lunes, 21 de septiembre de 2015

"Pero ésta es mi verdad; yo, Morgana, os la cuento."

¡Hola, maestros del frikismo!
Como sin duda recordáis, llevaba mucho tiempo sin escribir en el blog, lo que en modo alguno me detuvo de seguir frikeando, descubriendo magníficas series, libros y películas que no quiero dejar sin mencionar, por lo que hoy vengo a hablar de una de las mejores sagas de fantasía que he leído durante ese tiempo de sequía bloggera, pero que podría estar entre las mejores de mi vida.
¿Soy buena creando hype?
La saga de la que os vengo a hablar es Las nieblas de Avalón, de Marion Zimmer Bradley. (Antes de que lo preguntéis, sí, se refieren a Avalón en vez de Ávalon en todo momento, pero te acostumbras. O te olvidas de leer el acento.)


Cabe destacar que a mí me gustan mucho, pero mucho, mucho, las leyendas artúricas. Sí, soy consciente de que es un material sobre explotado, que no dejan de sacarse revisiones, ya sea en libros, series o películas, y, si no, aparece de forma solapada en algún otro producto de fantasía. Ya lo sé. Pero el caso es que me gustan mucho. En parte debido a que adoro la mitología celta y, encima, estoy escribiendo una novela de fantasía urbana con ese tipo de ambientación, mas no es algo reciente. Si bien soy gallega, la mayor parte del tiempo no me tomo muy en serio la identidad nacional, a excepción de en la materia mitológica. Los mitos y leyendas son algo que amo en todas sus formas, ya sean griegos, nórdicos, egipcios... Y, dado que he estado en contacto con la cultura celta desde que empecé mi formación académica, supongo que tiene sentido que la adore. ¿Que me frustra un poco el que sólo se recuerden los mitos artúricos, dejando de lado un riquísimo material celta tan digno de estudio como las historias sobre Camelot? Desde luego. ¿Considero que eso repercute de manera negativa en el propio material artúrico? No necesariamente. Hay algunas visiones que son absurdas como poco y que no añaden nada, no innovan y sólo tratan de aprovechar el tirón, pero también hay historias geniales que se merecen nuestra admiración y consideración. Las nieblas de Avalón, a mi entender, corona la lista de material que merece la pena, sin intención alguna de desmerecer otras magníficas obras como Merlin, la serie de la BBC, que se pasa las leyendas artúricas un poco por el forro y es una adaptación MUY libre, pero no deja de ser divertida, tener detalles grandiosos y resultar realmente entretenida. Además de Eoin Maken sin camisa. Lo que es bien.

Libros relacionados con el celtismo que tengo actualmente en mi cuarto, junto con un colgante con forma de trisquel celta.

El caso es que Las nieblas de Avalón, si bien tiene en cuenta todo el trasfondo, digamos, canon, no deja de ser una adaptación, pues nos cuenta la versión de un personaje que, en la mayor parte de las novelas, aparece como la mala: Morgana le Fay.

En mi vida me han llamado de muchas maneras: hermana, amante, sacerdotisa, hechicera, reina. Ahora, ciertamente, soy hechicera, y acaso haya llegado el momento de que estas cosas se conozcan. Pero, a decir verdad, creo que serán los cristianos quienes digan la última palabra, pues el mundo de las hadas se aleja sin pausa del mundo en el que impera Cristo. No tengo nada contra Él, sino contra sus sacerdotes, que ven un demonio en la Gran Diosa y niegan que alguna vez tuviera poder en este mundo. A lo sumo, dicen que su poder procede de Satanás. O bien la visten con la túnica azul de la señora de Nazaret (que también, a su modo, tenía poder) y dicen que siempre fue virgen. Pero ¿qué puede saber una virgen de los pesares y tribulaciones de la humanidad?
Y ahora que el mundo ha cambiado, ahora que Arturo (mi hermano, mi amante, el rey que fue y el rey que será) yace muerto (dormido, dice la gente) en la sagrada isla de Avalón, es necesario contar la historia tal como era antes de que llegaran los sacerdotes del Cristo Blanco y lo ocultaran todo con sus santos y sus leyendas.

Esto fue lo que leí en la reseña de Imaginarios y, me pareció tan condenadamente brillante, que no esperé mucho antes de comenzar con esta fantástica saga.
Aunque quizá no he sido muy exacta, pues no se trata sólo de la historia de Morgana. Es la visión que tenían los seguidores de los antiguos ritos durante la Edad Oscura inglesa, de la que no se conserva mucho, cuando el cristianismo se extiende como la peste y el saber antiguo es apartado de mala manera, siendo sustituido por un fanatismo crispante y un montón de supersticiones medievales. Aviso de que en esta novela, aunque no critica a Dios per se, le mete una caña al clero medieval que no veas. Te dolería leerlo de no ser porque el clero medieval da mucho asco en esta novela y esperas que la Dama del Lago se los cepille y expulse el cristianismo de las islas de una patada en el culo. Obviamente no pasa, pero tú lo deseas mucho.

Una escena de la adaptación televisiva con las sacerdotisas de Avalon.

El caso es que, aunque Morgana es la que nos relata la historia, en su mayor parte en tercera persona, encontramos tres perspectivas, pues las sacerdotisas de la Diosa Madre pueden ver retazos del pasado y el futuro y ven dentro de las almas de la gente y demás. El caso es que Morgana escribe, principalmente, la visión de su madre Igraine, la suya propia y la de Ginebra. Esto se debe a que Zimmer Bradley es una activista del feminismo y, gran parte del sentido de esta obra, se trata de que sean las mujeres las que cuenten una historia que, desde siempre, nos ha llegado de mano de los hombres. Por una parte me parece genial, puesto que le da mucha personalidad a la historia, pero creo que esto llega a jugar en su contra hacia el final pues, no sabiendo que la intención de la autora era utilizar sólo a mujeres como narradoras, no dejaba de preguntarme cuando íbamos a tener una perspectiva de Arturo o Lanzarote. Creo que una conversación privada entre esos dos habría sido un añadido maravilloso a la novela, pues casi toda la información que tenemos de la corte de Camelot la recibimos a través de La Petarda. La Insoportable. La Pedorra. La Irritante. La Fanática. La Hipócrita. La Tonta del Culo. En definitiva, el personaje más CARGANTE de la historia: la reina Ginebra.
Pff...
Qué hartazgo de tía, es que ni os lo imagináis.
Tanto Igraine como Morgana son mujeres de la isla de Avalon, conocedoras de las antiguas costumbres, con algo de visión y mucho carácter. No se dejan manipular así como así y luchan por su felicidad. Ginebra es una mujer cristiana del siglo V. Pff... La consistencia histórica está muy bien, no se me malentienda, pero la mayor decepción del libro es que Ginebra no fuese desmembrada por caballos salvajes. Asco de tía. Podemos comprender que sea ignorante, pues nos recalcan que las mujeres cristianas eran educadas para que estuviesen calladas e hiciesen bonito, podemos comprender que sea sumisa, pues la iglesia de ese entonces criaba a las mujeres para someterse a los hombres, podemos comprender que le guste Lanzarote, porque está bueno que te cagas, podemos comprender que su forma de comportarse, en definitiva, porque es fruto de la sociedad de su época. Pero no facilita el leerla sin arrancarte los pelos. Nos os imagináis el bajón que me daba cada vez que tocaba una parte suya. Pff... Dios, sólo recordarlo y quiero dejar de escribir sobre esto e irme. Vale, nos ponemos. Ginebra es una gilipollas. Así, para empezar. No es gilipollas en plan Gwen de Merlin de la BBC, que era sosa y aburrida y no pegaba una mierda con Arthur, no. Ginebra es estúpida en cuanto a ser una niña de cinco años. No, en serio. Es una cría. Tiene miedo a salir de su castillo porque, aunque estén en la otra punta del país y los sajones ni se acerquen a los dominios de su padre, tiene miedo que que les ataquen. Le da miedo el exterior, gente, porque no está rodeada por murallas. Le da miedo casarse porque los hombres son muy fuertes. Obliga a Igraine a ir en palanquín, aunque sea incómodo, lento y acaben mareadísimas, porque los caballos también le dan miedo. Le da miedo casarse con Arturo. Le da miedo que le guste Lanzarote. Le da miedo no ser buena reina. Le da miedo no tener hijos. Le da miedo dormir sola. LE DA. MIEDO. TODO. Es muy patético. Y, cuando supera ese tipo de cosas (en cierto modo), se dedica a perseguir a Arturo por todo Camelot o bien lloriqueando o bien gritándole que no pueden permitir que haya religión distinta al cristianismo en Britania y Dios les está castigando por su culpa. Pff... Qué. Cansina. La odio mucho. ¡Y todo el mundo en Camelot la adora! No lo entiendo. Son tontos todos.

Ginebra. Guapa, pero estúpida.

Pasando a personajes que me inciten menos al asesinato, tenemos a Igraine. Igraine, hija de la Dama del Lago y del Merlín de Britania, en ese momento el druida Taliesin, se casó muy joven con Gorlois de Cornualles, un romano, para tender puentes entre esas sociedades. A pesar de todas las diferencias que hay entre los romanos y Avalon, sobre todo en lo referente al trato con la mujer, la pareja acaba por llevarse bien entre sí, sobre todo cuando Igraine da a luz a Morgana, aunque Gorlois quisiese un heredero varón. Vamos, que todo está bastante bien hasta que, de la nada, su hermana Viviana, la sucesora de su madre como Dama del Lago, y Taliesin aparecen en Tintagel, su castillo, para explicarle que debe nacer un rey entre Uther Pendragon y una hija de Avalon, pues así será seguido por cristianos y paganos celtas. Y todas las señales apuntan a Igraine como la madre de ese Gran Rey. En un principio, ella se niega, pues no quiere que su hermana siga jugando con ella y controlándola como una marioneta, pero cuando conoce a Uther... Bueno, voy a dejarlo ahí para no desvelaros la historia, que a mí me encantó, pero tiene un desarrollo creíble, consecuente y muy interesante.
Igraine, en definitiva, es una mujer decidida que no se deja pisotear. Soy fan suya.

Igrainne en la adaptación televisiva.

Y, si la madre es bastante genial, ya no hablemos de la hija.
Morgana no sólo es muy despierta para su edad, sino que además hereda los poderes de la isla de Avalon, siendo muy capaz en cuanto adivinación y otras artes que allí practican. Pero, por desgracia, no es guapa. Y no sólo eso, si no que, cuando su padre muere y su madre se casa con Uther, ella queda por completo en segundo plano. Nadie hace ni caso a Morgana, pues su madre está demasiado ocupada con Arturo y sus deberes como reina y esposa, así que pasa de quererla mucho y preocuparse por ella a ignorarla. ¿Os había dicho que Igraine molaba? Bueno, pues al principio os juro que lo hacía. El caso es que, cuando su tía Viviana vuelve a visitarlas y ve el poder de la niña, se la lleva a Avalon para criarla como una sacerdotisa y prepararla para ser su heredera, pues, aunque ha tenido decenas de hijos, sólo dio a luz a una niña y ésta murió recién nacida, siendo lo más parecido a una hija su hermana pequeña, Morgause, que no tenía talento como sacerdotisa y era demasiado ambiciosa, lo que resultó en enviarla con Igraine junto a Gorlois cuando la primera se casó con él, y Morgana. El caso es que Morgana pasa su juventud en Avalon hasta que Viviana la traiciona. No os diré cómo. Sólo diré que pasó en Beltane. No es un gran spoiler, porque hay media docena de Beltanes en esta historia y en todos pasa algo importante. En fin. El caso es que después de una temporada con su tía Morgause, se va a vivir a Camelot, donde permaneceré la mayor parte de la saga.

Morgana. Ídola y magna aunque la túnica de sacerdotisa no sea azul, sino naranja. Ecs.

El personaje de Morgana es muy complejo y, a la vez, muy interesante. No sólo es una mujer decidida y consciente de sus limitaciones, si no que además es muy fiel a sus creencias y, al contrario que otras, no trata de imponerlas sobre las de nadie. Pero, por supuesto, Morgana no es perfecta. Es más, comete un millón de errores, la mayor parte de las veces empujada por las circunstancias y las decisiones que otras personas toman por ella, y las cosas pocas veces le salen bien. De veras. Incluso cuando nadie conspira en su contra directamente, se puede armar un gigantesco y complejo malentendido que acabe con ella sufriendo. Lo que caracteriza al personaje es que no suele romperse y lloriquear, sino que, después de sufrir por las adversidades, se levanta y sigue luchando por alcanzar su felicidad. Vamos, que no sólo es sabia, inteligente, un punto divertida y tiene carácter, sino que además es resolutiva. Una gozada de personaje que Zimmer hace muy real, pues, incluso cuando comete barrabasadas de la leche que tú ya sabes cómo van a acabar por los mitos artúricos, comprendes su forma de actuar. Es más, yo no podía dejar de asentir, pensando que haría lo mismo en su lugar.
Bueno, no.
Primero mataría a Ginebra.
Pero a parte de eso nos entendemos muy bien.

Otros personajes, no tan principales, pero aún así importantes, son, por ejemplo, los caballeros de la mesa redonda. Aunque son muchos, Zimmer consigue hacerlos distintos entre sí, consigue que comprendas sus actitudes e identifiques con rapidez sus personalidades, además de introducir, ya sea directa o indirectamente, las aventuras centradas en ellos al margen del rey Arturo, lo cuál me encanta. Mi favorito es Accolon, el hijo de Uriens de Gales del Norte, por motivos obvios, entre los que está el ser pagano, pero Lanzarote y los hijos de Morgause también son muy épicos.
Esa es otra, Morgause. Morgause aparece siendo una niña guapa y coqueta, que mira demasiado a los chicos, hasta el punto de avergonzar a Igraine y a Gorlois, pero evoluciona mucho. Es una mujer inteligente, astuta y ambiciosa, que considera que el fin justifica los medios, siempre que el fin la beneficie a ella. Además, tanto ella como Lot, su esposo, son muy liberales, así que además de su vida marital tienen varios amantes sin darle mucha importancia. Mola un montón, en serio. No os quiero meter spoilers, así que no os puedo describir su grandeza. Sólo decir que, al final, descubrimos que lleva años destruyendo a Ginebra sin que se sospeche de ella ni se repare en que la están destruyendo, por lo que yo soy su fan incondicional.

Morgause poco favorecida, pero siendo malvada. Y eso siempre mola.

Otro personaje es Arturo, que aparece poco y casi siempre relacionado con la imbécil de Ginebra, pero mola mucho también. Es un buen rey. Si no se hubiese dejado influir por su mujer y San Patricio... Si no hubiese dado de lado a la Antigua Religión... En fin.
Aparece San Patricio, por cierto. Aquí Zimmon se salta a la torera todo lo que conocemos de la figura del santo irlandés, que se caracterizaba por respetar la cultura y mitos de la zona, aunque supeditándolos al cristianismo, y lo convierte en una suerte de fanático insoportable. Supongo que los irlandeses la pondrían más verde que uno de los tréboles de dicho santo.
Kevin, el bardo, también es muy interesante, sobre todo en cuanto a la visión que tiene de sí mismo, pues es deforme debido a un ataque a su aldea en la que casi lo queman vivo. O algo así. No me acuerdo muy bien de porqué era deforme. El caso es que su relación con las mujeres se ve  muy condicionada por ello.
Y de Lanzarote hablaré en la parte de los spoilers.

En definitiva, se trata de una obra inteligente, con varios niveles de lectura, que, si bien está empapada de magia, no deja de ser bastante realista en cuanto a la psique de los personajes, además de consecuente con la historia y los mitos artúricos, aunque estos últimos estén adaptados a la visión de Morgana.
La recomiendo encarecidamente.

(SPOILERS de toda la saga.)

Sí, he puesto una parte con spoilers sólo para divagar sobre Arturo y Lanzarote. ¡No, no os vayáis, gente que no ha leído la saga pero lee la parte de spoilers por defecto y me conoce! No se trata de una de mis paranoias como la de que Timón y Pumba estaban liados (¡lo estaban!), esto es canon. En parte.
Durante toda la saga, Lanzarote, el tío más caliente de Britania, sólo coquetea con Morgana, pues buscaba perder la virginidad, con Ginebra y con Elaine, su mujer. Bueno, no. No llega a coquetear con Elaine, pues ésta y Morgana lo engañan con un bebedizo para que crea que está con la reina, dado que su aventura pone en peligro a Camelot y deciden que tiene que casarse. Bueno, esa es la razón de Morgana. Elaine sólo quería un pedazo de Lanzarote. Lanzarote era el equivalente a los grupitos para adolescentes de hoy en día.
El caso es que yo, al menos, no sospeché nada hasta que tiene esa conversación con Morgana, no recuerdo el libro, en la que le confiesa que tiene dudas sobre su sexualidad, que a veces cree que ama a Ginebra sólo porque es una forma más de amar a Arturo. Y es cierto, aunque luego él se asuste y le quite importancia a sus palabras, pues después nos dan varios detalles, como alguien burlándose de Lanzarote porque, en su juventud, cantó en la corte de Lot una canción sobre el amor entre caballeros. Vamos, que coqueteó con Morgana porque quería probarse a sí mismo que era heterosexual, se enamoró de Ginebra por Arturo y se casó con Elaine por haberla deshonrado creyendo que era Ginebra.



¿Conclusión?
Estaba colado por Arturo.
Eso lo sabemos. La parte que, me habría gustado, Zimmer puso haber aclarado era si Arturo se sentía del mismo modo.
Es decir, cuando propone el trío suelta ese:

—Ven aquí, Ginebra —dijo, sentándosela en la rodilla—. Sabes que te amo. Creo que a nadie en el mundo amo tanto como a ti y a Lanzarote... salvo a...
Tragó saliva. Ginebra pensó de pronto: «Nunca pensé que, así como yo amo a Lanzarote, bien puede haber alguien a quien Arturo ame sin poder tener. Tal vez por eso Morgana se burla de mí: porque conoce el amor secreto de Arturo... o sus pecados.» 

Deducimos que esos puntos suspensivos se refieren a Morgana, a la que siempre ha querido mucho y que fue su primera vez. Entonces, vemos que menciona a las dos únicas mujeres que, que sepamos, han compartido su cama, junto a Lanzarote. ¿Quiero decir esto algo? ¿Sí? ¿No? Me gustaría pensar que sí, porque Arturo mola y que esté enamorado de Ginebra lo estropea bastante, pero eso queda para cada cual porque, como ya he dicho, Zimmer en ningún momento lo confirma.
Además, luego Arturo toma como amante a Niniana. ¿Quiere decir eso que no estaba enamorado de Lanzarote? No, pero apunta hacia la heterosexualidad. ¿Nos decantamos por esa interpretación o lo atribuimos a un intento de despiste?
Yo pongo la pregunta sobre la mesa.

Arturo y Lanzarote. ¿Compañeros de armas o "compañeros de armas"?

PD1: Sí, el resumen de La sangre del Olimpo sigue en marcha, tranquilos.

PD2: No he visto la adaptación televisiva, aunque quiero hacerlo, así que no me preguntéis por ella.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Idealismo

Sé que prometí --que juré por el mapa del Merodeador-- que la semana pasada publicaría una reseña de La sangre del Olimpo. Y ese era el plan. Lo prometo. Pero la entrada ha acabado creciendo más de lo que esperaba y ya no es una reseña, no, es un resumen de toda la trama de Nico con un montón de comentarios míos sobre cosas e imágenes monas de Nico --o, al menos, planeo que haya muchas imágenes monas de Nico--.
El caso es que no sé cuándo la acabaré y, bueno, quiero publicar el kennal antes de que se publique el quinto capítulo de Corrientes de tiempo y quede desfasado. Porque después seguro que algo ha desbaratado todo lo que yo he escrito. Si tengo suerte será una escena de Álvaro y Kenneth confesando sus sentimientos a la luz de la luna. Pero seguramente tenga algo que ver con lo que le ha pasado a Tim o qué sé yo. Es lo que suele pasarme. En plan, podría haber pasado lo que he escrito, peeeeeeeeero no pasa una noche hasta que van a no sé dónde. Sí, es frustrante. Por si acaso, yo he evitado toda referencia temporal. Y no he mencionado a Tim. Lo siento, Tim, conste que me caes bien y tal, pero te interponías en el camino del fanfic.
Obviamente, dado que hasta lo comienzo con un fragmento, es necesario haber leído el capítulo cuatro de Corrientes de tiempo. Y, además, no os vendría mal leer los comentarios que intercambiamos Magik y yo al respecto, dado que deja de fingir que Álvaro es heterosexual --como si nos lo hubiésemos creído en algún momento...-- y nos da datos sobre su vida sentimental.
Sí. Lo sé. Ahora ya no sólo tenemos el kennal y felal, también tenemos el mateal. Podría ser el alteo, pero entonces rompería la concordancia y quedaría mal. Shippeamos algo llamado felal en vez de alvipe para mantener esa concordancia. Kennal suena demasiado bien como para no ajustarnos a su forma. Y de todos modos, es la única relación con futuro y fragmentos monos, así que no perdemos nada.
He intentado apegarme lo más posible al canon y mantener todos los personajes en IC, pero no sé si lo he conseguido, sobre todo al final. Es que he tenido que añadir y cambiar un montón de cosas con la nueva información y me he liado mucho. Y ya no sé cómo piensa Álvaro porque creía que sí, pero no, y eso confunde. Magik, si están OoC, no pienses algo en plan "Esa petarda obsesiva ya está destrozando mis personajes..." --que sería lo que pensase yo en tu lugar, lo admito-- piensa, en su lugar, que tus personajes son tan únicos y geniales que resulta imposible imitarlos, ;)
Y ahora, el fic. Advierto que son once páginas de Office.





Idealismo.


"–Hay algunas personas que son especiales, ¿sabes? Que poseen un tipo de inocencia que ni siquiera ellos mismos ven, pero sí los demás. Y en este mundo podrido y horrible en el que vivimos, esa inocencia brilla más que nada, aunque también es muy difícil de encontrar. Por eso, considero que esas personas deben ser protegidas, preservadas como si fueran criaturas en peligro de extinción.
Kenneth tragó saliva.
¿Te refieres a Tania?
También.
–¿También? Ah, hablabas de Ariadne entonces.
Bueno... Aún queda algo de inocencia en ella, pese a todo, pero... Kenneth, yo..."

Ese momento llevaba repitiéndose en bucle durante horas, ocupando todos sus pensamientos. El problema era que, solo en su habitación y con 50 Sombras de Grey como único entretenimiento, su mente no dejaba de volver, una y otra vez, a esa escena.
Soy un maldito estúpido.
Si bien era cierto que había estado discutiendo con Kenneth durante demasiado tiempo, con el consiguiente desgaste de sus maltratados nervios, no dejaba de haber cometido un error terrible.
No estaba seguro de cuándo databan esos sentimientos que albergaba por el joven, pero, desde que era consciente de ellos, los había enterrado todo lo hondo que la continua convivencia le permitía. Al contrario de lo que pensaba la mayoría de la gente, envidiosa, sin duda, de su extrema belleza, no era idiota. Cuando recordaba al joven ladrón que había partido en busca de las Cuatro Damas con su mejor amigo y había vuelto con las manos manchadas de sangre, le costaba mucho relacionarse con él. Había pasado demasiado tiempo, demasiadas cosas. Un largo y tortuoso camino le separaba de El Ángel, su nombre en clave como ladrón, y muchas veces, recordando lo acontecido, se veía a sí mismo como un extraño. Nunca se había considerado una persona inocente, pero los años le habían probado que así había sido durante su juventud, inocente, idealista, sin tener ni idea de cuanto podía perder, con toda la vida por delante y un destino claro como el cristal. Todo eso se había perdido en el puente de Sant' Angelo. Álvaro Torres ya no era un niño y quedaban pocos rastros de inocencia o idealismo en él. Por ello, sabía que sus sentimientos debían quedar en absoluto secreto. Que todo lo que pudiese sentir por Kenneth Murray estaba destinado, sin discusión, al fracaso. A un doloroso fracaso, que él se veía incapaz de enfrentar por el momento.
No se trataba de no ser correspondido, aunque tenía prácticamente la certeza en ese aspecto, sino del compromiso que ataba a Kenneth y a Ariadne. Cuando la princesa fuese mayor de edad, tendrían que casarse, lo quisiese ella así o no. Sabía que la joven estaba enamorada de Deker Sterling, debido, principalmente, a que tenía ojos en la cara y, como hemos mencionado, no era estúpido, mas eso tampoco tenía importancia en el gran esquema de los hechos. Por ejemplo:
Hecho número uno. Gerardo había hecho un trato con los Murray a cambio de esos dos votos.
Hecho número dos. Ariadne siempre había sido consciente de sus obligaciones como princesa y, aunque le desagradasen, nunca había titubeado respecto a actuar acorde a su rango. Estuviese o no de acuerdo.
Hecho número tres. Los Murray habían cumplido.
Hecho número cuatro. Ariadne cumpliría su palabra aunque eso la destrozase.
Hecho número cinco. Deker era un Benavente, así que entre esos dos nunca podría haber nada formal, debido a las putas reglas de los ladrones.
Hecho número seis. Eso también se aplicaba a él, dado que era un asesino, incluso si olvidasen el compromiso y se asumiese que Kenneth era, como mínimo, bisexual, además de que sintiese algo por él. Lo cuál era improbable.
Hecho número siete. La boda era la única conclusión lógica.
Y ni siquiera él, que siempre había sido un magnífico actor, podía mentir al respecto. Iba a haber boda, lo quisiese él o no. Lo quisiese Ariadne o no. Lo quisiese Kenneth o no. Lo quisiese Felipe o no. Lo quisiese… Hizo una pausa en sus reflexiones, preguntándose quién, entonces, estaba a favor de ese enlace. La única respuesta que le vino a la mente era María Luisa de Murray, o cómo se hiciese llamar.
Esa zorra.
La furia contra esa estúpida mujer siempre le hacía sentirse mejor, debido a que era un blanco perfecto para ser culpado por sus problemas. Además, era una pésima persona y no tenía muchas dudas sobre cómo debió ser la infancia de Kenneth bajo su cuidado. La extrema inseguridad y la incapacidad de tomar decisiones por sí mismo que, al principio, había demostrado, eran muy reveladoras.
En definitiva, Álvaro había aceptado que, fuesen esos sentimientos profundos o no, cosa en la que evitaba pensar, estaban abocados a un final agrio y espinoso que él no necesitaba. Estar rodeado de jóvenes idealistas en ese internado le había hecho darse cuenta de lo amargado que llegaba a estar en según qué cosas y estaba haciendo un consciente esfuerzo por evitar caer en ello, el cual se vería truncado ante el aplastante y, de seguro, horrorizado rechazo que recibiría si, en un ataque de locura espontáneo, confesase sus sentimientos. La imagen podría haber sido incluso divertida, de no haber estado dirigida a él la negativa. Su única opción, por ende, era dejarlo pasar. Seguir adelante, callado y sonriente, y acabar superándolo y saliendo del brete en el que, de nuevo, su sentimental interior le había metido. Cuando recordaba las palabras de su rey, que tenían cierto regusto a profecía, algo en él se estremecía, consciente de lo acertadas que habían estado. Sí, de seguro el ser un sentimental acabaría costándole su vida, acabaría por ser su ruina.
El compromiso, de nuevo, era el obstáculo más visible, mas no por ello el más insalvable, pues había tantas cosas que se interponían en el camino de una hipotética relación que resultaba imposible considerarlas todas.
Por una parte, él lo consideraba sólo un amigo. Por otra, seguía sin tener una mínima pista de si le gustaban, aunque fuese un poquito, los hombres. Álvaro había hecho cambiar a más de uno de opinión pero, con sinceridad, eso nunca tenía efectos duraderos y traía más problemas de los que solucionaba. Además, estaba el que era un asesino, por los que Kenneth sentía un odio visceral. Cierto que parecía haber perdido toda animadversión hacia él y que, en la lucha contra los Benavente, ni siquiera había parpadeado al verlo matar a su atacante, mas eso significaba poco. Él era lo que era. Nadie podía hacer nada al respecto. Bastante había sido lograr su aprecio sincero y, conseguir que correspondiese sus sentimientos, se presentaba como un imposible.
¿Era de cobardes callarse y fingir que nada sucedía? Esa era una pregunta para la que no tenía respuesta, como tampoco la había tenido cuando se enamoró de Felipe o de Mateo, pero, de nuevo, prefería ser uno antes que poner en peligro la amistad que habían entablado, dejarse en evidencia a sí mismo y colocar al pobre chaval en la posición de rechazarlo, con todo lo que eso conllevaría. Incluso si, por un casual, debido a un Objeto descontrolado o a una conspiración de sus hadas madrinas, se viese correspondido, pondría a Kenneth en una situación en extremo complicada, debido, de nuevo, al maldito compromiso.
La gran pregunta, que dejaba sus reflexiones en un absurdo y conseguía que perdiesen todo su sentido, era la siguiente: ¿qué había interpretado Kenneth de sus palabras?
Primero las había atribuido a Tania, luego a Ariadne y, si sus mejillas sonrojadas eran un indicio, había acabado por caer en que estaba hablando de él. Ahora, cabía la pequeña, ínfima y microscópica posibilidad de que no hubiese hilado. Cualquier otro lo habría hecho, pero era posible, incluso plausible, que Kenneth no. No era que el joven ladrón no fuese inteligente o algo así, dado que había demostrado en infinidad de ocasiones que no carecía de recursos o capacidad, pero no dejaba de ser Kenneth. Kenneth, que no podía ser más inocentón porque no entrenaba, que se sonrojaba ante la mínima insinuación y que, de seguro, nunca se plantearía que él estaba… Bueno, que él tenía sentimientos de carácter romántico. Hacia él. O hacia nadie.
Hizo una mueca al recordar las duras palabras que le había dirigido, rezumando sarcasmo, ante el comentario de Tania sobre él siendo un conquistador. Y, aún así, los agonizantes rastros de su idealismo se atrevían a susurrar en su oído que a lo mejor eran celos. Los rastros de su idealismo eran estúpidos y no quería escucharlos, porque luego sería mucho más doloroso, pero la mera posibilidad le hacía sonreír como a un tonto.
Cuando la puerta se abrió de improviso, no pudo evitar el alzar la mirada, sintiendo una extraña emoción ante la visita. Emoción que se drenó en un par de segundos, cuando comprobó que era Felipe el que había ido a visitarle. Dedicó una sonrisa a su amigo, dejando el libro en la mesilla.
¿Problemas en el paraíso? ¿Por qué no estás con Valeria? No me digas que habéis discutido –se preocupó.
No, Valeria y yo estamos bien.
Me alegro, porque no tengo otra habitación a la que ir. Y tú no querrías dejar sin cama a un pobre tullido, ¿verdad?
¿Estás seguro de eso?
Tus palabras me hieren, que lo sepas. ¿De verdad estarías dispuesto a echarme? –preguntó, llevándose una mano al pecho con teatralidad.
No me refiero a eso –replicó Felipe con paciencia, dirigiéndole una mirada astuta–. Me refería a si de veras no tienes otra habitación a la que ir.
Bueno, estamos en un castillo, haber hay habitaciones, pero el traslado sería un engorro…
Álvaro, sabes lo que quiero decir.
No –admitió, algo perdido–. La verdad es que no lo sé, prueba a ser menos críptico.
¿Sabes de qué me he dado cuenta en estos días que llevo despierto del coma?
De muchas cosas, supongo. Con todo lo que está pasando.
Sí, pero la que me más me ha llamado la atención es una concreta –dijo con suavidad, alzando la mirada para que sus ojos se encontrasen–. ¿Qué tipo de relación te une a Kenneth Murray?
Mierda.
No se había esperado esa pregunta. ¡Ni siquiera tenía sentido que se la hiciera! Después de todo, nunca le había confesado a su mejor amigo que le gustaban los hombres. Siempre había sido un secreto que sólo él, además, obviamente, de sus amantes, había conocido. Álvaro nunca había sido de los que daban explicaciones y, después de todo, sus gustos eran sólo asunto suyo. El que, de algún modo, se las hubiese arreglado para enamorarse de sus dos mejores amigos en su momento, había sido determinante en su decisión de ocultárselo.
Presionó un poco los labios, inclinando la cabeza y pensando muy bien en su próximas palabras.
Bueno, en un principio nos llevamos fatal. A él no le gustaba que yo fuese un asesino, a mí no me gustaba que Ariadne tuviese que casarse con él… Pero supongo que, al final, conseguimos llegar a un punto intermedio. Nos hicimos amigos –concluyó, encogiéndose de hombros–. Es cierto que nos hemos pasado la mayor parte del tiempo discutiendo desde que despertaste, pero no es nuestra tónica habitual. Al menos, no últimamente –añadió.
Felipe lo examinó con el rostro impasible.
Bonito discurso. Ahora la verdad.
Es la verdad.
Álvaro, en serio. Si no eres sincero conmigo voy a sentirme ofendido, sobre todo teniendo en cuenta que no os habéis esforzado mucho en ocultarla.
Estoy siendo sincero –insistió–. Somos amigos.
Ah, ¿eso es todo lo que sois?
Sí –asintió con decisión.
Por mucho que me duela.
Está bien –decidió–. Te creo.
Gracias.
Pero, ¿qué te gustaría que fueseis?
Álvaro bufó, pasándose los dedos por el cabello dorado, que estaba incluso más despeinado que antes de la reunión.
¿A qué viene esa pregunta?
¿Tú a que crees que viene?
No lo sé.
Vamos a ver. Me despierto del coma y, unos minutos después, casi te desmayas porque él se está yendo a Londres.
Eso fue por el vínculo –se defendió.
¿Quieres entrar en por qué le cediste uno de tus ojos? –preguntó Felipe, alzando una ceja.
Porque no quería que Ariadne tuviese que hacerlo.
Ya, seguro. El caso es que después te pasaste media hora quejándote, muy preocupado, porque estaba siendo un inconsciente al ir allí sin ti y porque era prácticamente un chiquillo, por el que no podías dejar de preocuparte.
También dije que me preocupaba por Ariadne y por Jero… –negó con la cabeza, recordando la escena en el avión– ¿También estoy enamorado de ellos?
Espero que no, porque eso sería pederastia y es ilegal.
En realidad, la edad de consentimiento en España es precisamente a los dieciséis.
Felipe alzó una mano para interrumpirle.
Mira, podría entrar en que, mientras subíamos al piso de Tim en Londres la primera vez, estabas más nervioso de lo que he visto desde tu expulsión del clan. Podría mencionar el terremoto en el rascacielos de los Benavente, en el que sólo estuviste pendiente de él y, cuando cayó sobre ti, en vez de echarlo o hacer un chiste, le colocases las gafas con la sonrisilla. También podría hacer referencia al que recibieses una puñalada por protegerle y que, después, cuando estabas moribundo, le soltases un “No te preocupes, Ken, no pienso abandonarte tan pronto” –continuó, alzando de nuevo la mano para que no le interrumpiese, indignado por la pésima imitación, que le hacía parecer una quinceañera hormonada–. Podría seguir hablando, podría recordarte cómo os mirabais el uno al otro cuando estabas herido o cómo os habéis dedicado durante días a tiraros de las coletas y a discutir como niños. Por no mencionar el célebre “Me alegro de que, aunque te enfades conmigo, sigues considerándome guapo” –lo imitó de nuevo, incluso con menos acierto que la vez anterior, puesto que en esa ocasión le habrían tomado por Zaza de La jaula de las locas– y la consiguiente reacción de irse dando un portazo, dejándonos a todos anonadados. Podría incluso anunciar que no soy estúpido y, al entrar esta tarde al despacho, él estaba rojo como un tomate y evitaba tu mirada, mientras que tú, por mucho que disimulases y bromeases, parecías querer gritar de frustración. Podría hablar de todas esas cosas –concluyó–, pero no lo voy a hacer.
¿Ah, no?
No –repitió su viejo amigo, antes de clavar los ojos, que parecían astutos y afilados, en los suyos–. No será necesario, porque yo no dije que estuvieses enamorado de Kenneth, pero tú si has hecho referencia al amor en el comentario sobre Ariadne y Jero.
Hubo una pausa, unos momentos de silencio, antes de que Álvaro se desinflase sobre los almohadones. Parecía mentira. Se sentía como si lo fuese. Años de ocultarse, de hablar sobre “sus citas” en género neutro y de actuar como un conquistador despreocupado y cínico respecto al amor. Años que ahora parecían no tener sentido, como si se hubiesen desdibujado. Era extraño y, sobre todo, incómodo. Como si el que hubiesen descubierto su secreto le hubiese dejado, de alguna forma, más vulnerable.
Felicidades. Años de abogacía y nadie me había pillado nunca en un renuncio. Menos en uno tan obvio –se quejó, echándose el dorado cabello hacia atrás con una mueca.
Me lo has puesto fácil –reconoció con docilidad–, pero yo tampoco te lo puse más difícil cuando te hablé de Valeria.
Bueno, es que tú no lo ocultaste. Fue algo como: “Álvaro, he encontrado trabajo como profesor en un internado y, cuando fui a hablar con el director, ¡conocí a la mujer de mi vida! Es tan guapa y tan rubia y tan guapa…” Incluso cuando te pregunté si era más guapa que yo, ¡tú insististe en que lo era! –le recordó con una sonrisa petulante– Y esa ceguera sólo puede ser fruto del amor, amigo mío.
Felipe lo miró mal, aunque llevaba haciendo caras desde que comenzó con la imitación, que lo había dejado como un absoluto panoli. Álvaro lo había hecho a propósito. Como venganza.
Puedes burlarte de mí todo lo que quieras, Álvaro, pero eso no cambia el que te haya pillado.
Supongo que no –suspiró.
Bueno, no he podido evitar darme cuenta de que te gustan los hombres, así que me preguntaba cuándo pensabas contármelo. Suponiendo –añadió después de unos segundos de silencio– que pensases hacerlo.
¿Importa?
Pues no sé –ironizó–. Pero comprende que me ofenda un poco saber que mi mejor amigo, al que conozco de toda la vida, me ha estado mintiendo durante años.
No te he mentido.
Pero me has ocultado cosas, que es lo mismo.
¿Acaso cambia algo? ¿Es esto de verdad necesario?
No, por supuesto que no cambia nada –admitió, con una mirada fulminante–. Y, precisamente, el que te atrevieses a dudar de ello, es lo que más me ofende de todo.
No dudaba de ello.
Entonces, ¿por qué ocultarlo?
No era asunto tuyo –repitió, cruzándose de brazos–. No era asunto de nadie.
Después de unos minutos de silencio, la expresión de Felipe se suavizó un poco.
¿Mateo?
Álvaro se limitó a asentir, pues no tenía ningún deseo de añadir que también había estado enamorado de él, antes de que se distanciasen tras su exilio.
¿Desde cuándo?
Al ver que se encogía de hombros, su amigo continuó mirándolo con fijeza, dándole a entender que no lo dejaría hasta que le diese una respuesta.
Desde el primer día.
Comprendo –suspiró–. Y… ¿Sigues sintiendo algo por él?
Supongo que no.
Supones.
Álvaro volvió a encogerse de hombros y apretó los labios, dejando claro que, en esa ocasión, no iba a hablar más del tema.
Imagino que es una buena noticia, ¿no? Que lo hayas superado y ahora te guste Kenneth.
Sí –constató con amargura–. Es genial.
Tú no pareces muy feliz.
¿Por qué iba a estarlo? –se quejó– Oh, sí, he superado a Mateo y me gusta otra persona. Es genial. Porque no es heterosexual, ni un ladrón que odia a los asesinos ni está prometido. Qué suerte tengo.
Vale, no puedo negar que esté prometido y tampoco estoy muy seguro de su actitud hacia los asesinos en general –reconoció, mirándolo con seriedad–, pero sobre la parte de heterosexual, tengo mis dudas.
Ya.
Álvaro –suspiró, mirándole con algo que no supo identificar por completo, pero parecía una mezcla de pena y ternura–, tú no has visto cómo te mira ese chico.
Mal.
Bueno, ahora sí porque le has ofendido, pero yo estuve en Londres, ¿recuerdas? No te miraba precisamente mal.
Sí, ya.
En serio –insistió–. ¿Quieres saber cómo te miraba?
No, no quiero.
Te miraba –continuó, ignorándolo– de la misma forma en la que yo miro a Valeria. Como si no hubiese en el mundo nada más importante o digno de atención.
Si hubiera sido cualquier otra persona, Álvaro habría sacado fuerzas de la flaqueza y le habría echado de su habitación a patadas, herido o no. Pero era Felipe y le miraba con la cara ilusa y monilla, así que sólo suspiró. De alguna forma, le debía tener esa conversación.
Eres un cursi.
Lo digo en serio –insistió.
Déjalo ya, Felipe –pidió, con un tono que dejaba clara la advertencia.
Pero, ¿por qué? No es como si me lo estuviera inventando para animarte, es cierto. Tú no lo viste mientras te curaba la herida, pero temblaba como una hoja, cada vez que te miraba a la cara parecía al borde de la ruptura, ¡es por eso por lo que se enfadó!
¡Ya está bien! –zanjó– Mira, sé que quieres ayudar, pero no puedes hacer nada por mí en esta ocasión, excepto dejarlo estar, ¿vale?
¿Dejarlo estar? ¿Crees que eso va a ayudar a alguien? –preguntó, enfadándose un poco.
Lo hará más fácil para todos –aseguró, ignorando el bufido incrédulo de su amigo–. Da igual lo que yo sienta, ¿no lo entiendes? No cambia nada. Prefiero ignorarlo y actuar como si todo estuviese bien.
¡Pero nada está bien!
¡Se va a casar! Incluso si tuvieses razón, incluso si él correspondiese mis sentimientos, entonces… –casi se atragantó con su propia voz, como si su garganta luchase para no emitir esas palabras, sabiendo que serían demasiado dolorosas–. Entonces todo sería aún peor, porque no cambiaría nada. Él se casaría con Ariadne, se convertiría en el rey de los ladrones.
No tiene porqué ser así.
Pero lo será. Y no sería justo. No sería justo para mí y tampoco sería justo para él. No quiero ponerle en esa situación, Felipe. O me rechaza porque no siente nada por mí y, conociéndolo, se sentirá culpable por romperme el corazón y eso se cargará nuestra amistad, o me rechaza por sus obligaciones y tiene cargo de conciencia por el resto de su vida. No quiero que ninguno se atormente con el “¿y si…?”. ¿Por qué no entiendes eso?
Porque quizá no te rechace –exclamó–. Quizá él está teniendo las mismas dudas que tú ahora mismo y teme que tú no le correspondas. Quizá está dispuesto a romper el compromiso, con el que no se le ve muy emocionado, por ti.
Ya –ironizó–. Y después huiremos a Narnia en unicornio, ¿no?
¿Por qué te cuesta tanto creerlo?
Porque las cosas no funcionan así –clamó, levantándose de la cama y acercándose a la ventana de la habitación, en la que se apoyó, cruzándose de brazos–. Las cosas nunca funcionan así.
¿Y por qué no? A veces las cosas salen bien, Álvaro. A veces uno consigue ser feliz.
No a mí –zanjó–. ¿Cuándo he tenido yo suerte? ¿Cuándo me han salido a mí las cosas bien? –negó con la cabeza, antes de volver a mirarle– Conmigo no funciona así. Cuando lo que quiero es algo verdaderamente importante, todo se estropea.
Eso no es cierto.
Esa es la pura verdad. Dime una, solo una vez, en la que tuviese suerte. En la que, con todo en mi contra, consiguiese lo que quería de verdad.
Bueno, quizá estás, precisamente, ante esa única y maravillosa situación en la que las cosas te salen bien a ti. En la que consigues al chico.
Álvaro bufó de nuevo, revolviendo de nuevo su melena dorada mientras miraba hacia el jardín. Desde su habitación no se veía el lugar donde habían enterrado al asesino brasileño, pero él sabía que no estaba muy lejos. Aún recordaba esa noche, en la que Kenneth se había sincerado con él y le había contado la verdad sobre su padre. En la que su relación había dejado de ser un tira y afloja continuo, para convertirse en una amistad. En la que la animadversión había pasado a convertirse en confianza.
Cuando lo pensaba desde la perspectiva de Felipe, los jirones de su idealismo aullaban y se retorcían, diciéndole que apostase. Que dejase de ocultarse y de mentir a todos a su alrededor. Que pusiese el corazón sobre el tapete y jugase hasta el final.
Pero entonces se acordaba de Kenneth junto a su abuela, de cómo quedaba callado y resignado, completamente a su merced. De cómo, después de que le hubiese dado uno de sus ojos, él se había quedado con María Luisa una noche y al día siguiente había vuelto avergonzado y culpable, esperando una ejecución verbal, casi de forma mansa, como si no hubiese otra opción después de cometer un error. Como si la consecuencia de ser sincero con él sobre lo que pensaba y sentía, de abrirse, fuera que utilizasen sus confesiones como armas arrojadizas.
Antes de la reunión Kenneth había mostrado seguridad, decisión e incluso dureza. Pero había sido con él. Con él, que llevaba meses tratándolo, dejando claro que respetaba su opinión, que le interesaba, que podía ser sincero.
Le gustaría pensar que podía enfrentarse con la misma fuerza a su abuela, pero los jirones de su idealismo y su inocencia no eran lo bastante poderosos como para cambiar el tinte cínico que su vida estaba adquiriendo bajo la luz de la luna creciente.
Sabía que todavía no sería capaz de enfrentarla. Y hasta que no fuese capaz, si es que lo era algún día, no se rompería el compromiso. Incluso cabía la posibilidad de que ganase ese valor demasiado tarde, cuando la boda ya fuese un hecho.
Álvaro no podía enfrentarse a esas duras posibilidades y mantener la esperanza. No después de tantos años de querer a Felipe en silencio, sin atreverse a ser sincero con la persona que mejor lo conocía en el mundo. No después de tantos años viendo a Mateo llorar por Elena. No cuando llevaba tantos años asumiendo que el amor no era para él. La esperanza era un arma de doble filo y lo más probable era que acabase hiriéndose a sí mismo. Como siempre.
No digas tonterías, Felipe –pidió, apoyando la cabeza contra el cristal y sintiendo el sordo tirón de la herida en su costado, en cuyas puntadas, de técnica perfecta, seguía percibiéndose el temblor de las manos que las habían llevado a cabo–. Yo nunca consigo al chico.

lunes, 31 de agosto de 2015

La muerte no puede detener al blog. Sólo retrasarlo.

Estoy viva.
¡Sorpresa!
A ver. Sé que sólo llevo una entrada este año. Y que mañana empieza Septiembre. Pero comprended que he tenido un año complicado, con segundo de bachillerato y la selectividad.  Planeaba compensaros este verano y llenaros de entradas, pero... Pero no. ¡Es que había muchas series que ver! ¡Y libros que leer! ¡He encontrado, por fin, Dresden Files, que es lo más guay de la fantasía urbana!
Lo siento. De veras. No os prometo que vaya a publicar más porque os respeto demasiado y... Bueno. Es que en siete días empiezo la universidad. Primer año de Historia. Estoy muy, muy nerviosa, la verdad, pero ya os contaré sobre eso. Seguro que alguna anécdota cae, porque yo siempre consigo hacer el ridículo de formas originales y me gusta anunciarlo a los cuatro vientos. Vosotros ya sabéis que soy tonta y tal.
Lo que sí os prometo, lo que os juro por el mapa del merodeador, es que esta semana voy a venir con mi reseña de La sangre del Olimpo, que salió justo con la selectividad y se me atragantó todo, pero sé que la esperáis. O, al menos, mi entrada sobre Nico es la más exitosa de todas. Y es obvio que voy a hablar de Nico. Puede que mencione a otros pero... NICO.
Bueno, eso y fic kennal. ¿Qué? ¿Qué si he vuelto a abrir el blog sólo para publicar fic kennal? ::ríe nerviosa; se rasca el cuello; disimula:: Puede. ¡Pero es que han empezado a publicar la tercera parte de Cuatro Damas, Corrientes del tiempo, y mola demasiado! Y rezuma kennal. Y una es fangirl.
La frase de la semana es, precisamente, del capítulo cuatro. Quería poner otra, pero habría sido spoiler. Y no quiero meteros spoiler, plebe, sólo quiero que leáis la novela para poder comentar con otras personas lo guay y genial que es. Que mola poder hacerlo con la autora, oye, ¡pero no se puede teorizar porque es spoiler!
Así que venga, a leedlo y a darme la razón respecto al ariker y al kennal.

PD: ¿Veis? Ahí estoy yo, gritando que os leáis Cuatro Damas. ¿No os alivia ver que no he cambiado nada? ;)

miércoles, 11 de febrero de 2015

Grupo de apoyo para el mono de Galavant I

Sé que llevo mucho sin pasarme por aquí. Lo siento. En serio. Tengo a medias una pequeña reseña de El imperio final y trataré de acabarla esta semana, si os consuela. Perdón de nuevo.
En fin.
Estaba yo por twitter y acabé comentando con Dark Heart lo que ambas añoramos Galavant. Esa serie es impresionante. En todo caso, nuestra propuesta para pasar el mono fue un grupo de apoyo donde cantaríamos la banda sonora, dramatizaríamos escenas y escribiríamos fanfic loco. Y nada más mencionarlo, supe la verdad: tenía que escribir fanfic loco de Galavant.
Así que, aquí está. Dark Heart, va para ti.









Buenas noches, amigo mío.

Mientras ve el bote alejándose hacia el barco, Gareth no cambia su expresión. Desde niño, le han inculcado que la única emoción que tenía permitido mostrar era la furia hacia sus enemigos. Hacia los enemigos de su rey. Ese rey al que acaba de liberar, incluso aunque no guarde esperanzas de que Kingston le deje vivir tras tal traición.
Bueno, no es como si hubiese esperado morir de viejo.
Y Richard merece el sacrificio. Richard siempre ha merecido todo lo que Gareth puede ofrecer. A pesar de ser afeminado, de no tener carácter, de ser sentimental y débil, de su infinita capacidad para sacarle de quicio sin siquiera intentarlo. Lo ha merecido de todas formas. Puede que Gareth tenga graves problemas mentales, si lo piensa con detenimiento.
En todo caso, ha perdido a Richard. Lo ha mandado lejos de Valencia y, por tanto, lejos de él. No va a sobrevivir para verle de nuevo. Pero ha valido la pena, pues, cuando le corten la cabeza, podrá consolarse con que él está bien. Nada importa más que eso.
Ahora debe volver al palacio y liberar a los amigos de Galavant, porque un guerrero debe ser un hombre de honor. El caballero medio imbécil tiene en sus manos lo que más le importa a Gareth del mundo, por lo que incumplir su palabra nunca le ha parecido una perspectiva más repugnante y nauseabunda. Si de alguna forma llegase a enterarse de que les ha dejado pudriéndose en la celda, quién sabe lo que haría.
No piensa arriesgarse.
Por mucho que de sólo pensarlo quiera romper cosas, lo cierto es que Richard tenía razón. Gareth le quiere. Le quiere, para ser sinceros, bastante. Aunque todo lo que dijo sobre él es cierto, desde que es un completo egocéntrico hasta que usa demasiado terciopelo. Él es todas esas cosas. Y también tiene la pantorrilla izquierda enjunta y el dedo gordo del pie derecho torcido. Y sus ojos se iluminan como si fuese un niño cuando se emociona. Y coge cariño a todo el mundo en un chasquido de dedos. Y crea números musicales sobre cualquier cosa sin cortarse ni un pelo. Y puede ser un completo cabrón y bastante cretino, pero lo es sin malicia. ¿Quién habría podido pensar que alguien puede masacrar un reino sin malicia? Bueno, pues Richard puede. Sinceramente, Richard es distinto a todas las personas que han vivido en ese maldito mundo. Eso Gareth lo sabe.
También sabe que no engaña a nadie cuando dice odiarlo. Excepto a Madalena, claro. Pero está bastante convencido de que Madalena es imbécil, así que no es importante. Desde luego, la cara de Galavant dice alto y claro que se ha dado cuenta. No importa mucho, puesto que debe intuir que si dice algo a alguien destripará a su novia y obligará a su escudero a comerse sus intestinos. Puede contar con la discreción del caballero lelo.
Sólo espera que Richard esté bien. Sólo espera que alguien cuide de él cuando llegue a su reino. Quizás el mismo Galavant. Pueden hacer números musicales juntos y lloriquear por el amor de Madalena. Le da algo de grima pensarlo, pero el imbécil sabe manejar una espada, así que esa amistad podría irle bien a su rey.
Dios sabe que va a echarle de menos más de lo que sería sano. O, al menos, Gareth lo sabe. Duda que Richard se de cuenta realmente, pero eso es lo de menos.
Sin poder evitarlo, entona el último verso de la canción de Pearl, en un secreto homenaje a su rey. Al hombre que hay detrás de la corona. A los preciosos ojos azules que dirigen su destino desde que ambos eran niños.
En más sentidos de los que su dueño creía.




En fin, esto ha sido mi fanfic loco de Galavant. Reto a Dark a escribir un Richard&Cocinero ;P

PD: Intentaré pasarme más a menudo. Lo juro. Segundo de bachillerato es duro.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La elegida de la muerte.

Sé que hace casi dos meses que no me paso por aquí, pero la verdad es que he estado muy ocupada. Entre el bachillerato, la escritura de mi novela, las novelas ajenas que he leído, las series que he empezado, las series que sigo, las películas y que parece ser que existe gente dispuesta a soportar mi compañía de forma voluntaria (yo estoy más sorprendida que vosotros) no he tenido un momento.
Pero no vengo aquí, el día del fin de vuestro año, a excusarme. (¿Se ha notado la referencia a El padrino?) Eso sería irrespetuoso con vosotros, maestros del frikismo, y ya sabéis que yo soy una niña muy educada. Una de las razones por las que no he publicado ninguna entrada era que no tenía nada que decir y hacerlo sería perder vuestro tiempo y el mío. Después de un tiempo, pasó lo contrario: demasiadas cosas que decir. Once Upon a Time, Lost Girl, The Librarians, Jane The Virgin, The Good Wife... Muchas series maravillosas que todo el mundo debería ver. ¡Y películas! El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos, ha estado bien. No muy bien, pero bien. Puede que porque me fijase más en Legolas, Thorin y Kili que en el resto de la película, pero eh, con el dineral que me he dejado lo mínimo era poder disfrutarla.
No vengo a hablaros de nada de eso.  Vengo a hacer la reseña de una novela: La elegida de la muerte, de Virginia Pérez de la Puente.

Ya sabéis que adoro contaros mi vida, así que os explicaré como me enteré de la existencia de esta novela antes de hablaros de ella. (SPOILER: me gustó. Obviamente. O no estaría reseñándola porque las cosas que no me gustan no se merecen que pierda mi tiempo.)
Como sabéis, dado que no pierdo ocasión de mencionároslo, estoy escribiendo una novela de fantasía épica. Es decir: mundos imaginarios, una misión que cumplir, novela coral, política medieval, mucha magia, etc., etc. Y, a pesar de ello, podemos considerar que soy una analfabeta en este terreno, porque, aunque lo adoro, no he leído mucho fuera del catálogo juvenil y no estoy en contacto con nadie que siga ese tipo de literatura. Pues bien, un día estaba yo por twitter, como suelo estar yo, porque ya sabéis que me paso el día conectada aunque esté haciendo otra cosa, cuando me di cuenta de que mi número de seguidores había aumentado. Curiosa, fui a ver quién era el nuevo y me la encontré a ella: Virginia Pérez de la Puente. Siguiendo mi procedimiento habitual, me fui a cotillear a su perfil para saber quién era esa tía y, en seguida, me di cuenta de qué era una escritora de fantasía épica española, osease, lo que yo aspiro a ser. Por supuesto, eso supuso que cotillease con más ahínco, por si podía rapiñar algo que me fuese útil a mí (no en las tramas ni en los personajes, claro, pero rapiñando aprendes muchas cosas; os sorprenderíais). Y no sólo quise mangarle su diseñador de portadas, sino que me di cuenta de que sus novelas tenían muy buena pinta. Así que me leí los capítulos gratis por Internet.
Después de largos meses esperando a la Navidad y sufriendo por las ganas que tenía de leerlo, he conseguido el primer ejemplar. Virginia lo tenía muy difícil conmigo. No sólo me había metido bastantes spoilers por mi cotilleo indiscriminado, con ver todos los fanvideos, todos los fanarts y pasarme a visitar el foro, sino que llevaba un par de meses esperando y creándome expectativas. Por si fuese poco, no lo leí como fangirl desatada, qué es como suelo leer yo (para más señas, los comentarios que le hago en twitter a Magik sobre la trilogía que está escribiendo: son todo mayúsculas y reivindicaciones de shipps), sino como intento de escritora. Creeréis que no es muy diferente, pero sí lo es. En primer lugar, porque como fangirl soy capaz de tragarme casi lo que sea y salir bastante satisfecha (es decir, no me desagradó 50 Sombras de Grey, imaginaos el alcance de lo que os estoy diciendo) y en segundo lugar, porque iba a estar comparándolo cada cinco minutos con Canción de Hielo y Fuego, Los príncipes Perdidos, Crónicas de un asesino de reyes, Crónicas de Geralt de Rivia y mi propia historia.
Pues bien, La elegida de la muerte ha conseguido cumplir bastante bien mis expectativas. Diréis que "bastante bien" no es mucho. Yo os explicaré que cuando me creo expectativas, lo hago a lo bestia y son casi inalcanzables: Shakespeare cumple medianamente bien mis expectativas. La novela me ha encantado y la recomiendo muy, muy mucho.


La apasionante fantasía épica de una guerrera enfrentada a su propio destino.

Issi, una mercenaria, camina por un campo de batalla cubierto de cadáveres tras una batalla entre Thaledia y Svonda. Entre los muertos hay una niña moribunda. Cuando se inclina para verla, la niña posa un dedo en su frente e incrusta mágicamente en su piel un símbolo plateado, el Öi, antes de morir. Pronto empiezan a suceder cosas inexplicables relacionadas con la muerte, que le provoca un placer casi sexual. Issi comprende que no puede ignorar el Signo, puesto que el Signo no se deja ignorar, otorgándole un poder que no desea. Y poco a poco el Signo se va revelando como algo mucho más poderoso, y mucho más terrorífico, que el simple dibujo que al principio había creído que era.

Los reyes de Thaledia y Svonda están muy interesados en localizarla, uno para hacerla desaparecer, el otro para utilizarla, mientras bregan en un soterrado juego de dominio. La guerra entre los dos países, las luchas internas y el juego político, el conflicto bélico, reflejan el conflicto que enfrenta a la Vida con la Muerte: la inevitabilidad de la Muerte y su unión inextricable con la Vida, que las convierte en enemigas y, al mismo tiempo, en hermanas.


La elegida de la muerte como ejemplo de escritura tiene mucha miga: las citas de libros propios de ese mundo al empezar los capítulos (cosa que también pasa en La sangre de los elfos (aunque al final de los capítulos) y que a mí me gustó tanto que lo he imitado), los capítulos cortos desde el punto de vista de un personaje y ordenados cronológicamente, la preciosa narrativa, las magníficas descripciones, los personajes estructurados y creíbles, la trama en sí, el acierto con el que va hilando las distintas historias... ¡Todo es genial! Ahora, La elegida de la muerte como novela en sí, es impresionante. Y sí, ahora doy la vez a mi vena fangirl, porque tenerla retenida durante la historia fue imposible.
Intento de Escritora: Te toca.
Vena Fangirl: Muchas gracias ::sonrisa desquiciada::
Intento de Escritora: No destruyas el blog ::la amenaza con un dedo a lo Rotenmeier::.
Vena Fangirl: No prometo nada ::risa escalofriante::.
Vale, lo primero que tenemos que dejar claro es que Adelfried es mío. Bueno, no, es de Virginia. Pero en el fandom me lo he pedido yo antes. Mío.
Bien, ahora que hemos dejado claro este punto y, así, evitado guerras sangrientas e innecesarias por el rey de Thaledia, vamos al meollo del asunto.
Ya en la reseña de Deus ex Machina (leedla, insensatos) separé trama y personajes, diciendo que estos últimos eran mejores que la trama, a pesar de que el argumento era genial. En La elegida de la muerte pasa lo mismo. La historia es genial, el mundo es tan realista y detallado que me ha hecho sentir vergüenza se mis propios escenarios y la gran batalla entre la vida y la muerte es un clásico, sí, y un clásico que funciona aunque se repita bastante. (¿Qué eso no existe? ¿Cuántas veces han exterminado la raza dalek en Doctor Who? Ah, eso pensaba...) Ahora bien, los personajes son tan épicos y maravillosos que barren a la trama, convirtiéndolo en algo secundario.

En primer lugar tenemos a Issi, diminutivo de Isendra, que es una mercenaria thaledii que "no trabaja gratis". Hará incapié en ello, comprensible porque en la Edad Media no existían los sindicatos. Bien, pues Issi es una chica dura que, en realidad, no es tan dura y está más rota y frágil que los muñecos sorpresa de los huevos Kinder por un motivo que no viene a cuento. Issi recibe el Öi, símbolo de la muerte, por puro azar, convirtiéndose en la öiyya. Como eso es un marrón curioso, y rozar el orgasmo múltiple cuando alguien se muere está considerado de mal gusto, se mete en una odisea para tratar de sacárselo de la frente.
Issi puede llegar a cansar un poquito durante la historia, pero me cayó muy bien. Puedo empatizar con ella, ponerme en su lugar, y es una protagonista que, si bien sufre un porrón, también trata de ser fuerte y de no pasarse el día llorando. Lo que es de agradecer.

En segundo lugar tenemos a Keyen, al que yo adoro sinceramente. Maromo de ojos verdes, bastante canalla, dedicado a negocios criminales y que tiene salidas impresionantes y divertidísimas: parece que lo han hecho a mi medida. Keyen es un carroñero, uno de los hombres que aparece cuando la batalla ha terminado y saquea a los muertos sin ninguna vergüenza o remordimiento. Vive bien de ello y está feliz con su vida hasta que su camino vuelve a cruzarse con el de Issi, a la que ya conocía, y se embarca en la aventura de librarse del Öi cuando no tiene ni conocimientos ni mucha libertad. Cabe decir que Keyen está coladísimo con Issi y siempre hace lo que ella dice. Algunos le consideran un pagafantas. Yo creo que, como mucho, es un poquito calzonazos. Pero un calzonazos molón. Y eso cuenta.

En tercer lugar (sí, el orden me lo estoy inventando), tenemos a Tije. Tije sabe más de lo que dice y está en todas partes. Sí, en todas. No dicen directamente que es ella en cada ocasión, pero cualquiera con un cerebro lo deduce. Tije es una constante en la historia, lo sabe todo y lo controla todo. Para mí, es una personificación del azar, pero la autora lleva tres libros y la gente sigue debatiendo, así que es una mujer polémica. Y de ojos iridiscentes. Nos lo destacan mucho y yo no tengo ni idea de como imaginármelos.

En cuarto lugar, tenemos a Adelfried (sí, estaba deseando poder hablar de él). Adelfried es el rey de Thaledia y es un puto dios bajado a la tierra. Literalmente, aunque en el libro no se diga. No se puede molar tanto como Adelfried, en serio. Adelfried tiene que tratar con nobles traviesos, intrigas cortesanas, una guerra que ya dura seiscientos años y con su propia mujer. ¿Habéis visto El rey león? Pues la escena en la que Scar dice: "Estoy rodeado de idiotas..." poniendo los ojos en blanco está pensada para Adelfried. Es irónico, seco y sarcástico, buscando la parte divertida a todo con esa burla ácida que a mí tanto me ha gustado siempre. Sólo decir que es impotente y aun así quiero casarme con él.

En quinto y sexto lugar, tenemos a los amantes de Teruel. Tonta ella y tonto él. Estos dos bobalicones, también conocidos como Thais y Adhar, son la reina de Thaledia y el señor de Vohhio. Nacen de un intento de la autora de parodiar el triángulo amoroso de Arturo-Ginebra-Lanzarote que, obviamente, resulta. Su exquisita y ácida pluma dibuja una historia de amor perfectamente orquestada que, si eres romántico, te resultará enternecedora. Si no lo eres, puedes unirte a mí y a Adelfried y poner los ojos en blanco. Disfrutarás especialmente de la escena de la barbacoa, cundo tú gritas al libro un "¡Oh, vamos!" ante la estupidez de Adhar, siendo secundado automáticamente por Adelfried y su "Oh, venga ya. Sacadlo de ahí." Sí, sé que debo hablar de la pareja y no del rey. Dejadme, él es maravilloso.
En definitiva: ellos se quieren un taco. Podemos saberlo en los sucesivos e interminables "Esposo mío/Esposa mía". Yo me lo pasé pipa con ellos.

En séptimo lugar tenemos a un ídolo. El personaje que ha levantado multitudes. El único que tiene un grupo en Facebook de fans locos por su grandiosidad. El que roba la novela teniendo dos únicas escenas. El jinete del caballito de madera. El emperador de Monmor. El emperador de Monmor es un niño que juega con su caballito de madera sobre los reposabrazos de su trono. Siendo pequeño e inocente, deja que sus consejeros dirijan el país, poco preocupado por la política que no le deja jugar. O eso es lo que nos venden. Eso es lo que QUIERE que creamos. Eso es lo que sus consejeros, idiotas, se creen. Y se equivocan. ¿Ese niño? Un genio del mal. Un genio de la estrategia y la política que se las apaña para dirigir un imperio y llevarlo a la gloria sin que los demás se den cuenta de que lo está haciendo. Dos escenas contadas. Quedará impreso en tu mente. Hará que te recorran escalofríos. En Monmor creen que sus emperadores son la personificación de los dioses: eso sólo nos indica que la llegada de este emperador en concreto estaba profetizada.

Ah, sí, se me olvidaba. En octavo lugar está Carleig, rey de Svonda. Carleig es idiota, os lo adelanto porque, de todos modos, los extremos a los que llega en su idiotez os sorprenderán igual.

Hay más personajes, pero no quiero meteros spoilers indiscriminadamente, así que finalizamos: La elegida de la muerte es una novela inteligente, con una narración preciosa y unos personajes únicos y creíbles. El que Virginia, que además es majísima, haya tenido tantos problemas para publicar sus obras sólo pone sobre la mesa la podedumbre que recorre el sistema editorial. Yo quiero una casita en Tula, la capital de Thaledia. Y, encima, la próxima novela tiene pinta de ser más política y tratar más las relaciones entre los reinos, que siempre son mis partes favoritas, así que estoy expectante por leerla.
En cuanto llegue a mi librería.
...
Estoy deseando poder comprar en Amazon, copón.


PD: El verdadero misterio no es Tije, sino porqué me siguió Virginia en primer lugar. Así que 'enga, ve a adorarla como se merece y a comprar sus obras. Sí, tú, ser que estás leyendo esto. Te miro a ti. No, no cierres la pestaña y cómpralas.

PD2: Feliz año y todo el percal.

viernes, 7 de noviembre de 2014

"Ando mi camino solo. Porque, seamos sinceros... ¿quién estaría tan loco como para andarlo conmigo?"

Sé que llevo mucho sin publicar, pero tengo una excusa. Una excusa de peso: Segundo de bachillerato. El que lo inventó es un sádico y espero que Alistair se esté ocupando de él en el infierno.
Y es que no se trata tanto del poco tiempo que tengo para escribir entradas como del poco tiempo que tengo para ver cosas que contaros. Planeaba hablar de Supernatural, pero necesitaría tiempo para esa entrada y, adivinad, no lo tengo. Sí lo tengo para leer novelas de higlanders, pero vosotros sabéis que soy tonta y puedo ponerme a leer antes de un examen. Vosotros me queréis igual. Espero. Estoy sufriendo, ni se os ocurra darme malas noticias.

En todo caso, vengo con un poco de miedo, puesto que juzgar una serie tras dos capítulos es un poco precipitado, para hablaros de algo que me ha emocionado: Constantine.


Si bien comenté Outlander tras su primer capítulo, ya había leído el primer libro, por lo cuál tenía más criterio para juzgar. No os puedo decir si es una buena o una mala adaptación, así que no me preguntéis. Lo que sí os puedo decir es que mola un taco.

(SPOILERS Constantine; Hasta el 1x02)

Jonh Constantine es un exorcista, demonólogo y maestro en artes oscuras. Bueno, un aficionado ocasional. Es que no le gusta presumir. Cuando condena su alma por un error garrafal que atrapa en el infierno a una niña de nueve años, provocado porque cree que lo controla todo, decide dejar el mundillo. Ya que está condenado a una eternidad de sufrimiento, ¿para qué arriesgar su escaso tiempo de vida? Así que se interna en un manicomio y es desagradable con su psicólogo. Eso cambia cuando un demonio posee a una loca y le manda un mensaje: LIV DIE. Vamos, que Liv muere. Los demonios siempre escriben en mayúscula porque con lo raros que tienen los ojos no pueden leer las minúsculas, por cierto, por si teníais curiosidad.


En fin, Constatine le había prometido a un gran amigo suyo que cuidaría de su hija, a la que nunca se había acercado para no ponerla en peligro, pero que había heredado su súper-poder: la visión. Vamos, que ve el mundo exactamente como es, lleno de almas en pena y fantasmas y demonios. Su visión comienza a despertar, lo que es un faro gigantesco y luminoso para los demonios, que lo consideran una amenaza. Así que Constantine tiene que mantener a Liv viva, tratar con su desconocimiento por el mundo en el que vive y lidiar con sus propios fantasmas. Que los tiene. Muchos. Ese hombre necesita chocolate y un abrazo.  O antidepresivos directamente.

Esa es la trama que nos encontramos en el primer capítulo aunque, curiosamente, en el segundo Liv no sale y aparece Zed. Además de a ella, nos presentan a Chas, un tipo que al parecer es inmortal pero aún no sabemos la razón, a un genio de los ordenadores adicto a las pastillas porque una misión con Constantine le traumatizó mucho y a Manny, que es un ángel muy mal conseguido estéticamente porque sus ojos son raros y sus alas daban vergüenza.
Me imaginaba que la serie sería algo en plan Supernatural, pero nada más lejos de la realidad. Sí, en el segundo capítulo vemos como Constantine resuelve un caso con criaturas extrañas en una pequeña ciudad de américa, pero el ambiente, la estética y las sensaciones son completamente distintas. Supernatural, en comparación, parece el Mundo de la Piruleta. Constantine es desengaño, dolor, fantasmas en acoso constante y mucha nicotina, una ambientación sombría con notas tétricas. Incluso los golpes de humor encajan con la serie, pues es un humor cínico y carente de esperanza, provocados en su mayoría por la personalidad de Constantine y su grandeza.


Porque anda que Constantine no mola. Nuestro protagonista no tiene poderes de nacimiento, sino que aprendió en su adolescencia. Su madre murió en el parto y su padre le culpaba, así que le puso el cariñoso apelativo de asesino y le pegaba un puñetazo cada noche. Seguro que no recibió ninguna taza de "Mejor padre del mundo". En todo caso, Constantine quiere invocar a su madre por alguna razón, pero todavía no lo ha conseguido. Lo que sí ha conseguido tras leer muchísimos libros de ocultismo es un amplio conocimiento de criaturas malignas, de demonios y de hechizos y exorcismos. Y el acento británico y la gabardina le dan personalidad y le hacen molar incluso más. Lo que es difícil.

En conclusión: Constantine tenía una pintaza, pero ha superado las expectativas.

Y ahora, la ficha:
  • Lo mejor: El propio Constantine, que me parece un personaje complejo y original, lleno de sombras y matices, y del que estoy deseando descubrir más.
  • Lo peor: La estética que le han puesto al ángel no me gusta un pelo. No sé como será como personaje, pero no entra por los ojos. Menos mal que pliega las alas, porque duele verlas.
  • Lo más divertido: Cuando los loqueros entran en la habitación destrozada y Constantine se va tan tranquilo diciendo que ha sido la poseída. Me hizo mucha gracia xD
  • Lo más WTF?: La abuela con las cuencas hundidas vomitando ectoplasma negro. Eso ha sido raro de cojones.
  • Lo más bonito: He tratado de no mencionarlo, pero Matt Ryan. ¿Sabéis como le queda la gabardina? Ese hombre no es humano.
  • Lo más asquerosillo: ¿El ectoplasma negro de la abuela o las convulsiones del cadáver poseído? Quizá las cucarachas, pero a Chas le atravesó un cable de corriente eléctrica...

Moraleja: Si os gusta minimamente la fantasía urbana, tenéis que seguir esta serie.

PD: Y, para todo aquel que tenga buen gusto, ha empezado la sexta temporada de White Collar. Yo me voy a ver el primer capítulo y, si sabéis lo que es una buena serie, estaréis corriendo para verlo también.