mozzie! Esa zorra se merecía lo que le pasara.


Así que, dejando a un lado mi enfado con Peter dado que: a) quería irse a Washington --lo que no tenía sentido-- y b) se enfadó porque Neal sobornarse a su fiscal --lo que sí le pegaba pero, vamos, es que no tenía razón--, ha sido una buena temporada.


Oh, y el final. Que final.
Deniegan la libertad a Neal porque en el FBI se han dado cuenta de que es un activo demasiado valioso como para prescindir de él, haciendo que Peter se dé cuenta de lo que le espera en su nuevo puesto y renuncie. Claro que Neal no llega a enterarse, puesto que un grupo de mala gente le secuestra. Y yo pregunto, ¿es que no hay otro al que dar la vara? Sé que es el protagonista, pero pierde bastante sentido.

En resumen: White Collar, siento haber desconfiado de ti. Te sigo por mucho más que los abdominales de Matt Bomer --que también--.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Números de la suerte, celebraciones y adelantos

Como la semana pasada no publiqué entrada, vamos a hacer algo especial. Bueno, eso y que ¡esta será mi entrada número 44! ::sopla por un matasuegras:: Mi número de la suerte es el cuatro, ¿vale? Me hace ilusión porque son dos cuatros y dos es la mitad de cuatro y tal. Y eso.



Últimamente estoy ocupadísima porque, como ya os he comentado, el ordenador se me fastidió y perdí muchos de mis archivos. Así que, ahí estoy. Volviendo a rellenar las fichas de los personajes y, lo peor, a CORREGIR. Porque mis adoradísimas betas son geniales y me han indicado un montón de cosas que corregir, por lo que yo quiero comerlas a besos, y apliqué sus consejos de mil amores. Claro que, cuando tienes que corregir doscientas páginas del tirón, pues no mola tanto. Oh, seamos sinceros. NO MOLA NADA. Y eso me recuerda que tengo que contestarle el mail a Magik, pero aún no puedo porque no he corregido los últimos capítulos que beteó. Un desastre todo.
Que vale, que podía ser peor. MUCHO peor. Pero esas cosas te tocan un poco la moral, ¿vale? Estoy sensible y es como si las ganas de escribir se me hubiesen ido por el caño.
Un. rollo. Haced copias de seguridad, mis niños. Creedme, lo necesitáis.
Resumiendo. Que como ha pasado todo eso y yo no era físicamente capaz de obligarme a continuar escribiendo la novela, pues intenté escribir historietas. Un principio de novela que no estaba mal pero tampoco bien. Una historia alterna dentro del universo de mi novela que, finalmente, demostró mi incapacidad para escribir robos decentes. El principio de una historia en plan "infancia de tal personaje". No acabé ninguna. Finalmente, arracándome el pelo de la cabeza de forma violenta y chillando cual banshee, acabé diciendo: A tomar por saco. Y escribí fanfic. Sí, escribí fanfic sobre mi propia novela. ¿No soy patética? Soy patética.

Sí, mi fanfic es parte de la parte especial. Pero la otra parte especial es que os voy a contar como surgió mi novela --que finalmente he bautizado como Crónicas la Caída I: Secretos de Sangre, porque soy rimbombante y dramática que no veas--. ¿Creíais que soy rara? Pues ya os he reventado parte de la historia.

A ver, ya he contado esto, pero es importante para la historia saber que yo, cuando me aburro, juego con personajes. Crossovers rarunos, situaciones flipadísimas... Crack puro, vamos. Estoy corriendo o aburriéndome y mi mente simplemente se va a jugar con ellos. Y así surgió.
Uno de mis personajes predilectos. que narró uno de mis fics kennal, tiene una hija. Scarlett, que así la llamé después de ver Lo que el viento se llevó, es una niña monísima y una adolescente inusualmente elegante y una adulta famosa por su trabajo como actriz. Sí, voy alternando los tiempos según tenga el día. En todo caso, el mejor amigo de Scarlett, y sobrino de mi obsesión principal, se llama Alex y es muy friki y quiere ser escritor. O lo es.  Depende de la línea temporal.
En todo caso, necesitaba por motivos de la trama que Scarlett fuese actriz en una serie y que su personaje fuese parecido a Lucrecia de Santillana. Así que Alex se transformó en guionista y creó esa serie. Era una mierda de serie, pero oye, era como Ultra-Héroe de Sinchan, ¿vale? Parte del trasfondo. En todo caso, la idea acabó gustándome y decidí que Alex se la quedase.
Así que, durante un par de meses, Alex y Scarlett volvían a ser adolescentes y él estaba muy concentrado en escribir su historia --con cortas interrupciones para defender que Misha Collins estaba más bueno que Jensen Ackles frente a una Scarlett que disentía--.
Así que, mientras trabajaba en el esqueleto básico de la novela y de los personajes --que acabaron por no tener nada que ver con la idea original--, lo hacía a través de Alex.
Él --que sabía pintar-- dibujaba los mapas. Él caracterizaba a los personajes. Él discutía con Scarlett sobre como llevar la trama. Él lo hacía absolutamente todo hasta que yo, el 24 de Diciembre, puse las primeras palabras sobre el papel. Oh, bueno, había escrito alguna descripción de la bruja antes, pero a mano. No es nada serio hasta que lo paso a ordenador. Cabe decir que fue el prólogo más patatero, absurdo y cargante de la historia de los malos prólogos. Pero ya había empezado.
Poco después pasé de escribir la primera novela, la resumí en el primer capítulo --lo cual fue una de las decisiones más inteligentes que he tomado en mi vida-- y pedí y recé por betas --que son a las betas lo que Bilbo a la monez, así os lo digo--.


Y hasta aquí. Dicho así no suena tan raro, pero en serio. La trama no es mía, la he robado vilmente. Vale, se la he robado vilmente a un personaje que es mío, pero si muero durante la noche es que Alex ha tomado el control de mi mente y se ha vengado.  Lo veo poco probable porque le he puesto una historia nueva y un novio fantástico, pero nunca se sabe.

Y sí, ahora el fic sobre mi pareja protagonista que, a mi entender, se entiende aunque no sepáis mucho de que va y que no mete spoilers. O al menos yo no los he visto, aunque soy despistada y tal.

Escena 1

A Galímedes le gusta su risa. Tiene varios tipos de risas, pero esa es definitivamente su favorita. No es irónica, no es sarcástica, no es burlona, no es coqueta. Es una risa pura y vibrante, que dice <<me ha hecho gracia>> y nada más.
Le gusta, pero le encoge el corazón. Y sólo acompaña su carcajada de forma corta, tratando de centrarse en otro asunto. Porque la Bruja del Oeste le impresionó cuando se conocieron y, ahora, no puede más que quedarse boquiabierto ante ella. Tiene quince años y sin embargo es la mujer más increíble que ha conocido. Y, sorprendentemente, no es un insulto a otras mujeres. Pobrecillas, ellas no tenían ninguna oportunidad: estaban condenadas a la derrota desde el principio.
Y no es por la magia, o, al menos, no del todo. Tiene que ver con la magia, pero no es por ella en sí. No es sólo una bruja, es mucho más que eso. Hay mucho más allá de sus vestidos juveniles, su aire de superioridad y su franqueza.
También es sorprendente que sea franca. La joven es franca pero no porque no mienta o le oculte cosas, sino porque es clara. No se anda con rodeos y va al grano. Directa y contundente como un puñetazo a la mandíbula. Rotunda e incontestable como palabra divina.
Y hermosa.
Apenas acaba de convertirse en una adulta y ya es más madura que cualquier mujer que haya conocido. Inteligente, aguda y decidida. Quizá caprichosa y voluble --como negarlo, a esas alturas--, mas todo eso empalidece y se difumina, languidece y se esfuma, al verla discutir sobre cualquier asunto con esa seguridad en sí misma y en sus argumentos. A Galímedes le gustaría poder ser así, pero duda que cualquier otro parezca más que un estúpido arrogante. Incluso ella parece arrogante, que no estúpida.
Y, repite, hermosa.
A veces, Galímedes se pregunta si no debería sentirse culpable. Es joven, descarnadamente joven. Apenas ha entrado en la edad adulta mientras que él ya tiene diecisiete años. Son sólo dos años de diferencia, pero parece un mundo. A veces ella le mira con sus enormes ojos abiertos, tratando de disimular su curiosidad o confusión cuando él le cuanta alguna de sus aventuras --que, admite, no son especialmente remarcables--, y se plantea si alguna vez habrá salido al mundo exterior, lejos de la Cueva, si es algo más que una niña. Después ella le dedica un comentario hiriente, irónico y con la dosis justa de amargura y él recuerda. La Bruja del Oeste es muchas cosas, pero definitivamente no es una niña.
Por Vilida*, no sabe cómo pero siente que tiene más experiencia que él.
Siente que, a pesar de su reclusión, ha vivido más cosas de las que él llegará a vivir. Que comprende más, que sabe más sobre la vida que él.
Y sí, también tiene más experiencia en ese aspecto. Lo cual sí que resulta molesto e inquietante se mire por donde se mire.
Y lo disfruta, ¡vaya si lo disfruta! Le encanta poner esa cara de falsa sorpresa cuando ve que él desconoce algo y preguntar <<¿Esto no os lo enseñan en la Universidad?>>. Es odiosa la mayor parte del tiempo. Porque Galímedes no es precisamente un niño virginal. Ha estado con mujeres que conocía en la taberna donde se hospedaba, con la misma tabernera --cuyo marido, por suerte, no se había llegado a enterar nunca-- y con esa jálica* que les había dado clase de anatomía. Una profesora de anatomía. En teoría debería saber mucho más que la joven. Le fastidiaba que no fuese así.
Si fuese cualquier otra habría afirmado sin dudarlo que era conocimiento teórico, aprendido en su extensa biblioteca --en la que sí había libros de esa temática--, pero la bruja era más dada a la práctica que a la teoría en todos los aspectos. Y, cuando le había preguntado acerca de esos tomos, ella sólo se había encogido de hombros antes de admitir que había ojeado uno cuando tenía once años.
Frustrante.
Pero podría con todo eso sin mayor problema de no ser por un factor a tener en cuenta: había sentimientos. Si fuese sólo admiración y deseo hacia al joven, todo resultaría ridículamente fácil. Lamentablemente, no era así. La Bruja se había colado por las pocas y camufladas grietas de su coraza sin siquiera saberlo, había atravesado todas las capas protectoras, todos los engaños, todas las protecciones. Se le había metido debajo de la piel.
Ese era el problema. Esa era la razón por la cual evitaba mirarla cuando reía. Porque era obvio. Porque estaba escrito en sus ojos.
Porque a ninguno le hacía gracia verle invadido por una emoción tan fútil y molesta como el amor.
Ambos preferían ignorarlo, fingir no darse cuenta.
En algunos momentos, creía ver una chispa, un rastro casi desvanecido de luz en sus ojos cambiantes, que parecía indicar sentimiento. Que podría señalar que era correspondido.
Él lo ignoraba. Podría ser una ilusión, podría no ser cierto. Y ella no estaba en absoluto preparada para sentir amor --dioses, que palabra más absurda-- por alguien que no fuese ella misma. Y él no estaba preparado para ser correspondido.
Quizá algún día. O no.
Porque después de su risa, todo volvía a su cauce.
Como si nada hubiese pasado.
Porque, realmente, era así y todo seguía estático. Tal y como ambos lo habían dejado.

*Diosa de la vida, por la cual los que carecen de magia suelen jurar.
*Sacerdotisa de Jaliryo, dios del comercio, que se caracterizan por estar muy instruidas.




Lo sé, lo sé. Hasta el título --si podemos llamarle así-- es poco original.
...
¡FELIZ ENTRADA NÚMERO 44 SABÉIS QUE OS QUIERO BESOS!